sábado, 1 de agosto de 2015

El cielo comenzó a pintarse de rojito. Rojito, como la sangre.





¿Alguna vez has visto un muerto?



Lo que quiero decir es, cómo saber si aquellos que vemos a diario y que incluso conviven con nosotros, están realmente aquí. No tenemos manera de confirmar que la señora que tiró sus mangos en la esquina por accidente, obligándonos... No, nadie nos obliga, fue nuestra decisión ayudarla y en ese momento, al ayudarle, perdimos valiosos segundos y sólo gracias a esos segundos es que seguimos vivos, quizás unos pasos adelante el camión que vimos pasar con prisa nos hubiera golpeado o incluso arrollado, pero no, no fue así.

No sé si me explico.


Esto que te voy a contar pasó cuando era muy niña, tendría unos ocho o nueve años, pero se me quedó marcado de forma increíble y durante muchas noches no pude dejar de pensar en eso.


Eran alrededor de las cinco de la mañana, desperté porque mi papá abrió su ventana, el frío nos golpeó a todos. A mi mamá le gustaba viajar adelante con papá, pero como siempre se quedaba dormida, mi papá la convencía de que se fuera atrás, le decía que así iría más cómoda, además de que en ese entonces estaba embarazada. Cuando mi mamá le dijo que estaba bien, que se iría atrás, papá me miró con una sonrisa cargada de complicidad.


Era el primer fin de semana de vacaciones e íbamos a Acapulco, a mi papá le gustaba llegar temprano al hotel para registrarnos y poder disfrutar toda la tarde "echado en la arena", no te rías, así lo decía él. El caso es que salíamos de la casa como a las cuatro o cinco de la mañana, cuando todo estaba oscuro y frío. Al principio me daba miedo pero mi papá me explicó que a esa hora ya hay mucha gente despierta y que de hecho es muy difícil que en esta ciudad haya un momento en el que no haya cuando menos unas cien personas despiertas no importa que sea muy tarde, yo pensé que lo decía para calmarme, pero una vez que salimos del fraccionamiento rumbo a la carretera me di cuenta de que era cierto, había mucha gente montando sus puestos, ah pues te acuerdas del mercado que se pone por casa de mi abuela, pues ese mercado ya es viejísimo y ya en ese entonces se ponía, y todos desde temprano montaban sus puestos y más adelante, ya en periférico, había muchos carros y hasta personas esperando el camión.


La verdad me da pena decirlo pero me quedé bien dormida, al principio sí platiqué con mi papá, pero ya después de como una hora me ganó el sueño, hasta que abrió la ventana.


Es como cuando se sube el gato a la cama y se mete en las sábanas, nada más que el gato está calientito. El frío me pegó primero en la cara y después me subió por las piernas, cuando llegó a mis brazos los apreté fuerte y entonces desperté. Mi mamá tenía una cobija encima de ella y lo único que hizo fue cubrirse la cara. Mi papá me pidió perdón por despertarme, pero ya le estaba entrando el sueño y como no le podía subir al radio, pues abrió la ventana. Yo le dije que estaba bien, pues ni modo que le dijera que no, el pobre fue el primero en despertarse, preparó el desayuno para todos y café para ellos y tortas para el camino, así que si yo no había dormido el pobre menos, porque yo cuando me fui a dormir, él seguía revisando el carro y las maletas y no sé qué tantas cosas.


Estuvimos un rato en silencio, yo miraba como el cielo comenzaba a pintarse de rojito, pero se veía apenas a lo lejos y conforme íbamos avanzando se iba poniendo más rojito y después como amarillito, pero despacito. Se sentía raro, porque mientras el sol iba subiendo despacito los carros iban y venían muy rápido, cuando pasaban del otro lado se veían como rayitos de luz que flotaban en el lado oscuro de la carretera, y me puse a pensar, "¿pues qué tan rápido van?", pero entonces se me ocurrió que ellos nos veían igual, como un rayito de luz que pintaba la oscuridad de esa mañana.



Mi papá me pidió que le pasara el thermo con café, lo decía chistoso, como "dermo", pero raro, yo le decía Termo y él se reía, no me corregía. Después de que tapé el termo y que lo puse en mis pies, noté que mi papá cambiaba de velocidad y empezamos a ir más despacio, yo levanté la cabeza y vimos adelante en la carretera un señor que movía los brazos, pero despacio. Yo volteé para atrás y puse las intermitentes, me acuerdo muy bien que mi papá me miró con orgullo, pero no dijimos nada, ya en ese momento mi papá había bajado muchísimo la velocidad y lo más raro, bueno a mí se me hizo muy raro, es que ya no se veía ningún carro, ni del otro lado de la carretera ni tampoco atrás de nosotros.


Lo único que vimos fue a un muchacho a un lado de la carretera, parecía estar asustado y tenía la mirada perdida, tan sólo levantó su mano derecha, mostrando su palma, pudiera entenderse como una forma de decir "alto", o quizás estaba diciendo hola, no lo sé, a lo mejor se estaba despidiendo...



Me dio la impresión de que un hilillo de sangre corría por su frente.


Mi papá también notó algo raro en el señor, así que justo cuando lo pasamos mi papá se orilló y dejó el carro a un lado de la carretera, me pidió que me quedara en el carro, pero la verdad es que yo ya estaba abajo del carro cuando mi papá apenas iba en el "quédate". Yo casi tenía que correr para ir a la misma velocidad en la que mi papá estaba caminando.


Caminamos unos cuantos metros , pero no había nadie, cuando dimos la vuelta notamos que no había nadie, cosa que hasta el día de hoy no puedo entender, a donde fue, o quizás la pregunta correcta sería, porque nos esperó ahí parado.  Regresamos al carro más despacio, y aunque no nos dijimos nada, lo más seguro es que íbamos pensando lo mismo. No sé a dónde se fue, no había forma de que se hubiera ido tan rápido, pero sobre todo, no había a donde ir.


Mi papá encendió el carro y avanzamos despacio, metros adelante había una curva y quizás por la confusión mi papá no aumento la velocidad al entrar a la curva, y justo en medio de la curva vimos un camión que se había volteado. Otra vez mi papá orilló el carro, sacó unas señales de la cajuela y me dio una, corrimos por la orilla de la carretera, ya metros adelante me dijo que pusiera la señal, y el siguió corriendo para poner las otras. Fue una suerte que corriéramos porque ya venía un camión de pasajeros y mi papá le alcanzó a hacer señas para bajara la velocidad.


Pasaron como cuatro horas hasta que movieron el camión, bueno, nada más lo hicieron a un lado para que pudiera quedar un carril libre. En ese rato nos comimos las tortas que hizo mi papá. Mi mamá sólo repetía una cosa, mientras pelaba un mango que se encontró: "¿cómo le hiciste para darte cuenta de que estaba el camión?", y es que pensándolo muy bien, no había forma de evitar el camión, porque estaba en medio, y sin importar en que carril fueras, te lo topabas de frente. Mi papá solo repetía una cosa, "no sé".


Cuando llegamos a Acapulco mi papá estuvo buscando en las noticias y en los periódicos a ver si podía encontrar algo referente al accidente, pero fue hasta el día en que nos ibamos, cuando estabamos entregando las llaves, y el gerente estaba platicando con mi papá, a mí se me ocurrió preguntar donde estaba la señorita que nos había estado atendiendo, porque era muy linda y se había vuelto mi amiga, además de que le quería regalar una flor que me había encontrado, pero fue cuando el gerente nos dijo que su hermano manejaba un camión de frutas, pero que había tenido un accidente en la carretera la semana pasada y que lamentablemente había fallecido.

 "Al parecer no es la primera vez que tienen una perdida así en la familia, me parece que su papá también había tenido un accidente, iba entrando a una curva cuando chocó con un carro que había tenido un problema, no lo pudieron ver y ni siquiera pudo frenar, le dio de lleno. Entonces el hijo mayor, que en ese entonces tenía diecisiete años, empezó a trabajar para ayudar en la casa... Es una pena, me caía muy bien el muchacho, y siempre que llevaba fruta al DF nos mandaba con su hermana, le juro señor, son los mangos mas deliciosos que he probado en mi vida."
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