domingo, 18 de diciembre de 2016

Llama que aún no arde.

Lo que hoy vivo mañana será una anécdota más. Servirá de referencia para entender lo que ha de venir y que hoy no siquiera concibo.

Algunos jamás sabrán lo que hoy me sucede y aún así se sentirán con el derecho de emitir un juicio sobre mí.

Tu existencia fugaz marcó mi vida y me enseñó que puedo ocuparme de alguien más aparte de mi. No podremos jugar a las escondidillas, aún no. 

Aquí estaré esperándote.

Ya me enseñarás a descubrir el mundo a través de tu mirada, pasaremos horas adivinando la forma de esas nubes histriónicas que no terminan de decidir qué quieren ser. 
Me harás preguntas tan sencillas, que no podré contestar y pasaré horas investigando miles de porqués y aprenderé, a través de tu curiosidad, a redescubrír el mundo. Te contaré mi vida mil veces, esperando que no cometas los mismos errores que yo, pero también esperaré a que vivas tu vida y cometas tus propios errores y querré estar ahí cuando tengas ganas de reír y cuando tengas que llorar, escucharé todo lo que tengas que decir, y trataré de que tengas tu propia voz y tus propias ideas.
Veremos a las hormigas y les pondremos nombre, les inventaremos una historia maravillosa.

Quizás mañana tendré que explicarte éstas líneas y entonces te abrazaré y me verás llorar, quiero que sepas que son los recuerdos acumulados en mi garganta los que no me dejan hablar, recuerdos de una historia que comenzó a escribirse hace treinta y cuatro años, si tienes tiempo, quiero contarte mis recuerdos acumulados, eso que llamo mi vida.

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