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jueves, 4 de mayo de 2017

Por lo que mas quieras, no.

Sí alguien le hubiera preguntado en qué momento dejó de ser niño, no hubiera sabido qué responder. Quizás cuando dejó de ensuciarse las rodillas al jugar, pero no sabía en que momento había ocurrido eso.

Lo qué si recordaba muy bien eran las veces que le habían dicho que no,
que no se metiera las cosas en la boca,
que no gateara lejos de mamá,
que no comiera tierra,
que no se hiciera pipí mientras lo bañaban,
que no jugara con la comida,
que no mordiera a los demás,
que no se metiera los dedos en la nariz,
que no comiera con la boca abierta,
que no jugara con la comida,
que no estaba bien comer helado como desayuno,
que no subiera los codos a la mesa,
que no dejara la tarea del fin de semana hasta el domingo,
que no se le olvidara decir por favor y gracias,
que no jugara dentro de la casa,
que no copiara en los exámenes,
que no aventara bolas de papel,
que no jugara en el suelo,
que no ensuciara tanto la ropa,
que no escupiera,
que no anduviera sin suéter,
que no anduviera en la bicicleta tan rápido,
que no tomara café, pues era un niño,
que no hiciera caras, pues le podía dar un aire,
que no hiciera berrinches,
que no dijera mentiras,
que no dejara subir el perro a su cama,
que no dejara juguetes tirados,
que no se portara mal en la escuela,
que no interrumpiera a sus compañeros,
que levantara la mano para hablar,
que no se distrajera en clase,
que no comiera chatarra al salir de clase,
que no fuera tan respondón,
que no se peleara en la escuela,
que no escuchara música tan fuerte,
que no le respondiera a su mamá,
que no hablara tanto,
que no faltara a clases,
que no le contestara a sus profesores,
que no le pusiera cara a sus primos,
que no viera tanta tele,
que no comiera en la cama,
que no se juntara con malas personas,
que no fumara,
que no tomara alcohol,
que no ignorara a su abuela,
que no se acordara de sus papás más que para pedir dinero,
que no tomara dinero de la bolsa de mamá,
que no usara jamás drogas,
que no estuviera protestando,
que no se metiera con el gobierno,
que no se hiciera el chistoso,
que no gastara su dinero en tonterías,
que no dejara la escuela,
que no escuchara esa música del diablo,
que no se comprara esa guitarra, mejor algo de provecho,
que no pasara tanto tiempo encerrado,
que no se comprara una moto,
que no jugara tantos videojuegos,
que no se durmiera tan tarde,
que no estudiara esa carrera,
que no se conformara,
que no se podía vivir de la música,
que no iba a sobrevivir como artista,
que no perdiera el tiempo escribiendo tonterías,
que no se le olvidara ahorrar,
que no dejara de pensar en el futuro,
que no comiera demasiadas grasas,
que no se desvelara tanto,
que no estudiara esa otra carrera,
que no saliera todos los fines de semana,
que no podía perder el tiempo como cuando niño,
que no olvidara lo importante de la vida,
que no era normal ese dolor en la espalda,
que no debía fumar tanto,
que no tomara tanto café,
que no se desvelara,
que no comprara idioteces, mejor ahorrar para una casa,
que no podía correr como antes,
que no le tuviera miedo al examen de próstata,
que no quisiera sentirse chavo otra vez,
que no se enojara sí las cosas se le caían, es la edad, decían,
que no se preocupe de olvidar las cosas,
que no tomará tanto café, pues le hacía daño,
que no dejara de tomar su medicina,
que no dejara de visitar al médico,
que no dejara lo importante para mañana,
que no ignorara las recomendaciones del médico,
que no se levantara de la cama,
que no se saliera de casa solo,
que no le gritara a la enfermera,
que no le diera pena pedir ayuda para ir al baño,
que no comiera solo, pues tiraba todo,
que no escuchara la tele tan fuerte, pues no todos estaban sordos como él,
que no haga las cosas él, que pida ayuda,
que no,
que no se olvidara de…
que no dejara de comer,
que no se dejara vencer,
que no se olvidara que lo amaban,
que no
que no
que por lo que mas quisiera,
no,

que no se fuera, que por lo que más quisiera no se fuera, que luchara contra esa enfermedad invisible, que había tanto por vivir.


Que no se muriera, que por el amor de dios, no se muriera.  

miércoles, 3 de mayo de 2017

nadie imaginaría ver un fantasma a plena luz del día, quizás por eso se les ve pasear tan felices
son el viejo que nos sonríe mientras el sol pica 
son la señora que nunca tiene prisa
son el niño que ríe cuando todos gritan en el tráfico
son ese perro que te mueve la cola, mientras el mundo te ignora
son el señor que te cede el asiento
son ese recuerdo que provoca una sonrisa
son ese encuentro fugaz con la felicidad, en medio del caos
son esos fantasmas que no provocan miedo
son aquellos que hacen los días mas soportables



cruz.

Algunos adornan sus cuerpos para lucirse en vida, sin saber que hubo alguien que lo único que adornó su tumba fue una cruz de cal. 


martes, 2 de mayo de 2017

Sueño.

Otra vez tocaron la puerta a las tres de la mañana, y con un suspiro me dí a la tarea de levantarme de la mecedora, levanté mi alma encerrada en éste cuerpo carcomido por los recuerdos y lo llevé a la puerta.

Otra vez no había nadie.

Sabía que no iba a haber nadie, lo intuía, desde aquella vez que comenzaron a tocar la puerta a esa hora en que las calles parecieran ser aún más grises, como si pertenecieran al pasado, a algún recuerdo, hora en la que todos duermen, todos menos yo, que a mí edad lo que menos hago es dormir, me la paso en la mecedora acomodando mis recuerdos, extrañando a mis muertos y recordándote a ti.

Quién iba a pensar que te ibas a ir antes que yo, pero como me dijiste ese día en que te cubrí con la sábana para que no te fuera a dar un resfriado, "no te apures por mí, que a donde voy ya no me va dar nada, sólo quiero que te cuides mucho, que yo voy a preparar todo para que cuando tú llegues todo esté listo."

Otra vez tocaron a la puerta y aún cuando sabía que no iba a haber nadie, me paré a ver quién era, pero la calle estaba desierta, sólo los perros rompían el silencio y pude comprender su llanto, pues querían espantar a la muerte.

Sólo hoy entendí que eras tú quien tocaba la puerta, para decirme que estaba todo listo.

Hoy, después de muchos años, me ha dado sueño temprano, iré a la cama para que cuando vengas a buscarme, esté yo lista.

lunes, 1 de mayo de 2017

Vacío


Su intención era iluminar las calles con su arte a ritmo de rock. Comenzó con la idea de hacer los murales más realistas posibles, el talento lo tenía, pero jamás consiguió un alma caritativa que cediera los muros de su casa ante su arte.

Comenzó a desesperarse quince años después, cuando la crisis de los cuarenta estaba a cinco años de distancia y como siempre le gustó adelantarse, decidió comenzar antes y decidió que de lo poco que ganaba separaría una parte, comenzó a invertir en materiales, latas de pintura, máscaras protectoras, una sudadera negra, guantes de cirujano y una mochila. 

Las calles las recorría antes de que saliera el sol, dejando su mancha de mierda en cuanta pared se encontrara poco iluminada, al cabo su arte debía ser visto de día, unas flamas que pretendían ser su nombre y símbolo del fénix que resurgía en él, lleno de vida.

No quería ser parte de la estadística que nace, crece, trabaja, trabaja, se jubila y muere, quería ser parte de la decadencia que estresaba a los peatones en su diario acontecer, quería ser el idiota que causaba el tráfico al subirse al transporte en doble fila, quería ser el ser inmundo que manchaba la belleza del espejismo que otros se esforzaban por mantener, deseaba ser aquél que hiciera cabrear a las abuelas que descubrían su barda profanada, justo cuando salían antes que el sol a barrer, pretendía ser aquél que se burlaba de aquellos que bebían café de franquicia a ritmo de bossa nova, buscaba ser aquél que maldecía con voz estentórea al cruzar frente a un jardín de niños, aquél que todos envidiaran pues él los envidiaba a ellos.

Quería ser el testimonio de la decadencia, el factor caos de una ciudad que llevaba años hundiéndose en mierda. Quería ser la cereza del pastel, sabiendo que ese espacio, al ser profanado por él, ya no le pertenecía, pues era la invitación a que otro profanara su profanación, era invitación y reto, se convertía en provocador de los provocadores visuales.

Pretendía ser poeta al decir que su arte era conocido como flamear, deseaba ser una sombra, anónimo y ausente, carente de rostro, que su arte fuera el autor y él la obra, mutante. Su deseo de anonimato fue absurdo, el primer imitador se descubrió en Barcelona, después se esparcieron por todas las grandes ciudades del mundo y entonces su símbolo le dio asco y decidió que retirarse era lo mejor.

No supo como reaccionar cuando una mañana encontró una flama en la puerta de su edificio, pensó que era una broma, pero después se supo víctima de su profanación, violado por su concepto y objeto de su decadencia. Días después, cuando quiso una foto de su retrato, descubrió que alguien había vomitado tinta negra que pretendía ser unas letras por sobre él, y entendió que no era nada, no podía ser causa, sino consecuencia, no estaba a la vanguardia, era tan sólo un efecto, parte de un todo que nadie sabe cuándo comenzó y que nadie sabe si acaso se detendrá.