sábado, 1 de octubre de 2011

De un niño agradecido, para un grande.

Cuando era niño solía pasar horas frente al televisor, como muchos, me dejaban viendo películas de Disney en las comidas familiares, o a veces, viendo documentales de National Geographic con mi sobrino Rodrigo. Poco a poco, sin quererlo ni buscarlo, me volví adicto a la caja idiota, sabía de memoria la programación diaria de canal cinco, me emocionaba cuando salía el gato GC, cantaba los anuncios que saturaban los intermedios y devoraba los contenidos, desde Plaza Sésamo y el tesoro del saber, hasta Voltron, Mazinger Z y los Thundercats.
Recuerdo que uno de los programas que más disfrutaba era el show de Capulina, ya antes era fan de sus películas, que como niño que era, me parecían lo mas gracioso que podía existir. Hoy hace veintitantos años de eso, y con la misma sonrisa me acuerdo de ese niño que saltaba en la cama lanzando patadas y golpes mientras Alushe y Tinieblas se hacían cargo de los "malos" con un Capulina inconciente de fondo. Alguna que otra vez caí de la cama al no calcular bien el espacio, presa de la emoción, rapidamente me reincorporaba para seguir el curso de las acciones.

El mensaje era claro, la gente buena por muy ingenua o tonta que sea siempre cuenta con aquellos que les ayudarán en las peores situaciones. Uno a veces es ese Capulina que se pierde en el peor momento, o podemos ser un Alushe o quizás un Tinieblas, y no quiero decir que hemos de batirnos a golpes con los malos, sino que podemos ser un apoyo increíble para los demás, el alcance que tiene una sonrisa en el otro puede ser increíble. Cuando falleció mi mamá llegó un momento en que harto de escuchar los susurros que decían "pobrecito, se murio su mami" al verme pasar, me volvía cada vez más huraño, y aún hoy recuerdo con cariño aquel compañero que se acerco a mí en el recreo, yo pensé que iba a decirme lo que en esos días escuchaba a diario, "qué se siente no tener mamá?" o los de mayor tacto, "cómo te sientes", pero él no, simplemente me vio a los ojos, sonrió y me dijo, quieres jugar conmigo, mientras extendía en su mano una pelota.

Honestamente no sé como podría pagarle a todos aquellos que con una sonrisa me ayudaron en momentos de infortunio, no sé, a pesar mío, si cuento con tan buena memoria como para recordarlos a todos, pero sé que debo mucho a muchos. Capulina es uno, me ha provocado tantas sonrisas, he reído tanto con sus películas que no sé como hubiera podido pagarle, pero si sé que somos muchos los que lo recordamos con cariño, con respeto y no podemos evitar sonreír al escuchar su nombre.
Fue un grande, y como grande se le recordará.
Ayer que escuché la noticia de su muerte no pude evitar imaginar, en el cielo, una enorme comitiva recibiendolo con una rosa blanca en la mano, aplausos y sonrisas de orgullo.

Capulina paseandose entre otros grandes, Cantinflas sonriendo con esa sonrisa de niño en cuerpo de octagenario, Monsivaís abrazándolo y dandole la bienvenida mientras acaricia un blanco gato.
De pronto Capulina voltea y lo tiene de frente, su compañero de travesía, Viruta, que le sale al paso. El silencio se puede sentir sobre los hombros, despues de unos segundos que parecieron interminables ambos gritan Hermano!, mientras se funden en un abrazo.

Y no es que la ulcera haya vencido a Capulina, sino que en un último gesto de grandeza, mató dos pajaros de un tiro, se libró del tormento de la enfermedad y le recordó a la humanidad lo maravilla que es reír, y sólo é hizo reír como los grandes, sin repetir chistes idiotas, y sin abusar del albúr.

Descance en paz el gran Capulina, nos veremos pronto otra vez?

"No lo sé, a lo mejor, quizás, puede ser..."
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