sábado, 6 de septiembre de 2014

Catarsis por música, obligada y luego voluntaria.

2:34 de la mañana

Imagino un estéreo grande, excesivamente grande, de esos que se pueden ver a la entrada de las tiendas Elektra que inundan las calles, de esos que incluso tienen luces neón, para que el comprador no tenga que hacer un gasto extra. De sus grotescas bocinas se escucha, a pesar de los que queremos dormir, música común que nada tiene de particular y por tanto es tan difícil de soportar.
Pasados unos minutos la cofradía entona, mal, las mañanitas, siguen unos aplausos y la música sigue.
Todo comenzó ayer a las once y media e incluso hoy sábado las bocinas siguen vomitando canciones que a mí me parecen una burla, una clara afrenta a los oídos que buscan cerrarse y que en este momento lamentan no tener párpados. (deja vu)

En un momento quise enojarme por no poder dormir, pero no pude, desafortunadamente tengo buena memoria. Y fue la memoria la que susurró a mi saturado oído aquellas veces que recibí el amanecer de igual manera, con amigos del alma o amigos de ocasión y música que yo considero genial inundaba el ambiente y justo hoy me pregunto a cuánta gente no dejé dormir en su momento, cuántos no habrán maldecido mi (nuestro) gusto musical y el ruido de nuestras risas y porque no decirlo, aquellos gritos desesperados. Incluso puedo sentir el humo de cigarro que sube despacio por entre mis dedos recorre mi muñeca y de ahí salta a mi hombro, susurra cosas que aún hoy no termino de entender, juega con mi cabello, tal como lo hacen los mayores con el cabello de los niños quizás temiendo aquello en lo que han de convertirse, y después de unos segundos sube, se condensa en una nube y desde ahí observa como te pones en pie de forma torpe, entras al baño y después de un rato sales, y ahí de pie miras lo que sucede a tu alrededor, gente que no conoces acompaña a quienes crees conocer, pareciera que nadie nota tu presencia, hasta que alguien coloca su mano en tu hombro y te pregunta si estás bien y entre hipos logras articular un sí, un sí que tomó una eternidad en resbalar desde tu lengua hasta el borde del vaso que sostienes con maestría, es tu punto de equilibrio.

Desde ese vaho que flota queriendo salir de ahí, ves la misma escena una y otra vez, cambia la gente que está contigo, algunas veces cambia la ubicación y la música, incluso cambias tú, te ves cómo el contestatario rebelde, como el intelectual de closet, siempre repitiendo ideas ajenas, como el melómano, como el gran cuenta chistes, como el poeta y la gran mayoría de las veces todos convergen en un tú callado que escucha, se entretiene aprendiendo de los demás.

Con un suspiro expulsas los recuerdos, la música sigue en este momento que transcurridos unos minutos será pasado, escribo líneas que son testimonio de algo que ya ocurrió y que el yo del futuro podrá recordar al releerlas, pero que el yo de ahora plasma poco a poco y que son su realidad y por tanto importante, tan importante como aquellas pláticas que apenas y podían escucharse entre los acordes de guitarra, un comentario aquí y otro allá y se conseguía algo extraordinario, pero ahora se requiere de mucho mas para captar tu atención.

Estuve a punto de beber un güisqui, pero me iba a dar hambre y no quiero cocinar, no quiero encender la luz, sería una declarada invitación para que el insomnio entre a mi cama, se revuelque en mis cobijas y me robe la mejor almohada, pero no, prefiero que sea un simple coqueteo.

Me pregunto en donde estás, en dónde está el yo del futuro y donde quedó el yo del pasado, cierto es que convergen en el que aquí escribe hoy e incluso en aquel que comenzó a escribir esto y en aquél que pasados unos días lo lea nuevamente, pero no puedo evitar preguntarme que será de mí dentro de unos años, me tatuaré como alguna vez me prometí o ahora sí podré comprarme una guitarra para poder disfrutarla y en ese futuro tendré el restirador que tanto quiero. No lo sé, pero más vale que desde hoy le de forma a esa arcilla que seré yo.

La música por fin se ha callado, nos hicieron escuchar las mañanitas de cepillín, las de alejandro fernández, cuatro versiones infantiles y otras dos que no pude reconocer el artista, pero que resultaron igual de redundantes, creo que con una vez bastaba. Curioso que éste mes también es mi cumpleaños, si buscas mi nombre en el 82 podrás verlo entre muchos otros, será un evento común y corriente en lo general, pero especial en lo particular.

Sin darme cuenta el insomnio tomó control de mis manos y escribe a voluntad, plasma como puede el caudal de ideas. Debería estar durmiendo.

Para contrarrestar la música de ellos, me puse los audífonos, encerrando la música que me gusta dentro de mi cabeza. Canciones que hoy repito hasta el cansancio y que quizás mañana al escucharlas diré, hace mucho que no escuchaba esa canción y como nota adicional diré, esa canción me recuerda, y agregaré detalles que hoy me resultan tan cotidianos, pero que para entonces serán distantes y tendrán manchas de óxido y ficción.

3:39 de la mañana

simple catarsis.

El sueño me ha abandonado. Rasco mi cabeza sin ganas y sigo escribiendo, dejo que las ideas se acomoden en el lugar que quieran.

Justo ahora me dan ganas de pararme, encender la computadora y pasar unas canciones al celular, canciones de antaño que masajeen la memoria y le permitan mostrarme cosas que en éste momento no puedo ver con claridad y que estoy seguro que mañana no querrán mostrarse o al menos no como lo harían hoy, pero desisto, en verdad quiero dormir.

Más de una vez he soñado que vuelo y que floto por sobre todos, y hoy me pregunto su acaso el volar no es una cualidad innata del ser humano, pero estamos convencidos que solo es posible en sueños y por tanto no lo intentamos, pues han logrado tatuar en nuestra psique "NO PUEDES VOLAR" y lo peor es que lo hemos creído...

Ejercicio mental,
Reproductor en "shofl", dejar que suene la canción y evocar esos recuerdos que se despiertan y se mueven cual serpiente encantada que asoma su cabeza y se muestra bailando a ritmo de cumbia de celso piña, y uno cuenta todo lo que recuerda con esa canción, dónde está, con quien, haciendo qué o acaso en qué momento de tu vida se escuchaba esa canción.
Repetir cuantas veces sea necesario y en caso de ser posible hacerlo con varias personas, cada uno con su propio soundtrack de vida y ver cuantas canciones son comunes y cuántos recuerdos parecieran fundirse en uno solo.

Ya casi llega el sol y no quiero que me vea aquí escribiendo. Adelantando canciones que son muy buenas, pero no para éste momento, siempre hay canciones que no queremos escuchar en ese momento y pareciera que no llega su momento, les vamos negando la oportunidad de acompañarnos y de pronto, pasados unos días o unos años, se convierte, quizás por accidente, en la canción perfecta para enmarcar un momento, y no dejamos de escucharla y cansa a los que nos rodean pero no a nuestros oídos, incluso sucede con canciones que vienen a visitarnos desde el pasado y aunque no cautivaron al yo de entonces, hoy enamoran a nuestros oídos, y las piezas encajan de forma perfecta, ahora sí y el espectro total lo comprendemos mejor y forjamos un recuerdo nuevo, uno que con suerte nos acompañará hasta ese momento en que cansados cerraremos los ojos y lo recordaremos todo y una canción sonará en nuestra mente y todo tendrá sentido y podremos comprender todo. Solo nos queda hacer las cosas hoy para que mañana no sea demasiado tarde.

4:05

En mi cabeza suena una melodía triste, las cosas tienen más sentido y puedo entender aquello que ayer no comprendía, pero que hoy ya no puedo solucionar, sólo me queda revivir el momento y jugar con la imaginación.

Qué hubiera pasado sí

no me hubiera puesto los audífonos, quizás ya estaría dormido

me hubiera servido ese whisky o güisqui

hubiera dicho perdón a tiempo

hubiera dicho no aquellas veces qué me vi obligado a decir sí

no te hubiera conocido

no me hubieras conocido

no hubiera seguido sus pasos

sí no hubiera nacido

No me arrepiento.

Espero calmado a qué el insomnio se vaya y en la calma haré recuento de daños.

Hace años compré una cinta para grabar un cassette de música mezclada, por una serie de eventos no pudo ser y hoy acumula polvo en un cajón, pero no la tiro porque tengo fe en que pronto podré grabarla, pero sobre todo porque me recuerda que lo que no hago y dejo para después, puede convertirse en sólo una intención y no en realidad.

EN DÓNDE ESTÁS, QUE ESTÁS HACIENDO, YO ME PREGUNTO.

4:20  cerraré los ojos esperando que el insomnio se aburra y busque a alguien más que pueda entretenerlo...

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