miércoles, 3 de abril de 2013

Remordimiento onírico.

Recuerdo que estabamos en Acapulco, en un hotel que calculo tendría
unos veinte pisos, nosotros estabamos en el último piso, o al menos
eso me pareció. Para el momento en que comenzó a temblar yo pensé que
no volvería a sentir nada igual en mi vida, y es que la intensidad del
temblor era absurda, y mientras nuestro hotel oscilaba de un lado a
otro, yo vi a través de la ventana como un hotel se desplomaba. Corrí
junto a mi novia y, siempre con la idea de perecer en mente, la hice
reír con mis tonterías, al menos durante esos segundos se nos olvidó
que temblaba. Terminó el movimiento telúrico y me apresuré a guardar
en mi mochila las llaves de casa, nuestras carteras y dos botellas de
agua. Cuando intentamos salir del hotel e ir a ayudar a quienes
tuvieron menor suerte, la gente del hotel, gerencia y otros huespedes,
pretendían detenernos alegando que habíamos sido muy afortunados, que
mejor descansaramos. Desperté terriblemente angustiado y turbado. Por
aquellos que no pude ayudar.
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