miércoles, 8 de febrero de 2012

ven a sentarte conmigo




Inevitablemente vamos a morir, es sólo cuestión de tiempo
y nuestros cuerpos se convertirán en abono para la naturaleza que viene
y mientras todo se derrumba a nuestro alrededor
ven a sentarte conmigo
de cualquier manera estamos condenados
vamos a fundirnos en un beso eterno
para que un día, cuando alguien por curiosidad retire el musgo que cubre nuestros cuerpos
descubra lo que es aferrarse a la vida.

De regreso a casa.


Te despides de tus amigos con unos abrazos que nunca duran lo suficiente. Te subes al camión y buscas el asiento que corresponde a tu boleto, te acomodas, piensas en lo que pasó en este viaje fugaz, siempre falta tiempo para charlar, para ponerse al día, para confesar secretos, y piensas que ya será la próxima vez.

Y mientras el camión avanza, tu mirada se pierde en el paisaje que desfila ante tus ojos, calles que conoces bien, las recorriste más de una vez, se van quedando atrás.

Nadie te dice adiós, nadie voltea a ver el camión pensando quién se va, quién es aquel que quizás nunca regrese, o que quizás regrese en poco tiempo. Sólo unos pocos saben de tu existencia y solo unos cuantos te extrañarán.

Mientras piensas en todo esto cierras los ojos, escuchas con atención la música y piensas en éstas y muchas otras cosas, pero como otras veces, te quedas dormido.

Ya otro día habrá tiempo para pensar en si regresaras algún día a vivir a ese lugar donde ahora sólo pasas de visita...

domingo, 5 de febrero de 2012

título aquí





El problema es mío por buscar tan afanosamente algo/alguien, sabiendo que esa persona no tiene la iniciativa de buscarme a mí.


Necesito una forma de catarsis.


me urge mi restirador...

martes, 31 de enero de 2012

El pequeño monstruo.

Se subió a la rama más alta, sacó su armónica, tocó la canción que le había enseñado su padre unos días antes.

Movía los pies mientras la mirada permanecía fija en el suelo.

El pequeño monstruo se acercó lentamente, una de sus garras peludas secó la lágrima que se asomaba en el ojo del niño.

Esa lágrima fue la que había escuchado a su madre gritar. Al parecer ya era demasiado grande para andar creyendo en amigos imaginarios, y tras una discusión le dijo, le exigió que dejara esas cosas, que ya no era un niño. Esa lagrima bajo hasta el corazón y vio como esté se contraía adolorido, le dio un abrazo, pero no fue suficiente, entonces subió despacio y notó como la garganta se cerraba, el cerebro no lo podía creer, él no había inventado nada.

La pequeña lágrima no quería creer lo que se decía, hoy el niño se iba a despedir de su amigo el monstruo, ella lo conocía, más de una vez salió a ver que sucedía, por que el niño reía con tal fuerza y pudo ver al pequeño monstruo.

Salió cauteloso y vio al pequeño monstruo que se acercaba al niño, y escuchó como éste le decía que ya no podría jugar con él, porque su mamá se había molestado, que ella no le creía, que era imposible que viera a un monstruo, que dejara de inventar cosas.

El monstruo contestó triste que también había jugado con su mamá, hace muchos años.

La pequeña lagrima corrió tras el monstruo, no quería que se fuera, le gritaba al niño que ya encontrarían la forma de que su mamá le creyera, pero fue inútil.

El pequeño monstruo se fue cabizbajo, la voluntad quiso seguirlo, pero el niño no se lo permitió, así que fue la imaginación la que corrió tras el pequeño monstruo, le alcanzó para darle la mano, el pequeño monstruo sorprendido la subió a sus hombros y siguieron caminando.

Monstruo e imaginación sólo voltearon para decirle adiós.

Pasados los años el monstruo se acercó a la ventana para saludar, pero el niño era ahora un hombre y no pudo hablar con él, pero sí pudo platicar con una pequeña niña, que reía con él.

Una vez el monstruo le contó una historia, pero la niña no podía entender nada, así que la imaginación sabía lo que tenía que hacer, abrazó a la niña y entonces ella pudo ver en su mente todo lo que le platicaba el pequeño monstruo. Cada día niña e imaginación ideaban nuevas cosas, cosas redondas que volaban, todas con muchos colores, las piedras eran caracoles dormidos, las rosas eran mariposas apretadas, el agua era un arcoíris comprimida, los elefantes estaban arrugados para que no se les cayera la ropa, en especial los calcetines.

Un día la niña le contó a su Papá que tenía un pequeño amigo, es un monstruo, le dijo.

Monstruo veía desde la ventana, pensó que el niño-hombre diría que él también lo conocía y que quería verlo después de todos estos años, ya que lo había extrañado, pero el niño-hombre sólo le dijo que eso era cosa de niños, que no existía ese monstruo.

Monstruo se sintió triste, pero lo que más le dolió fue cuando la imaginación quiso abrazar al niño-hombre cuando la niña se acercó para platicarle las cosas que le había contado el monstruo y el la apartó, a la niña y a la imaginación, con un ademan de molestia.

La niña se despidió del pequeño monstruo y le entregó a la imaginación, el pobre monstruo le preguntó que porque se la entregaba, sí era suya. La niña sólo contestó, ya no quieren que la use…

Monstruo e imaginación se fueron, sabían que habría otros niños con los que pudieran jugar, pero siempre era muy triste separarse. Pero ellos seguirían intentando crecer con algún otro niño.

Y lágrima? Ella también estaba cuando el niño-hombre desmintió a la pequeña niña, y se arrojó con fuerza hacia el suelo, quería hablar con ese niño que alguna vez habitó, tratar de convencerlo de que su hija no mentía…

En ocasiones el pequeño monstruo se acerca a nuestras ventanas para saludarnos, pero desafortunadamente sin imaginación, no podemos reconocerlo, creemos que es algo malo y entonces nos da miedo, nos ocultamos de él.

Afortunadamente el monstruo y la imaginación siempre están ahí para jugar y pasar tiempo contigo. Sólo es cuestión de que tomes a la imaginación y conviertas el agua en arcoíris, los gatos en leones, las piedras en tortugas, las nubes en burbujas y el infinito lo tomes con un puño, para dejarlo caer lentamente, como al tiempo.

lunes, 30 de enero de 2012

Viernes de Quincena en una gran ciudad...

El sol apenas se filtraba por las cortinas, era uno de esos viernes de quincena en que todo comenzaba demasiado temprano.

Los golpes en la puerta la despertaron, la insistencia de estos fue lo que logró levantarla de la cama.

Un joven de traje café se veía en la mirilla de la puerta, se quedó en silencio esperando ver como se alejaba, pero nada, de cuando en cuando el joven miraba desde su lado de la mirilla esperando ver algo o a alguien, al notar que no era posible tocaba la puerta con insistencia.

Pensó en las deudas y en el vacío refrigerador, y se decidió a abrir la puerta.

El joven le preguntó sin tacto si era prostituta, mientras mostraba aquel anuncio de periódico.

Quiso aclarar precios y condiciones antes de siquiera dejarle pasar, él parecía demasiado alterado o nervioso.

"Un primerizo, o un güey que le tiene tanto miedo a su esposa que hasta para esto tiene prisa..."

El joven pasó a la pequeña sala que se encontraba junto a la cama, dejó su saco café sobre el portafolio también café. "una cacofonía visual" se dijo, sin saber sí la expresión era válida o no.

A lo lejos una sirena se acercaba.

-"Qué raro, hoy los tiras empezaron a joder más temprano de lo habitual"
Fue más para romper el hielo, una frase dicha al azar, bien pudo haberle comentado que usaba demasiada loción corriente y que eso denotaba desesperación, pero prefirió hacer el comentario de la patrulla.

-"Oye, me puedo echar un regaderaso??!

Ella lo miró con desconfianza, parecía que quería evitar tocar el tema de los policías.

-"Sí, ahí está el baño, pero ese te lo cobro aparte, porque..."
-"Sí no hay pedo!"

Y sin que le pudiera explicar nada, se metió al baño, ella se sorprendió y por un momento dudo en si quería seguir con eso, otra vez la idea de cobrar tan temprano le convenció de ignorar al nervioso joven que se estaba bañando, mientras ella se sentaba en su cama y escuchaba a más patrullas acercarse.

Sacó su celular y se puso el audífono derecho, la bocina no servía, y sintonizó la radio.

Escuchó como un tipo había robado un local de empeño, se había llevado joyas, alhajas y dinero en efectivo. Al parecer estaba desayunando una guajolota frente al local, esperando a que abrieran. No tenían muchos datos del sospechoso, si había cómplices o si era un sólo ladrón.

Cuando pidieron a los radioescuchas reportar a cualquier sospechoso de la zona, que vistiera traje café y portara un portafolios, también café, no pudo evitar voltear al sillón individual donde estaban sus cosas.





Cuando logró regular la temperatura del agua, seguía temblando. Nunca en su vida se había sentido así.

Un malestar en el estómago le subía por todo el cuerpo, era un vacío que lo iba llenando poco a poco. Se quedó pensando si eso era posible y se dijo a sí mismo que sí, que eso era lo que sentía...

Pasó las manos sobre su rostro, quería lograr un estado de relajación, o acaso era sólo un acto reflejo para secarse las lágrimas.
Tomó el jabón y lo pasó con fuerza sobre el pecho, las piernas se le doblaban y estuvo a punto de caer de rodillas, en cambio soltó el jabón y con ambas manos se sostuvo de las frías paredes.

Había muchas cosas que hacer y lo único que se le había ocurrido fue visitar a la primera prostituta que vio en el periódico, jamás visitó a ninguna, pero más de una vez leyó divertido las descripciones que aparecían en los periódicos.


No sabía si en verdad se acostaría con ella, o si tan sólo se disculparía por el baño, pagaría servicio completo y se largaría de ahí.

-"No puedo salir ahora, simplemente no puedo..."


La puerta del baño se abrió mientras él pensaba que iba a pasar, pero muchas veces sucede que alguien más decide lo que ha de suceder con nosotros...







Pensó que sí el joven que estaba en el baño, era aquel que describían las noticias, muchos problemas estarían arreglados.

Se quitó el audífono y aventó el celular a los pies de la cama. Y una vez más, con el dinero en mente, avanzó al cuarto de baño.

-"Necesitas ayuda guapo?"

Sin esperar una respuesta entró a la regadera, ya en el camino se había desvestido, tomó el jabón que estaba en el suelo y siguió frotándolo en el pecho del joven.

-"No, sin protección no, vamos al cuarto..."

Le dio una toalla y ella tomó la que estaba junto al lavabo, se secaron rápidamente, ambos con urgencia, pero no la misma clase de urgencia, él se quería ir de ahí, ella quería terminar con la idea que tenía en mente.



Mientras él acomodaba las sabanas de la cama, ella estaba en el baño, sacando algo del botiquín.





Con las manos en la pared vio como la muchacha entró al baño, lo enjabonó y frotó todo su cuerpo.

Fue entonces que la vio otra vez.

Había regresado del trabajo por olvidar unos papeles, entró a casa en silencio, por temor a despertarla, no por ocultarse.


Entró a la recamara y la vio ahí acostada con un hombre encima de ella. Las piernas se le doblaron, le dieron ganas de volver el estómago y el mareo fue inevitable.

Siempre que veía escenas de ese tipo en películas o en la tele, se decía a sí mismo, que él mataría ahí mismo a su esposa y al hijo de la chingada que se metiera con ella.
Para su sorpresa salió corriendo como niño asustado, sólo pudo dejar de llorar muchas cuadras después...

Por alguna extraña razón ahora le excitaba la idea de que alguien más penetrara a su esposa...

-"No, sin protección no, vamos al cuarto..."


Salió del baño pensando que no podía hacerle eso al amor de su vida, fue entonces que recordó porque estaba ahí.

Quiso hacerlo, pero hacerlo lo más rápido posible, como mero trámite en la curación, si es que ésta era posible.


Por instinto marital, acomodó las sábanas de la cama. Una gota escurrió desde el cabello hasta la sábana, su mirada la siguió, como iba cayendo despacio hasta la cama, un segundo que se prolongó de manera irreal, segundo en el que recordó a su esposa, lo mucho que la amaba y como habría recibido a aquél hombre, quizás ella acomodó las sábanas tal y como él estaba haciendo en ese momento, y fue entonces que notó como la sábana absorbía la gota, la consumía con desesperación.






De esos dos años que vivió con un tipo que ya había olvidado como era, había conservado muchas cosas, por conveniencia, más que por nostalgia mediocre e inútil, y entre esas cosas había una vieja navaja de barbero, vieja y oxidada.


La mano le temblaba mientras caminaba despacio acercándose al joven que estaba mirando las sábanas, cabizbajo, perdido en la realidad.

No podía dudar, no debía dudar. A cada paso el pulso le fallaba más. La respiración se agitó y los últimos tres pasos los dio casi corriendo.

Le tomó el cabello y lo jaló hacia atrás, la manzana de adán se mostró majestuosa, la poca luz que entraba en el cuarto iluminó perfectamente a la navaja mientras ésta descedía con fuerza para cortar la garganta del pobre joven vendedor de seguros.






Una risa nerviosa la invadió. En el viejo portafolios solo había unos papeles de seguro, unos cuantos estados de cuenta y un folleto de un viaje a Acapulco.
"Festeja este 14 de Febrero con tu media naranja".


Mientras seguía riendo, vio el cuarto, las sabanas y el suelo cubiertos de sangre, los rayos de luz entraban cada vez con más fuerza, muy a pesar suyo, el tiempo seguía su marcha.


Fue el miedo, la cada vez más débil respiración sofocada del joven, que sabía que estaba muriendo, junto con el sentimiento de culpa, lo que la hicieron sentir observada, el ojo se posó otra vez en la mirilla de la puerta, donde alguna vez estuvo ese joven parado, sintió un profundo bienestar al ver que no había nadie. Volvió la mirada y vio como el charco de sangre en el suelo cada vez se ampliaba más...


"Y ahora cómo limpio este pinche desmadre..."
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viernes, 27 de enero de 2012

Un viernes común y corriente


Un viernes común y corriente, uno de esos días en que sales desde temprano a desayunar unos tacos y cuando vas de regreso a tu cuarto que alquilas, te das cuenta de que dejaste los cigarros, así que compras un cigarro y mientras sales de la tienda y lo enciendes, alguien te chifla desde la combi que se detiene unos metros adelante y ves que de ella baja un antiguo compañero de trabajo, ahora un conocido del barrio donde vives.

El saludo de costumbre, la plática se desarrolla con normalidad, nada que merezca ser transcrito aquí, hasta que a él dice en voz alta lo que los dos habían pensado en silencio:

"Vamos por unas caguamas, o qué...?"


Por cuestión de logística nos tomamos las cervezas en mi cuarto y es que yo había comprado el cigarro en la tienda de mi casero, así que era lo más sencillo.

Unos cuantos mensajes de texto y ya habían otros dos conocidos y un amigo o conocido de alguno de ellos, no me quedó claro de quien era amigo.

Cada quien invitaba una ronda, bueno, yo pagué 4 caguamas, después de eso ya no me dejaron poner dinero, que porque yo estaba poniendo el lugar y la música.

Para sorpresa mía les gustaba el rock y el metal.

"Ponte algo de Transmetal, no!?" No tengo le respondí, y note en su cara una expresión de "no pos no, cómo vas a tener pinche fresa de mierda, si luego luego se ve que eres re mamón!" Pero tengo Luzbel, te late? "Psssssstttt a güevo!!!! Cómo no me va a gustar?!" Noté el cambio de expresión, ahora era algo así como: "pos no está tan pendejo el chavo...".

Mientras sonaba pasaporte al infierno comentábamos varias cosas, él fan de Luzbel me preguntó que si los dibujos eran míos, respondí que sí, me dijo que le gustaban y que a su parecer yo dibujaba chingón, no lo dijo así, "a mi parecer dibujas chingón", lo que dijo fue "dibujas chingón..." yo digo que ese era su parecer porque a mí me gustan mis dibujos, pero no tanto como para considerar que dibujo "chingón"...

De mediodía pasamos a la tarde y luego esta se convirtió en noche, de luzbel pasamos a otras cosas, y a cada canción que le ponía el "Jaimito" me aplaudía la elección, y es que procuré tener un setlist ad hoc al personal reunido esa noche. Pero lo que realmente le emocionó fue escuchar a Charlie Monttana, la de "el amor apesta" le llegó...

Y como siempre sucede, el alcohol aflojó la lengua de los presentes, unos recordaban a los malos amores, otros a los que se han ido o que se han adelantado a nosotros, expresión muy socorrida para referirse a los que ya han muerto. Ya estaba comenzando a marearme, y mientras lo vi que contenía las lágrimas con la canción de Triste canción de amor, noté que empezaba a llorar con los primeros acordes de Viajero de Banda Bostik.
Se secó una lágrima, sólo la del ojo derecho, con la palma de la mano, dio una fumada a su cigarro y dijo a quemarropa...

"Me cae que estaba bien enculado con ella... Pero pinche vieja se fue a la verga... Con mi pinche carnal, los putos (creo que se refería a él y a ella) se fueron para el otro lado..."

A mí me sorprendió e iba a pedir que me contara, no por curiosidad, sino que cuando uno se encuentra con esa cantidad de alcohol en la sangre y vienen los recuerdos, lo que hay que hacer es sacarlos, es un procedimiento delicado, hay que tener tacto y la capacidad para poder llevar el cauce de las cosas, hay que exorcizar los demonios con cuidado, o se pueden convertir en propios...

En eso estaba cuando uno de los presentes le dijo: "Ay güey, ya no mames! Ya que chinguen a su madre! Se pasaron de verga, ni chiste tiene que les llores, valen verga!!"

Estaba pensando que ellos eran maestros en exorcizar demonios personales, cuando el que lloraba se paró de pronto y mientras arrojaba el envase a un lado, dijo, "me cae que sí carnal, que chinguen a su madre los dos..." Y después de una pausa dijo con una sonrisa mientras se limpiaba otra lagrima, también con la palma pero ahora del lado izquierdo: "bueno chingao venimos a chillar o a chupar!!??"

Me sorprendió como sucedió todo, pero ellos ya llevaban años de conocerse, aun cuando estaba en mi cuarto, yo estaba jugando de visitante.


Salieron por otra ronda, pero sólo regreso el conocido de mis conocidos, y me explicó que Don Polo ya había cerrado así que tuvieron que ir a otra tienda.

"Lo que es yo (sic), me la estoy pasando a todas madres y si no te agüitas, ya me dieron ganas de fumar, cómo ves, se puede?"

Le dije que sí, y ya hasta que se fue, pensé en sí se me antojaba fumar a mí también.

Charlie, mi conocido del trabajo, regresó con sus valedores y mientras destapábamos las nuevas caguamas, seguimos platicando de todo y nada.

Charlie fue al baño, y mientras él estaba ahí, llegó una de mis vecinas, él pensó que era su amigo "Jaimito", le pongo comillas porque me dijeron que así le decían, pero así no se llamaba...
Cuando salió del baño, entró al cuarto y se asomó, al no verlo nos preguntó que donde estaba el "Jaimito", le dijimos que no había llegado...


"Cómo que no ha llegado? ahorita mando unos pinches granaderos a buscarlo, al cabo esos putos me conocen..."


"Jaimito" ya no regresó, le mando un mensaje de texto a Charlie diciendo: "ya valió madres, luego nos vemos puto"

Charlie sólo le respondió "putazos?", y no, no hubieron golpes o nada por el estilo.

Días después me encontré al "Jaimito" afuera de la que llaman la "tienda grande" y no es por el tamaño, sino porque aparentemente tiene más surtido, estaba afuera donde están las máquinas de pelotitas para ganar dinero, él y otros tres, sólo vi a los tres, pero ya que iba camino a mi cuarto me gritó, me saludó y me preguntó que si no quería, señalando la máquina, la caguama que estaba encima de esta y haciendo referencia a lo que sostenía en la mano, respondí que no, y mientras yo decía "no güe, ando chido", noté su ojo entrecerrado y una especie de marca en el lado derecho, el que me quedaba más oculto, no pude notar bien que tenía por qué se volteo muy rápido.

Me ofrecía combo de "mona", caguama y maquinitas.


Días después me topé a Charlie y le comenté eso, que lo había visto moneando. Hizo una pausa y me dijo después de pensarlo mucho:

"Te acuerdas que ese día ya no regresó, pues es que su jefe andaba bien pedo y le puso unos putazos a su jefa, y pues el "Jaimito" se lo torció... Ya al otro día se trenzaron chido, pero pues valió verga..."

No quiso continuar.

Pregunté de manera muy inocente, que para que chingados se "moneaba" si con eso no iba a solucionar nada.

Sólo me miro serio y me dijo, aún más serio:

"Pues que hacemos valedor... muchas veces lo único que queda es monear, porque la mierda nos llega hasta las pinches orejas..."

Y mientras iba camino a mi cuarto me acordé de lo que me dijo una vez un señor, el señor de intendencia...


"Si aguantas los putazos, tu nombre se escribirá con letras de oro valedor!" Don José.