domingo, 24 de agosto de 2014

A todos y a nadie en específico.

Te corre tinta por las venas y no la plasmas, entonces eres un egoísta intelectual, no compartes tus ideas, corrijo, no compartes tus maravillosas ideas, las dejas encerradas en el baúl de tu cráneo, junto con viejos recuerdos y privas al mundo de tus letras, de tus dibujos, de tu poesía, de tu narrativa, de tus albures, de tu ensayo, de tu perspectiva del mundo, de tí pues.

 

Quizás las próximas generaciones no tendrán nada bueno que platicar en la sobremesa de café simplemente porque tú no compartiste tus ideas.

 

Quizás no has escrito la mejor novela de nuestros tiempos porque te creíste cuando alguien dijo que no podías escribir, y ese poema que llevas años masticando con las muelas de la imaginación, que quizás sería el poema de la nueva generación, o tus dibujos tatuarían a los ojos hambrientos de algo nuevo, de algo novedoso, golpeándolos en la parte posterior del cerebro, liberándolos de aquello que bloqueaba el oxidado engranaje de la imaginación, permitiendo que ellos se atrevan a expresar aquello que llevan dentro y desencadenando una reacción en cadena de artistas que salen de sus guaridas y regalan su alma en cada obra y por tanto, un trozo de la alma colectiva es liberada, de aquello que algunos llaman Dios o dios, o Ego, o universo, o verdad o cómo sea que te hayan condicionado a nombrarlo, pero eso que todos percibimos en mayor o menor medida en nuestra vida.

 

Permite que la tinta baje hasta tus manos y se plasme, que se impregne en la realidad, permítele ser libre, y serás libre a cambio.

Domingo,Agosto24.

 

 

Algunas ramas se han roto ya, por la lluvia y por alguna mano humana.

Un pequeño jitomate comienza a verse y detrás de él se asoma uno más, el milagro de la vida contenido por una vulgar maceta de plástico.

 

Me emociono al verlos e imagino lo que ha de estar pasando en la tierra, cómo las raíces se abren paso con fuerza, empujan a la tierra, extrayendo el agua de ésta y enviándola a sus hojas, que reciben la luz del sol y la convierten en energía y todas esas cosas que la maestra Alicia se empeñó en enseñar mientras yo dibujaba una tortuga ninja al final del cuaderno, siempre Miguel Ángeles, nunca Leonardos.

 

Me pregunto qué habrá sido de la maestra Alicia, quizás se encuentra en algún asilo y grita a aquél que toca la puerta del baño deseando saber si se encuentra ocupado: ”¡Despacio que llevo prisa!”  Qué habrá sido de todos los maestros del Moderno Tepeyac. Sólo dios sabe y aunque me da curiosidad, no me quita el sueño, dudo que ellos se detengan en la tarde durante los anuncios de su novela y por un segundo vean un salón de clases lleno de semi pubertos y ahí en el fondo ven a un niño gordito y le gritan, “Pepe, ya terminaste lo que les encargué, deja de estar platicando entonces…” y entonces tratan de recordar mi rostro y más datos acerca del que fui entonces y quizás se preguntan, qué será de él… habrá sido alguien en la vida o qué habrá pasado. Quizás por simple deseo de saber si son capaces de prever el futuro y no por verdadero interés.

 

Sigo esperando que salgan más jitomates y que esos pequeños bichos blancos no regresen, los tuve que desalojar de su hogar por un sentimiento paternal, pero quién soy yo para intervenir en el proceso natural, nadie, pero juego a dios con un bote de insecticida especial para plantas, amigable con el medio ambiente, pero no con los bichos. Así es esto y eso de No matarás aplica a todo, desde el magnifico insecto que vive en el jardín, hasta el ególatra ser humano que se cree superior por encontrarse en la cima de la cadena alimenticia y por eso se destruye a sí mismo, naturaleza aplicada. Así que no hay pecados pequeños, por más que así queramos mentirnos, matar una hormiga es matar, y yo de niño maté algunos otros insectos, así que condenado estoy, ya nos veremos en el infierno para que hormigas gigantes nos atormenten con lupas mientras corremos angustiados.

sábado, 23 de agosto de 2014

"¿Dónde chingados está?"

 

Cada segundo el universo implosiona y se vuelve a formar, pero hay unos pequeños duendes que son ajenos a éste proceso, y son ellos los que se encargan de reconstruir el mundo como lo conocemos, cada segundo.

Sales de bañarte todavía con esa canción sonando en tu cabeza, entras a tu cuarto dejando una estela de gotas, o quizás son migajas tan sólo, en caso de que alguien quiera seguirte. Te despojas de la toalla que cubría tu desnudez y ahí, en tu guarida te quedas desnudo, miras la ropa que dejaste sobre la cama y piensas que quizás esa playera no sea tan buena idea, así que vas al closet, buscas aquella playera que afirmas te hace ver tan bien, colgada no está, la buscas entre las otras playeras dobladas pero tampoco, podrías jurar que la viste ayer cuando buscabas tu desodorante, que tampoco encontraste ayer.
Te sumerges en la ropa sucia, asegurándote que no puede estar ahí, no hay manera. Repasas la ropa al devolverla al cesto, jeans sucios, playera, pero no la que buscas, camisa que tuviste que llevar al trabajo, que pinche fastidio, la correspondiente corbata, doble pinche fastidio, calcetines de licenciado, los mismos que te juraste en la prepa que nunca usarías, otra playera bien chingona, pero hiede, así que la descartas y no, la dichosa playera no está. Por no dejar, te asomas bajo la cama, esperando que hubiera caído por accidente, encuentras el dichoso desodorante y piensas, "ya para qué, ayer tuve que ir en chinga a comprar uno para no oler a perro mojado en la oficina..." y lo avientas a la cama, en el espacio que hay entre las sábanas/cobijas amontonadas, las almohadas y la ropa que pusiste ésta mañana, por un segundo piensas que quizás por eso se te pierden las cosas, pero no es momento de auto flagelarte, sigues buscando, en el librero, tanto por leer, en donde guardas las películas, tanto por ver, detrás de la tele, la caja idiota piensas y ríes al imaginar cómo te verás ahí echado viéndola.
Un último repaso a la gaveta de las playeras, ésta la de I love DF, los Bitles, Puto el que lo lea, pero no puedes encontrar esa playera negra con el logo del segundo álbum de tu banda favorita, banda que hace mucho no escuchas y disco que sólo has escuchado tres veces completito...

Miras el reloj que todo éste tiempo te ha mirado con su cara de enajenado desde tu buró, muestra 10:47, quedaste de llegar a las once.

Exhalas con fuerza, tratando de dejar salir la desesperación, la frustración y sobre todo el tedio de la rutina semanal que esperas romper hoy, cumples el ritual conocido por muchos, un rápido "chingue su madre" dicho con velocidad y el suficiente volumen para que sólo tú puedas oírlo, te pones la playera que habías escogido antes y sales a toda prisa de casa, piensas que el cabello tendrá que ser autosuficiente y secarse con el aire que sopla todos los días.

Te despides de quien alcance a oír tu "ya me voy!", sales de casa con clara idea de a dónde vas, pero sin saber qué va a pasar y sobre todo, cómo sucederá.

 

 

Jamás podrás saberlo, pero en tu cuarto, del fondo del closet salen dos pequeños seres, seres que llamaríamos duendes, por mera ignorancia humana y se puede ver como miran a un lado y al otro, buscando anonimato, uno mueve la mano en dirección del otro, en clara señal universal de "ven", ambos caminan hacía el mueble que llamas buró y en el espacio que hay entre éste y la cama, arrojan una playera negra, la que buscaste tanto, y es que éstos pequeños duendes reconstruyen el mundo cada segundo, ayer olvidaron tu desodorante y se les ocurrió arrojarlo bajo la cama, hoy es una playera y si quieres saber qué será mañana, sólo busca algo que necesites y sabrás qué fue lo que olvidaron poner de nuevo en su lugar.


Por eso no temas si alguna vez notas algo fuera de lugar, quizás no les dio tiempo de colocar todo de vuelta. Pero sólo queda la duda, cuando alguien te pregunte "dónde estabas", puede ser que te hayas ido por algo más que un segundo...

viernes, 22 de agosto de 2014

Bostezo.

Debería estar durmiendo, sin embargo aquí estoy  ,        soñando   . . .

De hermanos extraños.

 

 

Nueve hermanos que no me conocen, quizás no saben que existo, o tan sólo intuyen que hubo un hermano que fue regalado a otra familia, y sienten celos por no haber sido ellos los que salieron de casa, o quizás me tienen lástima, por vivir lejos de esa familia que de todo carece pero que nada lamenta, que entre risas cena lo que hay o quizás tan sólo café con pan viejo, remojado en el humeante liquido negro, con un toque de canela e iluminados por una vela cuentan cómo les fue en su día y cuales siguen siendo sus sueños y que tan lejos están de conseguirlos o qué es lo que han hecho para alejarse ellos mismos, temerosos del éxito, siempre buscando causar lástima, pero cansados de que los vean así, que los consideren menos y deseosos de demostrarle al mundo que se equivocó, que ellos valen igual o más que muchos otros que no se preocupan qué van a comer.

 

Quizás me he cruzado con ellos en el camino, quizás sus ojos me han mirado detenidamente, juzgándome sin saber que venimos del mismo origen, pero al desconocerlo me critican y son severos conmigo, enumeran mis defectos e ignoran mis virtudes, se sorprenden al sentir un poco de simpatía, pero en seguida rectifican y lanzan un juicio que busca lastimar, desean compartir el daño que les han hecho. O quizás me han mirado con deseo de ayudarme, de alejarme del lado oscuro, preocupados por mi alma, y he sido yo el que se ha alejado corriendo, evitando el contacto, quitando el brazo con brusquedad y deseando que no se repita jamás, teniendo una impresión equivocada de ellos, considerándolos sucios y ajenos a lo elemental que define a un ser humano.

 

Ahora que lo pienso no son nueve los hermanos perdidos, son muchos más, todos son mis hermanos, venimos de la misma masa de energía que comprimida explotó como un orgasmo para entregarse generosa y dar vida. En algún momento fuimos lo mismo y en algún punto volveremos a lo mismo, todos somos uno. Error es querer ver un parentesco  efímero, todos son mis hermanos y como tal debo tratarlos, no pretendo arreglar la vida de los demás, pero he de tratar con respeto a aquellos que hasta ayer llamaba extraños.

 

 

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miércoles, 20 de agosto de 2014

Héroe de Barrio.

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Él perseguía el sueño de ser boxeador, ella era aprendiz de estilista, quería peinar a las famosas, más de una vez así lo dijo.

Se conocieron por causalidad, como todo lo que sucede en la vida, ojo no confundir con la vulgar casualidad, ellos se conocieron a causa de las decisiones tomadas en el pasado.

Jugaron al amor por años, hasta que decidieron obedecer a la opinión popular, y casarse. Ella se encargó de su propio vestido, por falta de recursos y por el deseo de hacerse un vestido hermoso, en “su día”.

Él consiguió un traje casi nuevo, gracias a su primo que trabajaba en una tienda de alquiler de trajes y smokings, la verdad es que no era nada espectacular, pero era casi nuevo, cosa que le pareció sorprendente ya que nunca había tenido la oportunidad de estrenar nada, ni sus sueños. 

La noche anterior a la boda los llevaron a su despedida de solteros, ahí van las amigas con ella a casa de una, le platican lo que debe de saber, pretenden anticipar lo que les sucederá a ellos, creen que pueden ver el futuro y prepararla para todo lo que pudiera ocurrir, cómo si alguien pudiera hacerlo. Los amigos de él pretenden instruirlo en los artes del sexo, en el místico arte de complacerse, y es el alcohol el que afloja la lengua y estimula al joven a preguntar, a confiar en esos que no son mucho mayores que él, pero a los que ha decidido creer el mote de expertos. Ríen y beben, es una fiesta.

 

En el altar se encuentra ella nerviosa, sin poder morderse el labio, ha esperado una hora y media, el padre le comenta que quizás no era una buena idea, mientras la mira con lujuria, deseando ser él ese que no ha llegado.

 

Los zapatos en la mano para poder correr, el velo ya hace rato que cayó al suelo, junto con algunas lágrimas, corre a buscar al único hombre que ha amado, o al único que cree amar, entra a la vecindad con prisa, poco le importan las miradas divertidas que la siguen hasta el cuarto de él, aun las siente posadas en su lomo como aves de rapiña que penetran su débil piel, aves viejas que  saben que es su corazón el que despide ese olor putrefacto, a herida mortal.

La ven entrar con furia al cuarto donde un olor a alcohol inunda el ambiente, una cobija que pende de un lazo evita con todo su ser al sol, no es bienvenido, y él tirado en un catre con un cuerpo de plomo que despide un olor a traición y ella deseaba con todo su ser que no hubiera estado ahí, sería más fácil lidiar con la idea de que se hubiera ido con otra, de que la hubiera cambiado, pero no que se hubiera acobardado.

 

A veces el cuerpo actúa cuando la mente aun se encuentra racionalizando, sólo se dio cuenta de lo que hacía cuando él le grito perdón, me emborracharon ellos, me quedé dormido… Pero ya era demasiado tarde, el rojo inundaba el blanco del vestido, de su mano corría un hilo de sangre, que bajaba desde las tijeras que empuñaba con furia, y sólo entonces se dio cuenta de las heridas en el pecho de él, ahora estaban al parejo, ambos con el corazón destrozado y sin embargo ella no soportó la idea de haber matado a su amor, y en un acto reflejo se hizo lo mismo.

 

Cuando los encontraron no había forma de saber que sangre perteneció a quién, era una sola.

 

Dicen que en las noches se le puede ver a ella vagando por la vecindad, y si es paciente o lo suficientemente morboso, también se le puede ver a él, caminando despacio detrás de ella, ambos sufriendo su amor.

 

Los amigos de ella pusieron una cruz que pintaron con amor y una dedicatoria que hoy el viento y la lluvia han besado hasta el cansancio, dejando sólo óxido donde alguna vez estuvo su nombre, los amigos de él lloraron y bebieron, y alguno de ellos quiso enviarle al cielo sus guantes, para que allá pudiera entrenar y cumplir su sueño de ser campeón del mundo.

 

El destino era el cielo, pero un cable que se encontraba ahí decidió aceptar el regalo y sostenerlo por siempre, como un trofeo, o tan sólo como un epitafio de aquel que hoy ya no tiene nombre.

domingo, 10 de agosto de 2014

La mano en forma de cuna.

Lo sujetó con la pinza que formaron sus dedos, inclinó la cabeza  mientras lo hacía girar, para que así sus miradas coincidieran. El pequeño gato maulló sin muchas ganas, como mero trámite tan sólo. Él acercó el suave pelaje a su rostro y sintió el ronroneo, una suave vibración que acompañaba a su corazón, tun tun tun tun tun… Alejó un poco al gato para verlo, él tenía los ojos cerrados, adormecido por el bienestar de sentirse protegido, ahora acercó sus narices y él también cerró los ojos, ambos a punto de quedarse dormidos ahí, en medio de un patio que a pesar de ser grande no le daba sensación de libertad.

 

Posó al pequeño gato en la palma de su mano izquierda y con la derecha acarició el suave lomo del animal, éste ronroneó con más fuerza, agradeciendo el gesto.

 

Se sintió sucio y se dio cuenta de que eran las miradas de aquellos jóvenes que lo miraban desde lo lejos, rehuyó de forma torpe los puñales de esos ojos mezquinos, agachándose despacio, deseando ser invisible, protegió con ambas manos al pequeño gato, deseando que no se acercaran.

Siempre los mismos gritos y burlas de los que no sólo estaba cansado, sino que los conocía de memoria, le llamaban estúpido o loco, algunas veces lo empujaban pero invariablemente se iban al descubrir que sus burlas no generaban respuesta en él, deseo que hoy fuera igual, pero en cuanto vieron al pequeño gato quisieron arrebatárselo.

Su mano izquierda sintió como el pequeño corazón del gato bombeaba miedo,  él reaccionó por amor y golpeó a quien pretendía quitárselo, todos retrocedieron asustados, él los miró y sujeto la ensangrentada piedra con la mano derecha, todos corrieron. Él se sentó en el suelo y vio como la sangre salía de la cabeza, pero no pudo resistir esos ojos que lo miraban de forma fija, así que le dio la espalda.

 

Es increíble lo que es capaz de hacer el amor verdadero, ellos querían llevarlo ante la justicia, él creía que iban a quitarle a su gato, así que golpeó a todo aquél que se le acercaba. Fue el miedo el que apretó el gatillo, la bala le robó el suspiro de la vida, pero incluso cuando su cabeza golpeó el suelo de forma violenta, el pequeño gato seguía ronroneando, pues jamás se sintió tan protegido.

Cuarto de baño.

La piel de las paredes es carcomida por la lepra del tiempo, siempre el blanco que pretende esconder a otro color, generalmente azul o verde y mientras orinas pones atención al olor, ese olor a jabón y champú, olor a baño, olor a cuarto en que todos se detienen con calma y por un momento reflexionan en lo que les ha sucedido y en lo que les sucederá ese día y piensan en diálogos irreales, en lo que dirían si tuvieran el valor o lo que hubieran dicho en caso de haberse decidido.

 

Tallar con fuerza la piel vieja, esperando que se caiga, que el viejo “yo” se vaya, ese que no se atrevió a decirle NO al jefe, el que se quedó callado cuando ella se retiró enojada, al que no se atrevió a cambiar; pretender desprendernos de lo que no nos gusta de nosotros, cómo si hiciera alguna diferencia.  Ese nos acompaña siempre, lo queramos o no.

 

Pasar la toalla sobre el espejo para descubrir nuestro reflejo, sonreír, hacer caras, mirar la incipiente barba que nunca termina de salir, agitar la cabeza como perro y dejar una gota en el frio reflejo, que corre despacio y simula una lágrima, una ficticia lágrima, una imposible lágrima que no es nuestra, pero que quizás alguien derramó por nosotros, o por aquel que fuimos.

 

Y por un segundo envidiar al reflejo que se esconde detrás del espejo, pues sólo nos imita, a él no le corresponde tomar una decisión, se limita a acompañarnos y mostrarse en tan sólo algunas ocasiones. Pensamos que sería más cómodo ser él.

 

 

Y es entonces que frente a él, frente a ti, te surge la revelación, “y si acaso él es quien vive mi vida, y es por eso que no he podido yo cambiar…”

sábado, 9 de agosto de 2014

Shine on you crazy diamond…

El moho devora una vieja bocina, mientras esta imita de la mejor manera posible una canción de "The Mars Volta", él siente de pronto un dolor en la espalda, como lo recorre poco a poco y sube por los escalones de la columna vertebral para posarse en la terraza de la nuca y mirar desde ahí sus viejas glorias, mientras que él deja de escribir y se dice a sí mismo, "ya estoy viejo", acomoda su pierna izquierda que ha sido invadida por las hormigas del cansancio, la mueve esperando ahuyentarlas y lo logra, aunque sabe que es tan sólo temporal, volverán, es sólo cuestión de tiempo.
Las manos acarician las teclas negras que suavemente se dejan estimular, letra a letra se van posando conforme él lo pide, sus ideas comienzan a tomar forma en la pantalla, y se sorprende, sabe que nadie lo leera. O al menos eso se dice, escribe con devoción para extraños que quizás nunca conocerá y que quizás ni siquiera terminen de leer lo que tiene que decir. El mal del pseudo escritor, escribir con pasión sin saber si acaso lo leen con la misma.
Como acto reflejo sube el volumen y tararea la melodía que emiten esas viejas bocinas cuando hay alguna canción que le emocione, y piensa en el tiempo que ha pasado desde que escuchó esa canción, y se sorprende al ver a su yo de entonces, al que vivió y sintió junto con esas canciones, una fiesta en una casa vieja, no hay sillas ni mesas, sólo gente ocupando el suelo, pequeños grupos que se reúnen alrededor de botellas de vino y vasos desechables, como si los adoraran, esperando al genio que ha de salir a resolverles la vida, sin saber que es un demonio el que ahí habita, el demonio de la memoria que nos atormenta si se le invoca, pues nunca nos permite elegir, ahí estamos tratando invocar los días de infancia, cuando todo era más sencillo, o acaso nos importaba menos y zas, se nos viene una imagen que no nos agrada, y nos engañamos diciendo que no lo queremos, pero es mentira, buscamos que nos vean sufrir, pues nos acostumbran al rol de victima, desde pequeños, cuando enfermamos nos permiten quedarnos en casa y nos hacen de comer lo que nos gusta y nos permiten beber refresco, sidral. Y mientras permitimos que el licor acaricie con su amarga lengua a los hielos y el plástico, se nos va borrando la sonrisa mientras decimos en voz alta para que todos puedan oír, "me cae que si pudiera vivir otra vez, no cambiaría nada..." Para qué... Mirar alrededor buscando el baño, siempre organizando grupos, unos cuidan la bebida, otro cuidará de aquellos que necesiten vaciar las cantimploras de las vejigas y todos los grupos se cuidan entre ellos y de ellos, se repelen, no saben convivir, cualquier pretexto es suficiente para comenzar una riña, es sólo cuestión de tiempo y sincronía, puede que hoy te toque salir con tu grupo y decir, vámonos antes de que empiecen los putazos, y alguien se atreverá a ofrecer su casa para continuar la tertulia, y mientras los parroquianos se sientan y alguien organiza la música y pide atención a los presentes y entre hipos declara que necesita toda su atención, pues esa canción será la que tendrán que poner en su funeral.
La escena se repite en muchas mentes, sólo es necesario cambiar la canción y aquellos que acompañaron al solicitante, pero es algo más común de lo que imaginamos, de lo que imaginas, todo lo que has vivido alguien más lo ha vivido, quizás de una forma similar, las mismas palabras, los mismos gestos y, por qué no, quizás los mismos interlocutores, sólo en diferente tiempo, diferente contexto. O quién sabe, quizás en éste momento en un universo paralelo tu yo alterno se encuentra en esta noche de sábado con sus amigos, amigos que para ti son imposibles, pues les rehúyes, pero él no, y alza la voz mientras sostiene una bebida y les dice "esta canción quiero que suene cuando yo me muera, pero en serio cabrones, se los estoy pidiendo de favor" y todos levantan su copa y entienden la seriedad de la petición, dicen salud como nunca antes lo habían hecho, con amor.

Una pausa para reflexionar y pensar qué canción sonará en tu funeral, quizás nadie recuerde cual querías, quizás ni siquiera tú recuerdas que canción pediste, o no sabes cual vas a pedir. Hay miles de opciones y quizás terminen poniendo una que no imaginas, sólo porque a alguien le recuerda tu sonrisa, o tus ojos o porque fue la canción que sonaba cuando te conocieron o quizás será la canción que ponga tu hijo, una canción que jamás escucharás pero que si pudieras oír te tocaría en lo más profundo, ahí donde se encuentra el deposito de lágrimas permitiendo que broten de forma discreta pero constante y se alojan en tu garganta impidiéndote hablar, pero no podrás oírla, o quizás ni siquiera suene canción alguna. Tan sólo un minuto de silencio y no más, la vida seguirá y aunque duela admitirlo, será cuestión de tiempo para que nos olviden y no dejaremos constancia de nuestro paso, como no hay constancia de esas fiestas, de esas reuniones, a menos de que alguien más las recuerde y pueda constatar lo que sucedió y decir, es cierto, yo estuve ahí y así sucedió.

Termina por bajar la pierna de la cama, las termitas devoran el hueso y la piel, se pone en pie y camina por la habitación, enciende un cigarro y regresa la canción, al exhalar un suspiro inunda la habitación de humo y nostalgia, y se deja embriagar por esta, recuerda aquellas tardes en que pretendía actuar como hombre maduro y ríe al darse cuenta de lo que hacía, siempre tratando de impresionar a gente nueva que jamás volvía a ver, siempre intentando caer bien.  Por alguna extraña razón recuerda el sabor a brandy barato en su garganta, el mareo y el inevitable amanecer, siempre lastimando los ojos, todos los rostros que vio y que ahora casi no recuerda, todos los compañeros de parranda ocasional, entes que entraron y salieron sin dejar huella, y después ve los rostros de los que recuerda con aprecio, pero que ya no están, o están lejos. Otra bocanada, los acordes masajean la memoria de forma gentil, se deja llevar, cree estar a salvo, se siente flotar en aguas que lo van llevando de a poco a la infancia, a sus juegos de puberto jugando a querer, recuerdos que vienen poco a poco hasta que comienzan a turbiarse, las aguas se agitan y lo llevan a donde no quería, a recordar todo lo que hoy le causa arrepentimiento, se encuentra a la deriva, flotando entre todo aquello de lo que hoy se arrepiente. Cerrar los ojos y suspirar, remedio milenario para ahuyentar a los demonios, aunque en ocasiones no es efectivo, así que se sienta nuevamente y retoma el hilo de lo escrito, una pequeña nota suicida, y aunque pretendía no divagar se da cuenta de que la ocasión lo amerita, repasa la ortografía y la redacción, corrige algún detalle menor, no la dedica ni la firma, simplemente guarda el archivo de texto con el nombre “shine on you crazy diamond”, canción que ama, pero que no ha escuchado en unos cinco años, y mientras estuvo de pie y su mente viajó en el tiempo, su cuerpo se dedicó a buscar el disco de Pink Floyd, pero no lo encontró, así que sube el volumen, The Mars Volta continúa inundando la habitación, sus oídos y su mente, enciende un último cigarro, sabe que es el último por eso le tiemblan las manos, la llama baila frente a él y lo hipnotiza, baja la guardia, y por un segundo el mundo se detiene, las manos no tiemblan, se encuentra en casa, una vieja casa donde nunca había que comer, muchos gritos pero poca atención, alguna vez notó que el tono que usaba su madre para gritarle, era el mismo que usaba para corregir al perro, y se sintió eso, un perro. Toda su vida un perro, uno que desconfía y no se permite la oportunidad de conocer gente, sólo gruñe y advierte que están invadiendo su espacio, pero había algunos aventurados que lo ignoraban y entonces él buscaba agradarles, buscando aunque fuera un vínculo duradero en su vida. De nuevo un suspiro lo trajo de vuelta a la realidad, el cigarro ya encendido descansaba en sus labios, la resequedad hacia que se le pegara, una última bocanada, el dedo acariciando el gatillo.

 

El sonido del disparo retumbó dentro de su cabeza, las ideas volaron y se golpearon contra la fría realidad de un muro de cemento, la sangre que segundos antes inundaba su cuerpo salió expulsada con violencia, manchando el suelo, techo y pared, como un desesperado intento por permanecer en éste mundo y fue el ruido del disparo el que alertó al corazón, que asustado bombeo sangre hacia la herida, pero se dio cuenta de que no tenía sentido, así que decidió entregarse al orgasmo del descanso,  el aroma a pólvora se mezcló con el de tabaco y humedad y el sonido que emitían unas viejas bocinas, justo en la parte instrumental de la canción que antecedía al estribillo, “I've defected “. Jamás supo que canción sonó en su funeral, y la verdad es que nadie recordó aquella vez en que entre hipos pidió que se le recordara con “Shine on you crazy diamond”, y justo en el requinto estaba previsto que se echará la tierra que habría de abrazarlo por toda la eternidad, pero eso no ocurrió, el día que lo velaron nadie asistió, nadie lo reconoció, nadie dijo es mi hijo, o es mi hermano, o fue un amigo, o quizás el hijo de una vecina, nadie.

Sí alguna vez te das cuenta de que durante alguna canción te perdiste y no sabes a donde viajó tu mente, quizás algún muerto tomó prestado tus oídos para escuchar por ultima ocasión esa melodía que le ha de servir de despedida…

domingo, 3 de agosto de 2014

Quisiera quedarme con tu sonrisa como recuerdo para cuando extrañe

El papel de celofán cayó a pocos centímetros del cesto de la basura, giró la perilla hasta que la pantalla luminosa mostró números formados por pequeños   que invariablemente le recordaban granos de arroz y sólo se detuvo hasta que alcanzó el 60, después pulsó la tecla de "EJECT", abrió la caja de plástico y de ella sacó un disco compacto, miró con satisfacción la superficie impoluta que le devolvía la imagen de su ojo derecho y después su sonrisa, lo colocó con delicadeza en la charola y pulsó "PLAY". Los primeros acordes de la guitarra sonaron poderosos, pero no lo suficiente, así que subió el volumen hasta el 75, sonrió con satisfacción y repitió la canción. Talló la punta de sus dedos con la punta de sus dedo pulgar, buscando eliminar cualquier rastro de suciedad, y sacó el pequeño "booklet" lo olió buscando conseguir ese olor a vainilla que tanto lo enamoraba de los libros, pero sólo pudo oler tinta y pegamento industrial y el efímero olor a nuevo, a producción en masa, no le importó, sus ojos acariciaban las imágenes y las letras de las canciones conforme los altavoces las iban reproduciendo, poniendo toda su atención a ese momento tanto que años después podría evocar el aroma a pizza fría que inundaba el cuarto, sus jeans sucios y por tanto, cómodos, su playera de metallica, de aquella época en que James gritaba y no pretendía cantar, de cuando eran buenos pues, incluso recuerda, aunque no es parte de la escena, como por esos días había sufrido en la escuela, siempre por las tareas pero sobre todo por conocer a esos ojos que aunque hermosos no se posaban en ella, esos ojos escudaban una inteligencia poco común, o quizás tan sólo poco vista por ella.
Las hormigas de la memoria se empeñaban en construir el templo de la pubertad, trabajando a contrarreloj buscando en segundos montar aquello que tardó años en tomar forma y otros tantos en tener sentido. Se preguntó dónde podría haber quedado ese disco, seguramente prestado a alguien ya fuera por ella o por su hermana que se tomaba muy en serio eso de compartir las cosas, o quizás estaría acumulando polvo en ese viejo estuche de discos compactos, aquel que algún día estuvo no sólo completo sino que cada semana era revisado minuciosamente para siempre tener a la mano la música que en verdad deseaba escuchar, música que incluso hoy se alojaba en la parte posterior de la psique, ahí donde se amontonan recuerdos en cajas enmohecidas esas que por accidente encontramos cuando buscamos algo más, subimos al ático de la memoria buscando un nombre, un rostro y nos encontramos con viejos momentos, con viejos eventos, aquella canción que llegamos a escuchar cuando nos sentíamos tristes o aquella vez que peleamos con mamá diciendo cosas que hoy quisiéramos borrar, o aquellas cosas que por el contrario no dijimos y por tanto pesan quizás más, por que nos arrepentimos y peor aún, fantaseamos con las miles de probabilidades que hubieran ocurrido en caso de que lo hubiéramos hecho, aquella vez que la muerte rondó nuestras vidas de forma disimulada tan sólo para prepararnos para aquella vez que nos golpearía con un certero gancho al hígado, la muerte de un hámster, la muerte de la tía de un amigo y después, la de un familiar; Recuerdos que pacientes nos esperan y que como viejos amigos poco frecuentados que se alegran de vernos aún cuando nuestro rostro ya poco se asemeja a aquél que ellos conocieron, y el nombre que ellos repitieron en tantas ocasiones no suene igual, incluso se sienta fuera de lugar, nos saludan y platican con nosotros y al final de ese breve encuentro, nos mentimos de forma consciente y sonreímos al decir "hay que vernos más seguido, para ponernos al día", pero ese pequeño encuentro es suficiente, deseamos recordar el pasado, no aferrarnos a él y mucho menos regresar, evitamos a esos amigos y conocidos pues nos recuerdan aquellos que fuimos, aquellos que en ese momento deseábamos dejar de ser.

Y mientras mira su café de franquicia y la gente que la rodea, falsos intelectuales, activistas de facebook, contestatarios de tuiter, izquierdistas pretensiosos que usan tenis converse, iluminados zen que repiten koans como slogans que le recuerdan a pericos educados que en lugar de repetir groserías fueron entrenados para repetir "la vida es una ilusión", pero sin entender lo que dicen, y mira a aquellos que escriben ensimismados, preocupados por desprenderse de algo a través de sus letras y no con verdadera intención de compartir algo, de regalar algo al lector, ente abstracto que no existe, que no es capaz de imaginar pero para el que escribe con aparente interés, y conforme sus ojos regresan a su café y pone atención a lo que hace, nota el líquido que humeante la espera, e imagina el vaho del café como aquellas palabras que decimos y al momento se escapan y ya no son nuestras, pertenecen a alguien o algo más, pero ya no a nosotros, y nuevamente su vida se proyecta gracias a los engranes de la imaginación, esta vez a un cuarto a media luz, huele a frituras, luces de colores comienzan a adueñarse del aire, risas nerviosas le acarician el oído, un bombo de batería le golpea el corazón que acompañado de un teclado da forma a una vieja canción que hace mucho no escuchaba, y conforme la música tiene más forma la luces iluminan los rostros de sus compañeros de sexto de primaria, fiesta de despedida y la canción que suena es "La Pachanga" de Vilma Palma E Vampiros, todos bailan o al menos eso pretenden, y sólo hoy que recuerda esa tarde es capaz de darse cuenta de todas aquellas cosas que no se dijeron, cuantas veces no quiso decirle a Mariana que era una escuincla superficial y materialista, así verbatim, lo había ensayado tantas veces mientras se bañaba o camino al escuela, incluso frente al espejo para poder enfatizar de manera correcta la palabra "materialista", hoy se reía, hace años era prioridad.
La realidad la sorprendió mientras bebía café, y aprovechó para sacar su IPhone, para después sorprenderse a sí misma y ver la niña que fue ella, o a su reflejo gritándole a la cara "materialista", así, con el énfasis tantas veces practicado y se ruborizó al darse cuenta de que se había convertido en aquello que tantas veces criticó, y aunque sintió pena, sus dedos siguieron con el plan trazado segundos antes y maquinalmente desbloquearon el teléfono, lo conectaron al wifi del lugar y buscaron una canción para estimular los músculos de la memoria, "cilma palma e vampiros fondo" presionaron la tecla de enter en el teclado virtual de la pantalla y sólo entonces se dieron cuenta del error, para el que ya había una sugerencia para corregirlo, sacó del fondo de su bolso unos audífonos y escuchó Fondo Profundo de Vilma Palma, canción que conoció años después, pero de la que se enamoró.


Brindo por tus ojos que se van yendo de mi mirada, dice la canción y ella lo susurra a esa niña que no es y que sin embargo es ella. Recuerda con claridad que ese grito de escuincla superficial y materialista estaba preparado para ser dicho justo cuando le dijeran, después de haberle presumido algún juguete caro, "ah, perdón, se me olvida que eres pobre y no tienes para comprar cosas lindas...." Era entonces cuando ella le respondería con el tan repetido y memorizado counter, segura de que la noquearía sin posibilidades de levantarse, de rodillas contra la lona como se decía en el argot boxístico y las miradas de las compañeras ejerciendo un invisible peso sobre ella manteniéndola en ese lugar, imposibilitando su recuperación y permitiéndole ser libre. Pero nunca pudo confirmar sus suposiciones y recrear ese escenario tantas veces montado por la imaginación. Y se dio cuenta de que ahora que podía, se compraba cosas que muchas veces no necesitaba, tan sólo para poder decirle a la niña que fue, " no te preocupes, ahora sí podemos comprarnos cosas lindas".

Y sí pudiéramos someternos al escrutinio de aquél que fuimos, que pensaría de nosotros, qué opinión le mereceríamos, estaría orgulloso, avergonzado o quizás nos negaría diciendo, "no es posible, no puedo haberme convertido en eso..." y quizás tendríamos que retirar esa lágrima que recorre su mejilla, para que con un certero golpe nos retiremos la mano diciendo con odio infinito "no me toques". A ritmo de castañuelas ella se hizo esta pregunta, y le dio miedo la respuesta, pues había sacrificado muchos sueños de infancia, se había imaginado como una gran artista, pintora o escultora, quizás poetiza o tan sólo escritora, incluso había comenzado un diario y de forma religiosa escribía en él diariamente apartándose de lo mundano para acercarse a lo mágico, pero en la prepa se vio obligada a dejarlo, bueno en honor a la verdad decidió dejarlo ante las criticas, le dijeron que era infantil, así que lo dejó. Escuchó música que ni siquiera le gustaba para poder encajar, y escuchó a la niña que fue preguntando, encajar en qué, le dio vergüenza no poder contestar.
El ingenio y la imaginación tienen potencial infinito, siempre y cuando les permitamos convivir, y ella les dio permiso esa tarde y lo que sucedió fue un ingenioso ejercicio de autoconocimiento, se vio a sí misma de niña frente a ella, su más severa juez a punto de interrogarla, pero a ella no podía mentirle, por mucho que lo buscara o deseara, no podía mentirse a ella misma. Tantas fueron las preguntas que se hizo, tantas fueron las respuestas que encontró, se dio cuenta de muchas cosas que hasta ese día parecían lógicas pero que había pasado por alto, se dio cuenta de aquello que había sacrificado por conseguir aquello que le convencieron que necesitaba, dejó lo que tenía para obtener cosas que no quería, hizo a un lado su sensibilidad pues le dijeron que no era útil en el mundo de los negocios y se olvidó de mirar alrededor todos los días buscando un regalo, ahora lo que le interesaba tenía un símbolo de pesos y una cantidad. Poco a poco se dio cuenta de quién era y no le gustó.
Y mientras tanto en los audífonos se escuchaba:


"Y no me tengas miedo, nada más deja que te lleve
y no me tengas miedo, nada más brindo a nuestro nombre
y no sientas culpa, pégame hasta lo más profundo,
ya no puedo estar escapando de la verdad por la vida entera"

 

A partir de ese encuentro decidió retomar las cosas que amaba, decidió escribir y dibujar por lo menos una vez a la semana para comenzar, sabiendo que los cambios mucho dependen de la constancia y no de la simple repetición. Y ocasionalmente se le podía escuchar cantar aquella parte que dice:
"Es por la fuerza de mi amor que siento así, me desespero
Y aunque reviente de dolor quizás jamás viví cosa tan buena"
Sería absurdo pensar que renunció a su trabajo para dedicarse a soñar, sabía que el mundo no gira gracias al amor, sino a los engranes del capitalismo, pero se dio cuenta de que su corazón bombea sangre a todo su cuerpo, a los músculos de la cara para sonreír, a los parpados para poder cerrarlos a voluntad y soñar de forma consciente, y también a sus manos para que puedan trabajar, trabajar para el mundo y para ella, para forjar sus sueños.
Antes de despedirse en su encuentro imposible ambas llegaron a un acuerdo, buscar el punto medio, sin renunciar a nada y entre risas se abrazaron y se secaron las lágrimas que habían corrido, las primeras de tristeza, las segundas de felicidad.

Perdió la cuenta de cuantas veces se había repetido la canción que servía de fondo para escribir y recordar aquella vez que llegó a casa después de haber comprado un disco compacto, arrojó el celofán protector al cesto de la basura, puso play y comió pizza del día anterior, se talló los dedos para retirar la grasa y con cuidado infinito abrió el booklet para acariciar con su mirada aquella frase que años después serviría de gatillo para activar el mecanismo de la memoria en que las imágenes le venían con la velocidad del disparo de un revolver, dejando en el ambiente el aroma a pólvora quemada que se condensó en sus dedos para mancharlos como si fuera tinta y hoy años después repite ese acto reflejo adquirido en la infancia que era frotar la punta de sus dedos con la punta de su dedo pulgar, buscando eliminar cualquier rastro de suciedad mientras busca ordenar las letras en palabras y esas palabras en ideas que son tan sólo impulsos eléctricos dentro de su cerebro y son esos mismos impulsos los que le permiten viajar en el tiempo y ver en el booklet la letra de la canción que tan sólo son puntos reunidos en manchas de tinta que su cerebro interpreta y que ha memorizado y es capaz de repetir de memoria gracias a que alguien que amó le dedicó la canción en su adiós y hoy ella podría dedicársela a ella que fue:

"Es por la fuerza de mi amor que siento así, me desespero
Y aunque reviente de dolor jamás viví cosa tan buena.
Es éste vaso que tomé quizás de más y me envenena
Siento la pena de tu adiós no me hará mal, no temas nena"

viernes, 20 de junio de 2014

Afuera o adentro.

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Quién está afuera, quién adentro, quién estorba y quién no se mueve.

El progreso está allá afuera, pero es cuestión de perspectiva, hay quienes no tienen techo y por tanto están afuera, pero hay quienes duermen bajo capas de concreto y no sufren.

 

Hay quienes se ensucian para vivir, de cemento, de pintura, de gis, de tierra, de sudor  y apenas tienen  para comer y hay quienes no se mueven, tienen cómodas sillas y ganan suficiente, e incluso hay quienes sonríen frente a un público que no ven y ganan millones. Y hay quienes buscan latas en la basura, hay quienes escarban en la basura para comer y hay quienes tiran a la basura que ya no quieren.

 

Algo esta mal, muy mal y si no haces nada para solucionarlo, al menos no empeores las cosas, si no marchas y no protestas, al menos no estorbes, con lo que unos se conforman otros desean repartirlo para todos y algunos otros quieren tenerlo aunque no sepan que hacer con tanto. 

Del Soundtrack de tu vida.

Los lectores imaginarios, esos que no no existen, pero aquellos para los que escribe con tanta dedicación y esmero. Como el ciego que lee sus poemas en el cementerio, pues alguien le dijo, sin saber que no mentía, “te dejo ante el mejor público, son tan respetuosos que no harán ni un sólo ruido”.


Con el sonido de la cinta al girar, la tenue luz va iluminando una sala que segundos antes estaba oscura y la emoción contenida de los presentes, dispuestos a disfrutar algo maravilloso o al menos deseando que así fuera. El olor a palomitas embriagaba y sin que ellos lo notaran, volteabas a ver a tus acompañantes, mayores que tú,  aún cuando te hubieran dicho que años después recordarías ese momento con nostalgia, hubieras puesto la misma atención, la pantalla reflejándose en los ojos
de él, aquél que ya hoy no está, pero que en ese momento como en tus recuerdos, ríe y bebe refresco come palomitas y pon pons.

La escena se difumina y sales corriendo al baño, por más palomitas o tan sólo a comentar lo que hasta ese momento has visto, es el intermedio, como cuando te despiertas a media noche a beber agua y aun embargado por el sopor y mientras tus ojos se acostumbran a la oscuridad y tratas de recordar lo que apenas unos segundos vivías de forma tan clara pero que tan sólo era una proyección de tu mente, en el blanco lienzo de la memoria.

Suspiras y te acuestas otra vez y recuerdas que en sueños cuidabas una casa, eras empleado y un buen día los señores de ésta, decidieron salir y te pidieron un favor, no te dieron una orden diciendo: Por favor cuida la casa, debemos salir, pero no tardamos, por favor, cuídala como si fuera tuya. Y en sueños viviste años de su ausencia y viste como tus manos se arrugaron y la cantidad de lagrimas desbordó la presa de los parpados, causando una grieta en tu piel y múltiples cauces que algunos llaman arrugas y viste como aquél que desde el espejo te mira atento se convirtió en un viejo que olvidó todo menos cómo sonreír, que tiembla cuando se prepara un café en las mañanas y que tose cada vez que ríe, pero no por eso ha dejado de hacerlo, pareciera que ahora lo hace más que antes.
Tu cabeza se apoya en la almohada y también lo hace esa lágrima que curiosa ha salido a decirte que a pesar de ser un sueño, no has fallado a tu palabra, jamás descuidaste la casa, cuando el tú que creía soñar despertó, el tú que creía ser mientras soñaba murió, hiciste lo que pudiste mientras podías.

La angustia que te embarga ahora no tiene nada que ver con la casa, ahora es el vacío de haberte perdido a ti mismo, haber perdido a aquél que eras o quizás aquél que serás. Ahora que duermes sueñas con el que fuiste mientras ibas al cine con tu familia a ver películas con intermedio y en cines pequeños, llenos de gente que nada tenía en común pero igual apartaban el lugar mientras otro iba al baño o comprar palomitas, y siempre haciendo fila con anticipación para poder escoger un buen
lugar, los niños queriéndose sentar al frente, los adultos en medio y los adolescentes atrás.
Las imágenes desfilan frente a ti, eres un espectador una vez más, pero en ésta ocasión se proyecta la película de tu vida y tienes la posibilidad de mirar lo que en su momento no pudiste ver, no había manera, lo que decían de ti cuando te ibas, cuando no estabas qué opinión tenían de ti, escuchas lo que dijeron tus compañeros ese día que no fuiste al escuela por estar enfermo y escuchas lo que dijo alguna vez tu madre de ti, cómo lo dijo y por qué lo dijo, te das cuenta de esa parte que tienen los demás de ti, pero que de alguna manera te pertenece. Y casi al final, ahí donde deberían ir los créditos, extraños emiten juicios acerca de ti, la señora a la que hace mucho cediste el asiento, el niño al que ayudaste a recoger sus cosas al notar que se arrodillaba a recogerlas, y aquellas personas que no miraste a los ojos, sino que ignoraste, el viejo que extendió su mano para pedirte limosna o la señora que con un rebozo llevaba a su hijo de un lado a otro, en una mano un paquete de chicles y en la otra un vaso con una servilleta en el fondo como sí el sonido de las monedas contra el plástico trajera mala suerte o acaso atrajera a los demonios de la envidia y la desdicha y tan sólo imaginar dicho sonido la pudiera afectar, y con atención te mira pasar, cargando una mochila, con prisa, unos audífonos te mantienen encerrado, no permiten que las ideas salgan, las mantienen encerradas, egoísmo intelectual. Quizás la miraste, quizás ni siquiera eso, pero ella tiene algo que decir sobre ti, ella y todos a los que alguna vez tuvieron contacto contigo, aunque fugaz. La niña hermosa que no podías dejar de mirar cuando tu escuela fue de paseo a la fábrica de golosinas y la notaste por primera vez, cursaba el curso inferior y notaste su sonrisa al momento en que sus amigas te señalaron, tu te agachaste y durante todo el recorrido fue el juego de infantes, mirarla para que ella te notara y después esconderse para repetir el ciclo. Después no supiste nada de ella, tu madre murió y tuviste que mudarte a otra ciudad donde también miraste otros ojos y ellos, también ellos tienen algo que decir y mientras todo eso sucede, al fondo de musak, suena la música que sin saberlo escogiste como el soundtrack de tu vida, hay canciones que hoy aún no has oído pero que dentro de años no dejarás de tararear, así como cuando niño cantabas todo el día una canción que hoy ni siquiera recuerdas y así poco a poco se van escuchando canciones que en su momento amaste y enmarcaron momentos cruciales de tu vida, en la película de tu vida está aquella canción que crees recordar cuando eras muy pequeño y la cantaban para hacerte dormir, también está la primera canción que, siendo un simulacro de hombre te sentaste frente al radio a esperar que la programaran, listo con una cinta que previamente habías preparado, el botón de REC y PLAY presionados y tu dedo índice acariciando el botón de PAUSE, listo para el momento en que esa melodía suene y pueda quedar grabada en la cinta así como tantas cosas se grabaron en tu psique, tatuándolo, y esa cinta contiene canciones que quisieras olvidar, canciones que cantaste cuando niño, y la cinta de la memoria también incluye eventos que quisieras no haber vivido, pero que son la suma de lo que eres hoy y de lo que serás en un futuro, todos esos eventos te marcaron y si te tocó vivirlos tan pronto fue por una razón, no hay casualidades, sino causalidades, y todo lo que hiciste fue causa de algo mayor, quizás sin saberlo le salvaste la vida a muchas personas, al escucharlas cuando más sufrían y así, años después, esa carga negativa que escapó en esa terapia catártica contigo fue la causa de que ellos no se suicidaran, o quizás más simple, al estar con ellos no estaban en otro lado, no estaban camino a casa y por
tanto no estaban frente al carro que no iba  a poder frenar, y por tanto hoy caminan gracias a ti, y así tú también le debes mucho a otras personas y sin saberlo, quizás si lo supieras, o si lo supieran, no habría forma de agradecer.

Ahora suena la canción que justo ayer cantabas con emoción y que durante todavía un par de años te va a acompañar y estará ahí, como un amigo. Y hablando de amigos, te acuerdas de aquellas tardes en que pasaban horas hablando de todo y nada a la vez, en que el humo de cigarro se impregnaba en tu cabello, cabello que hace mucho que se fue, se cayó o lo cortaste y tal como tenías el cabello en ese entonces te ves en la pantalla y suena esa canción que repetían como un dogma, como un canto sagrado y te preguntas, porqué nos gustaba y la respuesta la tienes ahí frente a ti, se proyectan las respuestas a todas esas preguntas que alguna vez te hiciste en voz baja o en tu mente, antes de dormir o mientras te bañabas o mientras camino a casa te perdías viendo por la ventana como la lluvia comenzaba a oscurecer el asfalto y como el olor de madera inundaba el ambiente, o mientras con tus audífonos te dabas el tiempo para pensar o mientras la duda te asaltaba al dar vuelta a la página del libro que en ese momento leías y que apartaste un segundo con el dedo resguardando celosamente el punto de partida y con la mirada perdida al frente pensando o mientras a la salida del colegio todos te presionaban para pelear y sabiendo que no había vuelta atrás miraste a tu oponente aquél que no querías lastimar pero del cual tampoco podías huir y lo miraste a los ojos un segundo, antes de que él te empujara con violencia. El golpe, ese golpe que recibiste en el rostro también se muestra y suena una canción y hoy ríes, pero ayer llorabas. Y así poco a poco van desfilando los eventos que te marcaron, tu primera cita, tu primer beso,  la primera vez que te dejaron o que dejaste a alguien, la primera promesa que no te cumplieron pero también las promesas que no cumpliste, las veces que mentiste y que te mintieron, las veces que tomaste algo que no te pertenecía, aquella vez que raicionaron tu confianza, y la vez que le fallaste a alguien, cuando no pudiste apoyar a alguien y cuando pensaron que no te importaba pero cuando en realidad hubieras dado todo por no fallar, y todo eso te ha hecho lo que eres y ha formado la impresión que tienen de ti, y no es momento de aclarar nada o de limpiar tu nombre, te das cuenta de que ya estás por encima de eso, te das cuenta de que la vida es una y de que lo que puedes hacer tienes sólo una oportunidad, y se llama el día a día, puedes ser un villano o un héroe y no puedes dar marcha atrás, lo que no hiciste en su momento ya no hay forma de hacerlo, quizás puedas enmendar los errores, pero no puedes volver al momento preciso en que debías tomar una decisión y no puedes volver atrás para decir perdóname, quizás lo podrás decir después, pero el momento no es el mismo y el peso  de tus palabras no es el mismo y por tanto el efecto. Y a pesar de darte cuenta de esto quisieras volver atrás y decirle te quiero una vez más o abrazar a aquél que hiciste llorar o sonreír ante aquél que te lastimó o tragar saliva y decirle por favor no te vayas o ser capaz de levantarte y hacerle frente a aquel que te molestaba en la primaria o dejar en paz a aquel al que atormentaste durante tanto tiempo a pesar de notar en su mirada la clara pregunta "¿Por qué me haces esto, que te he hecho yo a ti?".
Y piensas en todo y nada mientras escuchas una vieja canción que te recuerda viejos tiempos, viejos lugares y al viejo tú. Y mientras repites el coro con la misma emoción de ese entonces te pones en pie te sacudes las palomitas que cayeron en tu pantalón recoges tu basura, un viejo hábito aprendido en el kínder, caminas hacía la salida y ese señor vestido de blanco te pregunta sí has disfrutado la función, respondes después de pensarlo un poco, sí mucho. La siguiente pregunta te deja pensando aún más, y ésta fue, cambiarías algo de la película, y crees que sí, pero decides responder que no, que a pesar de cómo sucedió, lo disfrutaste mucho, pues disfrutas ser quién eres.

Una palmada en tu espalda y los dos caminan hacía una luz potente al final de un pasillo, te cuenta cosas que hoy son de suma importancia pero que mañana de alguna forma intuirás y que un día en el futuro confirmarás, para saber qué te dijo tendrás que esperar pues has despertado, la luz del sol ilumina tu cuarto y crees entender que sucede, has visto la película de tu vida en sueños, o al menos eso crees al leer las líneas de alguien que quizás no existe, pero que tararea una canción que no conoces, pero que quizás escucharás dentro de unos años, si te acuerdas, cuéntame qué te parece.

viernes, 13 de junio de 2014

Diario existir.

Aquello que brilla ostentoso no me llama demasiado la atención, por el contrario, puedo pasar horas viendo las alas de una mariposa, concentrarme en caminar por el centro de la ciudad, disfrutando cada uno de los millones de estímulos, sintiéndome parte de algo mucho mas grande y maravilloso que mi simple existir.

 

Y mientras todo gira alrededor me pregunto qué es lo que vendrá mañana, pero sin mucha inquietud, mejor me dedico al hoy y ya veremos que sucede.

sábado, 3 de mayo de 2014

El caracol.

Se vió obligado a correr a casa, y ante la imposibilidad de dejar una nota o aviso alguno decidió dejar huella de su viaje, por si acaso alguien decidía seguirlo.

Fue entonces que tatuó un arcoiris en el suelo.

Camino a casa.

Notó un cabello que tenía en la hombro por las cosquillas que éste le hizo. Lo que le sorprendió fue ver que era una cana y que ésta fuera tan larga. No había forma de que esa cana fuera suya. Aún no.

Al mirar a su derecha notó que una niña la miraba curiosa mientras se retiraba un cabello de la boca y cuando las miradas se cruzaron las sonrisas surgieron al mismo tiempo, ambas se habían visto obligadas a interrumpir lo que estaban haciendo, forzadas por un cabello. La madre jaló la pequeña mano de la niña, su camión estaba a punto de irse.
Al mirar a su izquierda notó lo mismo de siempre, mucha gente la rodeaba, pero nadie ponía atención a lo que ella hacía, ocupaban el mismo espacio por necesidad, algunos llegaban, otros se preparaban para irse, otros tantos miraban las pantallas de unos televisores sujetos a pilares que alguna vez fueron blancos, un anuncio publicitario y después una lista de destinos y andenes, simple referencia.
Al frente sólo vio un autobús que en el parabrisas se podía leer "San Martín" y unos números que era difícil descifrar, pero que ella sabía que querían decir 12:45, la hora de salida.
Mostró su boleto a una señorita que le recordó a su prima y quiso mencionarlo, pero la señorita no estaba de humor.

Siempre que viajaba le gustaba hacerlo junto a la ventanilla. El libro descansando en las piernas y en la mano izquierda aún la cana, imagina de dónde pudo haber salido, a quién le pertenece y sí acaso no tiene en su mano una historia maravillosa, una vida resumida en el blanco cabello que decidió abrazarla a ella, a nadie más. Imagina los años que alguien ha de vivir para lograr ese color perfecto, blanco como las nubes que en verano se paseaban por encima de su cabeza cuando siendo niña corría por las colinas del pueblo.
La ventana aún le ofrece la ciudad, luces ámbar inundan las calles húmedas, algunos andan a pie y miran el camión que pasa junto a ellos, curiosos imaginando a dónde van y quiénes son los que se van, acaso conocí a alguien y no se despidió, quizás ahí viaja el amor de mi vida, quizás se van porque saben algo que yo no...

El respaldo le ofrece la oportunidad de descansar las ideas, el cabello ha impactado su mente, no puede dejar de pensar en esa cana. Quiere pensar en una mujer ya grande, de piel arrugada, quizás de tantas sonrisas regaladas o quizás simples canales para que las lágrimas fluyan mejor, manos frágiles pero muy hábiles, quizás cocinan como pocas, delicias que pocos paladares merecen, seguro cuando sonríe los ojos se esconden, casi desaparecen y entonces piensa en la voz, qué hay de la voz, cómo es, o acaso cómo fue...

Si le preguntáramos cuándo se quedó dormida, respondería lo qué es de esperar, no sé, y es que así son los sueños poco a poco se apoderan de la mente son sigilosos, se apoderan de nuestra consciencia poco a poco, para recordarnos cuando las madres cantan para hacer dormir a los bebés, no se interrumpen abruptamente, se aseguran que hayamos llegado seguros a nuestro sueño y sólo entonces se despiden de forma gradual, y es la caricia en la frente del bebé y la sonrisa de la madre lo que cierra el ritual y quizás por eso al despertar nos frotamos la cara, como acto reflejo a ese contacto, como si quisiéramos impregnarnos de esa caricia que nos dieron hace mucho tiempo, pero que incluso hoy nos acompaña.

Mirar la luz del sol que se abre paso entre los cerros, todos duermen o al menos eso intentan, ella suspira y con ese suspiro expulsa el sueño que se quedó atrapado, mira la ventana y los árboles que pasan a su lado, como si corrieran, cómo si huyeran, todo se mueve, las casas a lo lejos se mueven despacio de izquierda a derecha, de adelante hacía atrás, pero es ella la que se mueve, es ella la que debería decir adiós.
La sorpresa es que la cana sigue aferrada a su mano izquierda, o acaso es su mano la que se aferra al sueño de lo desconocido, aquello que no podemos saber y por eso nos hipnotiza. Dedos índice y pulgar masajean la cana, la hacen girar y de la misma forma los engranes de la mente giran y la llevan a otros lugares, a otros tiempos, quiere imaginarse a ella misma a esa edad, cuando una cascada blanca brote de su cabeza, y sus manos cansadas de decir adiós a tantos sueños le duelan y sus pies cenizos por tantos caminos recorridos quieran descansar y dejar de moverse, de ir aquí y allá y su rostro dibuje una sonrisa permanente y quizás un perro sea su única compañía, pues nunca le han gustado las aves, y mucho menos las jaulas...

Al llegar a san Martín el viento soplaba con fuerza, cómo una efusiva bienvenida y entonces recordó el dicho, una cana al aire, y esta vez todos los dedos de la mano izquierda abrazaron a la cana en efusiva despedida, se elevaron como nunca lo habían hecho antes, y solemnes recibieron el beso del viento, la cana se dejaba acariciar sin oponer resistencia y justo cuando el viento sopló con más fuerza, la dejaron ir. Dirán que mantener la mano cerrada tanto tiempo provocó el sudor, pero yo creo que toda despedida de alguien que deja huella en el corazón, provoca lágrimas.
Ella se sorprendió de decirle adiós a una cana y justificó la lágrima diciendo a su madre, que había ido a recibirla, "con tanto aire de seguro se me metió algo al ojo".

Cuando Josefina estaba en su lecho de muerte pidió que la llevarán a morir a su pueblo, o al menos que sus cenizas fueran arrojadas al viento, pues decía "él sabrá como llegar". Sus hijos decidieron enterrarla, pues no les parecía higiénico soltar cenizas de un difunto al aire, así pensaban.

La señora Gutiérrez, amiga de la familia decidió llevar a su nieta de ocho meses al velorio pues nadie podía cuidarla, además de que no le pareció mala idea, y cuando se acercó a decirle adiós, la niña insistió en despedirse, estiraba los brazos hacía Josefina, insistía en que la acercaran y cuando así lo hicieron el beso dado despertó emociones en los presentes, la niña se aferró al sueter y costó trabajo que lo soltara.

Camino a casa la señora Gutiérrez se detuvo a buscar una mamila en la pañalera, la niña en brazos que lloraba le dificultaba la tarea, y cuando la joven le ofreció ayudarla se sintió aliviada, varias personas habían incluso bajado de la banqueta para evitarla. La niña jugó con el cabello de la joven y la forma en que ésta le hablaba le dio confianza a la señora Gutiérrez para preguntar a donde iba, San Martín fue la respuesta de la joven y ella sólo atinó decir, la mamá de una amigo es de allá. Al llegar a casa seguía pensando que debió decir "era de allá".

Cuando la señora Josefina murió dejó poco de lo que se puede cuantificar, pero sus nietos la recuerdan sonriente, siempre de buenas y cocinando. El día anterior a su muerte les contó con una voz que parecía más de joven, que si uno desea algo con todas sus fuerzas, es posible que el universo mismo arregle las cosas para que esto suceda. Y entonces les contó que extrañaba su México lindo, pero en especial su pueblo, y siempre que hablaba de él se iluminaba su rostro y les hablaba de como las nubes paseaban por el cielo, cómo gordos borregos que no conocen los corrales y cómo el viento siempre soplaba y entonces no importaba si hacía calor. Esa sonrisa que evocó la memoria de su pueblo fue la que permaneció en su rostro, quizás sabía que era tan sólo cuestión de tiempo para estar en su pueblo, para volar y ser libre como esas nubes blancas que cruzan su cielo.

jueves, 3 de abril de 2014

Una pluma, quizás de águila, quizás de colibrí...

Hay objetos que tienen la capacidad de transportarnos en el tiempo y el espacio, están cargados de magia. Hoy me encontré una pluma tirada, nada espectacular, tan solo una pluma de tinta negra, la parte trasera rota, quizás alguien la pisó, quizás el dueño, o la dueña. Quizás cayó de la mochila mientras ella corría a casa para contarle a su mamá como le fue, o acaso cayó cuando él corría, huía, de aquellos que querían golpearlo.  Y es que al ver esa pluma inmediatamente pensé en la secundaria, en cartas llenas de faltas ortográficas pero que pretendían compensar con juramentos de amor eterno, o de un "me gustas" escrito en una página al azar, semilla de duda y cuyas raíces apretujaban nuestro cerebro, oprimían nuestro corazón y florecían en dudas que se multiplicaban aromando el precoz jardín de la pubertad. Jugábamos a amar, a ser mayores.
Un simple objeto inanimado sirvió de pretexto para liberar la jaula donde la imaginación se ha establecido, creyendo que esa celda es su hogar...

Una pluma que también sirve para volar, de posibilidades infinitas, tanto futuras como pasadas, qué no se habrá escrito con ella, quizás ese mensaje ancestral que ha desanimado a tantos y ha hecho creer a muchas que han hecho lo correcto, "tú también me gustas, pero me da miedo perder tu amistad, mejor cómo amigos, no?" Y así, con vocales redondeadas, una se siente aliviada, otro sufre y el mundo sigue girando, uno más lo ha intentado y a pesar de la negativa, ha conseguido lo que muchos solo imaginan, aquellos que suspiran en silencio al mirarla y se pasan la tarde imaginando el sabor de sus labios y el olor de su cabello, pero que no se atreven a hablar en voz alta y la escuchan quejarse de su novio y de su mala suerte, pero se quedan inmóviles, paralizados por el miedo, es increíble el poder que pueden tener unos ojos femeninos.

Un pequeño mordisco a la tapa de plástico, mueve los pies al ritmo de la música, la cabeza sobre la mano izquierda mientras la derecha acerca ocasionalmente la pluma a la boca, sonríe y se mira en el espejo, a cada movimiento de sus piernas la falda las descubre un poco, ella sonríe, se ha dado cuenta cómo sus compañeros la miran. Regresa a la libreta, ha olvidado el tema, así que vuelve a leer, historia de méxico, nada más aburrido, pasa las hojas de la libreta y justo al final escribe su nombre, el de ella, agrega un "y" para después colocar, justo debajo, el nombre de él, y con emoción rodearlos con un corazón, ocasionalmente una flecha e invariablemente, un suspiro. Algo tan personal, un ritual privado, algo para dedicar las tardes y soportar el tedio de hacer tarea.

Una pluma que quizás dibujo a algún maestro, tatuándolo en una hoja de papel que pasó de mano en mano, causando risas, o quizás escribiendo el milenario "puto el que lo lea" en la pared del baño, o quizás el simulacro de un poema, el primer amor, o quizás una pluma que alguien compró para llenar una solicitud de empleo, o tan solo la pluma de un mesero que prestó a un cliente, sabiendo que jamás la volvería a ver...

Una pluma que sirve para volar y que por razones desconocidas llegó a mí, quizás para convertirse en instrumento que materialice mis ideas en papel, ahora la duda que me asalta es, estaré a la altura de la pluma, de su potencial. No lo sé. Pero sí sé que su sola presencia me ha causado la inquietud de escribir, espero no fallarle.

miércoles, 2 de abril de 2014

Mi gratitud infinita.

Alguna vez leí/vi que a los maestros espirituales se les puede encontrar en el día a día, siempre y cuando se tengan los ojos abiertos.
Hoy me encontré dos maestros en mi camino.
Una muchacha que vive en la calle me enseñó lo que es la generosidad y la gratitud. No es la primera vez que la veo y tampoco la primera en que me acerco a regalarle algo de comer, pero está vez mientras me acercaba, noté que junto a ella estaba un perro negro, ella comía un pequeño trozo de pan, y así sin más, lo partió a la mitad y se lo ofreció al perro, tal como ofrece un enamorado una flor, no lo arrojó al suelo ni se lo aventó a la boca, sino que extendió su mano para que el perro lo tomara y cuando lo hizo, ella le sonrió como se le sonríe a un hijo, con paciencia infinita y amor. La segunda enseñanza me la regaló cuando, al yo extenderle un tamal, se puso en pie y sonriendo, lo tomó, me dio las gracias viéndome a los ojos, para después sentarse y decirle a su perro, mira negro, el señor nos trajo un tamal, dale las gracias.

Es difícil derribar las barreras mentales, dejar los prejuicios, pero una vez que se hace, es posible aprender a cada paso.

Mi segundo maestro hoy, fue una vieja perra, que en el pasado me espantó en más de una ocasión al correr había mi con clara intención de morder, hoy al verla recostada en la banqueta, inmediatamente me detuve y pedí a mi perra que se sentara, para al menos tener tiempo de pensar qué hacer. Y así, sin más, la perra se puso en pie y con una calma infinita, se acercó a nosotros, olió a mi perra y a mi me dirigió una mirada calma, agachó la cabeza y se dio la vuelta. Le doy gracias por enseñarme a no vivir en el pasado, la gente puede cambiar y no debemos encasillarla, predisponernos a lo que es. Le doy gracias por enseñarme a vivir el aquí y ahora.

A ella, le doy las gracias por enseñarme la humildad que sólo he visto en las personas que no tienen nada que perder, en aquellos que no se aferran a las cosas, que no se definen por lo que tienen, ni por el lugar donde viven, ni por la tela que los viste, ni por lo que cargan en las bolsas, ni por el número de cosas que los poseen.

Y sobre todo le doy gracias por recordarme el poder de una sonrisa. Por no preocuparme, sino ocuparme.

domingo, 16 de marzo de 2014

Donde vivo.

Vivo en barrio pobre, donde la gente rehuye la mirada, donde los perros se sienten dueños de la calle, donde los niños juegan en medio de esta y le mientan la madre a los carros que interrumpan el partido, donde los hombres hablan con voz baja y extienden la mano para pagar antes de recibir la mercancía para así demostrar que no mendigan, donde los jóvenes monean en la esquina, donde las mujeres miran con envidia a las otras, donde uno puede caerse y casi nadie le ayude, pero todos mirarán seguro. Vivo en un barrio pobre, donde hay tianguis junto a la iglesia, donde la fruta se vende barata, donde las gorditas y pambazos conforman la dieta diaria, donde la tortillería vende salsas, arroz y frijoles, donde una vez que te conocen te invitan un taco cada vez que les visitas, donde las fiestas terminan al amanecer sin importar quien trabaje el lunes, donde hombres sueñan con un mejor futuro, donde no es cuestión de si la niña se embarazó, sino cuando, donde la espiritualidad lo inunda todo, donde la virgen se encuentra en cada esquina con fotos de personas que ya no están y hombres y mujeres por igual se hincan ante ella para persignarse y al hacerlo dejan entrever el tatuaje de una santa muerte, donde las veladoras se encienden a cada paso que dan, una entrevista de trabajo, un viaje, para acompañar un éxito, un fracaso, para atraer la salud al enfermo, para guiar la mano del joven estudiante de medicina que ha de suturar la herida causada por el vidrio del envase de una caguama.
Donde una pequeña llama pretende iluminar a todos.

Barrio donde la gente se enajena frente a la televisión y se olvida de pensar, donde los niños imitan a los narradores de deportes y al jugar fútbol se hacen llamar como la figura momentánea de la selección, donde los padres llaman pendejo a su hijo pues así los llamaron a ellos, donde los niños responden que hueva cuando se les  pregunta si les gusta leer, donde el mar es solo una idea y donde muy pocos han confirmado su existencia.

Vivo en barrio y a pesar de su aspecto no es uno de los más pobres.

Vivo en barrio, donde a veces no hay para comer, pero eso que no hay con gusto lo comparten con quien tenga hambre, donde la música inunda las calles y los colores hacen lo mismo en día de tianguis, donde hay gente que trabaja con el deseo de darle lo mejor a su familia, donde la gente llora, sufre, ríe y sangra como cualquier otra persona del mundo, pero que debido a las circunstancias rehuyen la mirada, desconfían incluso de la familia, van por la vida acostumbrados a que los vean feo, por eso se anticipan y son ellos los que ofenden primero, los que faltan al respeto, no tienen tacto social pues en el barrio un puñetazo dado primero sirve más que un por favor o un de nada, incluso que un con permiso...

Vivo en barrio pobre y aunque no me define, forma parte de lo que soy y me enseña día a día a comprender mejor lo que somos. Me ayuda a comprenderme mejor.

Comienza a vivir.

-El tiempo se acabó
Fue lo que dijo el doctor y solo entonces comenzó a vivir...

Donde vivo.

Vivo en barrio pobre, donde la gente rehuye la mirada, donde los perros se sienten dueños de la calle, donde los niños juegan en medio de esta y le mientan la madre a los carros que interrumpan el partido, donde los hombres hablan con voz baja y extienden la mano para pagar antes de recibir la mercancía para así demostrar que no mendigan, donde los jóvenes monean en la esquina, donde las mujeres miran con envidia a las otras, donde uno puede caerse y casi nadie le ayude, pero todos mirarán seguro. Vivo en un barrio pobre, donde hay tianguis junto a la iglesia, donde la fruta se vende barata, donde las gorditas y pambazos conforman la dieta diaria, donde la tortillería vende salsas, arroz y frijoles, donde una vez que te conocen te invitan un taco cada vez que les visitas, donde las fiestas terminan al amanecer sin importar quien trabaje el lunes, donde hombres sueñan con un mejor futuro, donde no es cuestión de si la niña se embarazó, sino cuando, donde la espiritualidad lo inunda todo, donde la virgen se encuentra en cada esquina con fotos de personas que ya no están y hombres y mujeres por igual se hincan ante ella para persignarse y al hacerlo dejan entrever el tatuaje de una santa muerte, donde las veladoras se encienden a cada paso que dan, una entrevista de trabajo, un viaje, para acompañar un éxito, un fracaso, para atraer la salud al enfermo, para guiar la mano del joven estudiante de medicina que ha de suturar la herida causada por el vidrio del envase de una caguama.
Donde una pequeña llama pretende iluminar a todos.

Barrio donde la gente se enajena frente a la televisión y se olvida de pensar, donde los niños imitan a los narradores de deportes y al jugar fútbol se hacen llamar como la figura momentánea de la selección, donde los padres llaman pendejo a su hijo pues así los llamaron a ellos, donde los niños responden que hueva cuando se les  pregunta si les gusta leer, donde el mar es solo una idea y donde muy pocos han confirmado su existencia.

Vivo en barrio y a pesar de su aspecto no es uno de los más pobres.

Vivo en barrio, donde a veces no hay para comer, pero eso que no hay con gusto lo comparten con quien tenga hambre, donde la música inunda las calles y los colores hacen lo mismo en día de tianguis, donde hay gente que trabaja con el deseo de darle lo mejor a su familia, donde la gente llora, sufre, ríe y sangra como cualquier otra persona del mundo, pero que debido a las circunstancias rehuyen la mirada, desconfían incluso de la familia, van por la vida acostumbrados a que los vean feo, por eso se anticipan y son ellos los que ofenden primero, los que faltan al respeto, no tienen tacto social pues en el barrio un puñetazo dado primero sirve más que un por favor o un de nada, incluso que un con permiso...

Vivo en barrio pobre y aunque no me define, forma parte de lo que soy y me enseña día a día a comprender mejor lo que somos. Me ayuda a comprenderme mejor.