viernes, 20 de junio de 2014

Del Soundtrack de tu vida.

Los lectores imaginarios, esos que no no existen, pero aquellos para los que escribe con tanta dedicación y esmero. Como el ciego que lee sus poemas en el cementerio, pues alguien le dijo, sin saber que no mentía, “te dejo ante el mejor público, son tan respetuosos que no harán ni un sólo ruido”.


Con el sonido de la cinta al girar, la tenue luz va iluminando una sala que segundos antes estaba oscura y la emoción contenida de los presentes, dispuestos a disfrutar algo maravilloso o al menos deseando que así fuera. El olor a palomitas embriagaba y sin que ellos lo notaran, volteabas a ver a tus acompañantes, mayores que tú,  aún cuando te hubieran dicho que años después recordarías ese momento con nostalgia, hubieras puesto la misma atención, la pantalla reflejándose en los ojos
de él, aquél que ya hoy no está, pero que en ese momento como en tus recuerdos, ríe y bebe refresco come palomitas y pon pons.

La escena se difumina y sales corriendo al baño, por más palomitas o tan sólo a comentar lo que hasta ese momento has visto, es el intermedio, como cuando te despiertas a media noche a beber agua y aun embargado por el sopor y mientras tus ojos se acostumbran a la oscuridad y tratas de recordar lo que apenas unos segundos vivías de forma tan clara pero que tan sólo era una proyección de tu mente, en el blanco lienzo de la memoria.

Suspiras y te acuestas otra vez y recuerdas que en sueños cuidabas una casa, eras empleado y un buen día los señores de ésta, decidieron salir y te pidieron un favor, no te dieron una orden diciendo: Por favor cuida la casa, debemos salir, pero no tardamos, por favor, cuídala como si fuera tuya. Y en sueños viviste años de su ausencia y viste como tus manos se arrugaron y la cantidad de lagrimas desbordó la presa de los parpados, causando una grieta en tu piel y múltiples cauces que algunos llaman arrugas y viste como aquél que desde el espejo te mira atento se convirtió en un viejo que olvidó todo menos cómo sonreír, que tiembla cuando se prepara un café en las mañanas y que tose cada vez que ríe, pero no por eso ha dejado de hacerlo, pareciera que ahora lo hace más que antes.
Tu cabeza se apoya en la almohada y también lo hace esa lágrima que curiosa ha salido a decirte que a pesar de ser un sueño, no has fallado a tu palabra, jamás descuidaste la casa, cuando el tú que creía soñar despertó, el tú que creía ser mientras soñaba murió, hiciste lo que pudiste mientras podías.

La angustia que te embarga ahora no tiene nada que ver con la casa, ahora es el vacío de haberte perdido a ti mismo, haber perdido a aquél que eras o quizás aquél que serás. Ahora que duermes sueñas con el que fuiste mientras ibas al cine con tu familia a ver películas con intermedio y en cines pequeños, llenos de gente que nada tenía en común pero igual apartaban el lugar mientras otro iba al baño o comprar palomitas, y siempre haciendo fila con anticipación para poder escoger un buen
lugar, los niños queriéndose sentar al frente, los adultos en medio y los adolescentes atrás.
Las imágenes desfilan frente a ti, eres un espectador una vez más, pero en ésta ocasión se proyecta la película de tu vida y tienes la posibilidad de mirar lo que en su momento no pudiste ver, no había manera, lo que decían de ti cuando te ibas, cuando no estabas qué opinión tenían de ti, escuchas lo que dijeron tus compañeros ese día que no fuiste al escuela por estar enfermo y escuchas lo que dijo alguna vez tu madre de ti, cómo lo dijo y por qué lo dijo, te das cuenta de esa parte que tienen los demás de ti, pero que de alguna manera te pertenece. Y casi al final, ahí donde deberían ir los créditos, extraños emiten juicios acerca de ti, la señora a la que hace mucho cediste el asiento, el niño al que ayudaste a recoger sus cosas al notar que se arrodillaba a recogerlas, y aquellas personas que no miraste a los ojos, sino que ignoraste, el viejo que extendió su mano para pedirte limosna o la señora que con un rebozo llevaba a su hijo de un lado a otro, en una mano un paquete de chicles y en la otra un vaso con una servilleta en el fondo como sí el sonido de las monedas contra el plástico trajera mala suerte o acaso atrajera a los demonios de la envidia y la desdicha y tan sólo imaginar dicho sonido la pudiera afectar, y con atención te mira pasar, cargando una mochila, con prisa, unos audífonos te mantienen encerrado, no permiten que las ideas salgan, las mantienen encerradas, egoísmo intelectual. Quizás la miraste, quizás ni siquiera eso, pero ella tiene algo que decir sobre ti, ella y todos a los que alguna vez tuvieron contacto contigo, aunque fugaz. La niña hermosa que no podías dejar de mirar cuando tu escuela fue de paseo a la fábrica de golosinas y la notaste por primera vez, cursaba el curso inferior y notaste su sonrisa al momento en que sus amigas te señalaron, tu te agachaste y durante todo el recorrido fue el juego de infantes, mirarla para que ella te notara y después esconderse para repetir el ciclo. Después no supiste nada de ella, tu madre murió y tuviste que mudarte a otra ciudad donde también miraste otros ojos y ellos, también ellos tienen algo que decir y mientras todo eso sucede, al fondo de musak, suena la música que sin saberlo escogiste como el soundtrack de tu vida, hay canciones que hoy aún no has oído pero que dentro de años no dejarás de tararear, así como cuando niño cantabas todo el día una canción que hoy ni siquiera recuerdas y así poco a poco se van escuchando canciones que en su momento amaste y enmarcaron momentos cruciales de tu vida, en la película de tu vida está aquella canción que crees recordar cuando eras muy pequeño y la cantaban para hacerte dormir, también está la primera canción que, siendo un simulacro de hombre te sentaste frente al radio a esperar que la programaran, listo con una cinta que previamente habías preparado, el botón de REC y PLAY presionados y tu dedo índice acariciando el botón de PAUSE, listo para el momento en que esa melodía suene y pueda quedar grabada en la cinta así como tantas cosas se grabaron en tu psique, tatuándolo, y esa cinta contiene canciones que quisieras olvidar, canciones que cantaste cuando niño, y la cinta de la memoria también incluye eventos que quisieras no haber vivido, pero que son la suma de lo que eres hoy y de lo que serás en un futuro, todos esos eventos te marcaron y si te tocó vivirlos tan pronto fue por una razón, no hay casualidades, sino causalidades, y todo lo que hiciste fue causa de algo mayor, quizás sin saberlo le salvaste la vida a muchas personas, al escucharlas cuando más sufrían y así, años después, esa carga negativa que escapó en esa terapia catártica contigo fue la causa de que ellos no se suicidaran, o quizás más simple, al estar con ellos no estaban en otro lado, no estaban camino a casa y por
tanto no estaban frente al carro que no iba  a poder frenar, y por tanto hoy caminan gracias a ti, y así tú también le debes mucho a otras personas y sin saberlo, quizás si lo supieras, o si lo supieran, no habría forma de agradecer.

Ahora suena la canción que justo ayer cantabas con emoción y que durante todavía un par de años te va a acompañar y estará ahí, como un amigo. Y hablando de amigos, te acuerdas de aquellas tardes en que pasaban horas hablando de todo y nada a la vez, en que el humo de cigarro se impregnaba en tu cabello, cabello que hace mucho que se fue, se cayó o lo cortaste y tal como tenías el cabello en ese entonces te ves en la pantalla y suena esa canción que repetían como un dogma, como un canto sagrado y te preguntas, porqué nos gustaba y la respuesta la tienes ahí frente a ti, se proyectan las respuestas a todas esas preguntas que alguna vez te hiciste en voz baja o en tu mente, antes de dormir o mientras te bañabas o mientras camino a casa te perdías viendo por la ventana como la lluvia comenzaba a oscurecer el asfalto y como el olor de madera inundaba el ambiente, o mientras con tus audífonos te dabas el tiempo para pensar o mientras la duda te asaltaba al dar vuelta a la página del libro que en ese momento leías y que apartaste un segundo con el dedo resguardando celosamente el punto de partida y con la mirada perdida al frente pensando o mientras a la salida del colegio todos te presionaban para pelear y sabiendo que no había vuelta atrás miraste a tu oponente aquél que no querías lastimar pero del cual tampoco podías huir y lo miraste a los ojos un segundo, antes de que él te empujara con violencia. El golpe, ese golpe que recibiste en el rostro también se muestra y suena una canción y hoy ríes, pero ayer llorabas. Y así poco a poco van desfilando los eventos que te marcaron, tu primera cita, tu primer beso,  la primera vez que te dejaron o que dejaste a alguien, la primera promesa que no te cumplieron pero también las promesas que no cumpliste, las veces que mentiste y que te mintieron, las veces que tomaste algo que no te pertenecía, aquella vez que raicionaron tu confianza, y la vez que le fallaste a alguien, cuando no pudiste apoyar a alguien y cuando pensaron que no te importaba pero cuando en realidad hubieras dado todo por no fallar, y todo eso te ha hecho lo que eres y ha formado la impresión que tienen de ti, y no es momento de aclarar nada o de limpiar tu nombre, te das cuenta de que ya estás por encima de eso, te das cuenta de que la vida es una y de que lo que puedes hacer tienes sólo una oportunidad, y se llama el día a día, puedes ser un villano o un héroe y no puedes dar marcha atrás, lo que no hiciste en su momento ya no hay forma de hacerlo, quizás puedas enmendar los errores, pero no puedes volver al momento preciso en que debías tomar una decisión y no puedes volver atrás para decir perdóname, quizás lo podrás decir después, pero el momento no es el mismo y el peso  de tus palabras no es el mismo y por tanto el efecto. Y a pesar de darte cuenta de esto quisieras volver atrás y decirle te quiero una vez más o abrazar a aquél que hiciste llorar o sonreír ante aquél que te lastimó o tragar saliva y decirle por favor no te vayas o ser capaz de levantarte y hacerle frente a aquel que te molestaba en la primaria o dejar en paz a aquel al que atormentaste durante tanto tiempo a pesar de notar en su mirada la clara pregunta "¿Por qué me haces esto, que te he hecho yo a ti?".
Y piensas en todo y nada mientras escuchas una vieja canción que te recuerda viejos tiempos, viejos lugares y al viejo tú. Y mientras repites el coro con la misma emoción de ese entonces te pones en pie te sacudes las palomitas que cayeron en tu pantalón recoges tu basura, un viejo hábito aprendido en el kínder, caminas hacía la salida y ese señor vestido de blanco te pregunta sí has disfrutado la función, respondes después de pensarlo un poco, sí mucho. La siguiente pregunta te deja pensando aún más, y ésta fue, cambiarías algo de la película, y crees que sí, pero decides responder que no, que a pesar de cómo sucedió, lo disfrutaste mucho, pues disfrutas ser quién eres.

Una palmada en tu espalda y los dos caminan hacía una luz potente al final de un pasillo, te cuenta cosas que hoy son de suma importancia pero que mañana de alguna forma intuirás y que un día en el futuro confirmarás, para saber qué te dijo tendrás que esperar pues has despertado, la luz del sol ilumina tu cuarto y crees entender que sucede, has visto la película de tu vida en sueños, o al menos eso crees al leer las líneas de alguien que quizás no existe, pero que tararea una canción que no conoces, pero que quizás escucharás dentro de unos años, si te acuerdas, cuéntame qué te parece.

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