sábado, 1 de agosto de 2015

El cielo comenzó a pintarse de rojito. Rojito, como la sangre.





¿Alguna vez has visto un muerto?



Lo que quiero decir es, cómo saber si aquellos que vemos a diario y que incluso conviven con nosotros, están realmente aquí. No tenemos manera de confirmar que la señora que tiró sus mangos en la esquina por accidente, obligándonos... No, nadie nos obliga, fue nuestra decisión ayudarla y en ese momento, al ayudarle, perdimos valiosos segundos y sólo gracias a esos segundos es que seguimos vivos, quizás unos pasos adelante el camión que vimos pasar con prisa nos hubiera golpeado o incluso arrollado, pero no, no fue así.

No sé si me explico.


Esto que te voy a contar pasó cuando era muy niña, tendría unos ocho o nueve años, pero se me quedó marcado de forma increíble y durante muchas noches no pude dejar de pensar en eso.


Eran alrededor de las cinco de la mañana, desperté porque mi papá abrió su ventana, el frío nos golpeó a todos. A mi mamá le gustaba viajar adelante con papá, pero como siempre se quedaba dormida, mi papá la convencía de que se fuera atrás, le decía que así iría más cómoda, además de que en ese entonces estaba embarazada. Cuando mi mamá le dijo que estaba bien, que se iría atrás, papá me miró con una sonrisa cargada de complicidad.


Era el primer fin de semana de vacaciones e íbamos a Acapulco, a mi papá le gustaba llegar temprano al hotel para registrarnos y poder disfrutar toda la tarde "echado en la arena", no te rías, así lo decía él. El caso es que salíamos de la casa como a las cuatro o cinco de la mañana, cuando todo estaba oscuro y frío. Al principio me daba miedo pero mi papá me explicó que a esa hora ya hay mucha gente despierta y que de hecho es muy difícil que en esta ciudad haya un momento en el que no haya cuando menos unas cien personas despiertas no importa que sea muy tarde, yo pensé que lo decía para calmarme, pero una vez que salimos del fraccionamiento rumbo a la carretera me di cuenta de que era cierto, había mucha gente montando sus puestos, ah pues te acuerdas del mercado que se pone por casa de mi abuela, pues ese mercado ya es viejísimo y ya en ese entonces se ponía, y todos desde temprano montaban sus puestos y más adelante, ya en periférico, había muchos carros y hasta personas esperando el camión.


La verdad me da pena decirlo pero me quedé bien dormida, al principio sí platiqué con mi papá, pero ya después de como una hora me ganó el sueño, hasta que abrió la ventana.


Es como cuando se sube el gato a la cama y se mete en las sábanas, nada más que el gato está calientito. El frío me pegó primero en la cara y después me subió por las piernas, cuando llegó a mis brazos los apreté fuerte y entonces desperté. Mi mamá tenía una cobija encima de ella y lo único que hizo fue cubrirse la cara. Mi papá me pidió perdón por despertarme, pero ya le estaba entrando el sueño y como no le podía subir al radio, pues abrió la ventana. Yo le dije que estaba bien, pues ni modo que le dijera que no, el pobre fue el primero en despertarse, preparó el desayuno para todos y café para ellos y tortas para el camino, así que si yo no había dormido el pobre menos, porque yo cuando me fui a dormir, él seguía revisando el carro y las maletas y no sé qué tantas cosas.


Estuvimos un rato en silencio, yo miraba como el cielo comenzaba a pintarse de rojito, pero se veía apenas a lo lejos y conforme íbamos avanzando se iba poniendo más rojito y después como amarillito, pero despacito. Se sentía raro, porque mientras el sol iba subiendo despacito los carros iban y venían muy rápido, cuando pasaban del otro lado se veían como rayitos de luz que flotaban en el lado oscuro de la carretera, y me puse a pensar, "¿pues qué tan rápido van?", pero entonces se me ocurrió que ellos nos veían igual, como un rayito de luz que pintaba la oscuridad de esa mañana.



Mi papá me pidió que le pasara el thermo con café, lo decía chistoso, como "dermo", pero raro, yo le decía Termo y él se reía, no me corregía. Después de que tapé el termo y que lo puse en mis pies, noté que mi papá cambiaba de velocidad y empezamos a ir más despacio, yo levanté la cabeza y vimos adelante en la carretera un señor que movía los brazos, pero despacio. Yo volteé para atrás y puse las intermitentes, me acuerdo muy bien que mi papá me miró con orgullo, pero no dijimos nada, ya en ese momento mi papá había bajado muchísimo la velocidad y lo más raro, bueno a mí se me hizo muy raro, es que ya no se veía ningún carro, ni del otro lado de la carretera ni tampoco atrás de nosotros.


Lo único que vimos fue a un muchacho a un lado de la carretera, parecía estar asustado y tenía la mirada perdida, tan sólo levantó su mano derecha, mostrando su palma, pudiera entenderse como una forma de decir "alto", o quizás estaba diciendo hola, no lo sé, a lo mejor se estaba despidiendo...



Me dio la impresión de que un hilillo de sangre corría por su frente.


Mi papá también notó algo raro en el señor, así que justo cuando lo pasamos mi papá se orilló y dejó el carro a un lado de la carretera, me pidió que me quedara en el carro, pero la verdad es que yo ya estaba abajo del carro cuando mi papá apenas iba en el "quédate". Yo casi tenía que correr para ir a la misma velocidad en la que mi papá estaba caminando.


Caminamos unos cuantos metros , pero no había nadie, cuando dimos la vuelta notamos que no había nadie, cosa que hasta el día de hoy no puedo entender, a donde fue, o quizás la pregunta correcta sería, porque nos esperó ahí parado.  Regresamos al carro más despacio, y aunque no nos dijimos nada, lo más seguro es que íbamos pensando lo mismo. No sé a dónde se fue, no había forma de que se hubiera ido tan rápido, pero sobre todo, no había a donde ir.


Mi papá encendió el carro y avanzamos despacio, metros adelante había una curva y quizás por la confusión mi papá no aumento la velocidad al entrar a la curva, y justo en medio de la curva vimos un camión que se había volteado. Otra vez mi papá orilló el carro, sacó unas señales de la cajuela y me dio una, corrimos por la orilla de la carretera, ya metros adelante me dijo que pusiera la señal, y el siguió corriendo para poner las otras. Fue una suerte que corriéramos porque ya venía un camión de pasajeros y mi papá le alcanzó a hacer señas para bajara la velocidad.


Pasaron como cuatro horas hasta que movieron el camión, bueno, nada más lo hicieron a un lado para que pudiera quedar un carril libre. En ese rato nos comimos las tortas que hizo mi papá. Mi mamá sólo repetía una cosa, mientras pelaba un mango que se encontró: "¿cómo le hiciste para darte cuenta de que estaba el camión?", y es que pensándolo muy bien, no había forma de evitar el camión, porque estaba en medio, y sin importar en que carril fueras, te lo topabas de frente. Mi papá solo repetía una cosa, "no sé".


Cuando llegamos a Acapulco mi papá estuvo buscando en las noticias y en los periódicos a ver si podía encontrar algo referente al accidente, pero fue hasta el día en que nos ibamos, cuando estabamos entregando las llaves, y el gerente estaba platicando con mi papá, a mí se me ocurrió preguntar donde estaba la señorita que nos había estado atendiendo, porque era muy linda y se había vuelto mi amiga, además de que le quería regalar una flor que me había encontrado, pero fue cuando el gerente nos dijo que su hermano manejaba un camión de frutas, pero que había tenido un accidente en la carretera la semana pasada y que lamentablemente había fallecido.

 "Al parecer no es la primera vez que tienen una perdida así en la familia, me parece que su papá también había tenido un accidente, iba entrando a una curva cuando chocó con un carro que había tenido un problema, no lo pudieron ver y ni siquiera pudo frenar, le dio de lleno. Entonces el hijo mayor, que en ese entonces tenía diecisiete años, empezó a trabajar para ayudar en la casa... Es una pena, me caía muy bien el muchacho, y siempre que llevaba fruta al DF nos mandaba con su hermana, le juro señor, son los mangos mas deliciosos que he probado en mi vida."

miércoles, 1 de julio de 2015

¿Qué tan buena fue tu actuación?

 

Poco a poco adquieres consciencia de ti mismo, mueves el dedo gordo del pie y sólo entonces recuerdas que lo tienes, ahora inhalas eso que te rodea y que te dijeron se llama aire, lo sientes inundar tus pulmones, dos cavidades que jamás viste, pero que sabes que están ahí.

 

En medio de la oscuridad un motor comienza a andar, identificas el sonido con recuerdos de infancia.
El aroma a mantequilla te embriaga, sin moverte, has sido transportado a los días en que la felicidad se proyectaba en una pantalla de tela y justo cuando la cinta alcanzaba su clímax la audiencia era forzada a esperar un momento, alguien te dijo que lo hacían para vender más palomitas…

La luz que ilumina la pantalla, proveniente de un viejo proyector, comienza con imágenes borrosas, conforme alguien se toma el tiempo de ajustar el lente, identificas un hospital, gente que va y viene, la cámara se mueve entre todos sin estorbar o chocar con nadie. Escuchas ruidos, pero no entiendes lo que dicen, quizás es porque al no proporcionar datos relevantes a la historia, no tiene sentido que se escuchen esos diálogos. La cámara sigue recorriendo el hospital, y tú con ella. Por la sucia ventanilla de una puerta giratoria alcanzas a ver un grupo de personas que visten batas blancas, en medio de ellas una señora sufre dolores inconcebibles, sólo ahora puedes comprender y sentir su dolor. Tú desde el asiento, intentas ver su rostro, pero la cámara no se mueve contigo y además hay un médico justo a un costado de su rostro, limpia su sudor y mientras coloca su mano cubierta de látex sobre su frente, se acerca a ella, al punto donde supones se encuentra su oído y a pesar de que no puedes escucharlo, sabes que sus palabras buscan reconfortarla, a pesar de que nadie puede vivir como propio un dolor ajeno, y mucho menos calmarlo.

 

La película sigue su curso y lo que en un inicio intuías, se confirma conforme avanza la película, es tú vida lo que se proyecta. Eres capaz de ver tu rostro de niño, cuando apenas comenzabas a tener consciencia de ti mismo, y del mundo. Tus primeros pasos son hilarantes y es curioso que las lágrimas de felicidad vengan del mismo lugar que aquellas que se asoman al ver rostros que viste tan poco tiempo y que sin embargo amaste como a nadie.
Hay cosas y eventos que habías olvidado, como aquella vez que guardaste tu dinero en un calcetín y para protegerlo lo enterraste en el jardín, o aquellas tardes en que jugabas a tocar la guitarra frente a tus amigos y compañeros de clase, siendo el centro de atención, todos aplaudían y tú sonreías con satisfacción, porque incluso ella, la que robo tus primeros suspiros al saber adueñarse de tu mente, te miraba y sonreía cómo nadie.

Todo desfila frente a ti y puedes recordar vívidamente cosas que creías habían sido inventos de tu psique, incluso recuerdas aquello que tanto esfuerzo costó reprimir, la muerte de tus seres queridos, las palabras que te marcaron para siempre, muy a tu pesar, los amigos con quienes tanto conviviste y que años después apenas y podías recordar por nombre.

 

Cuando por fin comprendes la razón por la cual se te muestra la película, a pesar de lo que podrías pensar, no te causa malestar físico, al contrario, te sientes liberado y comprendes lo obvio, la única razón para estar sentado ahí, es porque tu vida llegó a su fin, recorriste lo que tenías que recorrer, viviste lo que te correspondía, las decisiones tomadas están, no hay vuelta atrás, no puedes deshacer lo que hiciste y ya no queda tiempo para nada más. El tiempo se ha acabado.

 

Las luces se encienden y mientras tus ojos se acostumbran a la nueva luz, escuchas unos aplausos, volteas la mirada y todos aquellos por los que lloraste alguna vez se acercan a tí mientras sonríen y aplauden con orgullo.

 

Ella se sienta junto a ti y toma tus manos con la ternura infinita que sólo una madre puede sentir, y mientras mira tus ojos te pregunta, ¿y bien, que te pareció?

viernes, 30 de enero de 2015

Luces de Bengala.

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Cuando era pequeño encendía luces de bengala y las hacía girar, imaginando que la luz provenía de mí y no de una simple combustión, incluso corría imaginándome cometa, dejando un camino para aquél que deseara seguirme.

 

Deseando que la bengala fuera eterna.

jueves, 9 de octubre de 2014

Un viejo amigo.

La extraña figura que me visitaba en sueños no viene más.

 

No me sorprende que se haya ido, lo que me sorprende es que la extrañe, a pesar de tantas veces que quise que se fuera.

 

Quizás es un demonio que hoy no soy capaz de enfrentar.

 

Quizás mañana, cuando esté viejo, vendrá a susurrar a mi oído mientras finjo dormir: “¿te acuerdas de mí?”.

 

Quizás es ese ruido que escucho detrás de mí mientras corro.

 

 

O esa mirada que yo no veo, pues se oculta en las sombras.

 

 

 

Quizás es el peor demonio posible, aquél que habita entre mis hombros…

jueves, 25 de septiembre de 2014

Soy lo que soy.

No poseo nada, ni siquiera mis ideas, buenas o malas, pues me han sido transmitidas por generaciones anteriores, es por eso que aún cuando pudiera escribir algo maravilloso, aunque sea una sola cosa, no me siento especial, pues yo sólo soy el recipiente donde se formó lo que otros concibieron antes, no minimizo mis letras, tan sólo les doy su justa medida.
Lo que visto no es mío, yo no lo hice, lo compré y tiene un uso limitado y después habrá que tirarlo, mi existencia no depende de eso.
Mis miedos no son míos, los aprendí de aquellos que convivieron conmigo cuando niño.
Incluso aquello que me molesta es prestado, en ocasiones al quejarme, escucho la queja de alguna hermana, o de mi padre o incluso de mi mamá, que ocupan mi voz para quejarse, repito las quejas que les escuché decir tantas veces, incluso usando las mismas palabras y sus mismos gestos no soy yo, sino ellos a través de mí.
Mi cuerpo no es mío, pertenece al todo, cuando destruyo mi cuerpo con chatarra destruyo a los que vienen después de mí, ya sea por vía genética, o al transmitir una idea errónea, haciéndoles creer que eso está bien. Mi cuerpo es una extensión de lo que fue y de lo que será, no quiero que mi cuerpo envenene la tierra, al contrario, deseo que al menos pueda nutrir esa tierra y dar algo a cambio.

Lo único que es en verdad mío y eso quizás, son mis recuerdos, nadie más los tiene y dependen de mi existencia, pero incluso puedo perderlos, sólo necesito un golpe en la cabeza, que un gen active la bomba de tiempo que ha de destruir las conexiones neuronales y comenzar a carcomer el cableado que conecta mis sentidos con los recuerdos o tan sólo que el tiempo reclame los rostros de aquellos que ya no frecuento, y se lleve lo que no hace mucho fue un vívido presente.

Recuerdos, eso es lo que en verdad poseo, lo demás me sobra y es reemplazable.  Pretendo no aferrarme a las cosas, pretendo dejarlas ir. Eso pretendo, pero a veces me cuesta.

A veces me pregunto qué sentido tiene escribir, para qué, para quién y por qué. Y mientras trato de responderme esa pregunta mi mente comienza a fantasear, como si le diera pereza pensar en eso, y se va otros lugares, a otros tiempos, algunos ficticios, algunas otras veces recuerda cosas o eventos del pasado y es entonces qué juega con los eventos y fantasea con sucesos imposibles y sus consecuencias y yo, único testigo, decido ser quien tome nota, para así poder plasmar con mis letras, muchas veces de forma torpe, cómo la ficción se mancha con realidad.

Qué pasará con mis recuerdos cuando yo muera, acaso volarán como cuando niños soplamos los dientes de león y veíamos como volaban los "pelitos" y se los llevaba el viento para nunca volverlos a ver, y esos recuerdos, los míos, van suspendidos hasta impactar con una cabeza que hasta entonces iba distraída y es entonces que esa persona levanta un poco la cabeza, los ojos miran hacia arriba, la boca deja de hacer lo que hasta entonces hacía y él o ella se dice a si mismo, "tengo una idea, se me acaba de ocurrir", y ese recuerdo que creí mío, regresa a seguir tomando forma y quizás entonces se convierta en algo más, quizás, sólo quizás, las ideas escogen donde alojarse.

O quizás las ideas no mutan, son las mismas en todos nosotros, pero no todos recibimos los mismos estímulos y sólo se dan bajo ciertas condiciones, son como el conocimiento que está ahí esperando ser descubierto, pero sin el estímulo necesario, no surgen.

Entonces me surge la duda, si esto último fuera cierto, entonces nada me pertenece, absolutamente nada. Que alivio o que pesar, aún no lo he decidido...

jueves, 18 de septiembre de 2014

Para pensar.

Me duele el cuello por escribir en una mala posición, eso o quizás por cargar viejos demonios...

Ojos para ver lo que no ha sido y lo que ya no es

Pasados algunos años nuestros dedos temblarán mientras sostienen una foto de aquel que fuimos y nuestros cansados ojos tratarán de ver más allá de las cataratas, único vestigio de tantas lágrimas derramadas. Y en un segundo nuestra memoria echará a andar, el óxido de la rutina hará chillar los engranes y las imágenes vendrán poco a poco y veremos imágenes al azar, las veremos danzar frente a nosotros, despacio.
Y ahí estamos, en el primer día de clases, lágrimas que reflejan el brillo del sol en nuestras mejillas, y una mano las retira con amor infinito, y una voz que pretende no quebrarse, nos dice que todo va a estar bien, y recuerdas a una maestra que toma tu mano y que sonríe, pero no recuerdas su rostro y a pesar de que seguramente había mucho ruido, no escuchas nada, tan solo te ves caminando junto a ella, ambos entran al escuela y puedes ver como ese niño pequeño mira hacia atrás mientras camina con pasos torpes, una mano sostiene a la maestra y la otra lleva una lonchera de plástico rojo, y al mirar atrás puede verla a ella que se seca una lágrima mientras sonríe y le dice adiós, y el suave viento se lleva su grito, "no pasa nada, vas a estar bien", y ahora te preguntas si acaso se lo decía a ella y no a tí.

De la escuela recuerdas poco, la forma en que rehuías las peleas, los empujones que recibiste y los empujones que diste, las burlas poco originales que cada año se repiten en las escuelas, siempre pretendiendo ser novedad, algún maestro, alguna maestra y contrario a lo que pensaste entonces, recuerdas más a los maestros estrictos y no a los llamados barcos y puedes evocar a la maestra Alicia repitiendo uno de sus ya conocidos regaños, pero lo que más recuerdas es la angustia que sentías en esos días, por no hacer la tarea, por haber fallado en el examen o alguna otra nimiedad, y tu cuerpo puede sentir esa presión en el pecho, tu estomago siente un vacío y la mano que sostiene la foto suda y se ve obligada a pedir ayuda de la izquierda y a pesar de estar tan lejos, lo sientes tan presente y te sorprende que eso te haya quitado el sueño, y mientras frotas tu mano en tu muslo para secar el sudor, recuerdas que ese movimiento te ha acompañado toda tu vida, siempre que dudas o que sufres por los nervios y recuerdas cómo ese niño que fuiste tartamudeaba ante ella, ser pequeño, una niña apenas, pero que llenaba tu mente y tus sueños y en las tardes imaginabas la forma en que sostendrías su mano y mirarías sus ojos, pero era demasiado, la adrenalina golpeando tu pecho o quizás era la música que bombardeaba tus oídos, tardes en que el amor era inocente, tardes en que deseabas tener valor.

Te sorprendes al sentir los músculos de la cara en clara formación de sonrisa y aunque no puedes verte en un espejo, podrías jurar que la sonrisa se forma en tus ojos, pues casi los cierras, conforme han pasado los años sonríes con ellos, a falta de dientes, llegará un día en que los ojos se cerrarán por completo y tu boca mostrará unas encías coronadas aquí y allá por algún diente curioso.

Desfilan imágenes frente a ti, te ves más grande jugando a ser maduro, después jugando a ser responsable y sobre todo jugando a ser fuerte y las lágrimas que no corrieron ese día frente al ataúd, hoy vienen a recordarte que eres humano y que sientes, pero sólo hoy lo entiendes, ya no juegas, sabes que no hay tiempo, ahora eres. Es curioso que la única similitud entre ese de la foto y el que mira, son los ojos, la piel se ha arrugado, algunos dientes abandonaron ya el barco, como ratas asustadas, los cabellos volaron o quizás cayeron como aquellas ideas que fueron semilla alguna vez, pero que no lograron germinar. Miras tus manos y cuentas las arrugas en el dorso, les das la vuelta y mientras miras la palma recuerdas aquella vez en que un profesor les pidió dibujar, sin ver, las líneas de sus manos, nadie pudo, y fue entonces que aprendiste a usar las palabras en su justa medida, sin abusar de ellas y siempre tratándolas con respeto, dejaste de decir "me muero" para darle dramatismo a algún percance, borraste palabras como nunca, imposible, jamás y otras expresiones absurdas.

Ahora es la risa la que te invade, para poco a poco dar paso a la tos, vestigio de años de excesos, y la risa viene porque justo en el clímax de tu ensimismamiento, remataste con un "ay sí, ahora resulta que soy un sabio..." La tos sigue y una mano te ofrece agua, es vieja y arrugada como la tuya y eso dispara el mecanismo de la memoria, otra vez, pero esta vez tarda menos en arrancar, y recuerdas todas las veces que te ofrecieron un vaso con alcohol, primero decías que sí para demostrar que no eras un cobarde, después por gusto y muchas otras veces por aburrimiento, y puedes ver cómo desfilan rostros frente a ti, compañeros de secundaria jugando a ser adultos, después los compañeros de prepa, compañeros de trabajo y amigos, todos platicando cosas triviales pero que en ese momento resultaban fascinantes, casi metafísicas. Y recuerdas la forma en que "expandías" tu consciencia y como la música sonaba diferente y la forma en que tus manos tocaban el sonido...

Es su sonrisa lo que te trae de vuelta a la realidad y como si fuera un espejo sonríes como respuesta, sus manos se posan en las tuyas, cual ave que regresa al nido, con esa confianza, y con ternura te pregunta por qué sonreías y entonces cuentas de la mejor manera, tu vida. Sin máscaras, sin adornos y sin pretensiones relatas en voz alta lo que hasta entonces era solo silencio en tu mente y los dos ríen y cuando la historia lo amerita, lloran.

Estas cansado, quieres acostarte y descansar, tomas sus manos y las miras, poco a poco recorres con la mirada su cuerpo  pero al llegar a su rostro todo se pierde, la razón es muy sencilla aquél que serás conoce muy bien ese rostro, pero tu que estás en el hoy, no.

De ti depende quien será ese rostro, puede ser el amor de tu vida, tu hija o hijo, el enfermero del asilo, algún familiar que espera el día en que dejes de ser una carga, o quizás el psiquiatra que se sorprende de la forma en que has pulido los detalles de tu historia, hasta el punto de que parezca realidad.

Un viaje

Ensimismado sonríe hacia la nada.

Los que pasan junto a él lo miran con lástima, mientras él descubre el significado de la vida, y deja entrever una formación incompleta de dientes.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Catarsis por música, obligada y luego voluntaria.

2:34 de la mañana

Imagino un estéreo grande, excesivamente grande, de esos que se pueden ver a la entrada de las tiendas Elektra que inundan las calles, de esos que incluso tienen luces neón, para que el comprador no tenga que hacer un gasto extra. De sus grotescas bocinas se escucha, a pesar de los que queremos dormir, música común que nada tiene de particular y por tanto es tan difícil de soportar.
Pasados unos minutos la cofradía entona, mal, las mañanitas, siguen unos aplausos y la música sigue.
Todo comenzó ayer a las once y media e incluso hoy sábado las bocinas siguen vomitando canciones que a mí me parecen una burla, una clara afrenta a los oídos que buscan cerrarse y que en este momento lamentan no tener párpados. (deja vu)

En un momento quise enojarme por no poder dormir, pero no pude, desafortunadamente tengo buena memoria. Y fue la memoria la que susurró a mi saturado oído aquellas veces que recibí el amanecer de igual manera, con amigos del alma o amigos de ocasión y música que yo considero genial inundaba el ambiente y justo hoy me pregunto a cuánta gente no dejé dormir en su momento, cuántos no habrán maldecido mi (nuestro) gusto musical y el ruido de nuestras risas y porque no decirlo, aquellos gritos desesperados. Incluso puedo sentir el humo de cigarro que sube despacio por entre mis dedos recorre mi muñeca y de ahí salta a mi hombro, susurra cosas que aún hoy no termino de entender, juega con mi cabello, tal como lo hacen los mayores con el cabello de los niños quizás temiendo aquello en lo que han de convertirse, y después de unos segundos sube, se condensa en una nube y desde ahí observa como te pones en pie de forma torpe, entras al baño y después de un rato sales, y ahí de pie miras lo que sucede a tu alrededor, gente que no conoces acompaña a quienes crees conocer, pareciera que nadie nota tu presencia, hasta que alguien coloca su mano en tu hombro y te pregunta si estás bien y entre hipos logras articular un sí, un sí que tomó una eternidad en resbalar desde tu lengua hasta el borde del vaso que sostienes con maestría, es tu punto de equilibrio.

Desde ese vaho que flota queriendo salir de ahí, ves la misma escena una y otra vez, cambia la gente que está contigo, algunas veces cambia la ubicación y la música, incluso cambias tú, te ves cómo el contestatario rebelde, como el intelectual de closet, siempre repitiendo ideas ajenas, como el melómano, como el gran cuenta chistes, como el poeta y la gran mayoría de las veces todos convergen en un tú callado que escucha, se entretiene aprendiendo de los demás.

Con un suspiro expulsas los recuerdos, la música sigue en este momento que transcurridos unos minutos será pasado, escribo líneas que son testimonio de algo que ya ocurrió y que el yo del futuro podrá recordar al releerlas, pero que el yo de ahora plasma poco a poco y que son su realidad y por tanto importante, tan importante como aquellas pláticas que apenas y podían escucharse entre los acordes de guitarra, un comentario aquí y otro allá y se conseguía algo extraordinario, pero ahora se requiere de mucho mas para captar tu atención.

Estuve a punto de beber un güisqui, pero me iba a dar hambre y no quiero cocinar, no quiero encender la luz, sería una declarada invitación para que el insomnio entre a mi cama, se revuelque en mis cobijas y me robe la mejor almohada, pero no, prefiero que sea un simple coqueteo.

Me pregunto en donde estás, en dónde está el yo del futuro y donde quedó el yo del pasado, cierto es que convergen en el que aquí escribe hoy e incluso en aquel que comenzó a escribir esto y en aquél que pasados unos días lo lea nuevamente, pero no puedo evitar preguntarme que será de mí dentro de unos años, me tatuaré como alguna vez me prometí o ahora sí podré comprarme una guitarra para poder disfrutarla y en ese futuro tendré el restirador que tanto quiero. No lo sé, pero más vale que desde hoy le de forma a esa arcilla que seré yo.

La música por fin se ha callado, nos hicieron escuchar las mañanitas de cepillín, las de alejandro fernández, cuatro versiones infantiles y otras dos que no pude reconocer el artista, pero que resultaron igual de redundantes, creo que con una vez bastaba. Curioso que éste mes también es mi cumpleaños, si buscas mi nombre en el 82 podrás verlo entre muchos otros, será un evento común y corriente en lo general, pero especial en lo particular.

Sin darme cuenta el insomnio tomó control de mis manos y escribe a voluntad, plasma como puede el caudal de ideas. Debería estar durmiendo.

Para contrarrestar la música de ellos, me puse los audífonos, encerrando la música que me gusta dentro de mi cabeza. Canciones que hoy repito hasta el cansancio y que quizás mañana al escucharlas diré, hace mucho que no escuchaba esa canción y como nota adicional diré, esa canción me recuerda, y agregaré detalles que hoy me resultan tan cotidianos, pero que para entonces serán distantes y tendrán manchas de óxido y ficción.

3:39 de la mañana

simple catarsis.

El sueño me ha abandonado. Rasco mi cabeza sin ganas y sigo escribiendo, dejo que las ideas se acomoden en el lugar que quieran.

Justo ahora me dan ganas de pararme, encender la computadora y pasar unas canciones al celular, canciones de antaño que masajeen la memoria y le permitan mostrarme cosas que en éste momento no puedo ver con claridad y que estoy seguro que mañana no querrán mostrarse o al menos no como lo harían hoy, pero desisto, en verdad quiero dormir.

Más de una vez he soñado que vuelo y que floto por sobre todos, y hoy me pregunto su acaso el volar no es una cualidad innata del ser humano, pero estamos convencidos que solo es posible en sueños y por tanto no lo intentamos, pues han logrado tatuar en nuestra psique "NO PUEDES VOLAR" y lo peor es que lo hemos creído...

Ejercicio mental,
Reproductor en "shofl", dejar que suene la canción y evocar esos recuerdos que se despiertan y se mueven cual serpiente encantada que asoma su cabeza y se muestra bailando a ritmo de cumbia de celso piña, y uno cuenta todo lo que recuerda con esa canción, dónde está, con quien, haciendo qué o acaso en qué momento de tu vida se escuchaba esa canción.
Repetir cuantas veces sea necesario y en caso de ser posible hacerlo con varias personas, cada uno con su propio soundtrack de vida y ver cuantas canciones son comunes y cuántos recuerdos parecieran fundirse en uno solo.

Ya casi llega el sol y no quiero que me vea aquí escribiendo. Adelantando canciones que son muy buenas, pero no para éste momento, siempre hay canciones que no queremos escuchar en ese momento y pareciera que no llega su momento, les vamos negando la oportunidad de acompañarnos y de pronto, pasados unos días o unos años, se convierte, quizás por accidente, en la canción perfecta para enmarcar un momento, y no dejamos de escucharla y cansa a los que nos rodean pero no a nuestros oídos, incluso sucede con canciones que vienen a visitarnos desde el pasado y aunque no cautivaron al yo de entonces, hoy enamoran a nuestros oídos, y las piezas encajan de forma perfecta, ahora sí y el espectro total lo comprendemos mejor y forjamos un recuerdo nuevo, uno que con suerte nos acompañará hasta ese momento en que cansados cerraremos los ojos y lo recordaremos todo y una canción sonará en nuestra mente y todo tendrá sentido y podremos comprender todo. Solo nos queda hacer las cosas hoy para que mañana no sea demasiado tarde.

4:05

En mi cabeza suena una melodía triste, las cosas tienen más sentido y puedo entender aquello que ayer no comprendía, pero que hoy ya no puedo solucionar, sólo me queda revivir el momento y jugar con la imaginación.

Qué hubiera pasado sí

no me hubiera puesto los audífonos, quizás ya estaría dormido

me hubiera servido ese whisky o güisqui

hubiera dicho perdón a tiempo

hubiera dicho no aquellas veces qué me vi obligado a decir sí

no te hubiera conocido

no me hubieras conocido

no hubiera seguido sus pasos

sí no hubiera nacido

No me arrepiento.

Espero calmado a qué el insomnio se vaya y en la calma haré recuento de daños.

Hace años compré una cinta para grabar un cassette de música mezclada, por una serie de eventos no pudo ser y hoy acumula polvo en un cajón, pero no la tiro porque tengo fe en que pronto podré grabarla, pero sobre todo porque me recuerda que lo que no hago y dejo para después, puede convertirse en sólo una intención y no en realidad.

EN DÓNDE ESTÁS, QUE ESTÁS HACIENDO, YO ME PREGUNTO.

4:20  cerraré los ojos esperando que el insomnio se aburra y busque a alguien más que pueda entretenerlo...

viernes, 5 de septiembre de 2014

Pequeños jitomates.

Nuevas flores amarillas adornan las ramas, los bichos blancos ya no se ven, quizá se ahogaron con tanta lluvia.
El pequeño jitomate, vecino de otro más, espera impaciente la llegada de más jitomates y yo también.

El otro día al salir de casa, pude ver en el suelo a una lombriz que  andaba despacio por sobre el cemento, en busca del oasis de un charco, único vestigio de la lluvia del día anterior, ella buscaba un hogar y yo deseaba que alguien oxigenara la tierra de la maceta, la decisión fue fácil.

Quizás debería mirar las plantas con más frecuencia, saber como les va y si acaso necesitan algo y dárselo si está en mis manos.

Quizá eso debe de sentir dios con nosotros...

miércoles, 27 de agosto de 2014

Un viaje para la imaginación.

 

1409152109087Entre los árboles se puede ver un pequeño refugio para los amantes, construido con madera putrefacta y restos de alfombras viejas, olor a humedad y orines. En el suelo hay algunas colillas de cigarro y alguno que otro amor de estudiante.

1409152129198Imagino a dos jóvenes que son sentados un poco a fuerza, aunque ellos lo desean, ríen nerviosos y la comitiva que los acompaña ríe y organiza una boda ficticia, juegan al amor y se prometen amor eterno con la certeza de que podrán hacerlo, viven el momento, como los niños, no les importa que pasará mañana, para qué, el hoy es uno y hoy te amo, eso se dicen mientras las manos sudan, se frotan la espalda mientras se besan, una lengua más inquieta que la otra, y ahí sentados posan para que todos puedan tomar fotos y subirlas a sus redes sociales, lo importante es “compartir”.  En algún punto las miradas se cruzan y se retan, ella cree saber que es lo que dicen esos ojos negros como la tierra húmeda que impregna el ambiente, pero jamás podrá imaginar que él anda con ella por una apuesta, siempre ocurre y no debe sorprendernos, los hombres las hacen para darse valor, para obligarse a hacer lo que desean, es un ciclo que se repite cada vez que un hombre se enamora de una mujer, es tan común y sin embargo por muchos desconocido.

 

1409152157810 Por más que lo intento mi perra siempre encuentra algo más interesante que ver, la cámara no le interesa. No le preocupa la posteridad ni atesorar objetos, ella vive el instante, no siente apego por las cosas.

1409152178614 Debería aprenderle a mirar hacia el pasado y el futuro con indiferencia y enfocarme en el presente.

 

 

Deambulando por el bosque encontramos una pequeña cabaña, corrijo una pequeña caseta. Las paredes tatuadas con leyendas de amor que ya casi no se pueden leer e incluso otras historias por sobre las primeras y luego vendrán otros a querer dejar testimonio de su existir, cual viejos hombres de las cavernas, queriendo apostar a la posteridad, sin saber si alguien los leería. Nos parecemos tanto.

 

1409152602251Aunque no estaba hecha de madera igual despertó mi imaginación, por un segundo sentí la necesidad de huir, el niño en mí quiso ver la cabaña de una bruja, y sabiendo lo que ocurre en estos lugares, quiso huir, pero el hombre racional que en mí habita, espero poder desalojarlo pronto, decidió acercarse y mirar. Nada fuera de lo común, paredes marcadas con tinta y leyendas de amor y amistad de secundaria, marcas de orina y en la esquina un claro indicio de la quemadura causada por una fogata. Por un segundo me dejé llevar y pude imaginar como en la noche le puede ver entrar ahí, sostiene un costal en la mano, no es muy grande pero no hay forma de calcular que es lo que lleva dentro, pues no deja de moverse, él lo sostiene con la mano izquierda, alza el puño hacia el cielo donde no hay luna y lo deja caer con furia, golpea aquello que hasta ese momento luchaba por su vida, un golpe seco, un lamento y después silencio, pero no dura mucho, un segundo después podemos escuchar a los grillos que se pasean en la oscuridad, no sabemos donde están, pero los podemos escuchar, es por eso, creo yo, que Pepe el grillo era eso, un grillo para poder escucharse en el negro bosque que representa al inconsciente a la parte desconocida y es el grillo el que nos dice, no vayas, no aceptes el dulce de éste señor, pero es demasiado tarde el niño poco puede hacer cuando él lo sujeta de la muñeca y lo jala con fuerza dislocándole el hombro, le cubre la boca con la palma de la mano que sostiene un trapo húmedo que le cierra los ojos.

Cuando despierta sólo siente el vacío en el estomago, por el penetrante olor a humedad y por el recuerdo de ese señor, quiere moverse pero no puede, se siente flotando, pero no puede moverse, grita por su vida, sabe dónde está, se agita deseando poder salir, pero un golpe certero lo hace caer nuevamente en una inconciencia.

 

 

1409152643863Y es por esa pequeña ventana por donde imagino que se escapa la luz que produce esa fogata, ilumina apenas un poco, pero es suficiente para poder ver su sus ojos que se esconden detrás de esa piel vieja y arrugada, ojos distantes, parecieran estar idos, no pertenecen a éste mundo, y debajo de esos ojos se encuentra una incipiente barba y por la barbilla escurre un liquido negro que segundos antes era vida.

 

1409152681505Cuando regreso a la realidad veo sólo una caseta abandonada y nuevamente el viejo racional se pregunta qué sería, acaso casa de alguien, no muy pequeño, quizás una caseta de vigilancia, unos policías haciendo guardia y evitando que los estudiantes del CCH cercano hagan cosas de jóvenes. No me puedo imaginar la función que pudo haber tenido.

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1409152783922Quizás debajo de éstas paredes alguien tocó por primera vez unos senos, o alguien hizo un felatio, mientras su pareja le convencía con un “nadie nos ve”. Es difícil saberlo, pero la verdad es que las probabilidades son infinitas, las reales y las que puede evocar la imaginación, encontré sin quererlos, uno de esos lugares que cautiva y que despierta a la imaginación.

1409153357753Apenas tuve contacto con éste ángulo quise ver la imagen de un niño, en blanco, y en negro el contorno o perfil de un animal que quise ver como un lobo, no un perro  y explico la razón. Quise ver eso pensando que el artista quería jugar con símbolos, el niño al frente y de blanco como la fachada del ente, como lo que podemos ver y que es puro, de ahí la blancura, y sobre todo dibujando a un niño para representar a la inocencia y detrás de éste, pero siendo parte inherente de la primera imagen, un lobo, representación de la parte salvaje, del ello pues, que domina los instintos mas primarios, como los deseos de alimentarse, de masturbarse y un sin fin de cosas divertidas pero mal vistas y de ahí que ha de ser dominado, algunos dicen reprimido, una postura mas “derechista”, en fin, eso quiso ver mi psique y al acercarme me di cuenta de que no era más que manchas encimadas una sobre otra, ninguna de las dos tenía directa relación con la otra. No fue más que una proyección, una interpretación de la realidad, y es que eso es la realidad, la interpretación que hacemos de ella.

1409152883229Al final de cuentas lo que cuenta son los pasos que dimos y los que no dimos por miedo, la vida es una serie de causalidades, y el que hoy haya decidido entrar por ese sendero ya significa algo, me he perdido de otras cosas y en cambio he vivido otras, la pregunta es cuales valen más. No hay manera de saber lo que viene y de aquello que hicimos sólo nos quedaran algunos fragmentos, como recuerdos y después de un tiempo otros recuerdos ocuparan ese lugar, como las paredes de esa vieja caseta, las cosas se van amontonando y quién sabe, quizás en una de las capas de pintura, cuando todavía estaba reluciente se encuentra mi nombre, pero poco a poco otros nombres lo han ido borrando de la memoria colectiva y llegará el momento en que parezca que no estuve aquí, que no existí, sólo quedará por un momento, la huella que dejé al pasar, pero esa también se borrará.

1409153021793No importa el camino que tomes, sino la forma en que lo recorres, eso quiero aprender de mi perra, pues pareciera que sonriera al recorrer el sendero, y quizás su orgasmo viene por lo que está haciendo, disfruta el momento conmigo, no necesita nada más, no necesita explicaciones ni razones, solamente se deja llevar y si por alguna razón decido dar la vuelta y regresar, ella me seguirá con la misma emoción, sin reproches ni exigiendo que le explique porqué, simplemente se sorprenderá de mi decisión y después correrá con emoción y entusiasmada de saber a dónde nos llevará ese camino, aún cuando sea la tercera vez que lo recorramos.

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1409153169356Poco le interesa lo que cautivó mi imaginación, ella quiere correr y disfrutar la hierba y el rocío y  el aroma que dejan los caballos al pasar, y juega  a perseguirlos pero sin acercarse, es respetuosa o acaso miedosa, poco le importa lo que puedan pensar, ella corre y deja que su lengua se columpie disfrutando de la libertad de correr hacía donde quiera, puede hacerlo y por eso, porque puede, lo hace, no duda, no necesita saber, sólo sentir.

 

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1409153295529Simple cemento y ladrillos reunidos en un punto que parece no tener lógica, pero aquí estamos nosotros, preguntandonos cómo es posible que haya vida en nuestro planeta pero no en los otros, ni en ningun lugar cerca de nosotros. Así son las cosas y ambos escenarios despiertan mi imaginación.

 

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IMG_9902Mientras caminaba mi pie derecho se resistió a pisar, avanzando un poco más de lo contemplado, cosa que casi me hace perder el equilibrio. Algo me llamó la atención obligándome a no pisar, y lo que fui fue a una oruga descansando en la hierba, esperando a que alguien la envolviera en suave seda, le colocara alas y la llevara volando lejos. Pobre, si supiera que nada nos llega sin trabajar, ni siquiera la muerte, esa hay que ganársela a pulso.

 

IMG_9880 Sí hay alguien allá arriba viéndonos, qué pensará al vernos. Lástima por lo mucho que no hacemos, o envidia por  lo mucho que disfrutamos cada segundo.

Los amantes.

 

 

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Quiso decir buenos días, pero tan sólo vomitó vaho. El frío le recorrió la espalda despacio, como alacrán que busca la parte fláccida, dónde poder encajar el aguijón e inyectar el letal veneno del conformismo, se pasea despacio, no  tiene prisa. Él tan sólo atinó a sacudirse, como respuesta.

El sol acariciaba de forma lasciva al cerro, dispuesto a hacerle el amor, despacio. Por siempre.    El humo de tabaco se aprisionó en el cuartel de los pulmones, pero decepcionado salió con prisa, ni siquiera eso pudo retener y éste se alejó con prisa hacia el cielo, llevaba los restos del viejo yo, aquél que se había partido a la mitad la noche anterior, cuando ella, su amada, dejó de darle sentido a su frágil existir.

EL padre lo miraba con desprecio mal disimulado, había traído a su joven ayudante, quizás por miedo a que se le escapara. Había abierto la puerta sudoroso, subió la cremallera al momento en que le pidió cincuenta pesos por tan sólo decir unas palabras, y lo hacía por compasión, eso dijo. Cada tanto sobaba la espalda del pobre niño que asustado agachaba la cabeza, buscando en la tierra a su salvador, quizás le engañaron y se sentía culpable, por eso no miraba al cielo.

Pagó los cincuenta pesos y sólo entonces el padre le habló al vacío, único acompañante en su dolor, y sin escucharlo se dedicó a recordarla por última vez.

 

Difícil es amar, pero más difícil es despedirse de quién más se amó y  ahí lo tenemos de pie, mientras los pulmones se inundaban de lágrimas y el corazón bombea recuerdos, la maquinaria a punto de implosionar, de plomo los pies, de algodón las manos, le sudan a mares y es que las lágrimas por algún lado tenían que salir.

Recordó la forma en que bailaban en el silencio de la noche, allá el violín de un grillo y de reflector una luna curiosa, y ellos bailando un imposible vals, como dos pequeños títeres que son balanceados por dios, se mueven al compás y sus hilos se enredan, sus vidas se enredan, son uno sólo, son una sola, no se abrazan, se funden y el universo gira en torno a ellos y su sudor es uno, cuando se aman ellos le dan sentido a la vida, porque son vida expresándose, liberándose.

Se embriagó de recuerdos hasta que no pudo, cada recuerdo una gota y fue entonces que las compuertas de la cordura no pudieron contener el mar que él había invocado, y entonces salió por donde pudo, los ojos deseaban aumentar los mares, ser parte de algo otra vez. Su vida se fragmentó al igual que sus rodillas y azotó contra la tierra que ahora la abrazaba y deseó irse con ella, pues, qué sentido tiene la vida si lo que le daba sentido se nos va así de repente, pensó y golpeó con furia el suelo, con la furia del amante que ha sido infectado de celos.

El padre se fue sin decir adiós, con prisa.

Se dio cuenta de que tenía toda su vida para sentir su dolor, para vivirlo y sólo entonces se puso de pie, sabiendo que al menos había apostado su último aliento con tal de hacerla feliz y sintió satisfacción de haberla encontrado en su vida y sonrió al recordarla junto a él, todavía durmiendo, imaginando qué estaría soñando, quizás otra vez con ese caballo blanco que tanto había deseado, cabalgando libre, persiguiendo al sol, siempre al sol, nunca a la luna.

 

Es justo cuando conoces a alguien cuando te das cuenta que la habías estado esperando toda la vida, así le sucedió a él, sus ojos se adueñaron de su mente y a cambio le entregaron su corazón y su cuerpo, él podía hacer lo que quisiera con ellos y nunca hizo otra cosa mas que venerarlos.

La adoraba por lo que era y por lo que conseguía de él. Hacerlo una mejor persona.

 

El sol ya llevaba rato viéndolo cuando decidió marcharse, lloró todo lo que tenía y con esas lágrimas regó la tierra que habría de cubrir ese cuerpo con piel de durazno, el recuerdo de ella se lo guardó en lo más profundo, protegiéndolo de todo mal, de todo oído curioso, lo protegió con su vida. Se marchó siguiendo al sol y dejó de preguntarse porqué lo había dejado y fue entonces que se preguntó con miedo si lo reconocería la próxima vez que la viera…. 

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El tiempo erosionó la fortaleza de piedra que cubría su piel, formando canales por donde pudieran descender las lágrimas al suelo, y cada vez que sus manos le dijeron adiós a algo, las arrugas se apoderaban de ellas. Algunos dientes decidieron quedarse en el camino, y para que dios pudiera ubicarlo desde allá arriba los cabellos se tornaron grises, o quizás fueron las ideas que abandonaron su mente que ahora vivía el momento y no era ansiosa del futuro y él que ya era pasado viviente, ya no lloraba por ella, ahora sonreía cuando la invocaba cada tarde, y en sueños ella lo invocaba a él. Ella joven, él fláccido y encorvado, la primera vez le rehuyó causando que ella riera como niña, y entonces comprendió que ella ya lo conocía desnudo y conocía la mayor desnudez que cualquiera puede tener, la del alma, él se abrió ante ella ya hace muchos años y comprendió que de ella no podía ocultarse jamás. La tomó de las manos y esbozó su mejor sonrisa, los pocos dientes que quedaban se comportaron a la altura y en formación solemne le rindieron honores.

Unas manos que bailaban al compás de un son inexistente sujetaron las manos de ella, siempre jóvenes y él le pidió que se lo llevara con ella, pero como siempre, le dijo que no. Todavía no viejito. Entonces cuando, le pregunto y agregó, ya no puedo, me duelen los pies, me duelen porque saben que por más pasos que den no pueden llegar a tí, ya me cansé de mentirles y hay días que no quieren ni moverse, lo mismo mis brazos, se empeñan en dolerme, lo único que podría aliviarles el ardor que sienten, sería abrazarte mis ojos no quieren ver otra cosa más que a tí, mi cuerpo ya no es mío, nunca lo fue, te pertenece y desea ir contigo y yo también lo deseo, por favor llévame contigo.

El dedo índice de ella, siempre joven, eterno, retiraba la lágrima que curiosa se asomaba por esa ventana empañada que daba a su alma y con una sonrisa le explicaba que aun no era momento, siempre con una sonrisa. 

El frío se colaba por entre las sábanas, único amigo que venía a hacerle compañía y el se preguntaba llorando cual niño pequeño, “¿entonces cuándo viejita, cuándo? ”.

 

La nieve pesaba como sus años y quizás por eso el techo no resistió el peso, cayendo sobre el  cuarto donde tenía a sus palomas únicas compañeras en este viaje que llamaba vida. Las rodillas, oxidadas, hicieron un esfuerzo por llevarlo hasta ahí, los dedos hechos palas cavaron para sacarlas, al menos una se dijo, el corazón impaciente bombeaba adrenalina, los ojos buscaban algo más que la blanca monotonía, en la garganta aprisionadas las lágrimas esperando la señal para salir ya fuera para celebrar la victoria o acaso para intentar anestesiar el dolor.

Cuando su dedo golpeó una jaula el corazón se detuvo un momento, pensó que era hora de irse y por un momento deseó que así fuera e imaginó su encuentro, ella vestida de blanco esperándolo con el cabello suelto y sonriendo al verlo mojado y el se apresuraría a decir, es por la nieve, y entonces ella  reiría y él se sorprendería de no sentir frio, de no sentir dolor y por un segundo se lamentaría por la perdida de sus dolores, únicos compañeros que le recordaban qué era estar vivo.

Cuando el corazón volvió a bombear sangre y ésta llegó al cerebro, se dio cuenta de que aun no era el momento, y se preguntó en voz alta, si pudiendo ayudar a otro no lo hacemos, entonces para que nos sirve la vida, y con cuidado de cirujano extrajo el tumor de nieve que cubría el templo donde vivía una de sus palomas, con amor infinito sacó la jaula y respiró aliviado al verla viva, aturdida pero viva, sonrió y abrió la compuerta que era la diferencia entre ser libre o ser una mascota, la paloma voló majestuosa hasta uno de los pilares que sostenía lo que había servido de techo hasta ese día, y si hubiera tenido forma de ayudar lo habría hecho, así que dio lo único que podía que algunas veces es lo que más sirve, su apoyo incondicional.

 

Cuando logró sacar la última jaula y vio que todas las palomas volaban sobre su cabeza, lloró, lloró de felicidad, lloró por amor y lloró por todos aquellos que tienen miedo de decir te amo, y lloró por aquellos que creen que jamás podrán amar y amó por ellos y tanto amor no le cupo en su viejo y cansado cuerpo y cuando las lágrimas no fueron suficientes rió, rió como niño, como ser inocente que aun no está condicionado ante nada.

 

Ya había olvidado que era su cumpleaños, cuando tocaron a su puerta. Algunos vecinos lo visitaron, muchos por compasión, otros obligados por sus familiares, unos cuantos por verdadero interés, pero a él no le importó y les abrió la puerta de su hogar.

Les contó su vida por un simple deseo de convivir y mientras más contaba, más miradas cautivaba, contó cómo, cuando siendo aun niño, huyó una noche lluviosa de sus padres adoptivos corrió en la noche hasta que el sol acarició su piel para decirle que ya nadie lo perseguía. Contó todas las cosas que había hecho para vivir, algunas no causaban orgullo, pero eran parte de él. Contó y contó y por más que contara los recuerdos no parecían acabarse, lo único que no contó fue cómo una vez  amó y como una vez perdió a su parte bella, cómo había perdido el sentido de su vida al perder los ojos de ella. No contó como parte de él seguía enterrado al pie del cerro, ahí dónde ella construyó su capullo de tierra para transformarse en ángel.

 

Entrada la noche se despidieron todos, alegres por haber visitado a ese viejo que no dejaba de sonreír, aun cuando contara la historia mas triste de toda, su vida.

 

Antes de despedir a la última familia sacó de un viejo baúl unas luces de bengala y se las obsequió a los niños, pidiéndoles un favor,

 

“Iluminen la noche con estás bengalas, que los ángeles sepan que ustedes también brillan y que las luciérnagas los persigan deseando que algún día puedan brillar como ustedes….”

 

Él no subió a su cuarto a dormir, no podría. Se enfundó en el único traje que tenía, el mismo que uso para despedirse de ella, quería que lo pudiera reconocer. Y quizás sólo por un vientre un poco más prominente, no había cambiado mucho, se sonrió al verse al espejo y notó que le faltaba algo. Salió al patio y el fresco de la noche le golpeó la espalda, como quien saluda a un viejo amigo, fue al pequeño jardín que cuidaba de forma religiosa y tomó prestada una flor, la que más brillaba bajo la luna.

 

 

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Y mientras los niños a lo lejos jugaban con las luces de bengala, él quiso ver luciérnagas, pequeños insectos que iluminan la noche para que los amantes se encuentren los sexos en la oscuridad de la noche.

Se sentó en el suelo y mientras el frio viento de la noche peinaba su escasa cabellera, preparándolo para la cita más importante de su vida, él se dedicó a tararear una melodía que había compuesto en todos éstos años. Y cuando por fin la última estrofa vino a él con la velocidad de un rayo, quiso buscar dónde anotar, tentó los bolsillos del pantalón, nada, la bolsa interior del saco nada contenía, sólo recuerdos pero fue el bolsillo exterior el que guardaba un viejo tesoro, la flor que ella le había obsequiado hace ya tantos años, se encontraba seca, pero mantenía la belleza de lo eterno, sonrió y cual padre que arrulla a su hijo la colocó con ternura en donde estaba y enseguida colocó la otra flor, la que él había escogido, deseando que ambas se complementaran, como ellos lo habían hecho años atrás.

 

Todos pretenden encontrar lógica donde no la hay, unos dicen que no es posible, sí apenas la noche anterior celebraron su cumpleaños y se le veía tan bien, los niños le lloran como se le llora a un amigo y es que un sólo encuentro es suficiente para darse cuenta de quién es buena persona y  a ellos les dolió perder a quién podía ser su mejor amigo, sabía escuchar sin juzgar, sabía cuentos, cosa que los niños aman y lo más importante, tenía la imaginación y la misma ilusión que ellos.

 

Es curioso pensar que en el bolsillo del pantalón encontraron una nota que decía,

“El destino esta ahí esperando por nosotros, dispuesto a reclamarnos
Y mientras tanto ahí vamos nosotros, viviendo, muriendo, esperando.
La eternidad comienza todos los días
y si un segundo basta para morir, ¿cómo no va a alcanzar para cambiarnos la vida?

 

 

sí me necesitan, ya saben dónde encontrarme, en el bando de los buenos. “

 

 

 

Lo curioso no fue la nota, sino que nadie retirara las flores, símbolo de lo viejo y de lo nuevo, de lo que hay y de lo que fue, de todo lo que está y de lo que se ha ido y quizás por que nadie las quitó y quizás porque no encontraron otro traje para él y por eso lo enterraron así como estaba, con esa sonrisa pueril y con ese viejo traje gris y toda la combinación de eventos y de lágrimas derramadas sobre su tumba consiguieron que esas flores se unieran para siempre, abriéndose paso entre la tierra y perpetuando una historia que es como la vida misma, dulce y trágica, pero sobre todo increíble.

 

 

 

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Agosto 25, 2014.