Pues nada, la vida sigue y a pesar de que no todo funciona como uno quisiera, la vida sigue:
Hoy,
27 de Octubre descubrí, a través de un ultrasonido, que hay una vida
esperando que yo dé lo mejor de mí, descubrí que ahora lo que haga, me
afecta no solo a mí, sino a un tercero, descubrí que lo que deje de
hacer afectará a mi hijo o hija, afectará la forma en que me vea y
afectará la forma en que yo le dé la cara. sábado, 28 de octubre de 2017
Nueva vida.
La oportunidad de re-descubrir el mundo
no puedo esperar a que llegues
para pasar horas platicando
para hacerte cosquillas
para verte sonreír
para escucharte roncar
para acariciar tus pies
para sobarte la panza
para besarte la frente
para sujetarte la mano
para que sujetes mi dedo
para explicarte lo poco que sé
para escuchar lo mucho que tienes que enseñarme
para verte sonreír
para sufrir por verte llorar por primera vez
para sentirme vivo por verte sonreír por primera vez
por estar ansioso de estar junto a ti cada día
por dormir juntos
por llegar cansado, pero encontrar paz al regresar contigo
por susurrarte al oído lo que a nadie le he contado
por sonreír al pensar en todo lo que vas a hacer
por verte jalarle la cola al perro
por escucharte decir tu primera grosería
por descubrir todo lo que tenemos en común
por aprender de todo aquello que no tenemos en común
por mostrarte la música que escuchaba cuando era joven como tú
por que me enseñes tu música
por que me corrijas
por que te des cuenta de que soy mortal
por que te des cuenta de que soy imperfecto
para beber nuestra primera cerveza juntos
para ver tu cara al ver un trompo de pastor
para subirnos por primera vez a una montaña rusa
para contarte lo que a nadie le contaré jamás
para verte dormir
para escucharte respirar
para sentirme orgulloso de ti una y otra y otra vez
para que vayamos a la cocina a preparar algo de cenar a media noche
para hacer figuras con sombras
para pasar horas platicando en la noche
para que contigo por fin pueda hacer lo que tanto soñé
para que me reveles los secretos del universo
para que te subas a mis hombros y me cuentes cómo se ve el mundo desde allá arriba
para contarte todos mis secretos
para escuchar los tuyos, esos que me quieras contar
para escuchar tus preguntas que no sabré responder
para platicarte acerca de mis amigos
para conocer los tuyos
para mostrarte mis películas favoritas
para ver las tuyas
para conocer al amor de tu vida
para, con todo el dolor de mi ser, escucharte contarme tus mal de amores
para, a petición tuya, contarte mis noches de excesos
para cantar juntos nuestra canción favorita
para que veamos jesus hrist superstar
para que veamos el padrino
para que cantemos juntos
para leer mafalda
para que me expliques el mundo
para acompañarte a hacer la tarea
para que hagamos las maquetas que te piden de tarea
para ver tu cara al explicarte lo que es (era) un frutsi
para contarte lo que yo hacía de niño
para que encontremos todo lo que tenemos en común
para contarte mi historia
para hacer memoria y explicarte lo que sentía hoy, que para mí es presente y para ti será pasado impensable
para tratar de explicar lo que sentí al escuchar tu corazón
para contarte lo que sentimos al ver tu mano, que como buen chilango parecía pintar mocos en el ultrasonido
para explicarte lo que significa "mocos"
para verte ser
para explicarte porqué Lars ya no vale madre
para explicare quién es Lars
para escucharte escuchar los clásicos
para verte vivir tu vida
para ser testigo de tu ascenso
para explicarte porqué suspiro
para contarte acerca de mi madre
para contarte acerca de mi padre
para contarte acerca de mis padres biológicos que no conocí
para presentarte a tus primos
para vivir una vida para ti
para vivir una vida por ti
para sonreír una vida por ti
para tocarte los dos o tres acordes de guitarra que sé
para explicarte que significa enjoy your worries
para pretender enseñarte qué es la humildad
para conocer el universo y sus misterios contigo
para entregar nuestra vida al conocimiento
para comer palomitas al hacer nada
para perseguir la iluminación mientras no perdemos el tiempo
para contarte ese libro que hoy no he terminado
para que leas mis letras y me digas lo que piensas
para que me digas mis errores
para que me encuentres humano
imperfecto
para que me digas lo mucho que te asfixio
para que me digas que necesitas espacio
para que me hagas saber que necesitas estar a solas
para que me pidas retirarme de tu cuarto
para que me pidas el carro prestado
para que me digas que no llegarás a dormir
para que le cuentes a tu tía lo que a mí no me quieres mencionar
para que un día me digas "nada", al preguntar por tus ojos hinchados
para que me digas lo arcaica que era mi generación
para que cocinemos una pizza juntos
para que juguemos fútbol
para mostrarte la música que amo
para ver tu cara mientras lees estas líneas
para beber whisky juntos por primera vez
para compartir una fogata y una plática en medio de la nada
para que dibujemos juntos, garabatos o al óleo, tú escoge
para explicarte lo que hacía mientras escribía estas líneas, sí es que me acuerdo
para entregar mi vida y tiempo a cambio de que tu estés tranquilo
para contarte mi historia cuando niño
para contarte aquella vez que un perro me mordió
para correr contigo en la mañana
para desayunar hot cakes
para hacer dibujos con esa masa de hot cakes
para mostrarte mi blog
para leerte mis cuentos
para escuchar lo que tengas que decir
para que leamos Condorito juntos
para contarte la historia de mis amigos
para contarte lo que quieras que te cuente
para escuchar música juntos
para que te comparta mis recuerdos
para que te comparta mis mentiras
para que te comparta mis verdades, esas que nadie sabe
para que te cuente mis memorias
para ver tus ojos y verme a mí
para ver tus ojos y descubrir la verdad
para ver tus ojos y saber que todo valió la pena
para contarte mi vida, sin reservas, sin mentiras, a voluntad, lo que quieras
responderé, pues tú me has permitido ser parte de la tuya
para mostrarte este texto
y espero jamás tener que secar una lágrima tuya, ofrezco mi vida y mi sufrimiento para que tú nunca tengas que llorar y nunca tengas que sentir un desamor y que nunca te lastimes y que nunca sientas el dolor de perder a alguien y que yo pueda purgar todas tus condenas con tal de que tú nunca sufras
pero no pretendo privarte de la gloria de vivir tu vida.
así que te ofrezco mi vida,
en cuanto tú la necesites.
domingo, 7 de mayo de 2017
Besando la imagen de un santo
No
tenía otra forma de llegar al funeral y él no hubiera tenido forma
de despedirse de mi padre más que llegando al velorio conmigo, sólo
así no lo correrían de ahí a patadas. Todos tenemos alguna amistad
que no nos llena de orgullo, alguien que estuvo con nosotros desde el
principio y que sabe nuestros secretos por que los vivió con
nosotros, esos que contaríamos sólo a desconocidos o a nuestros
seres más queridos, en una noche a oscuras, susurrando casi, después
de hacer el amor, o al recordarlos frente a una veladora.
Ellos
fueron amigos en la secundaria y parte de la prepa, hasta que a él,
su amigo, lo metieron a la cárcel, mi padre lo frecuentó cuanto
pudo mientras vivía en esa ciudad, pero después se fue y sólo se
leían ocasionalmente. Su amigo alguna vez le confesó que sólo
soportaba la poesía de mi padre porque lo estimaba, cualquier otra
expresión de emoción le aburría.
Lo
contacté el viernes, horas después de haber recibido la noticia,
sin saber que esperar toqué la puerta de la casona donde mi padre
envío cartas por años y después de tres gritos, salió él,
apestando a alcohol y cigarro. Pensó que le iba a cobrar algo y casi
me recibe con un golpe, sólo me lo quité de encima cuando dije el
nombre de mi padre y agregué “soy su hijo”.
-¿Cómo
está?
-…muerto.
Se
sentó en la banqueta y se cubrió los ojos, no para evitar llorar,
sino para evitar que lo viera un extraño, o acaso para que su barrio
no lo reconociera, no lo sé, pero me pareció ver una lágrima que
recorrió todo el camino desde el ojo hasta la muñeca, besando la
imagen de un santo.
Después
de un rato se levantó y sin siquiera secarse las lágrimas me
preguntó donde lo iban a velar, le dije el nombre de esa ciudad que
hacía mucho yo no visitaba, el hizo una mueca y me preguntó si
podía ir conmigo a despedirse.
-Pues
sí, sólo que no tengo como llegar, me quedé sin trabajo…
-Eso
es lo de menos -interrumpió- déjame conseguir algo, dame tu
dirección y tu teléfono y yo te aviso cuando nos podemos ir, si se
puede hoy mismo.
Me
sorprendió que tuviera tanta prisa, me sorprendió que no pusiera
peros, me sorprendió que me negara, me sorprendió que buscara una
manera, pero también le envidié su compromiso.
El
sol hacía rato que se había ido, el viento se paseaba despacio por
la ciudad donde los gatos reclamaban su territorio a maullidos,
tratando de espantar los sueños de aquellos que gritaban al
silencio que se callaran. Pensé que no sabría más de él, de el
viejo, hasta que escuché que golpeaban a la puerta, con el cigarro
aún en la boca salí casi corriendo, temiendo lo peor. Lo vi
sonriendo frente a un Dart que se confundía con la noche.
-Ya
conseguí pasaje y algo para la gasolina, ¿nos vamos?
No
quise hacer preguntas, sólo pedí tiempo. Mientras entraba a ponerme
unos tenis, escuché su grito que perseguía a mi oído diciendo,
“¿lo van a enterrar y a lo mejor ni lo vemos, a dónde chingados
vas?” su grito perforó mi cerebro y me convenció de sólo tomar
una chamarra y mi cartera.
La
mochila se quedó mal cerrada en la cama, y entre calcetines y
calzones se quedó el libro favorito de mi padre con la página de
aquella parte que tanto disfrutaba yo leyendo por las noches, las
páginas separadas por un rosario que yo pretendía dejar en sus
manos mientras le decía adiós.
El
cielo lleva rato que se iluminó de ese azul mar y el sol se pasea
majestuoso por la bóveda celeste, opacando a las demás estrellas.
Ni siquiera las nubes se atreven a entorpecer su paso. Por ahora.
El
auto es un viejo Dart K convertible, negro como los recuerdos de
infancia reprimidos, con carrocería abollada y la lona ha sido roída
por las garras del tigre del tiempo, el óxido se devora las
articulaciones de metal y los espejos ya no son capaces de reflejar
nada. Los asientos se resignan ante el peso de mi cuerpo y suspiran
un dolor que huele a polvo. El tablero tiene las tripas de fuera,
cables de luz son tentáculos de un pulpo ciego que busca conectar
con algo, algunos fierros amenazan cortar los pies, pero al cabo de
un rato te acostumbras y logras evitarlos. La guantera es una
mandíbula sorprendida que no termina de exclamar admiración hacía
mi, es como el niño curioso que no deja de mirarte, pero que al cabo
del tiempo te desespera y cansa y es entonces que busco cerrar esa
mandíbula con fuerza, lo hago en tres ocasiones, siempre con mas
furia que la anterior, hasta que él se ríe y con las manos posados
en el volante me mira de reojo para reír y decir con voz
aguardentosa, “sí logras cerrarla te invito a comer...”
La
risa, de él, se quedó atrás pues el auto sigue su camino a 120
kilometros por hora a lo largo del lomo de esa serpiente que es la
carretera, mi indiferencia me acompaña mientras su risa, el sonido,
se ha quedado atrás en medio de la carretera interestatal, justo
frente a un paradero de camiones donde un tipo gordo está a punto de
abordar su camión, resignado, cuando al intentar subir todo ese peso
que es él escucha una risa burlona que desea lastimar, entonces
voltea dispuesto a enfrentar al agresor, pero no hay nadie. Jamás
sabrá quién es el dueño de esa risa y quizás el dueño de esa
risa tampoco sepa quién es él. Jamás.
Estoy
seguro de que el carro es robado y casi podría decir de que no lo
extrañan, pues con excepción del motor, nada le sirve y de eso me
di cuenta cuando encendí la radio y lo único que obtuve fue
estática, constancia de aquél orgasmo que nos dio vida revuelto con
alguno que otro campo electromagnético y ruido diverso. Él viejo
señaló con su dedo amarillo el lado derecho del capó y justo donde
algún día hubo una antena, se veía un alambre viejo y oxidado que
usurpaba el lugar. Me vi obligado a entretenerme con mi pensamiento y
entonces pensé si acaso algún ser, en algún lugar del universo al
escuchar un sonido similar, no se preguntaría si acaso detrás de
ese ruido ininteligible habría quizás el residuo de algo que no se
alcanzaba a detectar, o por el contrario ellos tendrían la
tecnología para decodificar y sintonizar lo que les llegaba y
entonces lo escucharían a él hablándole al silencio de niño
lamentándose de su realidad, pero, a pesar de toda su tecnología,
no podrían comprender mi lenguaje primitivo y jamás sabrían que
esa sensación de empatía que sentían estaba justificada, era real
y alguien, en un punto distante del universo se sentía solo.
Su
puño se aferraba al volante con furia, unos lentes negros le cubrían
la mirada que no dejaba de observar el camino, el cigarro sufría la
presión de sus dientes y su aliento de dragón enfurecido convertía
el vehículo en locomotora que dejaba como efímera estela el humo de
un camel sin filtro. El auto despertaba una nube de polvo que se
resignó a flotar sobre el asfalto y no sobre los cerros y montañas,
resignada a convertirse en tierra y no en lluvia.
Me
atreví a romper el silencio.
-¿Cuándo
fue la última vez que vio a mi padre?
Él
me miró de reojo y mientras exhalaba una nube, cual dragón, me dijo
-¿siempre le dices padre?, se oye muy mamón, yo a mi jefe le decía
jefe y eso a veces.
-No,
no siempre le digo padre. -Respondí en presente y en un segundo me
di cuenta de que ya debería referirme a él en pasado.
-Pues
la verdad hace mucho que no lo veo, de repente me escribía, eso sí
su vieja lo dejaba, ¿la vieja esa no es tu jefa verdad? El chiste es
que de repente me respondía las cartas, lo que sí es que yo le
mandaba cartas a cada rato, él era como mi guía espiritual, sabía
un chingo el viejo, de todo.
-A
poco sí, ¿y qué le decía? Y no, no es mi jefa.
-…
Pues de todo, me echaba la mano con mis planes y me decía donde la
estaba cagando, él siempre fue muy limpio pero le llamaba la
intención lo que yo hacía. Nunca se ensució las manos, pero él me
enseñó todo lo que sé. A cambio yo le ayudé un par de veces.
Hasta a veces creo que él hacía las cosas, eran sus ideas y yo sólo
las llevaba a cabo.
Entonces
volteó y con una sonrisa que pretendía ser amable, me sonrío y
dijo, “soy el mejor amigo que el dinero puede comprar, no pido
explicaciones y mi lealtad es a prueba de balas”. Yo imaginé que
sus dientes eran una trampa de oso que se había conformado con la
presa de un camel sin filtro.
Me
sorprendió escuchar eso de mi padre, jamás imaginé que hiciera
algo así, aunque más de una vez lo escuché contar emocionado la
“idea de un cuento”, donde relataba cómo robar una tienda de
abarrotes sin ser descubierto, en otra ocasión leí en unos papeles
sobre su escritorio la forma en que se podía robar una tienda de
empeño junto a otros tres cómplices. Él siempre me dijo que eran
ideas para un compendio de cuentos, pero ahora todo adquiría una
perspectiva diferente. Incluso su “guión” para la película de
un asalto a un banco ahora tenía otra lectura, completamente
diferente. Estoy seguro que un personaje recurrente, el protagonista
era descrito como “el viejo”, así sin nombre, un ser maltratado
con la vida y siempre buscando venganza, siempre jugando a la
víctima, con una mente siempre activa, pensando en el próximo golpe
para así evitar que el remordimiento o la compasión anidaran en su
mente.
El
aire caliente golpea mi rostro con furia , mis ojos hace rato que
dejaron de buscar refugio en unas lágrimas efímeras, simple reflejo
animal. Ahora el polvo me golpea con la misma fuerza que lo hacen mis
recuerdos al montar esa serpiente negra que se extiende a lo largo
del desierto, permitiéndonos viajar sobre su lomo negro como la
noche y que al igual que ésta, no sabemos dónde o cuándo termina,
simplemente despertamos y es de día y el sueño es un recuerdo de
algo que jamás existió o quizás es tan sólo vestigio de nuestra
visita a otra realidad, a otro universo.
El
aire huele seco, el sol se entretiene quemándome la piel y los
mosquitos nos persiguen sin conseguir beber nuestra sangre, mis
pensamientos se sienten libres y vienen a visitarme por momentos,
mientras mi mirada acaricia el horizonte mi corazón bombea recuerdos
a mi cerebro, momentos de infancia en que mi padre me leía su único
libro publicado en un susurro, como si temiera que alguien lo
escuchara y fuera a juzgar sus letras. Sé que tenía ideas
maravillosas para al menos cuatro novelas, pero siempre se conformó
con un trabajo de oficina y un cheque cada quincena que le diera a su
familia de comer. Una bocanada al cigarro hace que el calor sepa a
arena, quema como alguna vez quemó mis pies que corrían hacia el
mar. Mi madre reía y al mismo tiempo me gritaba que me pusiera mis
chanclas, mientras mi padre le decía que me dejara, al cabo era un
niño y sé que la tomaba del brazo con amor infinito cuando decía
esto y me veía con orgullo correr hacia el mar.
Las
nubes han decidido enfrentar al sol, sabiéndose débiles han tomado
la mejor decisión que puede tomar aquél que no es obstáculo para
el depredador, convertirse en colectivo y que la cobardía de muchos
haga frente a la valentía de uno.
La
tormenta se escondía detrás de ese cerro, sin saber que quienes se
acercaban eran ellos, otro par de cobardes, pero el plan de batalla
ya estaba definido, no iban a retroceder.
-¿Y
no te llevas bien con la vieja esa, o qué pedo?
-Sí
me llevo bien, pero yo me vine a estudiar y trabajar acá, pero ya
hace un par de meses me quedé sin dinero y me daba pena pedirle a mi
papá.
-Jefe
se escucha mas chingón, pero papá está mejor que padre, se oye muy
mamón. ¿Oye traes cigarros? Se me acabaron los míos.
-No.
-A
ver si vemos una gas con tienda, así matamos dos pájaros de un
tiro.
El
polvo se levantó despacio para ver mejor el vehículo que avanzaba a
baja velocidad hasta las bombas de combustible, el sol hace rato que
no quemaba, se le notaba cansado. El viejo abrió con dificultad el
deposito de gasolina y dejó que la bomba le hiciera el amor al Dart,
me pidió que lo esperara en el carro, yo le pedí que me dejara
estirar las piernas. No dejó de verme impaciente con los brazos
cruzados mientras yo caminaba a un lado del carro y estiraba los
brazos, y a pesar de que deseaba caminar un poco más, cedí y me
volví a subir al viejo asiento que me recibió con un suspiro. El
viejo aprovechó el tiempo que había esperado y retiro la manguera
del tanque que goteaba y sólo entonces él se dirigió hacia la
oficina que también era tienda. Yo paseé mi mirada por el tablero
que era uno con el polvo y noté que el asiento donde el viejo
viajaba tenía dos cicatrices causadas por la quemadura de sus
cigarros. Acaricié la radio que seguía intentando captar algo, subí
el volumen y se escuchó un poco mejor la estática.
El
viejo salió corriendo de la oficina para aventarse al vehículo y
acomodarse de forma torpe en el asiento, encendió el carro y
mientras reía aceleró, a pesar de la nube de polvo alcancé a ver
un joven que nos gritaba improperios. Estoy seguro que mientras
corría hacía el carro, el viejo se mordía los labios, queriendo
evitar que una risa risueña escapara y lo fuera a delatar como si se
tratara de un niño haciendo una travesura. El viejo no dejaba de
reír incluso cuando lo miré y justo antes de que yo dijera algo, el
apresuró:
-Que
no mamé, no voy a pagar cincuenta varos por unos cigarros.
Sacó
de una bolsa de plástico unos cigarros y me aventó la bolsa, dentro
habían tres botellas de agua, dos bolsas de papas, otra cajetilla,
unas gomitas, unas galletas y cuatro cocas de 600mls que sudaban.
-Las
gomitas son mías eh, cabrón- El cabrón se ilumino a causa del
encendedor que iluminaba su rostro a pesar de que el sol todavía
estaba por ahí, y vi que el dragón volvía a conducir el Dart,
llevándonos hacia lo desconocido sobre unas llantas de caucho, a
falta de alas.
Cada
cigarro que moría servía para encender el siguiente, y entonces el
viejo sonreía, acaso de forma burlona o acaso al recordar un chiste,
o simplemente pretendía disfrazar su dolor, maquillar la miseria y
engañarse con el conjuro más viejo que conoce la humanidad…
“Estoy bien”. Los cigarros que caían a la carretera imitaban a
luciérnagas, que a esa hora se veían mejor pues el sol ya estaba
muy cansado y las nubes habían secuestrado el cielo y se acercaban
en clara formación escopeta.
La
primera gota se arrojó con furia kamikaze y dio de lleno en la
frente del vehículo.
No
pude evitar señalar lo que ambos sabíamos.
-Ya
va a empezar a llover – y los dos miramos la certera marca de agua
que antes había sido gota, justo en el centro del parabrisas y sin
decirlo en voz alta, nos sorprendimos de su tamaño, temiendo lo
peor.
Él
encendió un cigarro y me extendió la cajetilla que servía de
refugio al encendedor. Yo tomé un camel a pesar de que no tenía
verdaderas ganas de fumar, pero consciente de que nada quedaría seco
después de la tormenta.
Escuché
el golpe causado por una segunda gota, ésta en el lado derecho del
cofre, estoy casi seguro de que incluso se abolló, cuando extendí
mi cuerpo hacia el frente para ver mejor sentí que algo golpeaba mi
cigarro, a punto de arrancarlo de mis labios secos, otra gota me dio
de lleno en el pómulo derecho y justo cuando maldecía nuestra
suerte la lluvia se preparaba para embestir. Por un segundo imaginé
que las gotas eran las lágrimas de dios, que lloraba con furia algún
mal de amores, tratando de encontrar sentido a ese pensamiento una
gota me golpeó justo en el ojo derecho, y ocurrió que lo que había
sido hasta entonces fuego a discreción, se convirtió en un ataque a
quemarropa.
Yo
intenté protegerme al principio, pero entonces lo vi a él que se
quitaba los lentes y comenzaba a reír, volteaba a verme, levantaba
los brazos junto con un grito y pisaba el acelerador para que así
pudiéramos entrar de lleno a la tormenta. Todo al mismo tiempo.
Si
no hubiéramos estado en medio de la nada, alguien hubiera escuchado
su grito a todo pulmón…
-!!!Ya
va a llover Gabriel!!!
Los
golpes de cada una de las gotas en la piel metálica del auto
resonaban y el golpe de cada una de ellas en mi piel me recordó que
estaba vivo. Quería cubrirme con algo, pero no era posible, volteé
a ver al viejo, que reía y entrecerraba los ojos para ver el camino,
o al menos adivinarlo y pude ver como sonreía, mientras yo pretendía
refugiarme debajo de mis brazos que se cruzaban a la altura de mi
frente. El viejo cambió la sonrisa por carcajada al verme y me gritó
con fuerza:
-No
seas mamón, con eso no paras nada, nomás pareces pendejo, mejor
pásame una coca antes de que se calienten… !Ah, y las gomitas!
Hice
lo que me pidió y se las di, las gomitas y la coca. Él redujo la
velocidad y mantuvo el control del volante con las rodillas mientras
bebía la coca como si quisiera saciar la sed de 40 días. Las
gomitas las comió despacio, mientras el empaque de celofán se
convirtió en cucurucho y las gomitas flotaban en gotas que bien
pudieron haber sido mar.
Yo
le imité y abrí una coca. No pude abrir las papas, a pesar de que
tenía antojo. Mi mente racional me convenció de no disfrutar el
momento.
Creí
que los recuerdos y la nostalgia habían podido huir a tiempo y
mantenerse secos, pues mi mente por un momento se dedicó al ahora y
se hizo consciente de todo lo que ocurrió en ese momento, la furia
de la tormenta, el frío que trepaba por mi columna, el aire que nos
golpeaba insistentemente, como queriendo evitar que llegáramos a
nuestro destino, la coca le daba buen sabor a mi derrota, ahí iba yo
a despedirme de mi padre, queriendo no dar explicaciones, queriendo
evitar a toda costa las preguntas incomodas; sí acaso ya había
publicado un par de libros, tal y como había prometido a mi padre.
Siempre lo juzgué y le dije que si no había publicado había sido
por cobarde, pues el talento lo tenía, él siempre me decía lo
mismo, que no era tan fácil y yo le reprochaba porque lo quería y
el callaba y escuchaba mi reproché por la misma razón. Y ahora yo
iba a casa, sin libro publicado y trabajando en algo que odiaba, al
punto de renunciar. Sin una historia propia iba a casa buscando darle
punto final a una historia que siempre leí sin entender el contexto
pues sólo el escritor sabe lo que quiere decir o no, sólo él
comprende los símbolos o sabe sí hay símbolos, cada mente lee lo
que quiere leer. Cada ojo decodifica el mensaje de forma distinta.
La
lluvia dejó de golpearnos con furia. Yo miraba atento hacía mi
derecha, viendo el paisaje que poco a poco se iba quedando atrás,
nunca hubiera adivinado que el viejo había llorado como nunca lo
había hecho, se escondió en la tormenta y ahí pudo llorar el mar
de lágrimas que había atrapado con la presa del falso valor, el
buscapleitos había aceptado su derrota, el chico rudo lloraba
buscando a su mamá al descubrirse perdido. Una lágrima, gota que
creí último vestigio de la tormenta, fue arrancada de su mejilla
por el viento. La lágrima voló un par de metros y se impactó en el
asfalto, pasaron algunas horas hasta que el sol se encargó de
elevarla al cielo, donde se convirtió en nube y cruzó el país
completo.
Esa
lágrima decidió arrojarse al mar doce días después de haber sido
derramada por el viejo. Quizás alguna vez se vuelvan a a encontrar.
Dejó
de llover y el sol hacia rato que se había ido, las nubes se
abrieron un poco y yo pude ver unas cuantas estrellas en el cielo aún
iluminado. Con la nariz apuntando hacia el cielo pude captar mejor el
olor a quemado que venía de algún lado.
-Huele
a quemado.
-No
mames, debe ser el motor…
El
viejo apagó el motor y guió el velero al puerto del acotamiento
donde las llantas se enlodaron despacio, la inercia nos detuvo en el
punto más alto de un monte desde donde podíamos ver las luces de
una ciudad, luces que brillaban como una pequeña galaxia que alguien
hubiera enterrado en el suelo.
La
noche nos sorprendió a un lado del camino, justo cuando esperábamos
a que el motor se enfriara un poco. Sentados en la cajuela comimos
papas en silencio hasta que él se atrevió a rasgar el silencio con
su voz aguardentosa.
-Me
venía acordando de una vez que tu jefe me echó la mano cuando más
jodido estaba. Me metieron al bote por una pendejada, pero él fue el
único que me echó la mano, le pagó a un poli para que me cuidara.
Entonces
el viejo, que hasta entonces había tenido la mirada perdida en la
misma estrella que yo había visto hacía rato,me volteó a ver.
-Algunas
amistades duran una vida, otras duran lo que dure el dinero. Pero a
tu jefe yo lo respetaba, era un grande, siempre echaba la mano a los
que necesitaran ayuda, nunca supe que le dijera que no a alguien en
desgracia, por eso la pandilla lo respetaba. Yo creo que él me
enseñó muchas cosas, es una lástima que no pueda escucharme decir
lo mucho que lo respeto, y lo agradecido que estoy con él. Él me
decía que me cuidara mucho porque los criminales siempre vuelven a
la escena del crimen y yo le decía que no era cierto, pero sí, el
otro día fui a la casa donde crecí, ahí donde maté al niño que
fui, donde le dije que abandonara sus sueños y lo puse a trabajar.
Yo volví a la escena del crimen, pero el único que puede atestiguar
en mi contra soy yo, y me veo todos los días en el espejo y me
rehuyo la mirada porque sé que me he mentido más de una vez y
porque sé que podría ser mejor de lo que soy, pero no le debo yo
nada al miedo...
Algunas
personas te mienten por compasión, te dicen que todo esta bien
mientras sabes que ya te llevó la chingada, algunos están ahí en
silencio para escucharte, aún cuando lo que dices no tiene sentido,
algunos quieren que estés triste y jodido como ellos, a algunos les
da gusto que estés jodido, así ellos se sienten mejor con ellos
mismos, algunos sólo están ahí mientras dura el dinero, otros sin
estar, son todo lo que necesitas… No sé como le hice para llegar
tan lejos sin que me agarraran, él siempre me decía en cartas que
no hiciera más tonterías, pero yo lo convencía y él me ayudaba,
ahora que lo pienso lo hacía para de alguna manera evitar que me
agarraran, porque si yo lo hubiera hecho sólo, me hubieran torcido
luego luego… Así de pendejo soy.
-Justo
de eso me venía acordando a mitad de la tormenta, y me prometí que
no volveré a robar. Fíjate, me prometo no robar mientras conduzco
un auto robado y me repito lo mismo mientras descanso sobre ese auto…
Un
grillo a lo lejos se atrevió a romper el silencio al cabo de unos
minutos y fue entonces que el viejo se deslizó desde la cajuela
hasta el suelo con un brinco infantil y regresó al suelo que en otro
momento hubiera arrojado una nube de polvo pero que ahora lo recibía
con un charco. Con una sonrisa me dijo que seguramente ya podíamos
continuar.
El
motor parecía dispuesto a no abandonarnos y despertó al primer
intento. La idea de estar a punto de llegar nos dio un nuevo impulso.
Recorrimos la carretera en silencio unas horas más, algunas nubes
nos escoltaron durante el camino, otras decidieron que no tenían
nada que hacer ahí y se fueron. Ninguno de los dos vio la estrella
fugaz que cruzó el cielo en silencio.
Nos
dimos cuenta de que estábamos a punto de entrar a la ciudad cuando
el radio que había permanecido encendido pero en silencio, captó
una canción que era simple, con letras nada complicadas y por tanto
hermosa. Nos recordó lo frágil que es la vida y la forma en que el
tiempo puede aplastar nuestros sueños o forjarlos, y en silencio
cada uno repasó sus decisiones de vida y nos dimos cuenta de que no
eramos lo que queríamos ser. Una epifanía disfrazada de canción
nos reveló que la muerte de mi padre era una llamada de atención,
su última enseñanza.
Cuando
llegamos a la funeraria nos detuvimos en el estacionamiento sin
apagar el motor y nos bajamos para exprimir nuestra ropa, fue ahí
que vi al viejo encerrado en un cuerpo mas bien musculoso mientras
que con una sonrisa infantil exprimía su camisa y entonces logré
ver un tatuaje en el lado izquierdo del pecho, donde una calavera
portaba orgullosa una corona de letras que no alcancé a leer, y en
el abdomen junto al ombligo, pero del lado derecho, vi una cicatriz
redonda.
-Te
lo dije, a prueba de balas…
Un
poco menos mojados decidimos que yo iría a hacer un reconocimiento
del terreno mientras él estacionaba el auto.
Cuando
entré a la funeraria me dijeron que ya todos se habían ido pues
estaban a punto de trasladar el cuerpo al panteón, pues lo
enterraban a las siete de la mañana. Le expliqué al personal de la
funeraria quién era, pero lo que los convenció fue mi apariencia y
aceptaron darnos media hora para despedirnos, eso sí en la parte de
atrás porque el salón ya estaba siendo preparado para la siguiente
familia.
Me
acerqué al viejo que estaba apoyado en el cofre del Dart y le
expliqué la situación, mientras caminábamos a la parte posterior
de la funeraria él atinó a decir que eso resultaba a nuestro favor.
-Así
no los ves y ellos no me ven mi.
-Pues
sí, salió algo bueno de todo esto.
-Oye
y vas a ir a casa de tu jefe?
-No
sé, ¿por?
-No,
nomás… Es que si vas estaría chido que buscaras una pequeña
agenda que tenía.
-¿Una
negra?
-Ándale,
ahí tiene todos sus contactos. Y estaba pensando que estaría chido
reunir a la pandilla, para que lo puedan despedir, ya sabes… Y para
vernos una última vez.
Eso
último lo dijo lleno de nostalgia y fue entonces que lo vi besar en
silencio la imagen que portaba en su muñeca derecha, una pulsera
verde con amarillo que tenía una figura.
-¿Esa
pulsera es de san Judas?
-Mucha
gente se confunde siempre, es el ilde de Orula…
Ya
no pudo explicarme qué era, pues una puerta se abrió e iluminó
nuestros rostros que ya miraban con atención en esa dirección y que
al instante habían olvidado la conversación recién interrumpida,
el empleado de la funeraria se hizo a un lado mientras susurraba que
podíamos pasar. Al fondo de un cuarto blanco se veía un ataúd
negro cerrado.
Nos
acercamos despacio a despedirnos. Jamás pude decir las palabras que
tenía planeadas como despedida, en cambio dije lo que me dictaba el
alma.
En
medio de la noche en algún lugar de la ciudad una señora escucha
con atención el silencio, con la mandíbula apretada, espera que los
ladrones se conformen con el auto, que se vayan cuanto antes y que no
se atrevan a entrar a la casa.
Desea
con todo su ser que se larguen cuanto antes y que su esposo no se
despierte, para que no intente detenerlos, que por el amor de dios se
larguen cuanto antes y se lleven esa carcacha cuanto antes.
A
la mañana siguiente Rufino Torres, político corrupto, prepara todo
para salir del país, se le ve animado y de muy buen humor, hasta que
al abrir la puerta para dejar salir sus perros al baño, descubre que
su Dart clásico no está y por un segundo se le detiene el corazón.
Corré a la casa mientras su esposa le pide que lo olvide, al cabo es
sólo un carro viejo.
-No
es por el carro vieja, había guardado el dinero en la cajuela…
viernes, 5 de mayo de 2017
jueves, 4 de mayo de 2017
Por lo que mas quieras, no.
Sí alguien le
hubiera preguntado en qué momento dejó de ser niño, no hubiera
sabido qué responder. Quizás cuando dejó de ensuciarse las
rodillas al jugar, pero no sabía en que momento había ocurrido eso.
Lo qué si recordaba
muy bien eran las veces que le habían dicho que no,
que no se metiera
las cosas en la boca,
que no gateara lejos
de mamá,
que no comiera
tierra,
que no se hiciera
pipí mientras lo bañaban,
que no jugara con la
comida,
que no mordiera a
los demás,
que no se metiera
los dedos en la nariz,
que no comiera con
la boca abierta,
que no jugara con la
comida,
que no estaba bien
comer helado como desayuno,
que no subiera los
codos a la mesa,
que no dejara la
tarea del fin de semana hasta el domingo,
que no se le olvidara decir por favor y gracias,
que no jugara dentro
de la casa,
que no copiara en
los exámenes,
que no aventara
bolas de papel,
que no jugara en el
suelo,
que no ensuciara
tanto la ropa,
que no escupiera,
que no anduviera sin
suéter,
que no anduviera en
la bicicleta tan rápido,
que no tomara café,
pues era un niño,
que no hiciera
caras, pues le podía dar un aire,
que no hiciera
berrinches,
que no dijera
mentiras,
que no dejara subir
el perro a su cama,
que no dejara
juguetes tirados,
que no se portara
mal en la escuela,
que no interrumpiera
a sus compañeros,
que levantara la
mano para hablar,
que no se distrajera
en clase,
que no comiera
chatarra al salir de clase,
que no fuera tan
respondón,
que no se peleara en
la escuela,
que no escuchara
música tan fuerte,
que no le
respondiera a su mamá,
que no hablara
tanto,
que no faltara a
clases,
que no le contestara
a sus profesores,
que no le pusiera
cara a sus primos,
que no viera tanta
tele,
que no comiera en la
cama,
que no se juntara
con malas personas,
que no fumara,
que no tomara
alcohol,
que no ignorara a su
abuela,
que no se acordara
de sus papás más que para pedir dinero,
que no tomara dinero
de la bolsa de mamá,
que no usara jamás
drogas,
que no estuviera
protestando,
que no se metiera
con el gobierno,
que no se hiciera el
chistoso,
que no gastara su
dinero en tonterías,
que no dejara la
escuela,
que no escuchara esa
música del diablo,
que no se comprara
esa guitarra, mejor algo de provecho,
que no pasara tanto
tiempo encerrado,
que no se comprara
una moto,
que no jugara tantos
videojuegos,
que no se durmiera
tan tarde,
que no estudiara esa
carrera,
que no se
conformara,
que no se podía
vivir de la música,
que no iba a
sobrevivir como artista,
que no perdiera el
tiempo escribiendo tonterías,
que no se le
olvidara ahorrar,
que no dejara de
pensar en el futuro,
que no comiera
demasiadas grasas,
que no se desvelara
tanto,
que no estudiara esa
otra carrera,
que no saliera todos
los fines de semana,
que no podía perder
el tiempo como cuando niño,
que no olvidara lo
importante de la vida,
que no era normal
ese dolor en la espalda,
que no debía fumar
tanto,
que no tomara tanto
café,
que no se desvelara,
que no comprara
idioteces, mejor ahorrar para una casa,
que no podía correr
como antes,
que no le tuviera
miedo al examen de próstata,
que no quisiera
sentirse chavo otra vez,
que no se enojara sí
las cosas se le caían, es la edad, decían,
que no se preocupe
de olvidar las cosas,
que no tomará tanto
café, pues le hacía daño,
que no dejara de
tomar su medicina,
que no dejara de
visitar al médico,
que no dejara lo
importante para mañana,
que no ignorara las
recomendaciones del médico,
que no se levantara
de la cama,
que no se saliera de
casa solo,
que no le gritara a
la enfermera,
que no le diera pena
pedir ayuda para ir al baño,
que no comiera solo,
pues tiraba todo,
que no escuchara la
tele tan fuerte, pues no todos estaban sordos como él,
que no haga las
cosas él, que pida ayuda,
que no,
que no se olvidara
de…
que no dejara de
comer,
que no se dejara
vencer,
que no se olvidara
que lo amaban,
que no
que no
que por lo que mas
quisiera,
no,
que no se fuera, que
por lo que más quisiera no se fuera, que luchara contra esa
enfermedad invisible, que había tanto por vivir.
Que no se muriera,
que por el amor de dios, no se muriera.
miércoles, 3 de mayo de 2017
nadie imaginaría ver un fantasma a plena luz del día, quizás por eso se les ve pasear tan felices
son el viejo que nos sonríe mientras el sol pica
son la señora que nunca tiene prisa
son el niño que ríe cuando todos gritan en el tráfico
son ese perro que te mueve la cola, mientras el mundo te ignora
son el señor que te cede el asiento
son ese recuerdo que provoca una sonrisa
son ese encuentro fugaz con la felicidad, en medio del caos
son esos fantasmas que no provocan miedo
son aquellos que hacen los días mas soportables
cruz.
Algunos adornan sus cuerpos para lucirse en vida, sin saber que hubo alguien que lo único que adornó su tumba fue una cruz de cal.
martes, 2 de mayo de 2017
Sueño.
Otra vez tocaron la puerta a las tres de la mañana, y con un suspiro me dí a la tarea de levantarme de la mecedora, levanté mi alma encerrada en éste cuerpo carcomido por los recuerdos y lo llevé a la puerta.
Otra vez no había nadie.
Sabía que no iba a haber nadie, lo intuía, desde aquella vez que comenzaron a tocar la puerta a esa hora en que las calles parecieran ser aún más grises, como si pertenecieran al pasado, a algún recuerdo, hora en la que todos duermen, todos menos yo, que a mí edad lo que menos hago es dormir, me la paso en la mecedora acomodando mis recuerdos, extrañando a mis muertos y recordándote a ti.
Quién iba a pensar que te ibas a ir antes que yo, pero como me dijiste ese día en que te cubrí con la sábana para que no te fuera a dar un resfriado, "no te apures por mí, que a donde voy ya no me va dar nada, sólo quiero que te cuides mucho, que yo voy a preparar todo para que cuando tú llegues todo esté listo."
Otra vez tocaron a la puerta y aún cuando sabía que no iba a haber nadie, me paré a ver quién era, pero la calle estaba desierta, sólo los perros rompían el silencio y pude comprender su llanto, pues querían espantar a la muerte.
Sólo hoy entendí que eras tú quien tocaba la puerta, para decirme que estaba todo listo.
Hoy, después de muchos años, me ha dado sueño temprano, iré a la cama para que cuando vengas a buscarme, esté yo lista.
Otra vez no había nadie.
Sabía que no iba a haber nadie, lo intuía, desde aquella vez que comenzaron a tocar la puerta a esa hora en que las calles parecieran ser aún más grises, como si pertenecieran al pasado, a algún recuerdo, hora en la que todos duermen, todos menos yo, que a mí edad lo que menos hago es dormir, me la paso en la mecedora acomodando mis recuerdos, extrañando a mis muertos y recordándote a ti.
Quién iba a pensar que te ibas a ir antes que yo, pero como me dijiste ese día en que te cubrí con la sábana para que no te fuera a dar un resfriado, "no te apures por mí, que a donde voy ya no me va dar nada, sólo quiero que te cuides mucho, que yo voy a preparar todo para que cuando tú llegues todo esté listo."
Otra vez tocaron a la puerta y aún cuando sabía que no iba a haber nadie, me paré a ver quién era, pero la calle estaba desierta, sólo los perros rompían el silencio y pude comprender su llanto, pues querían espantar a la muerte.
Sólo hoy entendí que eras tú quien tocaba la puerta, para decirme que estaba todo listo.
Hoy, después de muchos años, me ha dado sueño temprano, iré a la cama para que cuando vengas a buscarme, esté yo lista.
lunes, 1 de mayo de 2017
Vacío
Su intención era
iluminar las calles con su arte a ritmo de rock. Comenzó con la idea
de hacer los murales más realistas posibles, el talento lo tenía,
pero jamás consiguió un alma caritativa que cediera los muros de su
casa ante su arte.
Comenzó a
desesperarse quince años después, cuando la crisis de los cuarenta
estaba a cinco años de distancia y como siempre le gustó
adelantarse, decidió comenzar antes y decidió que de lo poco que
ganaba separaría una parte, comenzó a invertir en materiales, latas
de pintura, máscaras protectoras, una sudadera negra, guantes de
cirujano y una mochila.
Las calles las
recorría antes de que saliera el sol, dejando su mancha de mierda en
cuanta pared se encontrara poco iluminada, al cabo su arte debía ser
visto de día, unas flamas que pretendían ser su nombre y símbolo
del fénix que resurgía en él, lleno de vida.
No quería ser parte
de la estadística que nace, crece, trabaja, trabaja, se jubila y
muere, quería ser parte de la decadencia que estresaba a los
peatones en su diario acontecer, quería ser el idiota que causaba el
tráfico al subirse al transporte en doble fila, quería ser el ser
inmundo que manchaba la belleza del espejismo que otros se esforzaban
por mantener, deseaba ser aquél que hiciera cabrear a las abuelas
que descubrían su barda profanada, justo cuando salían antes que el
sol a barrer, pretendía ser aquél que se burlaba de aquellos que
bebían café de franquicia a ritmo de bossa nova, buscaba ser aquél
que maldecía con voz estentórea al cruzar frente a un jardín de
niños, aquél que todos envidiaran pues él los envidiaba a ellos.
Quería ser el
testimonio de la decadencia, el factor caos de una ciudad que llevaba
años hundiéndose en mierda. Quería ser la cereza del pastel,
sabiendo que ese espacio, al ser profanado por él, ya no le
pertenecía, pues era la invitación a que otro profanara su
profanación, era invitación y reto, se convertía en provocador de
los provocadores visuales.
Pretendía ser poeta
al decir que su arte era conocido como flamear, deseaba ser una
sombra, anónimo y ausente, carente de rostro, que su arte fuera el
autor y él la obra, mutante. Su deseo de anonimato fue absurdo, el
primer imitador se descubrió en Barcelona, después se esparcieron
por todas las grandes ciudades del mundo y entonces su símbolo le
dio asco y decidió que retirarse era lo mejor.
No supo como
reaccionar cuando una mañana encontró una flama en la puerta de su
edificio, pensó que era una broma, pero después se
supo víctima de su profanación, violado por su concepto y objeto de
su decadencia. Días después, cuando quiso una foto de su retrato,
descubrió que alguien había vomitado tinta negra que pretendía ser
unas letras por sobre él, y entendió que no era nada, no podía ser
causa, sino consecuencia, no estaba a la vanguardia, era tan sólo
un efecto, parte de un todo que nadie sabe cuándo comenzó y que
nadie sabe si acaso se detendrá.
domingo, 30 de abril de 2017
Vivir o no hacer.
Inspiración.
A veces me quedo esperando a la inspiración, como aquella amante que decide no volver y de la que aún no hemos saciado nuestro apetito.
Miro por la ventana, escucho atento el silencio y pretendo descurbirla detrás de aquellas sombras que estáticas se mantienen al fondo de la habitación, y entonces me pongo a escribir al azar, acomodo letras una tras otra sin verdadera visión, tan sólo balbuceo ideas, regurgito conceptos al beber café, pretendo plasmar recuerdos ajenos de forma mas o menos bella, busco impresionar ojos ciegos, miradas ausentes, pretendo saciar mi ego.
Y mientras tanto la sigo esperando, con un café que humeante me susurra su nombre y yo me entretengo, juego con fantasmas del pasado.
Quizás mañana se decida a venir, esperemos que mis manos aún obedezcan a este cuerpo decadente.
jueves, 27 de abril de 2017
Until we meet again.
El sol ha muerto en el patio del hospital, algunos murieron con él,
algunos suspiraron aliviados al verse aún conscientes de su enfermedad, algunos lloraron de felicidad, algunos se mordieron el labio para contener la tormenta de lágrimas al escuchar la noticia del deceso de un familiar amado, algunos rezaron para agradecer, algunos rezaron deseando que eso terminara el dolor, algunos simplemente cerraron los ojos, algunos ignorarán hasta el final de sus días lo que hoy ha sucedido.
Algunas sonrisas no las veremos (ja)más.
domingo, 23 de abril de 2017
Micro tuneada.
Aquí sólo se escucha cumbia progresiva.
El pasaje se toma a cuenta del cover.
Los empujones no son tal, sino una insinuación al perreo.
viernes, 24 de febrero de 2017
De regreso a casa.
Uno ensaya en el contrabajo, una lee un libro en su iPhone, otro busca palabras en un crucigrama, unos platican de lo duro del día, otros platican la película recién vista, otros comentan la desgracia familiar, uno cuenta sus sueños y desea sean realizados, unos bostezan sin ganas de seguir, uno escribe en su celular, uno trata de memorizar algunas fórmulas, uno trata de ocultar sus ojos rojos y su boca pastoza, uno abraza su mochila y piensa en lo que será, uno manda al carajo lo que fue, uno me mira curioso, uno vende piratería con la esperanza de hacerse rico, uno mira a los lados desconfiado, uno extraña, otro odia, uno es, otro pretende, todos en un mismo espacio, sin comprender que todo son uno.
Todos son el mismo y único. Tan independiente y tan ajeno.
lunes, 20 de febrero de 2017
February 20, 2017 at 06:24AM 19.4697468
falta poco para que salga el sol algunos ya llevan rato despiertos otros no volverán a despertar es curioso como la rutina puede más que la empatía es curioso que la indiferencia sea tan grande
domingo, 19 de febrero de 2017
Enjoy your worries
Uno mira con atención el contenido del refrigerador, sin siquiera tener hambre, mientras el otro mira con atención el fondo del bote de basura, tratando de encontrar algo para comer.
Recuerdos.
Si no me crees, pregúntale a mi sombra, ella estuvo ahí.
Llovió un mar sobre la ciudad y terminó espantando a los comerciantes que por primera vez, se fueron a dormir temprano y cuando la lluvia se cansó de mojar la ciudad, ellos ya no le vieron sentido a salir otra vez y por primera vez el silencio se pudo apreciar desde la medianoche de un viernes de quincena.
La lluvia hacía rato que había terminado y sin embargo una gotera se mantuvo toda la noche, el charco vibraba un segundo, recuperaba la calma y un segundo después otra gota golpeaba su lomo.
El sol tardaría mucho en asomarse y sin embargo él ya llevaba rato tarareando esa vieja melodía que era recuerdo, constancia de otros tiempos. El agua comenzó a hervir en la estufa mientras él se ponía los anteojos.
Asomó la nariz por la ventana y sintió una brisa fría que había salido temprano a pasearse por el barrio, la basura que generalmente acompañaba la madrugada de los sábados no estaba y comprendió que la lluvia había ahuyentado la peste que eran sus congéneres y le dio gusto que los comerciantes no hubieran hecho el acostumbrado ruido, pero al cabo de un momento se sintió mal, pues quién era él para juzgar a los demás, siendo que él mismo había pagado una condena en prisión por haber hecho mal.
Todos pueden cometer errores, la cuestión está en que a algunos los errores se los cobran. Algunos errores tienen más peso que otros, algunos errores quedan con un lo siento, algunos errores te cuestan veinte años de tu vida.
Es curioso como la memoria decide quedarse con aquello que más nos duele y lo tiene a la mano para que en cualquier momento, en cualquier pretexto, te lo arroje a la cara y te recuerde que la haz cagado. Algunas palabras se dicen a la ligera, en momentos de enojo se puede amenazar a alguien de muerte o simplemente se le desea como castigo, pero hay ocasiones en que la muerte es accidental, es algo tan simple que resulta inverosímil. Él había discutido con su casero, una serie de insultos y ante el acorralamiento un empujón, quién iba imaginarse que el tipo iba a romperse el cuello tan fácil, y así nomas, una vida le costó veinte años que iban a ser cuarenta, pero gracias a su buena conducta, llámese buena conducta a su docilidad y sumisión, le redujeron la condena.
Le regresaron en una bolsa un pantalón, una camisa, el libro que había traído para leer durante todo ese tiempo, unos tenis y un encendedor. Cuándo pregunto por el dinero que traía , se rieron de él y un policía mal encarado le amenazó, que se largará sin hacer pleito, o lo volvían a encerrar.
Poco sabía del mundo cuando entró, qué podía esperar al salir. Consiguió trabajo en una obra sacando escombro y cuando todos se iban a descansar, él se escondía y dormía en los cimientos. Poco a poco se pudo comprar otros pantalones, dejó de pedir cigarros y compraba los suyos, pudo rentar un cuarto, pudo comprar una pequeña estufa y meses después el tanque de gas para hacerla funcionar. De cartón pasó a colchoneta para dormir, ahora tenía seis pares de calcetines y se le inflaba el pecho de orgullo al verlos todos sin ningún agujero, todo un record.
La ciudad comenzó a despertar poco a poco y supo que pronto ese momento de comunión daría paso al bullicio, todos comenzarían a salir corriendo de sus casas, con prisa por llegar a otros lugares, escuelas, trabajos, oficinas de gobierno, hospitales, algún tianguis, o lo que sea que hicieran en sábado para sobrevivir.
Le dio risa como la gente se queja de su realidad, siempre, sin saber que siempre habrá alguien más jodido. Siempre.
El vaho que exhalaba el café desde su taza le empañó los anteojos y justificó una lágrima que se asomó a ver calle mojada.
Llovió un mar sobre la ciudad y terminó espantando a los comerciantes que por primera vez, se fueron a dormir temprano y cuando la lluvia se cansó de mojar la ciudad, ellos ya no le vieron sentido a salir otra vez y por primera vez el silencio se pudo apreciar desde la medianoche de un viernes de quincena.
La lluvia hacía rato que había terminado y sin embargo una gotera se mantuvo toda la noche, el charco vibraba un segundo, recuperaba la calma y un segundo después otra gota golpeaba su lomo.
El sol tardaría mucho en asomarse y sin embargo él ya llevaba rato tarareando esa vieja melodía que era recuerdo, constancia de otros tiempos. El agua comenzó a hervir en la estufa mientras él se ponía los anteojos.
Asomó la nariz por la ventana y sintió una brisa fría que había salido temprano a pasearse por el barrio, la basura que generalmente acompañaba la madrugada de los sábados no estaba y comprendió que la lluvia había ahuyentado la peste que eran sus congéneres y le dio gusto que los comerciantes no hubieran hecho el acostumbrado ruido, pero al cabo de un momento se sintió mal, pues quién era él para juzgar a los demás, siendo que él mismo había pagado una condena en prisión por haber hecho mal.
Todos pueden cometer errores, la cuestión está en que a algunos los errores se los cobran. Algunos errores tienen más peso que otros, algunos errores quedan con un lo siento, algunos errores te cuestan veinte años de tu vida.
Es curioso como la memoria decide quedarse con aquello que más nos duele y lo tiene a la mano para que en cualquier momento, en cualquier pretexto, te lo arroje a la cara y te recuerde que la haz cagado. Algunas palabras se dicen a la ligera, en momentos de enojo se puede amenazar a alguien de muerte o simplemente se le desea como castigo, pero hay ocasiones en que la muerte es accidental, es algo tan simple que resulta inverosímil. Él había discutido con su casero, una serie de insultos y ante el acorralamiento un empujón, quién iba imaginarse que el tipo iba a romperse el cuello tan fácil, y así nomas, una vida le costó veinte años que iban a ser cuarenta, pero gracias a su buena conducta, llámese buena conducta a su docilidad y sumisión, le redujeron la condena.
Le regresaron en una bolsa un pantalón, una camisa, el libro que había traído para leer durante todo ese tiempo, unos tenis y un encendedor. Cuándo pregunto por el dinero que traía , se rieron de él y un policía mal encarado le amenazó, que se largará sin hacer pleito, o lo volvían a encerrar.
Poco sabía del mundo cuando entró, qué podía esperar al salir. Consiguió trabajo en una obra sacando escombro y cuando todos se iban a descansar, él se escondía y dormía en los cimientos. Poco a poco se pudo comprar otros pantalones, dejó de pedir cigarros y compraba los suyos, pudo rentar un cuarto, pudo comprar una pequeña estufa y meses después el tanque de gas para hacerla funcionar. De cartón pasó a colchoneta para dormir, ahora tenía seis pares de calcetines y se le inflaba el pecho de orgullo al verlos todos sin ningún agujero, todo un record.
La ciudad comenzó a despertar poco a poco y supo que pronto ese momento de comunión daría paso al bullicio, todos comenzarían a salir corriendo de sus casas, con prisa por llegar a otros lugares, escuelas, trabajos, oficinas de gobierno, hospitales, algún tianguis, o lo que sea que hicieran en sábado para sobrevivir.
Le dio risa como la gente se queja de su realidad, siempre, sin saber que siempre habrá alguien más jodido. Siempre.
El vaho que exhalaba el café desde su taza le empañó los anteojos y justificó una lágrima que se asomó a ver calle mojada.
sábado, 18 de febrero de 2017
Día de feria.
Solíamos girar en un carrusel, un caballo de plástico nos permitió ser felices en una feria de barrio, girabamos detrás de un elefante y delante de un camello, siempre al ritmo de una pianola, la gente desesperada por pasar, mientras los padres esperaban con mirada tediosa que pretendía ser alegre al mirarnos, la gente cuidando sus carteras, de los ladrones y del gasto excesivo.
Algodones de azúcar y olor a carne quemada, recuerdos del pasado, recuerdos que huelen a mantequilla y saben a palomitas.
Los gritos se elevan al cielo y ahí se confunden con las risas. Algunos suspiran después de tanto reír. Un niño llora y pide que las tazas no giren más, pero es en vano.
Los carritos chocan y sorprenden a más de uno, algún dedo machucado o alguna frente que golpea un tubo o alguien que se muerde la lengua, pero en general todo es diversión, diversión delimitada por cuántos minutos puedes pagar.
Algunos se entretienen lanzando canicas, buscando sumar puntos y obtener algún regalo, otros confían en su puntería y lanzan dardos, otros "pescan" figuras de plástico que asemejan peces, mientras sus acompañantes disfrutan un algodón de azúcar.
El día comienza a teñirse de azúl y el naranja con rojo se difumina en el horizonte, quizás espantado por la música que vomitan esas bocinas luminosas. Las nubes escoltan al sol en su camino a la eternidad, o acaso se retiran, pues no soportan interponerse entre los enamorados y la luna.
A lo lejos pasan unos niños que le preguntan a su padre si pueden pasar un rato a los juegos, pero el les responde molesto que no, molesto por no tener dinero, molesto por no poder escuchar a sus hijos reír
universos paralelos
Se dio cuenta quizás demasiado tarde.
El primer indicio fue el dolor de cabeza, aún después de haber dormido más de ocho horas.
El segundo fue el mal humor y el tedio que le acompañaba al despertar, y cómo no iba a ser, si acababa de abandonar una realidad que era perfecta.
La gente no le creía y fue por eso que dejó de explicarle a la gente lo que sucedía en sueños, o gracias a los sueños.
Sólo en un viejo diario detalló que al soñar nuestra consciencia abandona ese cuerpo que usamos durante el día para abandonarlo y viajar a un universo paralelo, donde se encontrará otra vez nuestro cuerpo, pero en una realidad distinta y entonces tenía sentido que al abandonar el cuerpo del yo exitoso y millonario, se despertara de malas al saberse humilde y mediocre.
Al principio le sorprendió que algunas realidades no cambiaban mucho, pero después se encontró en situaciones increíbles, se encontró siendo actor porno, artista de televisión, escritor de novelas de terror, guionísta de un programa para niños, travesti, actor de doblaje, escritor, contador de chistes, pirata cibernético, modelo de ropa interior, doctor especialista en diabetes, técnico de iluminación en un programa de cultura, sicario, asesino a sueldo, falsificador de billetes, dueño de una tienda de pelucas, artísta gráfico, jala cables de una banda de ska, peón en un campo de arroz, estilista canino, músico de cámara y a veces tan sólo él.
Algunas ocasiones su realidad era la misma, pero él era el que cambiaba, en ocasiones podía decir que no sin chistar, en otras tenía que agradar a los demás a costa de su autoestima y era capaz de dejarse pisotear en un trabajo seguro, con tal de tener seguridad financiera, mientras que otras veces no tenía para comer pero se sentía feliz, a veces cantaba en medio de un temblor de 8.9 grados, otras veces se orinaba en los pantalones cuando la mujer que le gustaba le devolvía la mirada, a veces entrenaba perros de ataque, domaba osos y era capaz de calmar leones con sólo levantar la voz, otras no podía tomar una decisión por sí mismo, a veces tenía el valor para mandar todo al carajo sin tener la seguridad de que mañana iba a tener dónde dormir, mientras que otras veces agradecía las patadas en el trasero que le daba la vida a cambio de un sueldo fijo.
Cuando descubrió que podía pasar más de un día en una misma realidad se sintió extasiado, siempre se decidía por aquellas donde era rico y poderoso o tenía todo lo que algún día había soñado, pero pronto se dio cuenta de que él lo que más quería era aprender y entonces agradeció cada vez que tenía una existencia humilde, pues era cuando aprendía más, con hambre se disfruta más la comida, es el mejor sazonador, con frío se aprecia más el calor del sol y en medio de la soledad, se aprende a disfrutar a las amistades que de otra forma podrían empalagarnos.
Él creía que la gente estaba loco al no darse cuenta de qué era lo que sucedía, pero entonces comprendió que la realidad del día es la única que la persona concibe, se sabe rico el día que es rico y el día que sea pobre, se sabrá pobre, pues la gente sólo vive en su realidad del día a día.
También comprendió que algunos compartían su secreto y que ellos habían decidido vivir una vida tan sólo, desconectándose de todas las demás realidades.
Quizás podamos coincidir en el próximo sueño, o realidad, llámalo como quieras.
El primer indicio fue el dolor de cabeza, aún después de haber dormido más de ocho horas.
El segundo fue el mal humor y el tedio que le acompañaba al despertar, y cómo no iba a ser, si acababa de abandonar una realidad que era perfecta.
La gente no le creía y fue por eso que dejó de explicarle a la gente lo que sucedía en sueños, o gracias a los sueños.
Sólo en un viejo diario detalló que al soñar nuestra consciencia abandona ese cuerpo que usamos durante el día para abandonarlo y viajar a un universo paralelo, donde se encontrará otra vez nuestro cuerpo, pero en una realidad distinta y entonces tenía sentido que al abandonar el cuerpo del yo exitoso y millonario, se despertara de malas al saberse humilde y mediocre.
Al principio le sorprendió que algunas realidades no cambiaban mucho, pero después se encontró en situaciones increíbles, se encontró siendo actor porno, artista de televisión, escritor de novelas de terror, guionísta de un programa para niños, travesti, actor de doblaje, escritor, contador de chistes, pirata cibernético, modelo de ropa interior, doctor especialista en diabetes, técnico de iluminación en un programa de cultura, sicario, asesino a sueldo, falsificador de billetes, dueño de una tienda de pelucas, artísta gráfico, jala cables de una banda de ska, peón en un campo de arroz, estilista canino, músico de cámara y a veces tan sólo él.
Algunas ocasiones su realidad era la misma, pero él era el que cambiaba, en ocasiones podía decir que no sin chistar, en otras tenía que agradar a los demás a costa de su autoestima y era capaz de dejarse pisotear en un trabajo seguro, con tal de tener seguridad financiera, mientras que otras veces no tenía para comer pero se sentía feliz, a veces cantaba en medio de un temblor de 8.9 grados, otras veces se orinaba en los pantalones cuando la mujer que le gustaba le devolvía la mirada, a veces entrenaba perros de ataque, domaba osos y era capaz de calmar leones con sólo levantar la voz, otras no podía tomar una decisión por sí mismo, a veces tenía el valor para mandar todo al carajo sin tener la seguridad de que mañana iba a tener dónde dormir, mientras que otras veces agradecía las patadas en el trasero que le daba la vida a cambio de un sueldo fijo.
Cuando descubrió que podía pasar más de un día en una misma realidad se sintió extasiado, siempre se decidía por aquellas donde era rico y poderoso o tenía todo lo que algún día había soñado, pero pronto se dio cuenta de que él lo que más quería era aprender y entonces agradeció cada vez que tenía una existencia humilde, pues era cuando aprendía más, con hambre se disfruta más la comida, es el mejor sazonador, con frío se aprecia más el calor del sol y en medio de la soledad, se aprende a disfrutar a las amistades que de otra forma podrían empalagarnos.
Él creía que la gente estaba loco al no darse cuenta de qué era lo que sucedía, pero entonces comprendió que la realidad del día es la única que la persona concibe, se sabe rico el día que es rico y el día que sea pobre, se sabrá pobre, pues la gente sólo vive en su realidad del día a día.
También comprendió que algunos compartían su secreto y que ellos habían decidido vivir una vida tan sólo, desconectándose de todas las demás realidades.
Quizás podamos coincidir en el próximo sueño, o realidad, llámalo como quieras.
viernes, 17 de febrero de 2017
anforismo
el borracho se cree filósofo, y hace preguntas en voz alta, sólo para encontrar el ensordecedor silencio y los gritos de los demonios del pasado, que le gritan desde el fondo de una anforita.
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