domingo, 2 de octubre de 2016

34 y 7

treinta y cuatro años y siete días después, la luna no asoma ni media barriga, pero ahí está y en silenciosa formación las estrellas la escoltan, mientras unas nubes juegan a disfrazarse, allá una de perro, acá una de perfil griego y aquí en la tierra los suspiros exhalados llevan tatuados el nombre de nuestros muertos.

el mundo tal como lo conozco quizás no existía antes de mí y quizás desaparezca cuando me vaya o, lo más seguro, quizás cuando yo me vaya todo seguirá igual, un niño correrá a su cuarto con un vaso lleno de leche y un plato con un sándwich y con prisa encenderá la tele para ver caricaturas, tal como yo hice alguna vez, ignorando lo que sucedía en mi haber,  mientras que alguien busca los teléfonos que hay que marcar para anunciar la noticia, los hermanos que llamo amigos tratarán de recordar esa canción que les hice jurar pondrían en mi funeral y quizás no se atrevan, o quién sabe, a lo mejor no la quitarán en toda la noche y cada vez que quieran invocar mi recuerdo la pondrán a todo volumen y sus hijos se extrañarán y dirán, otra vez esa canción...

a lo mejor cuando yo me vaya de éste mundo una flor abrirá sus pétalos y nadie verá el milagro que es, por considerarlo algo corriente y común, seremos olvido

quizás tenga la oportunidad de reunirme con todos mis muertos y en un espacio donde el tiempo no estorba, tendremos toda la eternidad para platicar o ignoramos, para ponernos al día con gusto o para seguir reclamándonos. será el cielo o el infierno

se dice que cada siete años uno ya no es el que era, a nivel celular me refiero, siendo así yo ya voy hacia mi quinta renovación total y me sigo preguntando qué me define

Qué me hace ser lo que soy y si acaso es algo externo, me pregunto si estoy totalmente de acuerdo, quizás no y ahí es donde nacen los problemas, la inconformidad, la impotencia y la frustración . quizás no debí creerle a aquellos que me dijeron que no podía hacer algo, aunque el único responsable soy yo, no los demás, yo compré lo que me vendieron

treinta y cuatro años después, menos cabello, muchas canas nuevas, un par de perros que apenas miro me mueven la cola, miles de canciones aprendidas, canciones nuevas que me recuerdan viejos amigos y canciones viejas que me recuerdan aquél que fui entonces, momentos que de a poco se van volviendo recuerdos u olvidos, tengo una bicicleta arrumbada, unos tenis que últimamente no han tenido muchas ganas de salir, unos zapatos que ya comienzan a lastimar, quizás porque había dudado al andar, pero poco a poco lo voy corrigiendo, una alcancía vacía y a la vez, llena de ilusiones, tengo en mi haber millones de hojas con dibujos y poesía, pedazos de mi alma que no sé dónde están, pues no les di importancia en su momento, tengo miles de errores y millones de lecciones aprendidas, tengo una sonrisa que ha sido intermitente, tengo recuerdos mezclados con ficción, tengo miles, millones de ideas, tengo litros de tinta en las venas y muchas ganas de esparcirla en papel, tengo miles de suspiros encerrados en la jaula de los pulmones y buscan escapar, tengo un mar de lágrimas que a veces, a causa de la luna y su efecto en las mareas, sube de nivel y me cierra la garganta, amenazando con desbordarse e inundarme, tengo miles de historias que contar, tengo una lista con las promesas que hice y que no cumplí, tengo miles de horas perdidas, tengo recuerdos y tormentos, tengo arrugas nuevas que me recuerdan al barro que se erosiona y me espera, tengo cicatrices que me comprueban que estoy vivo y por tanto soy finito, tengo miles de canciones cantadas, tengo emociones por experimentar y muchos sueños extraños donde hay insectos gigantes y a veces vuelo

tengo tantas cosas que quiero hacer y cada vez menos tiempo

tengo tantas cosas, pero lo que me emociona es pensar en lo que viene
en lo que está por venir, en lo que está por vivir

un año más en la vida, una vela más, símbolo de la luz, de la claridad, pues con el tiempo me acerco más a entender quién soy y me acerco a esas respuestas que alguna vez busqué y aunque algunas preguntas quizás nunca tengan respuesta, hay otras que darán más sentido a mis pasos

me pregunto qué canciones cantaremos, qué lágrimas lloraremos, qué suspiros nos arrancarán los recuerdos y qué queda por vivir

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