sábado, 2 de abril de 2011

Chilango, no más.








Hay que levantarse a las seis de la mañana para desayunar, cinco y media si por pereza no me bañé en la noche, prepararme para salir a las seis y media para tomar la combi, la que va al Toreo, por que si no tengo que tomar otra combi, lo que complica el itinerario y el presupuesto.

Bajar por la super avenida lomas verdes, no no es broma ni sarcasmo, ese es el nombre, para encontrar que a esa hora la gente que va a la Universidad del Valle del México es demasiada, pero son mas los autos que llevan solo uno o cuando mucho dos pasajeros. Tráfico.

Llegar a toreo y rodear por los andenes, de la K hasta la L, que alfabéticamente esta de volada, pero estando en el metro son unos cuatro minutos y medio, eso si no paso a comprar una guajolota o unas galletas. Llegar a la fila de las combis que salen a "Interlomas, Centro Banamex", si todo salió bien y no cometí errores, estoy en la fila del andén L a las siete y media de la mañana, quizás siete treinta y cinco, entonces la fila no es tan considerable, quizá unas siete u ocho personas, si por el contrario llego después de las siete cuarenta ya hay una fila bastante considerable, lo que hace que sea bastante difícil conseguir un lugar en el transporte.

Salir del metro para incorporarse nuevamente al tráfico, ahora a bordo de una "urvan" ya no son combis, incorporarse nuevamente al tráfico, ahora es más incomodo, por que se está mas cerca del destino y se va mas apretado.

Llegar al trabajo a las ocho y media, quizás antes, prepararme un café o un té, o a veces hasta comprar un jugo de naranja.

Comenzar una rutina que no me aburre sino que me entretiene.

Trabajar de lunes a viernes, descansando los fines de semana, visitando bares del centro donde las cervezas dos equis lager circulan al por mayor, eso si bien frías, las ámbar se ven menos, quizá solo a algunos nos gustan. Por extraño que parezca hay quienes prefieren beber cerveza indio.

Entrada la noche ya con unas cuantas cervezas entra al bar un señor con una pequeña caja negra colgando al hombro, no es ninguna celebridad, no es nadie que por el simple hecho de existir haga que la inercia del mundo continúe, ni siquiera se le recuerda una vez terminada la noche. Sin embargo todos lo esperan, esa cajita que cuelga es una simple batería con un par de cables sujetos a un par de mangos de metal. Es el señor de los toques.

Por diez pesos se puede disfrutar de vivir el cliché, ser parte de lo que muchos no conocen, han oído, pero que ni siquiera imaginan.

Eso o visitar el centro histórico con sus librerías de viejo, sus tantos museos, sus tantas calles llenas de chacharitas útiles.

Vivir en una ciudad donde hay millones de personas, donde nadie sabe el nombre del que va al lado en el metro, todos en su pequeño universo, perdiendo de vista que aquel que esta a nuestro lado también respira y orina, que come y que depende de las mismas cosas que nosotros. Que yo.

A veces pensando que historia podría contar cada uno de ellos.

A veces pensando que historia tengo que contar yo.


Sábado, igual que ayer, escribiendo en un teclado un montón de letras que quieren dar a entender un mensaje, pero esta vez no sé si seré leído, y si acaso me lean, no sé si me leerá la persona que quiero, o si me leerá quien no quiero. No lo sé, pero no me apura, escribo por que hace mucho que no lo hacía aquí.

Parece que ahora podré decir esa tontería, "sigueme en mi tüiter, güe!"


espero que no me gane la antipatía hacia esa cosa y que me conecte más seguido. Si les interesa es: JruizMeillon creo que le ponen una arroba antes, no sé.... Creo que mi falta de ánimo solo augura pereza hacia el tüiteo...

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