lunes, 18 de agosto de 2008

Al final...

Estuve pensando mucho en lo que dijiste, y me doy cuenta de que las cosas así debían de ser. Yo en la cárcel, para que pudieras estar con él. Si no lo hubiera obligado a correr en sentido contrario sería él, el que estaría aquí hablando contigo, aquí en esta prisión. Encerrado sin poder salir. Pero es lo mejor, yo no tengo a nadie en la vida.


Jamás he venido a atormentarte, lo que te atormenta es mi muerte, lo que te atormenta es sentir el dolor que tuvo mi muerte, lo que te pesa es saber la forma en que morí. Sabes que mi intención no ha sido hacerte sufrir, pero no puedo evitar que sientas el dolor que transmite la muerte.

Las ocasiones que vine a verte ha sido para hacerte compañía, ha sido para acompañar tus momentos de debilidad. Cuando lloras por las noches, yo sé que extrañas ese amor que te arrebataron. Sé que tenías muchos planes, sé que querías hacer algo con tu vida. Sé que si no delataste a mi hijo ha sido por que crees que tu debes de pagar los pecados del mundo, crees que sólo así podrás sobrellevar la pena de no haber podido hacer las cosas bien en tu vida. Creeme que te admiro, admiro la manera en que vas camino a tu muerte. Admiro la serenidad con que aceptas la condena de morir, el pagar con tu vida la vida interrumpida. Si los azotes no te hicieron hablar, es por que sabes que el cuerpo es efímero.

Te repiten palabras tantas veces dichas, pensando que eso le dará paz a tu alma, pero no.

Me parece poético el que como última voluntad hayas decidido morir ahorcado.

Todos escucharon tu cuello romperse, pero estoy seguro de que nadie se dio cuenta de la lágrima que corrió por tu mejilla
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