jueves, 17 de mayo de 2012

día a día

al recorrer una ciudad o la vida, hay objetos que te acompañan, una pluma, una libreta, un libro, tu teléfono, algo de música y algunas otras cosas
eso que te acompaña podría ayudar a entender quién eres y qué te mueve
tomarte cinco minutos para escribir tus ideas y plasmarlas en papel o acaso leer las ideas de alguien más, sentir la música que baja desde tus oídos hacia el corazón y ser bombeada por éste hacia todo el cuerpo y al llegar al cerebro activar la delicada maquinaria de relojería que ha de hacer estallar los recuerdos

vivir en el ahora con estimu lo s varios

vivir en una ciudad que se mueve con autonomía y que en nada depende de ti y que sin embargo no sería la misma sí tú no estuvieras

la posibilidad de impactar la realidad de todos aquellos que se cruzan en tu camino día a día

para bien o para mal, la elección es tuya

lunes, 14 de mayo de 2012

De aquellos días en el hospital



Cuando me operaron de la columna, debido a la fractura de dos vértebras, estuve internado en el seguro Social, fueron días muy dolorosos, días en que me sentí no sólo vulnerable y frágil, sino sólo.

De esos días de encierro pude escribir unas cosas en una vieja libreta. Esa libreta la guardo mi amiga Xinemi y hace unos días me la entrego.

Fue como recuperar parte de mí.

Uno o dos días antes de la operación me puse a escribir lo que sentía en ese momento, y ahora que releo el texto me doy cuenta de partes muy valiosas de mí encerradas en letra cursiva. Y es que tenía mucho miedo de la operación y me sentía abandonado y la conjunción de todos esos factores hizo que escribiera un texto desnudo, sin maquillaje, porque era para mí y no sabía si lo volvería a leer.

Sí, temía morir en la operación...

Ese texto es una clara muestra de lo que sentía en ese momento y es una pieza fundamental de lo que soy hoy. Creo que sólo entendiendo a los que uno ha sido, puede entender al que es hoy y al que vendrá mañana.

Una vez más tengo éste abismo. Una vez más no sé qué quiero. Me encuentro a punto de vivir un hecho que dejará huella en mi vida. No sé qué pensar. No sé si estoy nervioso, no sé si tengo miedo, de hecho no sé si debería dormirme y tratar de descansar. No sé. Mañana tal vez de una vez por todas ya sepa.
Mientras tanto, no sé...

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Ya no me gusta pensar en cómo sufrió mi Mamá en una cama de hospital tan parecida a la que yo estoy. No quiero pensar pero aun así los recuerdos vienen. Son como moscas que se acerca que nadie las ha invitado.
Eso me ha hecho sentir mal.
Eso me ha hecho sentir solo.
Veo como los "vecinos" tienen a sus familiares en la noche. Yo no tengo a nadie esta noche conmigo. Tal vez es lo mejor así nunca se darán cuenta de que el único miedo que tengo es...
...morir lejos de los que quiero.
Y no me refiero físicamente, me refiero a poder hacerles saber a esas personas que estimo, cuanto los aprecio, pero aun así trato de demostrarlo, no la verdad es que me cuesta trabajo mostrarme, sólo así me es posible "decir" lo que siento.

Sólo así existe la posibilidad de conocer al verdadero José Ruiz Esparza M.

Ese José Ruiz que por las noches extraña a su familia, ese José que cuando recuerda a su madre puede sonreír. El José que sólo se muestra cuando está solo.

Para los demás soy un "actor", para algunos el serio mamón, para otros el payaso agradable y para otros el pendejo encimoso, y para mí, pues para mí sólo soy yo cuando estoy solo.

Sólo cuando escribo para mí me puedo dar cuenta de que soy muy falso ante los demás.
Cuando escribo me doy cuenta que extraño mi hogar, el lugar que me vio crecer, pero ya no está y no puedo más que recordarlo con gusto, pero de ninguna forma "clavarme" con eso. Las cosas pasan y así como las cosas pasan, la vida también se me va, no puedo detenerme a sentir mal y tratar de hundirme en el pasado, porque en ese mediocre intento de retener el pasado, me estaría perdiendo el presente de ahora y en unos años ese presente estaría intentando mantenerlo y mi vida sería una mugre.

Recuerdo con gusto, pero no intento obsesionarme con esos recuerdos, trato de ver el presente, pero no sé por qué intento huir de él.

Mi sueño es largarme, pero ¿Por qué? tengo amigos, que es la única familia no sanguínea, que realmente aprecio y quiero.

¿Pero entonces por qué querer huir?
Quiero otra vida, pero no sé sí es para huir de los errores del pasado o para prevenir los posibles errores del futuro.

Sé que tengo amigos que me quieren pero no sé por qué me cuesta trabajo darme cuenta. Tal vez no quiero darme cuenta de que si los pierdo, otra vez perdería algo muy valioso.

Me gusta escribirme, así me doy cuenta de muchas cosas.

Espero que todo salga bien y espero y trataré de demostrar mi cariño a esos amigos que afortunadamente no he perdido
                    aun....

Tal vez mañana (si puedo) escriba un poco más, después lea esto y después me lo coma o lo tire, o tal vez como muestra de amistad se lo muestre a esas personas que me interesan y que se interesan por mí.

Ahora los demonios del sueño me jalan y se llevan mis pensamientos, no los haré esperar más y permitiré que me lleven.

Tal vez con suerte pueda platicar con mi mamá, no sé todo puede pasar.
Ahora sí me han vencido, he perdido ante el sueño.
Tal vez mañana la batalla sea más justa y me permita terminar de escribir para mí. De mí para mí.

jueves, 10 de mayo de 2012

Una pequeña concha blanca, blanca como su sonrisa.

Y mientras corrías hacia el mar alcanzabas a escuchar que te gritaba que te pusieras bloqueador.
Increíblemente regresabas aún más rapido de lo que habías corrido hacia el mar. Te recibía con un pequeño regaño y mientras te ponía bloqueador por todos lados, te daba las indicaciones que serían repetidas todos los días, como un viejo ritual transmitido de generación en generación para espantar a los malos espíritus. "No te vayas muy lejos, siempre donde te pueda ver, no te vayas a meter al mar sin avisarme..."
Con el cuerpo lleno de crema corrías al mar y te quedabas en la orillita, cazando olas, no por obediente, sino por miedo que te gustaba llamar respeto.
-Y con los pies sintiendo el cambio de temperatura de la arena, de ese calor insoportable al refrescante sentir que causa la arena mojada, avientas tu playera y corres al mar, entras rapido por que sabes que está frio. Sorteas la primera ola, te adentras y para la segunda te sumerges, nadas y disfrutas del vaiven de las olas, te dejas guiar por una voluntad ajena a tí y recuerdas cuando de niño le tenías más temor al agua. -
Hincado frente al mar, una cubeta y algunos utensilios para hacer castillos, el rastrillo paseandose por la arena humeda, volteas a ver como se va yendo esa ola y notas un reflejo, corres emocionado a ver que tesoro acabas de descubrír, con el dedo escarbas habilmente y descubres una pequeña concha, es blanca, la sujetas fuerte con el puño y sientes como tu respiración se agita, es la primera que ves en tu vida, emocionado te levantas, pero justo antes de incorporarte por completo sientes que con violencia te golpean, tú crees que es como en la escuela, un empujón, metes las manos y te paras, pero no. La ola te tira y del suelo te lleva más allá, quieres gritar, pero el sonido cede ante el agua que te invade con violencia, cierras la boca y los ojos, el puño sigue apretado, sientes como la arena te golpea en un costado, despues la cara y la barriga.
El miedo sirve de resorte y hace que te levantes violentamente, volteas a ver el mar deseando con todo tu ser que no vuelva a atacar, ves el agua alejarse y con el miedo aún en el rostro la volteas a ver, es lo primero que buscas.
Y volteas a la palapa y la ves ahí sentada con un abanico sonriendo, sigues asustado pero sabes por esa sonrisa que todo estará bien.
-Y mientras sales del mar cansado y emocionado, tal como la primera vez que sentiste el mar, corres a la palapa, ésta vez no está ahi. Destapas tu cerveza te recuestas y piensas en ella, otra vez. Te preguntas que opinión tendrá de tí, de tus amigos, de lo que has hecho, de lo que no, piensas divertido lo lindo que sería que estuviera para regañarte cuando hiciera falta.-
La concha se perdió, pero durante mucho tiempo la atesoraste. Se la diste en la mano y emocionado le dijiste "mira lo que descubrí"
Ella la tomó y te sonrió de vuelta, le dijiste con orgullo y dejando tu deseo de conservarla a un lado "te la regalo mami."
Años después tú y ella estaban buscando unos papeles y sin quererlo ni buscarlo, como todo lo bueno de ésta vida, encontraron la concha y sonrieron.
Muchas veces las palabras sobran y una sonrisa lo dice todo. Tú sabes qué significa ésta sonrisa mami, feliz día.

miércoles, 2 de mayo de 2012

El hombre más rico del mundo.

Despertó por un lenguetazo en la nariz.
Primero vino una sonrisa, fue recuperando la consciencia de su cuerpo y la sensación del sol en su rostro le hizo recordar donde estaba. Un segundo lenguetazo embistió con más fuerza. Él ya estaba despierto, pero mantuvo los ojos cerrados, un ladrido que denotaba impaciencia y una pata que golpeaba su pecho, buscando revivirlo, lo hizo reír. El perro se dio cuenta del juego y ladró con fuerza, y ésta vez los lenguetazos buscaban abarcar toda la cara, uno ahí en la nariz, otro en la mejilla izquierda, ahora la boca, después el cuello y parte de la oreja derecha, la pata seguía empujando el pecho que contenía la risa, los brazos se vieron forzados a intervenir.
El primer movimiento del brazo derecho fue un intento de replegar el ataque y contener al adversario. Ese primer movimiento fue habilmente rehuido con un brinco, tuvo que hacer uso del refuerzo del brazo izquierdo, que comandado por la mano, emprendió un ataque sorpresa. El invasor fue hábilmente sometido, colocado sobre su lomo y mientras el brazo derecho respaldaba y resguardaba el frente emprendido por su correspondiente extremidad, que consistía en rascar con fuerza y habilidad esa panza. El intruso había cedido, clara muestra era esa pata que se movía al compás de la cola y la lengua que colgaba a un lado, buscando aire fresco para disfrutar mejor ese orgasmo.
Los dos consideraron que lo más justo en ésta situación era declarar un empate. Jugaron bien sus cartas, ya mañana habría otra batalla, pero esa, se decidirá mañana, no antes.

Se levantaron y disfrutaron del aire matutino. Para él era una dicha llenar sus pulmones de aire fresco. Mientras exhalaba en un suspiro ese aire, recordó su vida, lo que muchos llaman el pasado, lo ya vivido, lo que ya no está, pero que nos da forma, eso que configura lo que hoy somos.
Un viejo soldado, de alto rango, comprometido con su vocación, la de servir a su país y ser leal a sus creencias, no más, un viejo que ahora no era ni la mitad de lo que llegó a ser, pelotones enteros temblaban cuando su nombre era pronunciado, imponía respeto cuando se le tenía de frente e inspiraba orgullo cuando se le había tratado. Un ser humano completo en todo el sentido de la palabra; un amigo exigente, exigente para que los amigos se convirtieran en mejores seres humanos y también exigía que le hablaran con la verdad y que le hicieran ver sus errores.

Hasta que llegó el día en que le ofrecieron todo el dinero del mundo. Más dinero del que podría gastar, el precio, su alma, sus creencias, sus ideales, hacer un lado su código moral y en cinco minutos entregar su tranquilidad a cambio de unos cuantos centavos.

La historia oficial, la que anunciaron los medios pues, fue que había traicionado a la patria y que sinvergüenzas como él demeritaban el loable trabajo del ejercito.
Él sabía que si rompía el silencio lo matarían. Tomó un tren a la ciudad en que había nacido, lejos de la capital, con tan sólo lo que sus manos pudieron tomar al huir, una pluma, una vieja libreta y dos pequeñas fotos.

Y ahora, muchos años después, sin dinero ni identidad sonreía al ver como el sol comenzaba a cubrír su ciudad. Un lenguetazo lo trajo de regreso al presente, un lenguetazo que le quería decír que no se adentrara mucho en las aguas de la memoria, porque después éstas se turbian y es muy dificíl mantener el control y no naufragar.

Una sonrisa agradeció el gesto de su viejo amigo, los dos se conocían hasta la médula, pero ya estaban viejos.

Entraron a la pequeña choza hecha de láminas, se sentaron en el catre sucio que cumplía las funciones de mesa, cama, silla, área de trabajo y dibujo, confesionario y centro del universo.

Un suspiro salió casi de manera inesperada, pensó que algún recuerdillo se había quedado dentro de él y hasta ahora salía. Sorprendió a su mano derecha paseandose por el lomo de su fiel amigo y con una sonrisa en el rostro. Si bien era cierto que a veces no tenía para comer, se sabía el hombre más rico del mundo, pues tenía la conciencia limpia y un verdadero amigo. Una lagrima se asomó por esa ventana que dicen que da al alma, corrió por la mejilla y entró a su boca por la comisura del labio.

No se alarmen, tan sólo salió a dar un paseo...

martes, 1 de mayo de 2012

Divagación.


Se sentó frente a la vieja computadora, la encendió y mientras esperaba a que saliera el logo de Windows XP en la pantalla, encendió un cigarro, abrió la lata de chocolates que usaba de cenicero, espero a que el reloj de arena mutara en una pequeña flecha, abrió aquel archivo que supo ser decodificado por la máquina para hacer que de las bocinas sonaran acordes de guitarra, primero, una batería y un bajo después, y rematar con una voz que cantaba en inglés.  Y así mientras jugaba con la ceniza del cenicero y con el cigarro encendido movía las colillas que ahí estaban, dijo sin pensarlo mucho.
-Creo que hay imágenes que nos marcan, cosas que vemos y hacen que la imaginación vuele, como hoy por ejemplo, vi un escapulario tirado en el suelo y no pude evitar pensar de quién sería, se veía rasgado, eso sí, pero no me dio la impresión de que llevara mucho tiempo ahí tirado, uno sabe decir esas cosas, o al menos se da una idea. No estaba todo sucio, lo que me hizo pensar que no lo habían pisado demasiadas llantas, o pasos…  Fíjate que no pude evitar pensar en alguien que iba corriendo  y quizás lo atropellaron,  de esas veces que el carro viene demasiado rápido y no sólo no alcanza a frenar, sino que además de golpear al tipo lo manda volando por los aires y cae metros adelante, sin saber que le pasó y como ya sabes que la fuerza y la lógica hacen cosas impensables, no me sorprendería que los tenis hubieran salido volando, y que el escapulario se hubiera roto, o  que también hubiera salido volando… No lo sé, eso me imaginé. Quizás ni accidente hubo, a alguien se le cayó mientras cruzaba distraídamente y no hay más, sin accidente, sin sangre y sin tanto dramatismo, o quien sabe alguien se lo quitó para evitar recordar a la persona que se lo dio en primer lugar, un mal de amores, ya sabes, la mujer casada que se entera de que su esposo la engaña, siempre suelen desquitarse con las cosas…
En eso estaba pensando…

Hace ya unos años.

Sonaba la rubia y el Demonio, y mientras hacíamos el cierre de mes, los dos tarareábamos la rolita.

Siempre batallando porque todo cuadrara, porque los números tuvieran una lógica y si no parecían tenerla, había que buscarla.
Salimos del trabajo cansados y con sed, así que nos fuimos a un billar que está por Echegaray, ahí llegaron otros compañeros de trabajo, y mientras las cervezas se iban vaciando y las vejigas llenando, el alcohol aflojo las bocas y por un momento el sello del corazón se abrió.

Alguien que extrañaba a una madre ya fallecida, los clásicos dolores del amor, aquel que dudaba en el amor que sobrio presumía, todo acompañado de la risa de aquel que entiende mejor sus sentimientos al decirlos en voz alta. Eran varios soliloquios disfrazados de tertulia.

Y mientras unos se quedaban dormidos, las personas del lugar avisaban que estaban próximos a cerrar, pero que si queríamos quedarnos éramos bienvenidos, sólo que iban a hacer corte de caja. Y sí, pagamos la cuenta y además un cartón y dos o tres cubetas. Nos quedamos con el dueño del lugar y los empleados que al parecer eran todos amigos, un grupo de amigos que deciden arrancar un negocio haciendo lo que les gusta.

Así transcurrió la noche, entre risas, comentarios al azar y silencios reflexivos. Los cigarros se encendían y bailaban al compás que marcaban nuestros brazos, como perdidas luciérnagas. El sol estuvo a punto de sorprendernos cantando lo que la rockola reproducía con fuerza pero sin emoción la escasez de cigarros y la boca pastosa nos hizo darnos cuenta de que era momento de retirarnos.
Salimos de ahí con prisa, lo peor que nos podía suceder era ser sorprendidos por el sol, siempre huyéndole cuando de juergas se trata.
Nos despedimos en el puente peatonal, él iba a ir a casa de su novia, a casa de aquella que no lo tenía muy contento, o al menos eso había dicho.
Yo, yo me fui a desayunar una torta de milanesa con quesillo, y de ahí a esperar la combi que habría de llevarme a casa. Y mientras luchaba por no quedarme dormido y por no perder la combi, recordé lo que había dicho esa noche “sí la quiero, pero estoy seguro de que me está viendo la cara de pendejo…” Dos días después ella me dijo que necesitaba tiempo. Y fue él, el que bebió a mi lado esa noche el que me dijo sin tapujos y sin ganas de endulzar mis oídos: “We, sí tenías razón, ayer vi a la Vicky con el Víctor…”
Yo sólo pude decir, en una mezcla de satisfacción y de lamento, “te lo dije, a poco no?“


In motion.

Vas viendo como las cosas se van quedando atrás, tú eres el que se desplaza, pero siempre está ese sentimiento de que todo se abre a tu paso, te mira pasar y esas ramas no se sacuden por el viento, te están diciendo adiós.
 





Quizás coincidamos en otra vida, o en ésta, pero en otro momento.

Sentados ante una vieja mesa de madera, tus ojos brillaban reflejando la luz de esa vela, o acaso era la vela la que reflejaba la luz de tu mirada. 




El café se calentó lo suficiente, nos dimos cuenta por el humo que salía del pocillo, acaso era el café diciéndonos algo y lo que veíamos era tan sólo su vaho. 


Platicamos por horas, se había ido la luz, pero a nosotros nos gustó la idea de conversar frente a una vela, la idea del café fue tuya.
Siempre me emocionaba estar contigo, siempre esperando a que los amigos se retiraran y siempre esperando tener al menos cinco minutos a solas contigo, siempre ilusionado por mirar esos ojos y siempre desarmado cuando esos ojos me miraban a mí.
Estoy seguro que sabías lo que yo sentía por ti, yo también me daba cuenta de lo que sentías por mí.
Esa tarde me armé de valor y te fui a buscar y te pedí que no fuéramos por los demás, que sólo fuéramos tú y yo, que al menos por una vez, estuviéramos solos. Sentados en tu cocina, me hiciste un sangüich, uno de los mejores que he comido, platicamos de todo y nada a la vez, entonces se fue la luz, afuera el sol ya se estaba ocultando, así que propuse la idea de la vela, tú sólo reíste y tu mirada se iluminó. Recuerdo que dije nervioso “o podríamos quedarnos tan sólo con la luz de tu mirada, con eso basta y sobra.” Tú me miraste por un segundo, yo me quise comer la lengua en ese momento, entonces me dijiste “qué lindo eres conmigo”, y sin esperar a que respondiera, fuiste por la vela.
Tardamos en encender la vela.
En la estufa el café se calentaba y nosotros platicábamos como lo que éramos, dos niños que apenas comenzaban a despertar. Serviste dos tazas, yo esperé a que se enfriara, reíste cuando te dije que tenía lengua de gato, “¿por los chocolates?” preguntaste, y yo respondí “no, por lo sensible”.  Jamás he sabido si en verdad los gatos tienen la lengua tan sensible como para evitar los alimentos calientes, sólo sé que esa tontería fue suficiente para ver tu sonrisa, esa sonrisa que a mis siete u ocho años fue el más poderoso incentivo, y el mayor veneno.
Viste tu reloj, y te sorprendiste de lo rápido que había pasado el tiempo. Eso fue lo primero que me puso nervioso, ese día contigo iba  a terminar y quizás nunca se repetiría. Froté en mi pantalón mi sudorosa mano, y la coloqué sobre la tuya, después de mucho balbuceo te confesé lo que sentía por ti.
Y como casi siempre sucede fuiste políticamente correcta para decirme que me querías mucho como amigo y que no querías perderme. Y toda una serie de disculpas que yo comprendí y condensé  en un  “no quiero ser tu novia.”
Nos despedimos, me diste un beso en el cachete, un hermoso beso que no sirvió para calmar a mí despechado corazón.          
Pasaron los días y sucedió lo inevitable, te volví a ver, nuevamente rodeado de nuestros amigos, pasaron los días uno a uno, despacio, siempre mirando tu sonrisa y aprendiendo a convivir con ella de forma reservada, dejando la infantil adoración para otros tiempos, o para otros labios.
La nuestra fue una historia intermitente. Una vez me buscaste para que platicáramos. Yo aún no sé cómo, pero para ese entonces había conseguido una novia. Cuando corté con ella y corrí a buscarte, tú le habías dado el sí a no recuerdo quien. Y así nos íbamos, una falta de sincronía que podría parecer hilarante, o tan sólo cruel. 

A veces me sorprendo recordándote y así cómo en esta noche, siempre termino con un suspiro imaginando qué hubiera pasado si hubiéramos tenido sincronía.

lunes, 30 de abril de 2012

De aquella visita a tu ex novio.

Llegamos a su casa por insistencia tuya, tenías muchas ganas de verlo, eso dijiste. Pero en cuanto cruzamos la puerta y entramos a la sala, me miraste con una cara que sólo denotaba las ganas de largarte.
Nos invíto un café, tú pediste una cerveza, yo acepté el café, era de olla y sabes que me encanta el folklór, ademas de que olía muy bien.
Ustedes se fueron a la cocina a platicar, yo me quedé en la sala acariciando al gato.
Me sorprendió que regresaran riendo, tan naturales...
Por alguna razón que no he terminado de comprender, subí las escaleras y en el tercer cuarto la vi a ella, de pie. Rió al verme y corrió al baño. Su mirada sólo me dio a entender que la siguiera. En el baño la vi recostada en la tina, y su mirada sólo me provocó una risa nerviosa.
Sabiendo que podías subír en cualquier momento me limité a platicar con ella, a pesar de su insistencia de que le enjabonara la espalda. Gritaste mi nombre e inmediatamente después gritaste, ya nos vamos. Me despedí de ella y bajé las escaleras sin prisa, para encontrarme con que ya no estabas, aparentemente ese "ya nos vamos" no se refería a que nos ibamos tú y yo, como habíamos llegado, sino que se iban tú y él. Aún me pregunto porqué salí de ahi y no te esperé, o porqué no subí las escaleras, quizás por que sabía que no era mi lugar.
Caminé por horas, entré a un puesto de quesadillas y pedí dos, como me gustan. La señora que me atendió se llama o llamaba María, tiene tres hijas, todas ellas estudian y me dijo que le costaba mucho trabajo, pero que sus hijas serían algo en la vida, no como ella, eso dijo ella. Pasamos horas platicando de ese concepto de lo que es "ser alguien la vida", se sentó a comer conmigo y al terminar se rehuso a cobrarme, insistió en que, con una plática como esa, ella era la que me debía pagar a mí. Llegamos a un acuerdo y para quedar a mano, la pasé a visitar tres veces más, que quizás después te contaré.

De todo esto me acordé de aquella vez que me invitaste a comer unas quesadillas y antes de llegar me dijiste, "deja paso a pedirle unas cosas a mi ex novio, aprovechando que vienes conmigo."

Lo que sería ideal.

Un hospital con ventanas circulares para que los ángeles entren sin problemas.

domingo, 29 de abril de 2012

El monstruo.

El monstruo salió del mar, al principio creo que sólo lo vi yo. En la línea del horizonte alcancé a a ver como algo se asomaba a respirar e iba dejando una estela de espuma.
Se fue acercando poco a poco, yo estaba en mi camastro recostado, la brisa me acariciaba despacito, despacito.
Yo con la mirada fija en el mar siguiendo al monstruo, claro que al principio no sabía que era un "monstro"...
Conforme se acercaba se iba viendo más claramente su cabeza, entonces una señora que estaba en la palapa de al lado preguntó que qué era eso, yo me dije a mí mismo, "pos un "monstro", qué no ve?".
Su pregunta llamó la atención de los que estaban en esa zona de la playa, y yo seguía mirándolo como se acercaba, y me di cuenta de que tenía cara como de anguíla, algo así alargado, entre pez y víbora.

La gente se empezó a juntar y todos señalaban al mar, en la dirección donde se veía al citado mounstro. Algunas madres sujetaban a sus hijos, otras corrían al mar para sacarlos del agua, los padres siempre empujaban ligeramente hacia atrás a su familia, un poco y de forma gradual, no vayan a creer que era un empujón violento, colocaban a la familia detrás de ellos, sigo sin entender para qué. 

Poco a poco la curiosidad dio paso a la histeria, la gente grande no se quiso quedar a ver, salían corriendo aterrados, jalando de los niños pequeños que sí querían ver y no dejaban de preguntar qué era aquello...
Los vendedores, los que rentan las palapas y camastros, los que viven en Acapulco pues, gritaban "oh no, ahí viene otra vez!" O algo así "diantres, otra vez éste tipo"... Bueno, en honor a la verdad lo que dijeron fue: "ah que la chingada! Ahi viene este culero" y "puta madre! Otra vez éste cabrón" y cosas así...
Hasta ese momento había visto pasar varios helicopteros de la policía Federal y yo pensé que era debido a la violencia de los grupos criminales, pero en ese momento entendí que los helicopteros sobrevolaban la bahía en busca del mounstro, porque, qué sentido tenía que pasaran tan cerca de la costa, lo único que se me ocurría en ese momento era que el mounstro era conocido bien por los locales, pero para no espantar el poco turismo, había un hermetismo referente al tema.
Tres helicopteros sobrevolaron al animal y comenzarona disparar, mientras que la gente corría y gritaba, ahora más asustada debido a los disparos. Entre tantos gritos creo que nadie alcanzó a escuchar la voz que reproducía el altavoz y decía algo así como "por favor retírense de la playa, éste es un simulacro controlado, por su seguridad retírense de la playa." Y continuaba en un loop.
Cuatrimotos llegaron y sobre cada una iban montados un policia de la costera, quien conducía, y un elemento de la policia federal, que iba detrás y portaban armas de alto calibre, yo imaginé que nos iban a retirar de la playa, bajo el pretexto de que no era seguro para nosotros, pero no, llegaron a hacer una formación que, me dio la impresión, tenía como objetivo repeler a la bestia en caso de que se acercara más.
Ante los ataques desde el helicoptero la bestia alzó la cabeza y pude ver su rostro, era de un tono gris, como las piedras y su piel brillaba pero no me dio la impresión de que tuviera escamas, muy a mi pesar me di cuenta de que no podía moverme, el miedo me tenía ahí clavado, quise salír corriendo, temí por mi vida, es la verdad, pero no podía moverme. Nunca sentí tanto miedo.

El monstruo ocultó su cabeza y los disparos cesaron.

Por un momento hubo calma, sólo las helices que rompían la calma del aire producían sonido. Todos mirabamos expectantes el agua...

Pasó un largo rato, muy largo. Sentí que lo peor estaba por venir, así que me aferré al camastro y me preparé para lo peor.

La calma continuó, fue de esos momentos que anteceden al cataclísmo y lo sabes y lo único que quieres es que ocurra, porque la espera es lo que mas atormenta, saber que va a suceder lo peor y que te den esperanza de que no es así de que todo se va a solucionar y que al final sólo fue el susto, y cierras los ojos y esperas lo peor, te aferras al silencio y a esa sensación de calma que da la oscuridad de tus pensamientos. Esperas, esperas el ruido proveniente del mundo exterior, ese que confirme que todo se ha ido a la mierda...

Abrí los ojos con impaciencia para descubrír el final, o al menos saber que sucedería después con todos. Pasé la mirada por el horizonte y no vi nada, absolutamente nada. No me sorprendió de hecho, lo que me sorprendió fue que el niño que había estado relatando su fantasía se había ido. Jamás sabré qué pasó con el mounstro, si destruyó la bahía y avanzó a la ciudad o si acáso lograron detenerlo. Pensé que lo habrían llevado al mar a jugar, o quizás al baño.

En la palapa donde estaba su familia sólo estaba la abuela cuidando las cosas. Se levantó despacio de su silla, encendió un Benson mentolado, y caminó despacio, sin prisa hacia adelante, un "carajo" gritado con furia casí le tira el cigarro de la boca, se agachó y recogió un pequéño juguete de plástico, gris y con forma de dinosaurio. Lo maldijo mientras lo sujetaba con dos dedos, lo miró con detenimiento y después cierto asco, lo arrojó al lugar donde habían otros juguetes y dio una bocanada a su cigarro, todo ésto en un tan sólo un par de segundos.

Por un momento vi a la señora, pero desistí. El mounstro había caido boca bajo en la arena, entre todos los juguetes vi varios soldaditos de plástico, unos carros militares y una figura del santo, que era casi del mismo tamaño que la del dinosaurio.

No hace falta ser un genio para saber qué iba a suceder a continuación en el juego del niño, así que me recosté en mi camastro, cerré los ojos y fui testigo de una épica batalla.

viernes, 27 de abril de 2012

Faltaron palabras.

Varias colillas tiradas, cervezas vacias y la memoria nadando en alcohol, de fondo sonaban los fabulosos cadillacs, la de vasos vacios. Habías discutido conmigo, un ataque de celos que demostraba tu inseguridad, o acaso insinuaba tus malos pasos.

Poca iluminación, parejas en un lento vaiven, como las olas del mar al amanecer, algunos besos que inaguraban nuevas relaciones, algunos otros que serían la clausura.

Me miraste a los ojos y pedíste perdón, sólo tiempo después entendí porque te disculpabas.

Te abracé fuerte y seguímos bailando.

Otra vez recuerdo esa noche, no sé si debido a tu insistencia en estos últimos días, o acaso no he cerrado ese ciclo, no lo sé. En verdad tenía un cariño sincero hacía tí.

"Yo sé que no tengo palabras,
Y nunca las voy a tener.
Por eso aprovecho ésta noche,
Ya ves que estoy sólo otra vez."

Tiempo después nos vimos y me dijiste que no eras feliz, que sólo yo te hacía reír, que sólo yo te hacía sonreír.
Pero cada cosa tiene su tiempo. Así que por hoy terminaré esta cerveza y me iré a dormír, mañana a ver que pasa...

Café, pan tostado con mantequilla y mermelada.

Debía ser muy niño ya que tengo vagos recuerdos de esos desayunos en que mi papá untaba mantequilla en un pan tostado y al último la mermelada. Comía del manjar matutino mientras el café se cansaba de humear desde una taza.
Alguna vez intenté imitarlo y comencé con la mermelada y después intenté untar la mantequilla, mi pan se hizo un revoltijo y en nada se parecía al de mi papá. Él rió y mientras sujetaba mis manos, untó en un pan la mantequilla y después la mermelada. Yo no bebí café, sino que disfruté de una leche con chocolate.

Fue un viaje que hice con mi Papá, aun sigo sin recordar porqué y menos si mi mamá estuvo de acuerdo.
Fue un viaje a Aguascalientes, eso lo recuerdo porque cuando llegué a casa de mi abuelita corrí a la llave del fregadero y la abrí presuroso, sólo para descubrír que el agua no salía tan caliente como afirmaban.
Supe que era mi abuelita porque a cada pregunta que ella me hacía mi papá parafraseaba la pregunta y le agregaba al final, "eh?, dile a tu abuelita". "Cuantos años tienes, eh? Dile a tu abuelita?" Y así con cada pregunta.
Ahí conocí a mi tía y tíos. Recuerdo que la casa era grande, muy grande, además de que yo era muy pequeño.
Fueron días que pasaron, no puedo decir con seguridad si fueron un par de semanas o un mes o medio año, pero sí sé que cada día extrañaba a mi mamá, quizás por eso mi papá me llevó con ella, a pesar de su deseo de que yo estuviera con él.
Es muy facil decir que él no se preocupa o no se preocupó por mí, pero yo y él sabemos lo que cada uno siente, terceros son los demás y están precisamente "de más".

Conforme pasaron los años ese viaje se convirtió en un olvido, durante mucho tiempo pensé que sólo había sido un sueño recurrente. Pero hace un par de años, yo aún vivía en León, fui a una comida a casa de mi tía Cecilia, y ella me entregó un llavero con forma de corazón y mi foto en el centro del plástico. Debo de tener unos tres años, cuatro cuando mucho, unos enormes cachetes y una mirada embargada de tristeza. Estaba lejos de la mujer que mas amaba y de la que jamás amaré.

Ese no fue el único viaje, recuerdo que estando más grande también fui con mi Papá a Aguscalientes, ese viaje duró menos y lo tengo más presente.

En todos los viajes recuerdo a mi padre untando mantequilla a su pan, después la mermelada mientras el café humeaba en una taza, y creo que detrás de ese vaho puedo ver una silueta, me parece ver a mi madre que me pregunta cuantos hot cakes quiero, la escena se borra y el vaho del café sube y sigue subiendo, viaja en el tiempo y el espacio, sube poco a poco desde la taza que tengo frente a mí, sube por mis fosas nasales y sube hasta mi cerebro, activa dos o tres resortes que interactuan a una velocidad increíble y me llevan a otros lugares y recuerdo lo ya citado, el tiempo deja de estorbar y se convierte en un elemento adicional y no condicionante.

Y con una sonrisa únto la mantequilla a mi pan, dejo el cuchillo a un lado y abro el paquetito de la mermelada y pienso mientras la voz de mi papá hace eco en mis recuerdos, "primero la mantequilla y después el pan, sino se rompe." Y mientras paso el cuchillo con mermelada de fresa sobre el pan cuido que esté bien distribuida.

jueves, 26 de abril de 2012

Fubu.

Uno va acumulando conocimiento gracias a las personas que conoce, todos aquellos con los que convivimos nos transmiten saber y nosotros lo hacemos con otras personas, en un eterno ciclo.

Cuando trabajé en el restaurante de comida japonesa conocí a Roberto, alias el "Japo", su experiencia en la barra de sushi le había ganado una reputación entre los japoneses que visitaban el restaurante, pero de todos los japoneses que frecuentaban el lugar, había uno muy especial, Sakari su nombre, bebía tequila siempre con agua caliente a manera de sake. Su cultura nipona había sido mezclada con elementos mexicanos de forma tan ecléctica que lograba la admiración de quien lo conocía. Más de una vez lo vi comer tamal oaxaqueño con unos ohashis de diseño increíble, uno rojo con un dragón negro y el otro en diseño de colores invertidos. Siempre traía palillos diferentes, me comentaba que los compraba allá, claramente refiriendose a Japón, y que los traía a México como regalo, pero primero tenía que usarlos para estar seguro de que sería un buen regalo, en un inglés con marcado acento japonés me dijo: "if you are not willing to use it, never give it as a gift. Kampai!"
Siempre tenía una bebida con alcohol junto a su comida, le gustaba ir los viernes que descansaba el dueño del lugar, y no por que no quisiera pagar su cuenta sino que lo asediaba demasiado, no le permitía disfrutar de una buena plática con el japo, además de que cuando estaba el dueño no podíamos beber y brindar con Sakari, dicha sea la verdad.

Fue una de esas veces que me platicaron Sakari y el Japo la vez que estando en Vallarta, comieron pez globo.

Famoso por su veneno, el pez globo es un manjar que sólo los grandes restaurantes se atreven a servir, y es que según me explicaron, el pez globo ha se de ser cortado de manera precisa para evitar cortar los depositos de veneno, glándulas supongo, y que se contamine la carne. Aquél que lo corte debe estar certificado para poder hacerlo, y ya que ese documento no es garantía de perfección, el maestro Itamae debe de servirlo personalmente al comensal y degustarlo, sí el veneno no está presente en el platillo se despide y continua sus tareas, en caso contrario, no hay que forzar a la imaginación, sucedería lo obvio.

Entre alcoholes y langosta, un amigo dijo tener un fubu, o pez globo como es conocido en occidente, y sin más se apresuró a prepararlo, todos tenían la idea del temido pez, así que nadie quiso comerlo, pero por otro lado, nadie quería contradecir al anfitrión, un koan.
Entre risas me contaron los nervios que tenían de comerlo, pero que antes de nadie hiciera nada, el anfitrión tomo una porción la saboreo y retomó la plática, ya pasados veinte minutos de risas dijo con voz solemne, "me parece que es seguro comer".
Poco me dijeron del sabor del fubu, así que no creo que sea algo excepcional.

Me acordé de aquellas tardes acodado frente a la barra de sushi, platicando con Sakari mientras el japo nos preparaba nigiris de anguila y atún. Siempre he sostenido que la comida es para disfrutarse con los amigos.

Recordé esa historia del pez fubu cuando el mar me arrojó uno, un pez globo, desconozco las condiciones que hicieron que ese pescado y yo coincidieramos un día en Acapulco, pero ahora escribo las reacciones que tuvo en mí el encuentro.

miércoles, 25 de abril de 2012

Ilusión.

Un pequeño radio A.M. intenta reproducír de la  mejor manera posíble una canción de José Alfredo Jiménez, se encuentra en una mesa de madera que baila cada vez que alguien toma su cerveza o tira la ceniza en la lata que ha sido cortada para poder contenerla, se le puso una corcholata debajo de una de las patas, pero no fue suficiente, además la tierra en la que descansan las cuatro patas no está bien aplanada, así que será muy difícil equilibrarla, sobre esa misma tierra, a un poco más de tres metros, hay una señora que calienta tortillas y torea unos chiles, los frijoles ya están refritos y fueron preparados con chorizo, están humeando en un pequeño sartén de barro, de barro también es la olla en la que se calienta café, todo en una pequeña estufa que es calentada con brazas de carbón, brazas de un rojo vivo, tan vivo que cada vez que se les sopla pareciera que inhalan el aire con furia, dispuestas a hacerse notar con su brillo, como pequeñas estrellas contenidas en un pequeño espacio, como nuestro universo, no más, no menos, y ese universo respira gracias a la brisa que llega desde la playa, y es esa brisa la que nos hace mirar la choza que se encuentra al fondo, pero justo cuando vemos la choza notamos la hamaca y en la hamaca está él, describiendo un lugar tan real y tan ficticio como la arena que tenemos bajo nuestros pies y como el aroma de ese imposible café de olla, y los tacos de frijoles que comímos sin invitación, y es que aquí no se necesita invitación.

Y arriba de nuestras cabezas una luna que sonríe de nuestras ideas, mientras mece a un conejo entre sus brazos.

De complicadas relaciones humanas.

Siempre la pregunta certera de "quién te gusta?" Un balbuceo incoherente para terminar dando su nombre, cosa que todos sabían, pero nadie hablaba frente a los principales involucrados.
"Yo te voy a ayudar" eso dijo, y al principio viene la desconfianza.

Generalmente uno asiste a muchas fiestas, pero es en la secundaria donde se ve una forma clara de manipulación de factores, y me baso en lo siguiente:

Una fiesta o reunión, se determina quiénes irán en medida de lo que pueden aportar al grupo y de las posibles parejas, rara vez se hacen fiestas con un número de invitados impar, o en que un sexo tenga más individuos que el otro.
En ocasiones las amigas o amigos del anfitrión tienen injerencia sobre la lista de invitados, evitando aquellos que pueden ponerse violentos o que causen conflicto de intereses.

En la fiesta misma se sabe quién quiere con quién y se consigue que ellos sean los que se besen cuando corresponde. Cada pareja conforme lo previamente contemplado, pasa tiempo y convive de manera "casual", pero tan planeado como el girar del mundo.

Algunas veces se provocan celos, se ayuda a terminar fragiles relaciones, o tan sólo simulacros de relaciones. Se habla del ausente, se le juzga y se toman medidas que le afectarán, sin derecho de réplica y sin comprobar los fundamentos de esos argumentos. Por primera vez podemos ver como se maneja el mundo, como se manipulan factores que uno consideraba parte del azar, la política del mundo aplicada de manera banal y efímera.

El grupo jugando a ser adulto, pretendiendo tener sentimientos de gente mayor, pretendiendo amar con experiencia, jugando a ser bravucón y temerario, sin miedo de perder la insipida vida, pero siempre con el miedo latente de dejar de ser antes de haber comenzado a comprenderse.

Siempre había una compañera que terminaba contando lo sucedido en la fiesta a cambio de reconocimiento social, siempre obteniendo lo opuesto, la primera expresión del delator. Aquél que satisface sus necesidades al apuntar a alguien más y decír, "ha sido él, lo malo que ha ocurrido es su culpa..."
Hay quienes son felices con eso, intercambiando información por algún bien, desde reconocimiento social hasta la efímera remuneración material o económica.

Uno siendo testigo de "traiciones", pero siempre callando, aborreciendo el papel de delator.

Siempre preguntándonos que sucedía cuando no estabamos nosotros al ver como se planeaban las cosas, un anticipo de lo que nos tendría la vida, un ejemplo de cómo sucede el mundo. Siempre conscientes de que aquél que no está presente es condenado y juzgado.

Reunidos en círculo, la botella al centro, los juegos que se transmiten de generación en generación sin importar de dónde vienen o quién los inventó. Participar del evento social por necesidad social y no por otra cosa, siempre convencido de que se está rodeado de idiotas pretensiosos y de señoritas hipócritas que lucran con la información que se les da, siempre buscando el beneficio personal dispuestas de afectar el bien ajeno.
Un día no resistes más y no vas a una fiesta y ante la hipocresía de una de las compañeras estallas y le dices lo que piensas de ella y de su falsa amistad.

Para la siguiente fiesta no eres requerido, no te sorprende, lo único que te molesta es que no verás a aquella que últimamente ha ocupado tu pensamiento, aquella que buscas en los recesos y que ríe de tus tonterías y que has imaginado en las tardes paseos interminables a su lado, inventados dialogos idílicos donde los dos se dan cuenta de lo mucho que se necesitan y se aman, a esa corta edad donde todo se dice con tanta ligereza, pero no te importan esos detalles, te importa que ella ría contigo y que sonría al descubrír que la has estado mirando mientras ella escribía.

El lunes siguiente a esa fiesta la ves a ella, las miradas se cruzaban, tú sonreías pero ella agachaba la mirada y se retiraba despacio. Muy a pesar tuyo, la fiesta ha mermado su relación.

Y de eso han pasado tantos años, de esas fiestas de secundaria y de esos ojos que te hacían suspirar. Lo que activó los engranes de la memoria fue el grupo de jovenes que beben debajo de una palapa, uniformes del Conalep, una botella de oso negro a medias y alcanzas a notar como el joven de playera verde mira a su compañera de la izquierda, a tres palapas te acomodas y escuchas los gritos entusiasmados de "piquito seco no vale", en clara alusión a que un beso debe de contener saliva para ser válido en el impuesto reto. Puede más la curiosidad y finges levantarte a tomar agua, entonces te das cuenta de la mirada de decepción, tú imaginabas al joven de playera verde besando a su compañera de la izquierda, pero estás equivocado a medias, sí está involucrada en el lúdico ósculo la compañera de la izquierda, pero él no. Él sólo es testigo del beso, y esa mirada confirma que daría su corta vida por cambiar lugares.
La muchacha que más anima a cumplir el reto con un buen beso, está a tres lugares del joven de playera verde, su efusividad te obliga a mirarla y puedes notar la fugaz mirada que lanza al joven de verde, mirada que mezcla satisfacción y recelo, una rara combinación de gusto y odio, de acertividad y crueldad.
Los engranes del mundo siguen su débil y cansado suceder.

Es curioso como se activa la memoria. Pero más curiosas son las relaciones humanas...

Mientras las olas rompen escuchas a los jovenes gritar "dos mitades para toda la vida, dos mitades para toda la vida..."

Quién eres?

De dónde vienes, a dónde vas, quién eres, qué es lo que te configura?

Vas paso a paso forjándote una historia, haciendo que tus pasos pesen por tí y no por lo que llevas detrás de tí.
Olvídate de aquello que te han contado acerca de tí, aquellos antecedentes que consideras tu historia.
Olvida lo que te han contado acerca de tí, qué queda?

Qué has hecho para tener un perfil propio, una historia que se cuente al verte llegar, que la gente reconozca en tí a alguien y no a una extensión de otra historia.

Esto me he preguntado ultimamente. Poco a poco me voy respondiendo. Poco a poco voy aclarando mis dudas, pero también poco a poco me surgen más dudas, que sólo yo estoy en condiciones de responder.

martes, 24 de abril de 2012

La arena bajo mis pies.

A lo lejos las olas rompen, tu mirada las sigue, pero tus ideas viajan más rápido que ellas.
Vienen imagenes de cuando niño temías a las olas y cada que vez que veías venir una grande, huías, para después acercarte riendo a tocar la espuma.
Sentado frente al mar, una pequeña cubeta y los utensilios necesarios para hacer un castillo, podías pasar horas, siempre asombrado por todo lo que se podía hacer con tan pocas cosas, siempre venían ideas nuevas, siempre pelando por ser la primera a la que hicieras caso.

Desfilan recuerdos, aquella vez que viajaste a Ixtapa, un fin de semana. Un viaje de amigos. Los viajes familiares, los buenos recuerdos y siempre esa sensación de arena en los pies.
Estás llegando no sólo a la playa, sino al escenario perfecto para forjar nuevos recuerdos. 

Imagenes oníricas.

Como sueles hacer en la vida, te metiste en mis sueños, sin aviso y sin mi consentimiento. Querías que fueramos a un fin de semana en no sé donde, "diversión garantizada" dijiste, mientras me guiñabas el ojo.

Todo ocurrió en una casa vieja, tan vieja que de niño cabé hoyos enterrando sueños, quizás en éste momento ya hayan brotado dos o tres.

Lalo, había hecho una fiesta y como siempre, al llegar cansado me sorprendió ver mi cama convertida en un sillón. Bebí un par de cervezas ideando la forma de sacar a aquellos que en mi cama bebían, cuando te vi sentada ahí, igual que siempre, y tan distinta. No sé por que mi inconsciente te dio ese peinado, pero te veías bien.

Caminaste hacia mí, me extendiste una cerveza y mientras alzabas la tuya me dijiste "salúd". Estuvimos en silencio un momento, por extraño que parezca yo no me preguntaba que hacías ahí, o quién te había llevado. Me sentí como la presa que sabe que será alcanzada y que es inutil correr, y que justo cuando las fauces del depredador están sobre él, cierra los ojos y respira despacio para sentír ese orgasmo que será su muerte.

"Salud"- fue la palabra que rompió el silencio y mi ensimismamiento. El protocolo se siguió cabalmente, "cómo has estado?, qué has hecho?, sigues trabando donde mismo?, tu hermana cómo está? Y todo lo que se le pregunta a aquella que alguna vez fue parte de tu vida, por el tiempo que haya sido.

A veces pienso que lo más sano para los dos hubiera sido que terminaramos mal, pero mi afán de "hacer las cosas bien", de "no cargar resentimientos" y todo eso, me obligó a platicar contigo, a perdonarte y hacerte mi amiga, o simple pseudo amiga, por que no confío en tí, esa es la verdad, quién podría, no solo traicionaste mi confianza, sino mi cariño.

"Diversión garantizada"- fue lo que dijiste cuando yo estaba a punto de decirte que no, me guiñaste el ojo y antes de que yo pudiera decir algo más, me quitaste la cerveza que estaba terminando y dijíste ir por otras, "me acuerdo que decías que el último charco sabe a pipí, siempre me río cuando me acuerdo..." Es verdad, siempre que bebíamos cerveza, al llegar a ese último trago, te decía que sabía a pipi, por que platicabamos lo suficiente para que se calentára y le diera mal sabor.

Me quedé pensando tu propuesta, pero como suele ocurrír en los sueños, la situación dio un giro inesperado, llegaron entrañables amigos, y compañeros de trabajo, viejos y nuevos y personas que seguramente todavía no conozco y la fiesta tuvo un tono más ameno, en ocasiones te acercabas a mí y me besabas y como siempre que apareces en mis sueños, mi inconsciente disfrutó la situación.

Cuando subí a mi habitación, aproveché que no había nadie ahi, quizás habían salido a comprar algo, no lo sé, pero estaba claro que volverían.

Cerré la puerta con fuerza, como si me hubieran seguido y de mi rapidez y habilidad dependiera el poder dormír o no en mi cama.
Fue el golpe de la puerta con unos cables que estaban conectados a una extensión lo que impedió que ésta cerrara, pero fue mi terquedad de cerrar como fuera, lo que los rompió, los conectores, no los cables. Resultaron ser los cables de un Playstation y los que jugaban se alteraron sobremanera. Yo tratando de arreglar los conectores, ellos gritando y pateando la puerta, exigían se solucionara el daño.

A esa parte del sueño no le dio mucha importancia mi inconsciente, o quizás yo hice las cosas de manera distinta a como éste las tenía planeadas, por que tiempo después estaba, otra vez contigo, en un viejo patio con otros dos viejos compañeros de trabajo, de ese mismo trabajo donde te conocí.

Fue un deambular sobre una especie de patín del diablo, hacer piruetas y reír como niños ante las ocurrencias que teníamos.

Lo último que vi antes de despertar fue tus ojos que me miraban atentos, esperando una respuesta. Quizás seguías esperando una afirmativa para ir a aquél lugar que ofreciste con tanto entusiasmo, me parece que a todos mis amigos que invitaste, aceptaron gustosos, sólo yo no había respondido.
Tus ojos mirándome con atención y yo sólo atiné decir, "luego nos vemos."

Quizás si nos veamos nuevamente en sueños, o quizá nos veremos en México. Es curioso como coincidimos, de forma ridícula, a veces creo que coincidimos por que tú así lo quieres, es decír que tu lo buscas, insistes en que los encuentros se den. No sé por que pero tengo esa sensación.

Quizás no nos volvamos a ver. No lo sé y no me atormenta. Lo que sí me resulta muy curioso, es el hecho de que me busques y me saludes siempre que andas cerca. Quizás esa sea tu buena costumbre, esa que quieres cambiar hacía mí.

lunes, 23 de abril de 2012

Esos pequeños ojos curiosos.

Las conchas bailan despacio, al ritmo que marque la brisa.

La pequeña niña de las trenzas te mira atenta, detrás del brillo de esos ojos de aqua marina, que imitan el tono del cielo que les cubre.
La brisa recorre las dunas, se eleva con fuerza para después descender y pasearse entre tus piernas, tal como el niño travieso que se esconde de igual manera entre las piernas del padre, la brisa sigue su camino y baila con las conchas, las roza de forma juguetona, las hace bailar y ellas rien, ese es el sonido que escuchamos, sonido que hace muchos años maravilló a nuestros ancestros.

El sol que miras es el que yo rehúyo, no con miedo, sino como juego que tanto que divierte.

Una ola rompe con violencia a lo lejos, los ojos escondidos detrás de coloridas trenzas buscan la causa del estruendo, al igual que los tuyos.
Satisfecha la curiosidad, ambas miradas coinciden, las sonrisas son las que llegan a destiempo.