domingo, 26 de octubre de 2008

De mis días en Puebla.

Cuando uno comienza algo, no sabe que esperar.

Fui a la ciudad de Puebla tres semanas, esto con el fin de capacitar a los cajeros de la nueva tienda Idea que se inaugurara el 15 de Noviembre, si es que no sucede nada extemporaneo.

En cuanto recibí la noticia me sentí emocionado, después nervioso, por que no sabía si sería capaz de llevar semejante tarea. Aunque si mi jefa consideró que podía hacerlo y R.H. opinaba lo mismo, no podía yo dudar de mí.

Llegué a la tienda esperando mucha resistencia por parte del equipo de trabajo, esa es la idea que me metieron en la cabeza, pero la verdad es que no sólo recibí un excelente apoyo, sino que aparte del trabajo, recibí mucha cordialidad y hospitalidad.

Fueron tres semanas muy interesantes, debía cumplír 24 hrs. de entrenamiento con cada cajero, y pude cumplír 50 hrs. en promedio.
Dejo la ciudad con la satisfacción de que cumplí.

Espero regresar pronto, por que extraño las cemitas... jajajaja.
En la ciudad de Puebla anduve más que nada por el centro por que el hotel estaba a cinco minutos de este. Así que varios días anduve recorriendo Puebla.

La verdad es que me encantó la ciudad y si bien no lo pude recorrer a gusto, me encantó lo poco que conocí.

El trabajo y la relación con la ciudad y la gente fue mejorando día a día, honestamente he de decir que me sentí muy bien en los días que estuve por allá.

Espero regresar la próxima semana, por que esta allá la dueña de mis suspiros, a ver que pasa...


El día sábado me hicieron una despedida, cosa que agradezco. Aparte de las cervezas y las risas, por ahi de las 3 de la mañana los compañeros querían seguir la fiesta, así que fuimos a Cholula a un bar donde estaba un amigo de uno de los cajeros, yo me quedé dormido en el carro, no tenía ganas de seguir tomando, como a las cinco salieron el jefe de la línea de cajas y un supervisor, y justo cuando avanzabamos una cuadra nos detuvo una patrulla. Debido al aliento alcoholico del conductor tuvimos que llevar el carro al corralón, cosa que hice yo, al estar en mejores condiciones. Ya en el corralón, sin carro, con frío y abandonados a nuestra suerte por parte de los oficiales, que ni siquiera quisieron dejarnos donde nos habían detenido, tuvimos que caminar.
Andar por Cholula sin idea de donde podíamos tomar un taxi. Con mucho frio, con sueño caminamos unas cuadras, hasta que llegamos a una avenida donde un taxi, a cambio de 90 pesos, nos llevó a la Capu, o sea, la términal de autobuses.

A las 5:45 subí al camión que me trajo a la ciudad de México. Ahora que lo pienso conté la historia muy resumida y quizá sin emoción, pero es que tengo mucho sueño.


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