viernes, 23 de marzo de 2012
sábado, 17 de marzo de 2012
Aquí sentado
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martes, 13 de marzo de 2012
Elementos que faltan y a veces sobran.
No se columpia y tiene la mirada baja. Sus pequeños pies, enfundados por unos zapatos blancos, juegan delicadamente con la tierra.
Conforme nos vamos acercando, vemos sus rojizas mejillas, y en cuanto percibe nuestra presencia voltea a vernos.
No son esos hermosos ojos verdes lo que nos llama la atención. Lo que nos sorprende es ver que en una de sus pequeñas manos sostiene a una muñeca, pero sin cabeza. En la otra mano sostiene la cabeza que falta y al mismo tiempo sobra.
"La niña, cansada de que la muñeca no hablara, le arrancó la cabeza."
lunes, 12 de marzo de 2012
Sangrar gota a gota el veneno de su amor...
Las nubes se apoderaron del cielo en cuestión de segundos, tomaron la luz del sol como rehén, no querían negociar, buscaban imponerse. El aire se paseaba libre por la explanada del centro, jugueteaba con unos papalotes mientras los niños reían emocionados, ignorando a las madres que le temían a la lluvia.
Mientras caminaba por las estrechas calles pensando seriamente en regresar, iba jugando con unas monedas en la bolsa del pantalón, le cruzo la idea de encender un cigarro, pero la amenaza de lluvia y la consiguiente necesidad de correr le hicieron desechar la idea.
No creo que vaya a llover fuerte, se decía mientras los estentóreos truenos lo interrumpían y retaban a considerar nuevamente su idea.
La había conocido por casualidad, pero se enamoró debido a la constancia. Ella jugaba a ignorarlo, a verlo como un amigo más, pero ella sabía que él soñaba con un beso y que cada vez que la veía hablar, imaginaba el dulce sabor de sus labios, quizás por eso no le daba pena platicar con él durante horas, mientras él la miraba con tal adoración, como si escuchara a un ser místico.
Ya estaba a una cuadra de su casa cuando la lluvia se comenzó a golpear con furia el suelo, como si le estuviera reclamando algo, quizás fuera envidia.
Se refugió en un gran local, de esos que abundan en el centro, donde se dispuso a hacer tiempo en lo que al lluvia se cansaba. Mientras deambulaba entre las vitrinas pensó en el tiempo en que los rifles de diabolos y municiones se vendían en la comercial mexicana de por su casa. Admiró los juegos de mesa, herramientas, encendedores de gas y demás mercancía exhibida con hastío. Acababa de entrar y ya se quería ir de ahí, pero la lluvia lo tenía rehén de ese lugar, no podía fumar y eso lo irrito más que la poca libertad que tenía en ese momento.
Al fondo de la tienda se escuchaba un radio AM, o al menos eso imagino debido a lo que éste emitía, una mermada bocina emitía un trio, la canción era la de tres regalos, pero no alcanzó a distinguir que trio interpretaba la versión que se alcanzaba a escuchar. La lluvia seguía cayendo y no parecía que fuera a cesar nunca. Mientras tarareaba la canción pensó en que ya estaba cansado de esperar a que ella se diera cuenta de que la amaba, de que no le tratara con la indiferencia que se le da a los desconocidos. Ya eran muchos años…
Por momentos la lluvia cesaba, pero no lo suficiente como para que el pudiera cruzar la calle y subir a su casa. Eso era todo lo que los separaba, una calle y una lluvia insistente y su indiferencia.
Quizás fuera la hora de los tríos, porque después de que el locutor dio un breve discurso se escuchó gema, de los dandys, ésta vez sí pudo distinguirla.
Alzó la mirada al segundo piso, al piso de ella. Alcanzó a percibir una luz encendida, la de la cocina, supuso. Las gotas caían despacio pero insistentemente, él la buscaba. Que al menos se asomara a buscarlo, ya eran las seis cuarenta y él no había llegado, qué le habrá pasado, acaso se mojó o quizás esta afuera esperando, o el timbre no sirve otra vez, voy a bajar a buscarlo, o mejor no, mejor espero aquí, al cabo la puerta de la entrada no se cierra sino hasta en la noche, así que debe estar abierto. Lo voy a esperar aquí sentada, leyendo, aunque no me puedo concentrar, quiero verlo, quiero que cruce esa puerta y este conmigo, ya que este aquí podré fingir que no me importa, pero hasta entonces no puedo soportar la idea de que le haya pasado algo…
Ella no se asomó, no había señal de ella, jamás la vio asomarse por la ventana y era bastante improbable que ella deseara su presencia, que lo esperara con ansias. No con las ansias que él tenía de ella.
La lluvia ceso lo suficiente como para que pudiera salir de ahí y mientras acariciaba un rosario que le regalaron, quiso creer que a ella le importaba un poco su presencia, su amistad al menos. Cruzó la calle y mientras seguía a un grupo de extranjeros que hablaban en alemán, o al menos eso le pareció, encendió un cigarro. Los jóvenes que él escoltaba dieron la vuelta a la siguiente esquina, pensó que no estaba mal caminar detrás de ellos, al cabo que ya faltaba menos de una cuadra para llegar a la entrada de su casa.
Enumeró los tres regalos que prometía la canción el cielo, la luna y el mar y mientras sonreía imaginando su rostro subió la pequeña escalinata que estaba a la entrada del viejo edificio donde ella rentaba el segundo piso, subió las escaleras de azulejo antiguo, toco tres veces, como siempre tocaba, era su sello decía... Espero, volvió a tocar, posó el ojo en la mirilla de la puerta pero evidentemente no pudo ver nada. Espero un poco más y tocó nuevamente. No hubo respuesta. Pensó que quizás había salido, pero recordó que la luz de la cocina estaba encendida o al menos esa impresión le dio, y ella nunca dejaba las luces prendidas.
Bajo las escaleras y regresó por donde había venido. Cruzo la calle y sin saber porque, volteo hacia el segundo piso que esta vez estaba completamente oscuro, espero un momento y la vio asomarse, esta vez sí. Quiso hacerle una seña para que lo viera, pero algo muy dentro de él le dijo que no, que se quedara quieto, que pusiera atención. Ella tan sólo se asomó rápidamente y después desapareció. La oscuridad del cuarto terminó, vio cómo se encendió la luz.
Le pareció una broma cruel que en el radio AM ahora sonaba la canción de triunfamos.
Se alejó cabizbajo y mientras el viento movía las flores de plástico que adornaban una pequeña ofrenda, imagino que bailaban con tristeza. Las nubes ya habían comenzado la retirada y por un momento la luz de la luna cubrió el zócalo, reflejándose majestuosa en los charcos. Pensó que sería buen momento para terminar con esa triste costumbre de buscarla.
Y mientras una gota que se había perdido le cayó en la punta de la nariz, pensó que él había cumplido su promesa, ahí estaban sus tres regalos, el cielo, la luna que comenzaba a adueñarse de la plancha del zócalo y por mar, por mar que se conforme con estos charcos.
Él jamás lo sabrá, pero mientras contenía las lágrimas en el metro, el radio AM emitía aquella canción de la copa rota del trio Vegabajeño…
"Mozo... sírveme la copa rota,
sírveme, que me destroza
Mozo... sírvame la copa rota
quiero sangrar gota a gota
el veneno de su amor..."
miércoles, 29 de febrero de 2012
Sueño.
Y como siempre, desperté antes de saber tu nombre.
lunes, 20 de febrero de 2012
Secretos de Infancia.
Muchos años después, se decidió a ir en busca de su tesoro, iba tan sólo con su presentimiento, sus recuerdos y una pequeña pala para arena.
Pasó otros tantos años buscando la fuente.
Cuando por fin la encontró se calzó sus botas de goma, se puso un impermeable amarillo y con su pala se dispuso a reencontrar sus deseos.
De esos días nublados en que los recuerdos se acurrucan en tus piernas por el frío.

Y en el salón de a un lado tú jugabas billar, un cigarro encendido y una cerveza que ya estaba a punto de terminarse.
Mientras ella esperaba paciente a que la llevaras a casa a descansar.
A lo lejos se escucha música que llaman electrónica, la canción es Sandstorm de Darude, creo, hace muchos años de eso.
Las compañeras del salón te miran y te invitan a bailar, la que a tí te interesa está con su novio, así que decides participar de la diversión colectiva y te olvidas de ella.
Judith te toma la mano y te invita a bailar con ella, pero atrás.
Los bajos se escuchan mejor junto a las bocinas.
Me dijo que le había gustado el cuento que leí en clase. Le confirmé que sí lo había escrito yo. Río sorprendida y me dijo que tenía mucho potencial. Eso dijo, potencial, no uso el abusado término de talento, sino potencial. Y mientras yo pensaba en lo que quiso decir, me tomó de las manos y me besó. Después me miró a los ojos y río.
Todos saltaban al ritmo de la música, o al menos eso pretendían.
A partir de ese beso nuestra relación fue más bien furtiva. Besarnos en el cuartito que estaba a un costado del terreno baldío que hacía las funciones de cancha de fútbol, o atrás de la tienda, pero siempre de manera casual y jamás compartiendo los treinta minutos de receso. Ella con sus amigas y yo con mis compañeros.
Jamás aceptamos que éramos novios, pero todos confirmaron sus sospechas cuando golpeé a Poncho en la nariz por algo que te dijo. Sólo miró su mano que tenía sangre y después me miró con miedo o acaso era sorpresa.
Las imágenes van cambiando de ese baile a eventos aislados en la escuela. Aquella vez que lancé un pupitre desde el segundo piso, el jugar a lanzar las libretas por el patio de la escuela, o la guerra de lápices a mitad de la clase. Esa secundaria parecía más un centro juvenil sin disciplina, como si supieran que los futuros delincuentes no tienen futuro ni esperanza y por eso no vale la pena hacer el esfuerzo de corregirlos.
Nunca nos vimos fuera de la escuela.
Un salto de imagen me lleva a aquella vez en que fuimos a jugar billar, iba aquella chica que a mi me interesaba, otra vez con su novio. Y mientras bebíamos unas cervezas se nos fue yendo la tarde. Ella no bebía, quizás por eso se cansó del lugar antes que nadie. Se sentó en el sillón que estaba a un lado del salón de billar. Yo me acerqué un momento a platicar con ella, pero sólo me decía que su novio era muy celoso. A mí jamás me dijo nada, se lo decía a ella y no siempre de buen modo, así que regresé al salón de billar, tomé una nueva cerveza y ya no jugué.
Entonces se escucha nuevamente ese ritmo, sale de la rockola y la iluminación cambia, se torna oscura y de vez en cuando hay iluminación neón y alguno que otro laser. Cuando me doy cuenta estamos de regreso en el baile de la secundaria, pero ésta vez no te encuentro por ningún lado.
Ahora veo caras nuevas y amigos actuales, todos bailan y se divierten. Salgo a tomar un poco de aire, entonces la veo a ella, me emociono y cuando estoy a la mitad del camino, llega su amigo de la universidad, se abrazan y se besan.
La canción que no parece tener fin continúa, en una mesa se encuentran mis amigos de León, con sus actuales amigos, en un círculo muy cerrado, en la mesa ya no hay lugares disponibles y sé que no sería muy bien recibido.
Me abro paso entre los que bailan y no encuentro a nadie con quien sentarme a platicar, nadie conocido.
Hay un grupo de jóvenes que saltan emocionados, no dejan de reír. Me ven y me sonríen, una mujer del grupo me extiende la mano, mano que está cubierta de pintura. Me acerco con una sonrisa.
La canción sigue en un loop, jamás supe en que momento comenzó, ni siquiera sé si va a terminar.
En ese momento siento un escalofrío que me recorre, siento los ojos hinchados, me duele la cabeza, miro el reloj y me doy cuenta de que apenas llevo dos horas en cama, me levanto a cerrar la ventana. Me vuelvo a acostar y siento mucho frío en los pies.
Pienso apenas unos minutos en el sueño y en los símbolos que encierra. Cuando empiezo a entender me quedo dormido. Ésta vez sí pude identificar en que momento comenzó la canción...
jueves, 16 de febrero de 2012
Regué lento.
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Puso el viejo disco en el reproductor, y a los pocos segundos de presionar Play, sonó esa melodía que le provocaba tantas emociones.
Bajó el volumen y se quedó sentada en la cama, esperando a que alguien le llamara la atención o la callara. No sucedió nada.
Tomó su mochila que estaba a un lado de la cama, sacó una cajetilla de cigarros y tomó uno. Acercó el encendedor despacio, sin prisas, le gustaba hacer las cosas con calma, y mientras dudaba en encender el cigarro, cerró los ojos y dejó que la música la embriagará, que las notas entraran despacio por los oídos, viajaran al cerebro, le dieran una vuelta y se incorporaran al torrente sanguíneo para de ahí viajar al corazón, darle dos vueltas y salir expulsadas con furia y que su cuerpo sintiera ese bienestar. Y notó como los pies se encontraban en un vaivén que imitaba los bajos de la canción, y mientras tarareaba despacio " I want to share your life
every minute
every day and night..."
Abrió despacio los ojos y se dio cuenta de que el cigarro ya iba a la mitad.
Oyó pasos que se acercaban, debían ser los pasos de él. Lo imaginó de pie frente a la puerta, escuchando con atención la música, música que era casi imperceptible, tratando de adivinar lo que sucedía dentro del cuarto. Y fue entonces que se dio cuenta del humo que flotaba en el aire, humo que también vibraba al ritmo del regué lento.
No pudo evitar reír.
lunes, 13 de febrero de 2012
Es curioso como suceden las cosas.
Mientras ella sonríe el otro se encoge de hombros y dice, no la he visto, no sé nada de ella, no, no me ha hablado, ni me ha buscado...
Y se queda pensando si es que ella piensa en él tanto como él en ella. Pero es algo que jamás podrá saber con seguridad.
Y mientras yo pienso en esto y pienso en él, en ella, y en otros muchos que sienten esto, me sorprendo de la resistencia que tiene el corazón.
A veces se mantiene firme resistiendo el frío, esperando para ver aunque sea cinco minutos a esa persona que lo hace tan feliz. Viajar cansado tan sólo para poder ver esa sonrisa.
Y siempre es un suspiro el que corta la inspiración. Se despiden y quedan de verse otra vez, para platicar mejor.
Y mientras lo veo alejarse y perderse entre la multitud, pienso que es demasiado bueno para esperar por esa mujer, ya antes le había causado mal, mucho. Pero no me corresponde a mí emitir juicio alguno.
Lo vi el sábado al mediodía. Y me quedé pensando en todo lo que me dijo, pero sobre todo cómo me lo dijo, en el tono característico de aquel que tiene dolido el corazón.
El domingo salí rápido por algo de comer y a dar una vuelta, entonces me pareció verla a la distancia, iba caminando de prisa, subió el puente peatonal y justo cuando estaba a la mitad de la escalera se detuvo y de su bolsa derecha sacó su celular. Supongo que leyó un mensaje, porque miró el celular alrededor de veinte segundos, o menos, y subió a lo alto de la escalera y en contra de lo que yo esperaba siguió subiendo y bajó por la contraparte de la escalera, la continuación digamos.
Era ella, por su peculiar físico y su manera de andar, además confirmé su perfil cuando miro fugazmente un aparador. Cuando me di cuenta la estaba siguiendo.
Caminaba con prisa, pero no la suficiente para que la perdiera de vista. Se detuvo en un puesto de películas y miró con prisa las que estaban exhibidas en una de las paredes del puesto, todas sostenidas por una larga cinta adhesiva que las recorría por la parte trasera, al parecer no encontró lo que buscaba y siguió caminando, pero esta vez el paso fue normal, sin prisa, lo que me tomó por sorpresa, ya que yo seguía caminando con su prisa.
En la esquina se detuvo a pesar de que no estaba el alto, sacó nuevamente el celular y al darse cuenta de que ya se había pasado de su destino volteo rápidamente, para encontrarse con mi mirada.
La saludé por cortesía, ella parecía que si tenía gusto de verme, o al menos eso me hizo creer, me abrazó y me dijo que últimamente tenía muchas ganas de verme. Me preguntó que sí tenía el mismo número de teléfono, le dije que sí, no sé qué número tenga ella...
Le pregunté por él, ella me dijo que no lo había visto últimamente. Hice la pregunta obvia, y ella me dijo que sí andaban, pero que estaban en una especie de pausa, pero que más bien era como una especie de periodo de licencia y no sé qué tantas cosas que me parece quería darme a entender que tenía permiso de hacer lo que quisiera, que no se le podía juzgar.
Después me dijo que tenía ganas de invitarme un café, pero otro día porque justamente en ese momento ya iba tarde para una cita, y antes de que yo dijera nada me aclaró que era una cita con su hermana.
Me volvió a abrazar y me sonrío al decirme que no me iba a salvar de ese café.
La vi alejarse entre la gente, y cuando estaba perdiéndola de vista y estaba a punto de largarme de ahí, la vi abrazar y besar a alguien, por la distancia no alcance a distinguir a la otra persona. Y cómo no conozco a su hermana no puedo decir si es que me mintió, o acaso se lleva muy bien con la hermana o quizás al que saludo era a él.
En eso venía pensando de regreso a casa. Y me asaltó la pregunta obvia, ¿debía decirle a él, lo que había visto, lo que ella me había dicho, la negación de la relación?
No tenía fundamentos para asegurar que ella había visto a otro tipo, o si acaso era en verdad su hermana, o más extraño aún, sí había besado a una mujer, ya sea para verse alternativa, o bien para buscar la antítesis de lo que es el hombre, ya que muchas mujeres se quejan y consideran al género igual de podrido y buscan una opción más...
Estaba pensando si decirle esto a él, cuando al pasar por una de las calles que está antes de mi casa, lo vi pasar abrazado de una mujer que evidentemente no era ella, se detuvieron y se besaron al tiempo que una señora subía a la combi, así que esta vez no tenía dudas de lo que veía. Era él y a la que besaba era una ex novia mía, una que hace no mucho fue referida en un post de este blog.
No me dieron celos, porque sería absurdo sentir celos de esa mujer, pero si me quedé pensando en si acaso realmente amaba a la otra mujer como me había asegurado cuando lo encontré ese mediodía de sábado.
Es curioso como suceden las cosas.
Las imágenes van desfilando una a una de manera que se sobreponen unas a otras, a veces cuando nos damos cuenta ya es demasiado tarde y no entendemos el espectro completo de lo que sucede frente a nosotros, pero a veces cuando nos tomamos el tiempo para ver, quisiéramos que las imágenes se difuminaran al instante y su constancia fuera un borroso elemento en el que todo es uno y a la vez nada, como en los sueños...
viernes, 10 de febrero de 2012
Otra vez la música me puso a pensar.
Me traje para cenar un espagueti verde, y mientras como, me acordé de una canción de Fernando Delgadillo, carta a Francia, y mientras escribo, escucho esos acordes de guitarra que siempre tienen el efecto de llenarme de Nostalgia.
Hace años esa canción iba dedicada a la que sentí como primer amor, pero tan solo fue fascinación hacia una vecina, éramos amigos y la quise mucho, pero si no fuimos novios fue por mi temor. Después me fui a vivir a León y deje de verla, a ella y a mis amigos, pero siempre que escuchaba esa canción la pensaba con nostalgia.
Años han pasado y conforme pasa el tiempo esa canción sigue teniendo el mismo efecto, lo único que cambia es el rostro que evoca. A veces me atormentan y vienen todos al mismo tiempo. Rostros de personas que quise, que creí amar y de aquella que en verdad amé.
Y como sucede siempre, me quedo pensando en qué será de mí mañana, si acaso me deparan cosas nuevas o si regresaré a lo de antes, para así cerrar el ciclo, el patrón circular.
Se va terminando mi espagueti, la canción ya hace rato que no suena en los audífonos, y quizá hoy no la vuelva a poner. Pero estoy seguro que dentro de algún tiempo la pondré y sólo entonces podré responder algunas de las preguntas que hoy me hice....
jueves, 9 de febrero de 2012
Madrugada de jueves y la mente no está serena...

Amanece un jueves más, sin quererlo ni buscarlos me vinieron a visitar fantasmas del pasado, esos que te susurran al oído que la cagaste, que tus decisiones no han sido las mejores, que le diste la espalda a los amigos de México, que no luchaste lo necesario por eso que amabas, que sí había manera de seguir estudiando, que podrías estar mejor.
Mientras tú vas poco a poco recuperando la conciencia yo escribo estas líneas, líneas que quizás jamás leerás, o si tu curiosidad es la mínima y quieres saber algo de mí, algo mío en estos últimos días, tengas la iniciativa de leer este blog, que la verdad estoy pensando hacerlo privado, sólo leerlo yo, escribirlo para mí y yo ser el único testigo de esta catarsis/ejercicio de letras/ práctica de mi pasión.
No sé, a veces se me ocurre, pero otras veces ahí ando compartiendo la liga de los posts que creo tienen futuro, pero me viene a la mente, ¿futuro para qué? O mejor dicho, son los demonios los que hablan. Yo tengo decidido escribir por lo menos un libro de cuentos, terminar el proyecto que tengo ahí empolvado, el del koala Tingo, escribir unos cuentos de terror, pero terror bueno, casi casi que sea terrror en lugar del clásico terror. Tengo la intención de hacer un libro para niños, ilustrado por mí... Ideas tengo varias, pero hay ocasiones en que las situaciones no favorecen y uno termina convenciéndose de la mierda que nos tira el mundo. Mis deseos los tengo y una mala noche no me va a hacer a un lado lo que llevo tantos años planeando.
Quizás el día de mañana entregue uno de los libros escritos por mí en fotocopias afuera de una escuela o con las amistades, y los demonios me dirán al oído, "la has vuelto a cagar..."
¿Y yo?, yo los dejaré hablando solos, me iré con una sonrisa en la cara, repartiendo pedacitos de mi alma transcritos en una tinta negra que se corre por hojas de papel reciclado....
Si mañana te llega un montón de hojas con letras impresas y en la portada mi nombre, es porque a pesar de todo, yo no te he olvidado.

