viernes, 6 de enero de 2023

La eternidad por delante...

Tocaron la puerta con furia. Pensé que podía ser un amigo entrañable o un enemigo que tenía ganas de matarme, pero cuando llegué a la puerta no había nadie.

Me asomé por la ventana y todo lo que vi fue tedio y abandono.

Hay ocasiones en que tocan la puerta a horas razonables y puedo salir sin reparos, pero en ocasiones tocan la puerta entrada la madrugada, cuando ya ni los perros ladran o aullan, cuando todo lo que esté vivo decide dejar las cosas para mañana que aclare el día. Han habido ocasiones en que apenas tocan, quiero decir que los golpes son diametralmente opuestos, apenas se escuchan, pero sé que tocan la puerta y sé que en ese instante hay alguien, pero nunca alcanzo a llegar a la puerta, quiero decir que llego a la puerta cuando ya no hay nadie o nada.

La semana que moví mi sillón junto a la puerta no tocaron.

Es una broma cruel. Me encantaría que quienquiera que sea que toca la puerta tuviera la cortesía de quedarse un rato para que me digan qué desean de mí.

Para aquél que se lo pregunte, sí, he intentado ignorar cuando tocan, pero eso sólo hace que toquen cada vez más fuerte la puerta, cada vez con mayor intensidad, cada vez con más furia, como si quisieran derribar la puerta. 


En una ocasión me acerqué a abrir, pero justo a unos metros de la puerta decidí detenerme en seco, dejé de avanzar pero aquello no dejó de tocar la puerta. Quizás debería de decir que golpeaban la puerta, cada vez con más fuerza. Me pareció ver una sombra por debajo de la puerta, como si esta vez sí hubiera alguien, así que corrí a abrir para encontrar la indiferencia delante de mí. No hay nada vivo que corra tan rápido, mi puerta da a la calle y no hay dónde esconderse, las esquinas de la calle están a una distancia considerable, no hay árboles dónde esconderse, sólo tierra, olvido y tedio. El pueblo cada vez está más sólo, hace mucho tiempo que no he visto a nadie, nadie ha venido a visitarme, y en honor a la verdad, no he ido a visitar a nadie, no salgo, para qué.

Estuve tentado a dejar de escribir, pues tocaron la puerta, otra vez. Ya no me sorprende. Ahí está, tocaron otra vez.

Nada.

Otra vez, más fuerte.

Miro hacía la puerta, no veo nada.

Nada.

Ahí están los golpes. A veces suena como si alguien pateara mi puerta, a veces es un golpe con la mano abierta.


Es cómo si quisieran sacarme de aquí, pero aquí nací y aquí estaré por siempre, hasta el fin de los tiempos...



Sólo ahora se me ha ocurrido una idea, qué tal que no quieren entrar a mi casa, que tal que quieren salir...



No había sentido miedo ante una amenaza externa, pero la idea de que pueda haber algo aquí dentro, conmigo, es otra cosa y eso me perturba. No sé qué pensar, sí acaso sentirme amenazado o acompañado, pero de qué me serviría una compañía que no quiere estar aquí.



Intenté dejar la puerta abierta. Pero tenía que cerrarla en la noche para dormir y lo que menos pude hacer fue dormir, los golpes comenzaban en cuanto cerraba la puerta.


Estoy cansado, no tengo miedo, estoy harto.

Hace tiempo que he abandonado la idea de encontrar una respuesta en el plano racional, hace mucho que abandoné esa idea, porque no es posible lo que me está sucediendo. No hay manera. 

Ha pasado mucho tiempo y nada cambia, tocan, a veces voy, a veces lo ignoro, a veces miro hacia otro lado, pero siguen tocando y yo sigo sin saber qué diablos quieren. En las secas el polvo entra por mi ventana, en las aguas la lluvia besa la tierra y la milpita se refresca, pero siguen tocando la puerta, siguen golpeando mi puerta, estoy harto.

Hace tiempo que no pruebo bocado, creo que he estado semanas sin comer nada. No sé si tenga que ver con estrés relacionado con la puerta, aunque de verdad no me estresa, no sé que adjetivo usar, no es algo que ocurra frecuentemente, no he conocido a nadie que haya vivido cosa similar.

El otro día me sorprendió el amanecer sentado en mi sillón mientras observaba con detenimiento la puerta y me dí cuenta de algo que no había reparado, llevo semanas sin dormir, pero no estoy cansado.



.

.


...


Trato de...


No sé cómo expresar la idea que tuve hace un momento, pudo haber sido un momento o hace unos días ya no mido el tiempo por días, pero más que una idea me dí cuenta de que no he comido ni bebido nada en mucho tiempo...


Creo que aquello que toca la puerta no busca entrar, o salir, sino que es algo que espera a que me de cuenta de algo, o acaso me invitan a irme, lo que no sé es a dónde.


Ahora sí tengo miedo. Creo que tengo que irme, pero no sé a dónde, no tengo idea de qué va a pasar y eso me aterra, este lugar es mi casa, lo conozco muy bien y no sé si quiero irme.



Creo que todo esto es un trabajo de mi imaginación, ahora siento que hay algo dentro de la casa. 



O alguien.


Soy tan despistado que poner cualquier clase de trampa está descartado, no quiero someterme al ridículo de tener que pedir ayuda y tener que explicar que me sentía acosado en mi propia casa, así que puse una trampa en la que terminé cayendo...

Acabo de sentir un soplo en mi mejilla izquierda. No fue una corriente de viento, alguien sopló en mi cara.


Me estoy cansando, aún cuando dicho verbo no aplique, no es un cansancio físico, es un tedio que me devora, es un sentimiento de impotencia, desasosiego e incertidumbre.


Todo se ve gris, el pueblo ya no tiene el hermoso color verde que tanto me gusta, está apagado, como cenizo. No sé cómo explicarlo, sólo sé que no me gusta.


Creo que voy a irme. La próxima vez que toquen la puerta voy a salir de la casa...


No tuve el valor, tocaron con fuerza, golpearon la puerta, casi la derriban y yo sólo gritaba que se fuera, que me dejara en paz. No me escuchaba, así que corrí a la puerta, la abrí con fuerza y me escondí detrás de ella, llore, no lo voy a ocultar, lloré como nunca había llorado, lloré por las veces que me golpearon de niño con la misma reata que amarraban a los burros, lloré por aquella vez que maté una gallina sin querer, yo era sólo un niño aventando piedras, lloré por las veces que mi padre me insultaba y golpeaba con furia porque yo no sabía desgranar el maíz o porque no lo hacía bien, lloré cuando murió mi madre, no por ella, sino porque mi hermana y yo nos habíamos quedado solos con papá, lloré por las veces que tuve que abrazar con fuerza a mi hermana para que los golpes no la tocaran a ella, lloré porque el agua en mi espalda quemaba y aún cuando mi hermana me limpiaba con cuidado y cariño yo sentía que un millón de hormigas se comía mi carne, lloré cuando mi padre se quitó la vida, no porque sintiera lástima por él, sino porque era algo que quería hacer yo, lloré cuando mi hermana se fue del pueblo con un novio que yo nunca le conocí, lloré porque me abandonó así de fácil, lloré porque pensé que podía tener una vida feliz, lloré cuando se me murió manchitas, el perro que desde cachorro me amó y amé, único ser vivo que sintió algo por mí que no fuera desprecio, lloré por aquella vez que quise cortarme las venas pero me ganó el sueño, al día siguiente desperté donde me había quedado dormido y desde ese día no he llorado más.


Creo que no voy a esperar a que toquen, me voy a parar y me voy a ir, para qué quedarme aquí, sólo me ata sufrimiento a este lugar y no quiero eso, quiero crecer, trascender. Siempre tuve ganas de conocer el mar, me voy a ir caminando, no creo que esté tan lejos y si lo está, no importa, tengo la eternidad por delante....

jueves, 5 de enero de 2023

Olvido.



Se sentó despacio en el sillón que estaba junto a la ventana, la luz del sol le dio un gentil abrazo. En la pequeña mesa había tres porta retratos, uno con una pareja bien vestida, ella con vestido blanco y él con un traje negro, ambos con miradas atentas a la cámara, estoicos, podía verse miedo en la cara de ambos, o acaso era tedio, pero no aparentaban felicidad.
En la segunda foto se encontraba ella, la mujer de la primera foto, ahora más vieja y con dos pequeños niñas en el regazo, no tendrían más de ocho y diez años, esta foto sí era a color y se adivinaba que eran hermanas, además del leve parentezco en sus facciones, la ropa era idéntica en colores y patrones, la única variación se daba en los tamaños, pues una era mayor que la otra.
La última foto, aquella que sus manos se apresuraron a sujetar, era nuevamente ella, única constante, sonreía pero no se le veía feliz, era como ver el rostro de un muerto, peor aún, era ver el rostro de alguien que se sabe que ha muerto, pues se podía adivinar una mirada cómplice, como si preguntara a aquél que la mirara, qué se podía hacer, había que quedarse ahí toda la eternidad o el tiempo que durara esa foto. Quiso liberarla y romper la foto, quemarla y usar esas cenizas para plantar algún árbol, pero no se le ocurrió qué podría plantar o en dónde. 


Una muchacha, muy parecida a la señora de la foto, y también muy parecida a una de las niñas de la segunda foto, entró despacio al cuarto, como lo haría un padre que adivina que su pequeña hija a despertado de la siesta y con una sonrisa que comenzaba en los ojos, le preguntó, ¿estás viendo la foto de mamá?.
Él volvió a mirar con atención la foto que sostenía su mano izquierda y que por alguna extraña razón su dedo índice derecho acariciaba con cariño, pero no pudo adivinar qué significaban esas palabras, la mamá de quién y quién era esa muchacha, qué hacía en su casa y porque le hablaba con tanta confianza...


Ella adivinó lo que causaba su presencia y le dijo con voz amorosa, tranquilo papi, soy yo. 


Le sujetó la mano que hasta hace poco acariciaba el frío retrato  se la llevó al rostro de ella, y le dijo su nombre, nombre que nada significaba para él. Todo parecía ser muy importante para ella, así que no quiso interrumpirla y no le dijo nada, solamente la miró con atención y supuso que la mujer de la foto y esta señorita podrían ser la misma o acaso tenían algún parentesco.

Ella lloraba y le preguntaba si se acordaba de ella. Él no sabía que responder, todo esto lo tenía muy incomodo, no sabía cómo había llegado ahí y porqué había una muchacha hablándole de forma tan insistente.

Una enfermera asomó la cabeza y preguntó sí todo estaba bien. Hablaron casi al mismo tiempo, ella dijo sí, él dijo no. Las dos miraron con sorpresa y él complementó su respuesta: "no conozco a esta señorita..."

Ahora las lágrimas brotaban copiosamente mientras la enfermera se disculpaba y le pedía que se retirará, quizás mañana tuvieran más suerte. Él solamente le secó una lágrima antes de retirar la mano, la mirada hace rato que había regresado a la foto que su otra mano sujetaba con fuerza.

miércoles, 4 de enero de 2023

Eres sonrisa.

 

Sin saberlo, y muchas veces sin hacer algo de manera consciente para provocarlo, somos la sonrisa de alguien. Somos el recuerdo de ese comentario jocoso, la vez que hicimos algo estúpido en la escuela, aquella broma que le gastamos a alguien, estamos en la canción que alguien escucha a lo lejos, somos un momento efímero que provoca una explosión de químicos en el cerebro de alguien, provocando una sonrisa apenas perceptible para los demás, pero que se siente como un abrazo que puede colocar en su lugar las piezas sueltas, somos las ganas de sonreír de alguien, somos un recuerdo hermoso, somos aquella tarde que pasamos horas platicando sin saber que sería una de las últimas, somos aquella canción que cantamos tantas veces al amanecer y que le pedimos a alguien que jurara que se encargaría de tocarla en nuestro funeral, somos ojos que encierran dos pequeñas estrellas, somos el aire que refresca, somos la brisa que da la bienvenida a la playa, somos un hermoso recuerdo, somos eso en lo que alguien piensa cuando su mirada se concentra en una llama, en fuego, en la lluvia, somos aquello que se esconde detrás de la ventana en un día lluvioso, somos el olor a tierra húmeda, somos el último partido de fútbol que jugamos en la calle, somos rodillas raspadas por jugar en el suelo, somos un vaso de nieve de limón con coca, somos alberca inflable en un caluroso día de verano, somos curita que ayuda a sanar heridas, somos la voz que arrulla, la voz que enamora, la voz que transporta a otros tiempos, somos la voz que cuenta historias maravillosas, somos la voz que ayuda a recordar viejos momentos, somos un momento efímero y por tanto hermoso, somos la eternidad concentrada en un instante, somos brazas que arden enmedio de la noche, somos semilla que germina en la cabeza de alguien, somos una vieja carta carcomida por el tiempo, somos una foto que nadie recuerda cuándo se tomó, somos la suma de todos los que estuvieron antes que nosotros, somos peldaño para los que vienen, somos aquella cerveza fría en una calurosa tarde de verano, somos una taza de café en medio del frío invierno, somos la primera flor de la primavera, somos todo para alguien, por eso nunca te creas la mentira que a veces dice tu mente, 'soy nada'. 

Para mí, eres todo.

martes, 3 de enero de 2023

Acerca del tiempo perdido.


Quizás al morir, escucharemos una grabación con todas las veces que nos dijeron que no hiciéramos algo.

 

Y veremos el tiempo, y las experiencias que perdimos, cada vez que hicimos caso. 



lunes, 2 de enero de 2023

Presencias.

 
En la tarde fuimos al terreno a embolsar la mazorca, mi hija se llevó su oso, por las prisas del hambre nadie se dio cuenta que la niña había olvidado a su compañero de siestas, a su guardián nocturno, aquél que ahuyenta las pesadillas y los malos sueños, objeto transitorio para muchos, sagrado para ella.

Estaba la posibilidad de que fuera al día siguiente temprano, pero yo suponía que mi hija lo iba a querer a la hora de dormir, como siempre, y no pude imaginarla triste al saber que no estaba su oso porque a su padre le dio flojera ir a buscarlo. Así que fui, el aire frío de enero me laceraba el rostro, pero mi optimismo me llevaba arrastrando con una sonrisa.
 
El sol estaba muriendo detrás del cerro y ante la ausencia de los rayos del sol, el frío calaba más. Cuando lo vi, el oso estaba encima de la lona, esperándome. Me acerqué despacio y como lo hiciera mi hija, le pregunté al pequeño oso blanco, cubierto de tierra, porqué se había quedado ahí, que nos tenía preocupados.

Entonces escuché, a lo lejos, entre la milpa seca, un susurro y quise escuchar mi nombre, digo eso porque no pude distinguir que en verdad fuera una voz o que siquiera hubieran dicho mi nombre... Sólo fue un sonido a lo lejos, o quizás muy cerca.

Comenzaron a rodearme, un susurro aquí, otro detrás de mi, pensé que serian unos niños tratando de espantarme, pero mientras más quieto me quedaba, mas tenso era el silencio, que de repente era interrumpido por otros susurros. Me cansé y sin pensar demasiado en las consecuencias, arrojé la piedra que había tomado del suelo, cuando creí que podrían ser unos perros. La piedra golpeó con furia el aire y después regreso a la tierra.

El sonido se acercaba cada vez más, en ocasiones detrás de mí, o los lados, pero no recuerdo que haya escuchado nada al frente, lo que sí recuerdo es que sentí que mi corazón me quería abandonar, el cobarde, como si se quisiera salir de mi pecho....

El aire cada vez mas frío y todo cada vez más oscuro.

Recordé que mi misión era rescatar al oso y salir de ahí, así que eso hice. Caminé deprisa, pero a los pocos pasos y ante el sonido de pasos, decidí trotar. Los pasos me perseguían, y yo no podía dejarlos atrás, no podía perderlos o dejarlos atrás, siempre a la misma distancia, de forma imposible, y aun a pesar de mi terror, volteé un par de ocasiones para saber si huía de un perro o de algún animal que pudiera ahuyentar con una patada o una piedra, pero siempre que miraba había nada. 

Escuchaba que algo o alguien me seguía, y aún cuando el sonido se movía, quiero decir que en ocasiones lo escuchaba a mi derecha, entre la milpa seca, o en ocasiones a la izquierda entre los platanares y un par de ocasiones entre las ramas de los guamúchil. Decidí dejar de correr y me detuve en seco, volteé y miré fijamente entre la oscuridad, grité que dejaran de estarme chingando, nada por respuesta, el aire frío y seco seguía siendo mi único testigo, ni siquiera mi sombra puede corroborar lo que digo, creo que esa se quedó en la carretera. 

Nada respondió, yo solamente miraba la oscuridad, tratando de determinar qué diablos me estaba siguiendo, sí acaso había algo realmente siguiéndome o si acaso era mi mente jugándome alguna broma cruel. El aire agitó la milpa y las ramas de los árboles y yo quise engañarme pensando que ese sonido era lo que me había estado molestando, pero entonces lo escuché claramente, un susurro que dijo mi nombre, a mi izquierda y por mero reflejo arrojé otra piedra que para ese entonces ya estaba bañada en sudor, la arrojé con fuerza y para mi sorpresa escuché un golpe seco, como si hubiera golpeado piel, o cabello, no sé como explicarlo, pero sé que aunado al sonido de la piedra al golpear hubo un sonido que reconocí como el sonido de un lamento que alguien busca contener. No quise investigar más y ahora sí corrí, al principio, pero después recapacité pues una piedra suelta podría hacer que uno de mis tobillos se lastimara o incluso se rompiera y entonces sólo caminé con prisa y miedo, tanto miedo que ya no puedo decir si acaso los susurros continuaron o si el sonido de los pasos se detuvo. 
 
Con prisa amarré el mecate al pie de la carretera, esperando que eso le impidiera salir del terreno y que se quedara ahí, en la oscuridad y mientras amarraba el viejo mecate con un nudo, iluminado por el farol de la carretera, vi que mi sombra había regresado y ya no me abandonó en mi camino de regreso.

Cuando llegué a casa y conté mi historia, mi esposa me recomendó ir con don Refugio, para que me curara de espanto, me explicó que era el huesero del pueblo y que sabía mucho de esas cosas y que podría ayudarme. Ella estaba convencida de que alguien me quiso asustar y que lo mejor era actuar antes de irme a dormir, porque no era sensato irme a acostar así. Yo no quería salir pero la vi tan convencida que me dejé convencer. Mientras caminaba hacia allá pensé en lo sucedido y no pude encontrar explicación, no me fue posible entender nada. 

Cuando llegué a casa de Don Refugio la luz estaba encendida, me paré justo frente a su puerta y le grité tal como es costumbre y entonces escuché que una mujer hablaba preocupada. Mi gritó, que solo entonces me pareció inapropiado, les obligó a callar, quizás para confirmar qe alguien hablaba desde la calle, pero justo cuando iba a volver a gritar, alguien la calló. Cuando abrieron la puerta, la luz se apagó. 
 
Don Refugio me preguntó en un tono muy amable, como siempre, qué se me ofrecía. Le pedí que me atendiera, pues "me quisieron asustar".

Desde la oscuridad me preguntó si estaba bien, pero se disculpó por no poder recibirme sin escuchar mi respuesta, y después me dijo que se sentía muy mal. Le dije que no había problema y sin poder preguntarle si era apropiado regresar mañana, el se volteó para dejarme como llegué, solo en medio de la noche. 

Lo que ocurrió después me sirvió para entender que no debía regresar mañana, o ningún otro día, pues cuando cerró la puerta y la luz de la luna iluminó su rostro apenas lo suficiente, vi un hilito de sangre que recorría el costado izquierdo de su rostro.



domingo, 1 de enero de 2023

Father and son.

Nadie me enseñó a hablarle a mi hijo, mi padre casi no habló conmigo así que no tengo mucha experiencia y supongo que él tampoco platicó mucho con su padre. Somos neófitos, la diferencia es que yo no me quejo de que mi hijo no me hable, le hablo y le cuento cosas y a veces se ríe, a veces solo me ignora. Yo no le digo que lo quiero sólo cuando estoy borracho, se lo digo sobrio y trato de que sea cada día.
Me imagino a mi padre, incómodo, sin saber como hablar conmigo o qué tema usar para romper el hielo, haciendo preguntas que siempre recibían repuestas monosilábicas. 
 
Nunca me dijeron si era autista, estúpido, diferente o simplemente indiferente. Muchas veces tenían que traerme de regreso a la realidad con gritos, o los menos pacientes, a golpes. Me ensimismaba jugando con mis útiles escolares y aunque no me interesaba, podía escuchar a mis maestras y profesores y más de una vez me miraron con furia cuando, al hacerme una pregunta acerca del tema abordado, yo respondía con indiferencia y de forma correcta. Nunca me interesaron las tareas. Siempre tuve una excelente memoria, al día de hoy recuerdo cada una de las mentiras dichas a cada uno de los seres humanos con los que interactuado y sé qué datos, falsos, di como coartada y años después nadie me ha descubierto gracias a eso, una memoria que me hace pasar por alguien inteligente, pero creo que esa es mi mayor mentira, no soy un genio, soy una mota de polvo que resultó bueno escuchando mientras iba por el aire suspendido, indiferente a la realidad.
 
A veces miro a mi hijo atento a lo que hace, ajeno al mundo y no sé como reaccionar, porque no quiero traerlo de regreso a la realidad como me traían a mi, y aunque no quiero quitarlo de ese mundo de imaginación, a veces necesito que se cambie el short o que se prepare para la escuela, o que vaya al baño para preparar la hora de dormir... A veces le hablo con cariño y le hago preguntas y recibo silencio y siento lo que supongo sentiría mi padre, un frío que viene desde la indiferencia y a veces me frustro, pero recuerdo que yo escuchaba con atención todo, así que en lugar de ofenderle, le digo que lo quiero o que me encanta la forma que disfruta pasar el rato. Nadie nos enseña a ser padres, no hay un manual para saber qué hacer, pero el cariño que uno siente tampoco lo puede expresar en palabras ningún padre, y desde ahí busco los recursos adecuados y recuerdo que nada es tan urgente, que no pasa nada si se levanta tarde o si se duerme media hora después, nada pasa si le compro una mantecada para que la disfrute en calma, en silencio mientras yo escribo este texto y de vez en cuando lo miro y le hago preguntas u observaciones, como el perro que pasó hace rato y le gruñó a otro que venia en sentido opuesto y se me ocurrió decir que de seguro uno le debía un hueso al otro,  escuché una risa de un transeúnte, mi hijo sonrió, espero que por mi comentario. 

Ya hace frío, el aire sopla y juega con nuestro cabello, él está por terminar su mantecada y vamos a volver a caminar, de regreso a casa, si me lo pide lo cargo sobre mis hombros de caballito, recuerdo que a mi me encantaba y supongo que él también lo disfruta y si me lo pide así regresáremos, ya habrá una pastilla para calmar el dolor de espalda, lo que no tengo es tiempo que perder, quiero que mi hijo se sepa amado y que cuando yo esté en mi lecho de muerte él no se quede sentado a mi lado, en silencio, sin saber qué hacer, o qué decir. Espero que él me hable y aún cuando yo ya no pueda responderle, él sepa que lo escucho con atención y que no se sienta incomodo al expresarse frente a mí, que no me rehuya o que sienta desconfianza. Espero que recuerde con cariño estas tardes frías en las que el viento nos acariciaba el rostro y yo le decía con cariño lo mucho que lo quiero, mientras subo el cierre de su chaleco y que sienta la confianza que pretendo brindarle. 

Me llena de esperanza que ante mi pregunta, "¿te cargo?", él inmediatamente levanté los brazos y me diga sí, con ese tono de voz que tanto me gusta escuchar y que espero me hable en esas tardes en que no tenga nada que hacer más que matar el tiempo, esperando a que este haga lo mismo conmigo...

martes, 22 de marzo de 2022

Sting.



Cuando llegué a vivir aquí le temía a las avispas. Cuando entraba una al cuarto quería matarla, hacía lo imposible por terminar con ellas.
Ahora simplemente nos ignoramos con desconfianza.
Ellas entran y salen y yo sigo fingiendo ser quien inventé ser.

Un poco como mi relación con el tiempo.

viernes, 21 de enero de 2022

The Shadow.


Porque en la vida no sólo hay que celebrar cuando florecen las rosas. Hay heridas que nos definen mejor que cualquier momento de gloria.

domingo, 21 de marzo de 2021

Domingo en la mañana.

Cuando era niño me levantaba temprano para ver caricaturas. Hace ya muchos años. Hoy me levanté temprano para comprarte un pan. Ya tengo la computadora lista, esperando a que te despiertes, para que podamos juntos ver caricaturas.

domingo, 4 de febrero de 2018

Amanecer.

Más de una vez nos encontró el amanecer bebiendo en la sala de una casa que nunca consideré mi hogar, un espacio tan ajeno que me obligaron a llamar mío, entre hipos prometí cosas que al cabo de un instante olvidé, estreché manos de extraños a los que les juré lealtad, les llamé amigos a tipos que en la primer oportunidad me hubieran vendido, dije verdades que nadie quería escuchar, callé opiniones que quería gritar, escuché con mermada atención la plática de otros que nada me interesaba, sentí el frío acurrucarse en mis piernas. En ocasiones el sol nos sorprendió afuera de un oxxo, esperando para comprar más cervezas, de ese tamaño eran mis vacíos de entonces.
Más de una vez busqué en el cenicero algo más para fumar, alguna bacha que todavía tuviera tabaco, incluso salí a comprar sustancias ilícitas que nunca me ayudaron a elevar mi consciencia, tan solo me consiguieron un susto de muerte y la triste confirmación de que aquellos que pretendía estimar, eran unos interesados.
En una ocasión caminé media ciudad tan solo por no dormir en un sucio antro, pensé que era buena idea y tropezando me encontré con un señor que trotaba en la calle, su día apenas comenzaba, mientras que el mío se había extendido, yo tarareaba una melodía en mi mente, mientras él me miraba con curiosidad, simpatía o acaso nostalgia. Hoy comprendí esa mirada, siendo las cinco cuarenta de la mañana, mientras llevaba a mis perros al baño, me crucé en el camino con un joven que se tambaleaba y cantaba en voz baja una canción que en ese momento no reconocí, nos miramos en silencio y para mi sorpresa mi perro negro no le ladró, simplemente se ignoraron en silencio y él grito con una voz pastosa "buenos días", entonces le vi los audífonos y solo asentí despacio para que me viera y se supiera correspondido, él siguió caminando y continuó susurrando su canción.

Yo me quedé ahí viéndolo, mientras mis perros comenzaban a impacientarse.

Conforme se alejaba me pareció reconocer la letra de una canción de Charlie Montanna:

"esta amaneciendo y todo es igual, yo sigo esperando el momento final. Siento que me estoy alejando, siento que me estoy hundiendo, mi vida esta acabada y en el fondo estoy huyendo..."

lunes, 29 de enero de 2018

Nevado de Toluca.

Fuimos al nevado de Toluca. Ni siquiera éramos los mejores amigos, tan sólo buenos compañeros de colegio. Creo que incluso me invitó a su fiesta de cumpleaños en una ocasión y yo me puse a jugar fútbol con sus primos, que después supe, no lo querían.
Recuerdo a su papá, alto y de bigote cano, robusto sin ser musculoso, de voz ronca e imponente. Su madre, la de mi compañero, era una mujer sumisa y protectora cuando el padre no estaba, callada y distante ante la presencia de la figura paterna, pareciera que le temiera, o que no quisiera contradecirlo en nada y por eso callaba. La hermana era muy guapa, o al menos a mi me lo pareció.
Fuimos al nevado de Toluca y caminamos por horas, entre hielo asentado que me hicieron creer era nieve. La gente jugaba a arrojarse bolas de hielo, cuando había una colina nos arrojábamos sobre mantas viejas y rodábamos como piedras, yo me divertí pero R. parecía no querer estar ahí. Como si le hubieran obligado.
Cuando nos alcanzó la tarde tuvimos que regresar al carro. Al cabo de unas horas R. comenzó a llorar, cansado y con frío, decía que le dolían los pies y que estaba ya oscuro y que le daba miedo.
Su padre lo sujetó del brazo y le dijo en un susurro que mas bien fue grito contenido, "¡me estás poniendo en ridículo! ¿Por qué no eres como tu amiguito que no llora como niña?" R. sólo pudo gritar: "¡me estás lastimando!".
Pude notar el desprecio cuando el papá de R. lo soltó, negó con la cabeza y siguió caminando. R. lloró y corrió hacia su madre, ella lo abrazó y le pidió que se calmara, en un susurro verdadero, como aquél que le reza a dios en momentos de verdadero terror, o como aquélla que le habla a su bebé y que quiere que nadie la escuche, pues es un dialogo sagrado.

Todos seguimos caminando en silencio. Yo no sabía que sentir, mi pueril mente me decía que eso había sido gracioso, pero algo en mi me dijo que había sido testigo de un abuso que aún no entendía. Años después recordé a R. decir que odiaba a su padre, mientras contenía las lágrimas, fue en un recreo, mucho tiempo después del viaje al nevado de Toluca y ese día R. me miró de forma fugaz, yo sabía que estaba agradecido conmigo por nunca contar en la escuela lo sucedido con su padre, no creo que su reputación lo hubiera soportado, ya muchos lo catalogaban de joto, a mí poco me importaba entonces, pues él era buena persona y en el recreo siempre comía rancheritos con limón y salsa y me invitaba, quizás me consideró su amigo, pues nunca le dije joto. Quizás no tuvo verdaderos amigos en la escuela, no lo sé. Hoy lo recordé al sentir el frío pasearse entre mis pies, cual niño que juega entre los adultos. Y mientras abría un chocolate recordé que la madre nos dio chocolates Carlos V, para no sentir tanto el frío, decía. Y puedo jurar que ese chocolate me dejó un sabor a nostalgia, un sabor a recuerdos de infancia que hacía mucho no me visitaban.

jueves, 25 de enero de 2018

Tales of a thousand memories.

El sol golpeaba con furia, se entretenía quemándonos.
Mi papá se bajó del automóvil convencido de que la radio era suficiente para entretenerme y entró en la plaza comercial, al parecer tenía una cita, no lo recuerdo. Me dio cincuenta pesos, que deberían servir para comprarme algo de comer. Yo esperé un rato más, hasta que el tedio me salía por los poros disfrazado de sudor.
Entré a la plaza buscando algo que hacer, sin hambre de comida, tan sólo deseando que el tiempo me devorara a mí, esperando a ver que podía sacar él de mí. Entré a una comercial mexicana casi por accidente y me entretuve en la sección de música, donde exhibían unos discos y varios cassettes, mis manos mayugaban la mercancía, tentantando como ciego que quiere oír con las manos, reconocer una cara con las yemas, buscando encontrar un punto seguro, una cara familiar.
Mis manos inexpertas encontraron un oasis en el cassette doble de el Tri, un cuarto de siglo. Grabado en vivo y del cual yo desconocía su existencia, me dio esperanza, quizás el futuro no fuera tan malo, quizás esperar a que el tigre del tiempo afilara sus garras en mí podría no ser tan tediosa con éste nuevo descubrimiento.
Lo compré junto con un refresco y regresé al carro, a sudar con gusto mientras escuchaba el soundtrack que habría de acompañarme en mi nueva vida, en León guanajuato. Lugar desconocido para mí.

Hoy los engranes de la memoria se activaron cual perros de Pavlov al escuchar una canción y me acordé de esa tarde calurosa que está condenada a ser olvidada, pues mi padre ha muerto y no puede confirmar nada de lo que aquí comparto, los empleados y personas que pudieron compartir ese instante, seguramente no me recuerdan y poco les podría interesar recordar ese momento que poco aportó a su vida. Soy la suma de esos eventos que significan algo para mí pero que quizás poco o nada aportan al colectivo.

Algún día le contaré esta historia a dios y nos reiremos, mientras el café me susurra tu nombre y me obliga a contarte, a compartírte y a narrar la mejor historia que pude presenciar, la tuya.

jueves, 11 de enero de 2018

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algunos llevan rato despiertos, preparando la comida que otros comerán con indiferencia y prisa algunos tratan de no dormirse, hacen guardia por si acaso alguien los necesitara algunos ya están preparándose para ir a trabajar algunos siguen durmiendo, ignoran lo que sucede en el mundo algunos acarician el lomo de un perro con una mano, esperando unos centavos con la otra algunos sufren de migraña algunos apenas están terminando su rutina diaria, preparándose para descansar algunos buscan comida en la basura algunos se desabrochan el cinturón por tanto comer algunos aparecerán en tus sueños, pero ya no en tus días algunos pretenden olvidar algunos son olvido algunos viven mal algunos quisieran poder vivir un poco más algunos ríen algunos lloran algunos suspiran algunos quieren gritar algunos dejar de existir cuando termines de leer

jueves, 28 de diciembre de 2017

quisiera

Quisiera que escucharas la misma música que a mi me emocionó, pero sé que escucharás bandas que yo ni siquiera concibo, me compartirás cosas que hoy ni imagino y no sé cómo voy a reaccionar, por eso te pido paciencia, mi vida tiene ciertas referencias y ciertos eventos que han hecho lo que soy y espero tengas la paciencia para escuchar a éste viejo que te contará su vida, siempre y cuando tú, así lo quieras.

sábado, 16 de diciembre de 2017

December 16, 2017 at 09:57PM

en mi sueño había una feria abandonada, todo el metal había sido carcomido por el óxido. el viento soplaba despacito. el carrusel andaba con flojera y en blanco y negro daba su vuelta cien mil. la música venía de ningún lugar, pero inundaba el ambiente. la hierba acariciaba mis pies. un olor a palomitas me golpeó la nariz, pero mi antojo fue un algodón de azúcar, rosa. de color vívido y esponjoso, frente a mi se encontraba una nube de dulce. con emoción infantil tomé un trozo, cerré los ojos y abrí la boca, listo para degustar un recuerdo de infancia. entonces me detuve y pensé en ti. te busqué por todo el parque, para que ese primer bocado fuera para ti. cuando desperté, tenía la boca entreabierta y mis dedos índice y pulgar formaban una pinza.

viernes, 15 de diciembre de 2017

no lo soñé.

lo curioso es que ella ni siquiera ha de acordarse, sin embargo para mi es algo que hubiera sucedido ayer.
llegué de la escuela con emoción pues podría ver a mi único amigo, así lo consideraba mi psique infantil, a mi hamster, a spike.

y entonces ella burlona me dijo que lo había tirado a un escusado, yo sufrí como nunca, conocí la muerte, la decepción, la traición y la mentira, todo en una sola tarde. ella dirá que no, pero para mí, el universo se partió en dos, en lo que era y en la mierda que podía ser.

y durante años, sentí que le fallé, a mi hamster, pues nunca me pidió nada, nunca me juzgó por lo que era, nunca me reclamó nada, y si yo hubiera estado ahí, quizás lo hubiera podido salvar, quizás hubiera soportado unos golpes en la cara, tan solo por verlo vivir, o por dejarlo correr en un terreno baldío, no lo sé, pero eso me duele hasta el día de hoy y me duele no haber podido haber hecho algo por salvar a mi único amigo, salvarlo de la mierda que era esa joven celosa de un niño que nada quería de ella, que simplemente nació en el momento en que ella se sentía princesa y especial y entonces es cuando digo , que se vaya a la mierda todo y que se vaya a la mierda ella y sus intentos por hacerme sentir mal y sus golpes a mi rostro mientras mi "madre"  no veía, y que se vaya a la mierda la basura psicológica que generaciones han querido cargar, yo no quiero y no tengo nada que ver con ellos.
Su basura no es mía, sus dolores no son míos, sus malestares no han de ser los de mi familia y con pesar les digo basta.

Es triste reconocer que los ídolos de la infancia fueron causa de tantos males.
Merezco más que esa basura mental.

viernes, 8 de diciembre de 2017

My name.

Mi padre estaba enamorado de su esqueleto, siempre fue muy flaco.
Amaba la música de trío y la cerveza tecate. Las tardes de fin de semana se llenaban de nostalgia que algunas risas querían disfrazar de convivio. Los recuerdos flotaban en el aire de la sala, junto al humo de cigarro, Raleigh, siempre Raleigh.

Qué deseos incumplidos se le habrán atorado en la garganta, cuántos muertos no se le habrán condensado en lágrimas, cuantos adioses no habrán bailado esas manos, cuántas cosas me habrás querido decir, cuántas cosas no habrás querido escuchar.

Hoy escuché un trio que me recordó al Quijote, me recordó a mi padre.

Me pregunto, ¿Qué canción te hará recordar mi nombre?

sábado, 28 de octubre de 2017

Nueva vida.

Pues nada, la vida sigue y a pesar de que no todo funciona como uno quisiera, la vida sigue:
Hoy, 27 de Octubre descubrí, a través de un ultrasonido, que hay una vida esperando que yo dé lo mejor de mí, descubrí que ahora lo que haga, me afecta no solo a mí, sino a un tercero, descubrí que lo que deje de hacer afectará a mi hijo o hija, afectará la forma en que me vea y afectará la forma en que yo le dé la cara.
Aprendí, después de escuchar su corazón, que ya no soy solo yo, sino que somos dos y que lo que haga afectará a lo que él o ella sea.
Te quiero compartir esto, te quiero compartir esta alegría, que todavía no tiene nombre, pero que es parte de mí y que de hoy en adelante será sinónimo de lo que soy y que no podrá decirse mi nombre sin insinuarse a esa nueva vida y no podrá mencionarse a esa nueva vida sin que se refiera a mí, no podrán separarnos aún cuando yo sea ceniza y mi carne sea futuro y a la vez nada.
Y sin caer en sentimentalismos, te quiero compartir que hoy mi vida ha tomado otro rumbo, una vida nueva me configura, y quiero compartir contigo que mi nombre tiene dos significados, el simple que es mi vida, y el hermoso que tiene a un ser hermoso esperando a ser uno conmigo, por mí y para mí.
Un suspiro para todo el potencial que encierra a ese ser que me permitirá alcanzar la mejor versión de mi mismo.

A 27 de Octubre del 2017.
Gracias por ser parte de mi vida y compartir esta bendición conmigo.
José de Jesús Ruiz Esparza Meillon (lo que sea que eso signifique)

La oportunidad de re-descubrir el mundo



no puedo esperar a que llegues

para pasar horas platicando
para hacerte cosquillas
para verte sonreír
para escucharte roncar
para acariciar tus pies
para sobarte la panza
para besarte la frente
para sujetarte la mano
para que sujetes mi dedo
para explicarte lo poco que sé
para escuchar lo mucho que tienes que enseñarme
para verte sonreír
para sufrir por verte llorar por primera vez
para sentirme vivo por verte sonreír por primera vez
por estar ansioso de estar junto a ti cada día
por dormir juntos
por llegar cansado, pero encontrar paz al regresar contigo
por susurrarte al oído lo que a nadie le he contado
por sonreír al pensar en todo lo que vas a hacer
por verte jalarle la cola al perro
por escucharte decir tu primera grosería
por descubrir todo lo que tenemos en común
por aprender de todo aquello que no tenemos en común
por mostrarte la música que escuchaba cuando era joven como tú
por que me enseñes tu música
por que me corrijas
por que te des cuenta de que soy mortal
por que te des cuenta de que soy imperfecto
para beber nuestra primera cerveza juntos
para ver tu cara al ver un trompo de pastor
para subirnos por primera vez a una montaña rusa
para contarte lo que a nadie le contaré jamás
para verte dormir
para escucharte respirar
para sentirme orgulloso de ti una y otra y otra vez
para que vayamos a la cocina a preparar algo de cenar a media noche
para hacer figuras con sombras
para pasar horas platicando en la noche
para que contigo por fin pueda hacer lo que tanto soñé
para que me reveles los secretos del universo
para que te subas a mis hombros y me cuentes cómo se ve el mundo desde allá arriba
para contarte todos mis secretos
para escuchar los tuyos, esos que me quieras contar
para escuchar tus preguntas que no sabré responder
para platicarte acerca de mis amigos
para conocer los tuyos
para mostrarte mis películas favoritas
para ver las tuyas
para conocer al amor de tu vida
para, con todo el dolor de mi ser, escucharte contarme tus mal de amores
para, a petición tuya, contarte mis noches de excesos
para cantar juntos nuestra canción favorita
para que veamos jesus hrist superstar
para que veamos el padrino 
para que cantemos juntos
para leer mafalda
para que me expliques el mundo
para acompañarte a hacer la tarea
para que hagamos las maquetas que te piden de tarea
para ver tu cara al explicarte lo que es (era) un frutsi
para contarte lo que yo hacía de niño
para que encontremos todo lo que tenemos en común
para contarte mi historia
para hacer memoria y explicarte lo que sentía hoy, que para mí es presente y para ti será pasado impensable
para tratar de explicar lo que sentí al escuchar tu corazón
para contarte lo que sentimos al ver tu mano, que como buen chilango parecía pintar mocos en el ultrasonido
para explicarte lo que significa "mocos"
para verte ser
para explicarte porqué Lars ya no vale madre
para explicare quién es Lars
para escucharte escuchar los clásicos
para verte vivir tu vida
para ser testigo de tu ascenso
para explicarte porqué suspiro
para contarte acerca de mi madre
para contarte acerca de mi padre
para contarte acerca de mis padres biológicos que no conocí
para presentarte a tus primos
para vivir una vida para ti
para vivir una vida por ti
para sonreír una vida por ti
para tocarte los dos o tres acordes de guitarra que sé
para explicarte que significa enjoy your worries
para pretender enseñarte qué es la humildad
para conocer el universo y sus misterios contigo
para entregar nuestra vida al conocimiento
para comer palomitas al hacer nada
para perseguir la iluminación mientras no perdemos el tiempo
para contarte ese libro que hoy no he terminado
para que leas mis letras y me digas lo que piensas
para que me digas mis errores
para que me encuentres humano
                                                         imperfecto

para que me digas lo mucho que te asfixio
para que me digas que necesitas espacio
para que me hagas saber que necesitas estar a solas
para que me pidas retirarme de tu cuarto
para que me pidas el carro prestado
para que me digas que no llegarás a dormir
para que le cuentes a tu tía lo que a mí no me quieres mencionar
para que un día me digas "nada", al preguntar por tus ojos hinchados




para que me digas lo arcaica que era mi generación
para que cocinemos una pizza juntos
para que juguemos fútbol
para mostrarte la música que amo
para ver tu cara mientras lees estas líneas
para beber whisky juntos por primera vez
para compartir una fogata y una plática en medio de la nada
para que dibujemos juntos, garabatos o al óleo, tú escoge
para explicarte lo que hacía mientras escribía estas líneas, sí es que me acuerdo
para entregar mi vida y tiempo a cambio de que tu estés tranquilo
para contarte mi historia cuando niño
para contarte aquella vez que un perro me mordió
para correr contigo en la mañana
para desayunar hot cakes
para hacer dibujos con esa masa de hot cakes
para mostrarte mi blog
para leerte mis cuentos
para escuchar lo que tengas que decir
para que leamos Condorito juntos
para contarte la historia de mis amigos
para contarte lo que quieras que te cuente
para escuchar música juntos
para que te comparta mis recuerdos
para que te comparta mis mentiras
para que te comparta mis verdades, esas que nadie sabe
para que te cuente mis memorias
para ver tus ojos y verme a mí
para ver tus ojos y descubrir la verdad
para ver tus ojos y saber que todo valió la pena


para contarte mi vida, sin reservas, sin mentiras, a voluntad, lo que quieras
responderé, pues tú me has permitido ser parte de la tuya






para mostrarte este texto


y espero jamás tener que secar una lágrima tuya, ofrezco mi vida y mi sufrimiento para que tú nunca tengas que llorar y nunca tengas que sentir un desamor y que nunca te lastimes y que nunca sientas el dolor de perder a alguien y que yo pueda purgar todas tus condenas con tal de que tú nunca sufras


pero no pretendo privarte de la gloria de vivir tu vida.
así que te ofrezco mi vida,
en cuanto tú la necesites.

domingo, 7 de mayo de 2017

Besando la imagen de un santo

No tenía otra forma de llegar al funeral y él no hubiera tenido forma de despedirse de mi padre más que llegando al velorio conmigo, sólo así no lo correrían de ahí a patadas. Todos tenemos alguna amistad que no nos llena de orgullo, alguien que estuvo con nosotros desde el principio y que sabe nuestros secretos por que los vivió con nosotros, esos que contaríamos sólo a desconocidos o a nuestros seres más queridos, en una noche a oscuras, susurrando casi, después de hacer el amor, o al recordarlos frente a una veladora.

Ellos fueron amigos en la secundaria y parte de la prepa, hasta que a él, su amigo, lo metieron a la cárcel, mi padre lo frecuentó cuanto pudo mientras vivía en esa ciudad, pero después se fue y sólo se leían ocasionalmente. Su amigo alguna vez le confesó que sólo soportaba la poesía de mi padre porque lo estimaba, cualquier otra expresión de emoción le aburría.

Lo contacté el viernes, horas después de haber recibido la noticia, sin saber que esperar toqué la puerta de la casona donde mi padre envío cartas por años y después de tres gritos, salió él, apestando a alcohol y cigarro. Pensó que le iba a cobrar algo y casi me recibe con un golpe, sólo me lo quité de encima cuando dije el nombre de mi padre y agregué “soy su hijo”.

-¿Cómo está?
-…muerto.

Se sentó en la banqueta y se cubrió los ojos, no para evitar llorar, sino para evitar que lo viera un extraño, o acaso para que su barrio no lo reconociera, no lo sé, pero me pareció ver una lágrima que recorrió todo el camino desde el ojo hasta la muñeca, besando la imagen de un santo.

Después de un rato se levantó y sin siquiera secarse las lágrimas me preguntó donde lo iban a velar, le dije el nombre de esa ciudad que hacía mucho yo no visitaba, el hizo una mueca y me preguntó si podía ir conmigo a despedirse.

-Pues sí, sólo que no tengo como llegar, me quedé sin trabajo…
-Eso es lo de menos -interrumpió- déjame conseguir algo, dame tu dirección y tu teléfono y yo te aviso cuando nos podemos ir, si se puede hoy mismo.

Me sorprendió que tuviera tanta prisa, me sorprendió que no pusiera peros, me sorprendió que me negara, me sorprendió que buscara una manera, pero también le envidié su compromiso.

El sol hacía rato que se había ido, el viento se paseaba despacio por la ciudad donde los gatos reclamaban su territorio a maullidos, tratando de espantar los sueños de aquellos que gritaban al silencio que se callaran. Pensé que no sabría más de él, de el viejo, hasta que escuché que golpeaban a la puerta, con el cigarro aún en la boca salí casi corriendo, temiendo lo peor. Lo vi sonriendo frente a un Dart que se confundía con la noche.

-Ya conseguí pasaje y algo para la gasolina, ¿nos vamos?

No quise hacer preguntas, sólo pedí tiempo. Mientras entraba a ponerme unos tenis, escuché su grito que perseguía a mi oído diciendo, “¿lo van a enterrar y a lo mejor ni lo vemos, a dónde chingados vas?” su grito perforó mi cerebro y me convenció de sólo tomar una chamarra y mi cartera.

La mochila se quedó mal cerrada en la cama, y entre calcetines y calzones se quedó el libro favorito de mi padre con la página de aquella parte que tanto disfrutaba yo leyendo por las noches, las páginas separadas por un rosario que yo pretendía dejar en sus manos mientras le decía adiós.

El cielo lleva rato que se iluminó de ese azul mar y el sol se pasea majestuoso por la bóveda celeste, opacando a las demás estrellas. Ni siquiera las nubes se atreven a entorpecer su paso. Por ahora.

El auto es un viejo Dart K convertible, negro como los recuerdos de infancia reprimidos, con carrocería abollada y la lona ha sido roída por las garras del tigre del tiempo, el óxido se devora las articulaciones de metal y los espejos ya no son capaces de reflejar nada. Los asientos se resignan ante el peso de mi cuerpo y suspiran un dolor que huele a polvo. El tablero tiene las tripas de fuera, cables de luz son tentáculos de un pulpo ciego que busca conectar con algo, algunos fierros amenazan cortar los pies, pero al cabo de un rato te acostumbras y logras evitarlos. La guantera es una mandíbula sorprendida que no termina de exclamar admiración hacía mi, es como el niño curioso que no deja de mirarte, pero que al cabo del tiempo te desespera y cansa y es entonces que busco cerrar esa mandíbula con fuerza, lo hago en tres ocasiones, siempre con mas furia que la anterior, hasta que él se ríe y con las manos posados en el volante me mira de reojo para reír y decir con voz aguardentosa, “sí logras cerrarla te invito a comer...”

La risa, de él, se quedó atrás pues el auto sigue su camino a 120 kilometros por hora a lo largo del lomo de esa serpiente que es la carretera, mi indiferencia me acompaña mientras su risa, el sonido, se ha quedado atrás en medio de la carretera interestatal, justo frente a un paradero de camiones donde un tipo gordo está a punto de abordar su camión, resignado, cuando al intentar subir todo ese peso que es él escucha una risa burlona que desea lastimar, entonces voltea dispuesto a enfrentar al agresor, pero no hay nadie. Jamás sabrá quién es el dueño de esa risa y quizás el dueño de esa risa tampoco sepa quién es él. Jamás.

Estoy seguro de que el carro es robado y casi podría decir de que no lo extrañan, pues con excepción del motor, nada le sirve y de eso me di cuenta cuando encendí la radio y lo único que obtuve fue estática, constancia de aquél orgasmo que nos dio vida revuelto con alguno que otro campo electromagnético y ruido diverso. Él viejo señaló con su dedo amarillo el lado derecho del capó y justo donde algún día hubo una antena, se veía un alambre viejo y oxidado que usurpaba el lugar. Me vi obligado a entretenerme con mi pensamiento y entonces pensé si acaso algún ser, en algún lugar del universo al escuchar un sonido similar, no se preguntaría si acaso detrás de ese ruido ininteligible habría quizás el residuo de algo que no se alcanzaba a detectar, o por el contrario ellos tendrían la tecnología para decodificar y sintonizar lo que les llegaba y entonces lo escucharían a él hablándole al silencio de niño lamentándose de su realidad, pero, a pesar de toda su tecnología, no podrían comprender mi lenguaje primitivo y jamás sabrían que esa sensación de empatía que sentían estaba justificada, era real y alguien, en un punto distante del universo se sentía solo.


Su puño se aferraba al volante con furia, unos lentes negros le cubrían la mirada que no dejaba de observar el camino, el cigarro sufría la presión de sus dientes y su aliento de dragón enfurecido convertía el vehículo en locomotora que dejaba como efímera estela el humo de un camel sin filtro. El auto despertaba una nube de polvo que se resignó a flotar sobre el asfalto y no sobre los cerros y montañas, resignada a convertirse en tierra y no en lluvia.

Me atreví a romper el silencio.

-¿Cuándo fue la última vez que vio a mi padre?
Él me miró de reojo y mientras exhalaba una nube, cual dragón, me dijo -¿siempre le dices padre?, se oye muy mamón, yo a mi jefe le decía jefe y eso a veces.
-No, no siempre le digo padre. -Respondí en presente y en un segundo me di cuenta de que ya debería referirme a él en pasado.
-Pues la verdad hace mucho que no lo veo, de repente me escribía, eso sí su vieja lo dejaba, ¿la vieja esa no es tu jefa verdad? El chiste es que de repente me respondía las cartas, lo que sí es que yo le mandaba cartas a cada rato, él era como mi guía espiritual, sabía un chingo el viejo, de todo.
-A poco sí, ¿y qué le decía? Y no, no es mi jefa.
-… Pues de todo, me echaba la mano con mis planes y me decía donde la estaba cagando, él siempre fue muy limpio pero le llamaba la intención lo que yo hacía. Nunca se ensució las manos, pero él me enseñó todo lo que sé. A cambio yo le ayudé un par de veces. Hasta a veces creo que él hacía las cosas, eran sus ideas y yo sólo las llevaba a cabo.

Entonces volteó y con una sonrisa que pretendía ser amable, me sonrío y dijo, “soy el mejor amigo que el dinero puede comprar, no pido explicaciones y mi lealtad es a prueba de balas”. Yo imaginé que sus dientes eran una trampa de oso que se había conformado con la presa de un camel sin filtro.

Me sorprendió escuchar eso de mi padre, jamás imaginé que hiciera algo así, aunque más de una vez lo escuché contar emocionado la “idea de un cuento”, donde relataba cómo robar una tienda de abarrotes sin ser descubierto, en otra ocasión leí en unos papeles sobre su escritorio la forma en que se podía robar una tienda de empeño junto a otros tres cómplices. Él siempre me dijo que eran ideas para un compendio de cuentos, pero ahora todo adquiría una perspectiva diferente. Incluso su “guión” para la película de un asalto a un banco ahora tenía otra lectura, completamente diferente. Estoy seguro que un personaje recurrente, el protagonista era descrito como “el viejo”, así sin nombre, un ser maltratado con la vida y siempre buscando venganza, siempre jugando a la víctima, con una mente siempre activa, pensando en el próximo golpe para así evitar que el remordimiento o la compasión anidaran en su mente.


El aire caliente golpea mi rostro con furia , mis ojos hace rato que dejaron de buscar refugio en unas lágrimas efímeras, simple reflejo animal. Ahora el polvo me golpea con la misma fuerza que lo hacen mis recuerdos al montar esa serpiente negra que se extiende a lo largo del desierto, permitiéndonos viajar sobre su lomo negro como la noche y que al igual que ésta, no sabemos dónde o cuándo termina, simplemente despertamos y es de día y el sueño es un recuerdo de algo que jamás existió o quizás es tan sólo vestigio de nuestra visita a otra realidad, a otro universo.

El aire huele seco, el sol se entretiene quemándome la piel y los mosquitos nos persiguen sin conseguir beber nuestra sangre, mis pensamientos se sienten libres y vienen a visitarme por momentos, mientras mi mirada acaricia el horizonte mi corazón bombea recuerdos a mi cerebro, momentos de infancia en que mi padre me leía su único libro publicado en un susurro, como si temiera que alguien lo escuchara y fuera a juzgar sus letras. Sé que tenía ideas maravillosas para al menos cuatro novelas, pero siempre se conformó con un trabajo de oficina y un cheque cada quincena que le diera a su familia de comer. Una bocanada al cigarro hace que el calor sepa a arena, quema como alguna vez quemó mis pies que corrían hacia el mar. Mi madre reía y al mismo tiempo me gritaba que me pusiera mis chanclas, mientras mi padre le decía que me dejara, al cabo era un niño y sé que la tomaba del brazo con amor infinito cuando decía esto y me veía con orgullo correr hacia el mar.


Las nubes han decidido enfrentar al sol, sabiéndose débiles han tomado la mejor decisión que puede tomar aquél que no es obstáculo para el depredador, convertirse en colectivo y que la cobardía de muchos haga frente a la valentía de uno.
La tormenta se escondía detrás de ese cerro, sin saber que quienes se acercaban eran ellos, otro par de cobardes, pero el plan de batalla ya estaba definido, no iban a retroceder.


-¿Y no te llevas bien con la vieja esa, o qué pedo?
-Sí me llevo bien, pero yo me vine a estudiar y trabajar acá, pero ya hace un par de meses me quedé sin dinero y me daba pena pedirle a mi papá.
-Jefe se escucha mas chingón, pero papá está mejor que padre, se oye muy mamón. ¿Oye traes cigarros? Se me acabaron los míos.
-No.
-A ver si vemos una gas con tienda, así matamos dos pájaros de un tiro.

El polvo se levantó despacio para ver mejor el vehículo que avanzaba a baja velocidad hasta las bombas de combustible, el sol hace rato que no quemaba, se le notaba cansado. El viejo abrió con dificultad el deposito de gasolina y dejó que la bomba le hiciera el amor al Dart, me pidió que lo esperara en el carro, yo le pedí que me dejara estirar las piernas. No dejó de verme impaciente con los brazos cruzados mientras yo caminaba a un lado del carro y estiraba los brazos, y a pesar de que deseaba caminar un poco más, cedí y me volví a subir al viejo asiento que me recibió con un suspiro. El viejo aprovechó el tiempo que había esperado y retiro la manguera del tanque que goteaba y sólo entonces él se dirigió hacia la oficina que también era tienda. Yo paseé mi mirada por el tablero que era uno con el polvo y noté que el asiento donde el viejo viajaba tenía dos cicatrices causadas por la quemadura de sus cigarros. Acaricié la radio que seguía intentando captar algo, subí el volumen y se escuchó un poco mejor la estática.

El viejo salió corriendo de la oficina para aventarse al vehículo y acomodarse de forma torpe en el asiento, encendió el carro y mientras reía aceleró, a pesar de la nube de polvo alcancé a ver un joven que nos gritaba improperios. Estoy seguro que mientras corría hacía el carro, el viejo se mordía los labios, queriendo evitar que una risa risueña escapara y lo fuera a delatar como si se tratara de un niño haciendo una travesura. El viejo no dejaba de reír incluso cuando lo miré y justo antes de que yo dijera algo, el apresuró:

-Que no mamé, no voy a pagar cincuenta varos por unos cigarros.

Sacó de una bolsa de plástico unos cigarros y me aventó la bolsa, dentro habían tres botellas de agua, dos bolsas de papas, otra cajetilla, unas gomitas, unas galletas y cuatro cocas de 600mls que sudaban.

-Las gomitas son mías eh, cabrón- El cabrón se ilumino a causa del encendedor que iluminaba su rostro a pesar de que el sol todavía estaba por ahí, y vi que el dragón volvía a conducir el Dart, llevándonos hacia lo desconocido sobre unas llantas de caucho, a falta de alas.

Cada cigarro que moría servía para encender el siguiente, y entonces el viejo sonreía, acaso de forma burlona o acaso al recordar un chiste, o simplemente pretendía disfrazar su dolor, maquillar la miseria y engañarse con el conjuro más viejo que conoce la humanidad… “Estoy bien”. Los cigarros que caían a la carretera imitaban a luciérnagas, que a esa hora se veían mejor pues el sol ya estaba muy cansado y las nubes habían secuestrado el cielo y se acercaban en clara formación escopeta.


La primera gota se arrojó con furia kamikaze y dio de lleno en la frente del vehículo.

No pude evitar señalar lo que ambos sabíamos.

-Ya va a empezar a llover – y los dos miramos la certera marca de agua que antes había sido gota, justo en el centro del parabrisas y sin decirlo en voz alta, nos sorprendimos de su tamaño, temiendo lo peor.

Él encendió un cigarro y me extendió la cajetilla que servía de refugio al encendedor. Yo tomé un camel a pesar de que no tenía verdaderas ganas de fumar, pero consciente de que nada quedaría seco después de la tormenta.

Escuché el golpe causado por una segunda gota, ésta en el lado derecho del cofre, estoy casi seguro de que incluso se abolló, cuando extendí mi cuerpo hacia el frente para ver mejor sentí que algo golpeaba mi cigarro, a punto de arrancarlo de mis labios secos, otra gota me dio de lleno en el pómulo derecho y justo cuando maldecía nuestra suerte la lluvia se preparaba para embestir. Por un segundo imaginé que las gotas eran las lágrimas de dios, que lloraba con furia algún mal de amores, tratando de encontrar sentido a ese pensamiento una gota me golpeó justo en el ojo derecho, y ocurrió que lo que había sido hasta entonces fuego a discreción, se convirtió en un ataque a quemarropa.

Yo intenté protegerme al principio, pero entonces lo vi a él que se quitaba los lentes y comenzaba a reír, volteaba a verme, levantaba los brazos junto con un grito y pisaba el acelerador para que así pudiéramos entrar de lleno a la tormenta. Todo al mismo tiempo.

Si no hubiéramos estado en medio de la nada, alguien hubiera escuchado su grito a todo pulmón…

-!!!Ya va a llover Gabriel!!!

Los golpes de cada una de las gotas en la piel metálica del auto resonaban y el golpe de cada una de ellas en mi piel me recordó que estaba vivo. Quería cubrirme con algo, pero no era posible, volteé a ver al viejo, que reía y entrecerraba los ojos para ver el camino, o al menos adivinarlo y pude ver como sonreía, mientras yo pretendía refugiarme debajo de mis brazos que se cruzaban a la altura de mi frente. El viejo cambió la sonrisa por carcajada al verme y me gritó con fuerza:

-No seas mamón, con eso no paras nada, nomás pareces pendejo, mejor pásame una coca antes de que se calienten… !Ah, y las gomitas!

Hice lo que me pidió y se las di, las gomitas y la coca. Él redujo la velocidad y mantuvo el control del volante con las rodillas mientras bebía la coca como si quisiera saciar la sed de 40 días. Las gomitas las comió despacio, mientras el empaque de celofán se convirtió en cucurucho y las gomitas flotaban en gotas que bien pudieron haber sido mar.

Yo le imité y abrí una coca. No pude abrir las papas, a pesar de que tenía antojo. Mi mente racional me convenció de no disfrutar el momento.

Creí que los recuerdos y la nostalgia habían podido huir a tiempo y mantenerse secos, pues mi mente por un momento se dedicó al ahora y se hizo consciente de todo lo que ocurrió en ese momento, la furia de la tormenta, el frío que trepaba por mi columna, el aire que nos golpeaba insistentemente, como queriendo evitar que llegáramos a nuestro destino, la coca le daba buen sabor a mi derrota, ahí iba yo a despedirme de mi padre, queriendo no dar explicaciones, queriendo evitar a toda costa las preguntas incomodas; sí acaso ya había publicado un par de libros, tal y como había prometido a mi padre. Siempre lo juzgué y le dije que si no había publicado había sido por cobarde, pues el talento lo tenía, él siempre me decía lo mismo, que no era tan fácil y yo le reprochaba porque lo quería y el callaba y escuchaba mi reproché por la misma razón. Y ahora yo iba a casa, sin libro publicado y trabajando en algo que odiaba, al punto de renunciar. Sin una historia propia iba a casa buscando darle punto final a una historia que siempre leí sin entender el contexto pues sólo el escritor sabe lo que quiere decir o no, sólo él comprende los símbolos o sabe sí hay símbolos, cada mente lee lo que quiere leer. Cada ojo decodifica el mensaje de forma distinta.

La lluvia dejó de golpearnos con furia. Yo miraba atento hacía mi derecha, viendo el paisaje que poco a poco se iba quedando atrás, nunca hubiera adivinado que el viejo había llorado como nunca lo había hecho, se escondió en la tormenta y ahí pudo llorar el mar de lágrimas que había atrapado con la presa del falso valor, el buscapleitos había aceptado su derrota, el chico rudo lloraba buscando a su mamá al descubrirse perdido. Una lágrima, gota que creí último vestigio de la tormenta, fue arrancada de su mejilla por el viento. La lágrima voló un par de metros y se impactó en el asfalto, pasaron algunas horas hasta que el sol se encargó de elevarla al cielo, donde se convirtió en nube y cruzó el país completo.

Esa lágrima decidió arrojarse al mar doce días después de haber sido derramada por el viejo. Quizás alguna vez se vuelvan a a encontrar.

Dejó de llover y el sol hacia rato que se había ido, las nubes se abrieron un poco y yo pude ver unas cuantas estrellas en el cielo aún iluminado. Con la nariz apuntando hacia el cielo pude captar mejor el olor a quemado que venía de algún lado.

-Huele a quemado.
-No mames, debe ser el motor…

El viejo apagó el motor y guió el velero al puerto del acotamiento donde las llantas se enlodaron despacio, la inercia nos detuvo en el punto más alto de un monte desde donde podíamos ver las luces de una ciudad, luces que brillaban como una pequeña galaxia que alguien hubiera enterrado en el suelo.

La noche nos sorprendió a un lado del camino, justo cuando esperábamos a que el motor se enfriara un poco. Sentados en la cajuela comimos papas en silencio hasta que él se atrevió a rasgar el silencio con su voz aguardentosa.

-Me venía acordando de una vez que tu jefe me echó la mano cuando más jodido estaba. Me metieron al bote por una pendejada, pero él fue el único que me echó la mano, le pagó a un poli para que me cuidara.

Entonces el viejo, que hasta entonces había tenido la mirada perdida en la misma estrella que yo había visto hacía rato,me volteó a ver.

-Algunas amistades duran una vida, otras duran lo que dure el dinero. Pero a tu jefe yo lo respetaba, era un grande, siempre echaba la mano a los que necesitaran ayuda, nunca supe que le dijera que no a alguien en desgracia, por eso la pandilla lo respetaba. Yo creo que él me enseñó muchas cosas, es una lástima que no pueda escucharme decir lo mucho que lo respeto, y lo agradecido que estoy con él. Él me decía que me cuidara mucho porque los criminales siempre vuelven a la escena del crimen y yo le decía que no era cierto, pero sí, el otro día fui a la casa donde crecí, ahí donde maté al niño que fui, donde le dije que abandonara sus sueños y lo puse a trabajar. Yo volví a la escena del crimen, pero el único que puede atestiguar en mi contra soy yo, y me veo todos los días en el espejo y me rehuyo la mirada porque sé que me he mentido más de una vez y porque sé que podría ser mejor de lo que soy, pero no le debo yo nada al miedo...
Algunas personas te mienten por compasión, te dicen que todo esta bien mientras sabes que ya te llevó la chingada, algunos están ahí en silencio para escucharte, aún cuando lo que dices no tiene sentido, algunos quieren que estés triste y jodido como ellos, a algunos les da gusto que estés jodido, así ellos se sienten mejor con ellos mismos, algunos sólo están ahí mientras dura el dinero, otros sin estar, son todo lo que necesitas… No sé como le hice para llegar tan lejos sin que me agarraran, él siempre me decía en cartas que no hiciera más tonterías, pero yo lo convencía y él me ayudaba, ahora que lo pienso lo hacía para de alguna manera evitar que me agarraran, porque si yo lo hubiera hecho sólo, me hubieran torcido luego luego… Así de pendejo soy.

-Justo de eso me venía acordando a mitad de la tormenta, y me prometí que no volveré a robar. Fíjate, me prometo no robar mientras conduzco un auto robado y me repito lo mismo mientras descanso sobre ese auto…


Un grillo a lo lejos se atrevió a romper el silencio al cabo de unos minutos y fue entonces que el viejo se deslizó desde la cajuela hasta el suelo con un brinco infantil y regresó al suelo que en otro momento hubiera arrojado una nube de polvo pero que ahora lo recibía con un charco. Con una sonrisa me dijo que seguramente ya podíamos continuar.

El motor parecía dispuesto a no abandonarnos y despertó al primer intento. La idea de estar a punto de llegar nos dio un nuevo impulso. Recorrimos la carretera en silencio unas horas más, algunas nubes nos escoltaron durante el camino, otras decidieron que no tenían nada que hacer ahí y se fueron. Ninguno de los dos vio la estrella fugaz que cruzó el cielo en silencio.

Nos dimos cuenta de que estábamos a punto de entrar a la ciudad cuando el radio que había permanecido encendido pero en silencio, captó una canción que era simple, con letras nada complicadas y por tanto hermosa. Nos recordó lo frágil que es la vida y la forma en que el tiempo puede aplastar nuestros sueños o forjarlos, y en silencio cada uno repasó sus decisiones de vida y nos dimos cuenta de que no eramos lo que queríamos ser. Una epifanía disfrazada de canción nos reveló que la muerte de mi padre era una llamada de atención, su última enseñanza.


Cuando llegamos a la funeraria nos detuvimos en el estacionamiento sin apagar el motor y nos bajamos para exprimir nuestra ropa, fue ahí que vi al viejo encerrado en un cuerpo mas bien musculoso mientras que con una sonrisa infantil exprimía su camisa y entonces logré ver un tatuaje en el lado izquierdo del pecho, donde una calavera portaba orgullosa una corona de letras que no alcancé a leer, y en el abdomen junto al ombligo, pero del lado derecho, vi una cicatriz redonda.

-Te lo dije, a prueba de balas…

Un poco menos mojados decidimos que yo iría a hacer un reconocimiento del terreno mientras él estacionaba el auto.

Cuando entré a la funeraria me dijeron que ya todos se habían ido pues estaban a punto de trasladar el cuerpo al panteón, pues lo enterraban a las siete de la mañana. Le expliqué al personal de la funeraria quién era, pero lo que los convenció fue mi apariencia y aceptaron darnos media hora para despedirnos, eso sí en la parte de atrás porque el salón ya estaba siendo preparado para la siguiente familia.

Me acerqué al viejo que estaba apoyado en el cofre del Dart y le expliqué la situación, mientras caminábamos a la parte posterior de la funeraria él atinó a decir que eso resultaba a nuestro favor.

-Así no los ves y ellos no me ven mi.
-Pues sí, salió algo bueno de todo esto.
-Oye y vas a ir a casa de tu jefe?
-No sé, ¿por?
-No, nomás… Es que si vas estaría chido que buscaras una pequeña agenda que tenía.
-¿Una negra?
-Ándale, ahí tiene todos sus contactos. Y estaba pensando que estaría chido reunir a la pandilla, para que lo puedan despedir, ya sabes… Y para vernos una última vez.


Eso último lo dijo lleno de nostalgia y fue entonces que lo vi besar en silencio la imagen que portaba en su muñeca derecha, una pulsera verde con amarillo que tenía una figura.

-¿Esa pulsera es de san Judas?
-Mucha gente se confunde siempre, es el ilde de Orula…


Ya no pudo explicarme qué era, pues una puerta se abrió e iluminó nuestros rostros que ya miraban con atención en esa dirección y que al instante habían olvidado la conversación recién interrumpida, el empleado de la funeraria se hizo a un lado mientras susurraba que podíamos pasar. Al fondo de un cuarto blanco se veía un ataúd negro cerrado.

Nos acercamos despacio a despedirnos. Jamás pude decir las palabras que tenía planeadas como despedida, en cambio dije lo que me dictaba el alma.





En medio de la noche en algún lugar de la ciudad una señora escucha con atención el silencio, con la mandíbula apretada, espera que los ladrones se conformen con el auto, que se vayan cuanto antes y que no se atrevan a entrar a la casa.
Desea con todo su ser que se larguen cuanto antes y que su esposo no se despierte, para que no intente detenerlos, que por el amor de dios se larguen cuanto antes y se lleven esa carcacha cuanto antes.

A la mañana siguiente Rufino Torres, político corrupto, prepara todo para salir del país, se le ve animado y de muy buen humor, hasta que al abrir la puerta para dejar salir sus perros al baño, descubre que su Dart clásico no está y por un segundo se le detiene el corazón. Corré a la casa mientras su esposa le pide que lo olvide, al cabo es sólo un carro viejo.

-No es por el carro vieja, había guardado el dinero en la cajuela…