viernes, 21 de agosto de 2015

For my demons.

 

A  algunos se les antoja beber o fumar, a mí me da por escribir.

 

La música sonaba con precisión matemática, el bajo llevaba la batuta, pero sólo él podía entender cómo esos certeros punteos podían servir de estructura para el todo, y mientras pensaba en eso la cabeza le daba vueltas, el humo se entretenía en el laberinto de los alveolos, las líneas de las manos se derretían ante tanto sudor, la cantimplora de la vejiga se acomodó para disfrutar el viaje sin contratiempos y los oídos se regocijaban ante la melodía ya descrita.

 

Cuando el humo encontró la salida a él se le ocurrió pensar que “el humo escapa de mi cuerpo con furia, dichoso él, yo estoy condenado a l exilio dentro de mi piel…” Pensó que sería buena idea anotarlo, pero le pareció que alguien ya lo había dicho, seguramente sí, como todo.

El ataque de tos lo hizo reír y la risa lo hizo toser.

Recostarse despacio, como si de eso dependiera su vida, la cama lo espera con paciencia infinita cómo si cada milímetro hubiera sido confeccionado para recibirlo en ese momento, él se entrego a los placeres de expandir su consciencia con humito, y ese humo, el que quedó y no pudo escapar, sirvió para echar andar la maquinaría que supone entrar en contacto con la realidad.

Comenzó con los oídos.

Firme ante la idea de que la mejor manera para potencializar un sentido hay que, en lo posible, limitar los otros, evitar que estorben. La luz había sido apagada previamente y la lámpara del buró había sido cubierta con su playera, permitiendo que en caso de ser absolutamente necesario, la luz al ser encendida no arruinara la ambientación. El sol también entendió de que se trataba y comenzó a alejarse poco a poco, mientras las notas musicales iban apoderándose de el ambiente y poco a poco de su cerebro.

Los primeros acordes masajearon su cerebro con maestría de puta europea carísima o como bugs bunny al masajear el cráneo de Elmer y por esa imagen la risa amenazó con llegar antes de tiempo, pero con habilidad de maestro yogui la expulsó con el poder de su respiración, sin saber que tan sólo la había alejado por un momento, pues la risa se quedó flotando en la habitación, con el humo y los redobles de batería.

Los ojos se vencieron ante la reverencia de los parpados y se perdieron en la oscuridad, y fue su mente la que se dedicó a crear imágenes maravillosas y de los cajones perdidos de la memoria, recreó una vez más esa fantasía de puberto.

Así en la oscuridad se imaginó poderoso, de pie, sus manos acariciaban el brazo de una guitarra Gibson Les Paul negra con detalles en blanco y mientras el sonido ambiental inundaba su habitación, en su mente una audiencia lo aclamaba, un haz de luz se enredaba en su cabello para después descender majestuoso sobre sus hombros y la guitarra y sus piernas. Ajustó la perilla del volumen y se aseguró de que el pedal de distorsión estuviera en el efecto correcto, y en la realidad y en su mente la guitarra sonó poderosa, le golpeó como sólo una mula nocturna podría hacerlo, y entonces se le ocurrió que la palabra nightmare tenía poco punch…

Su cuerpo se convirtió en un puente por el que los acordes viajaban hacia la eternidad, prometió que al morir se convertiría en energía que vibraría a esa misma frecuencia y así, viajaría hasta el fin del universo y de regreso para sólo golpear la cabeza de alguien que enamorado, diera su primer beso, o mejor, golpear a dos personas al momento de alcanzar el orgasmo y así ellos se convertirían en melodía también.
Incluso podría ser posible que en su viaje se encontrara con él mismo, en un universo donde no le dio miedo decir no, donde se atrevió a decir adiós cuando no quería estar, un universo donde había tenido los huevos para decir lo que quería, donde se atrevió a defender sus ideas y donde podía vivir de la poesía sin preocuparse de que iba a comer mañana, sin preocuparse por agradarle a su suegra, donde pudo gritar con todas sus fuerzas “¡no me estén chingando!”, un universo donde se atrevió a ser y no a parecer. Le daría gusto toparse consigo mismo y verse con orgullo.
Pero entonces ocurrió lo inevitable, ya que al dejar salir a la imaginación, permitió que le mostrara todo, no sólo lo que él quería, y entonces se vio viajando como onda y encontrándose a un yo todavía más sumiso, incluso más vergonzoso que su realidad, un yo siempre agachado que nunca fue capaz de decir lo que pensaba y que vivía sólo para buscar la aprobación de los demás, en un trabajo que odiaba, pero que le dijeron que tenía que hacer, casado porque su novia le convenció de que era lo lógico, con dos gatos cuando lo que quería tener era un perro, al menos uno, y en un universo donde al irse a su casa y dejar a sus amigos, ellos hablaban mal de él y lo juzgaban como un perdedor y siempre se preguntaban porque eran sus amigos y la respuesta era siempre la misma, porque tiene dinero y siempre paga…

La mente estuvo tentada a irse al lado oscuro, ahí donde la psique oculta lo que nos duele, ahí donde se encuentra aquello que no podemos enfrentar debido a que nuestra pobre fuerza psicológica no es suficiente y entonces jugamos con la fantasía y así podemos llevar una realidad mas linda.
Sin abrir los ojos respiró despacio y se dio cuenta de que la canción también había terminado, respiró con calma y espero que la próxima canción lo dejara mejor parado.

¿Cuantas son las posibilidades de que pudiera alcanzarla a ella, la canción perfecta?

La realidad es caprichosa y a veces obedece a nuestras peticiones, eso o un yo alterno, en forma de canción llegó desde lejos y transformó su realidad, el caso es que cuando comenzó a sonar Estranged, ''Tonight's happy song, kinda like a walk in the park...” él no estaba preparado para enfrentar una embestida de la nostalgia, “sun coming through your window in the morning and... it's a beautiful day...” Buscó las trincheras de la indiferencia pero no estaban cerca “and you've got nothing better to do than commit harakiri, so...”  La angustia lo tomó del cuello como a un pobre diablo, “oh so your into that, alright? This is called... Estranged'', y a pesar de que sí era un pobre diablo, había vivido cada día buscando ser el mejor pobre diablo, ser él.  No pudo esconderse, los recuerdos lo golpearon como una ola y en la realidad se pudo ver como su cara se contraía. Los recuerdos siguieron golpeando con fuerza y como aquel que lleva días aferrándose a la vida sin esperanza en un pequeño bote, se dio cuenta de que no podía huir más y se entregó al dulce orgasmo de la derrota y permitió que la tormenta de las nostalgia lo llevara lejos, atrás en el tiempo y con una mueca que intentaba imitar una sonrisa se colocó frente a sus demonios, ya comienza a sonar el requinto de la introducción, y les dijo, “aquí estoy”. No podía huir más, no quería huir más, y se decidió a rendir declaración ante el juez mas férreo e implacable que hay, él mismo, nosotros mismos…

Se vio las manos y vio como las líneas dibujaban mapas y en ese mapa pudo ver la ciudad donde creció de niño, donde alguna vez se prometió en silencio y sin testigos, que él sería grande muy grande, e incluso hoy veía a ese dentro del espejo con vergüenza, pues le había fallado. La peor forma de aceptar la derrota es diciendo “no sé”, esa respuesta ante la pregunta “qué pasó”, y la pregunta se entiende, se refiere, o busca saber qué truncó nuestros sueños, cual es la razón por la que no seamos astronautas, o cómo diablos explicas que no estés viviendo de tu pasión, y entonces la respuesta que puede destrozar a más de uno, “no sé”, y en verdad no sabía, quizás dejó de creer en sus sueños, o quizás nunca fueron sueños que valieran la pena, o quizás escuchó cuando alguien le dijo “no podrás” y no cuando alguien le dijo “pues échale muchas ganas m’hijo”…

Quizás si le hubieran explicado que el tiempo no espera y que sólo se vive un día a la vez, sólo quizás hubiera puesto más atención a sus sueños.

So what'll happen to you baby Guess we'll have to wait and see

Tantos eran los demonios que lo miraban fijamente, ahí está la niña del kínder que le gustaba y a la que siempre quiso regalarle un chocolate, allá escondido, el jarrón que rompió en casa de su tía y que nunca fue lo suficientemente hombre para decir, he sido yo, allá la primera mentira que no le creyeron, la mirada de su madre que con decepción le pide que se vaya a su cuarto, allá el primer golpe que le dio a su hermana con intención de lastimarla, y esa fue una estocada que no pudo soportar, le dolió el pecho y el dolor subió hasta la garganta y ahí se quedó. Para rendir cuentas el tiempo sobra, y él lo sabía, así que regresó la canción pues ya había terminado, la repitió y se dedicó a disfrutar su miseria. Aquella vez que tomó algo que no le pertenecía y que notó que la gente lo miraba con recelo, supo que algo había cambiado dentro de él, pero no entendía qué, sin tiempo para pensar mucho, ahora ve a una maestra de quinto o sexto de primaria, no recuerda, pero la puede ver claramente y la escucha mientras le dice que si no deja de jugar y perder el tiempo, no va a ser nadie en la vida y que mejor se vaya preparando para sufrir, en su momento rió como el niño que todavía era, pero esas palabras todavía hoy lo perseguían cuando tropezaba. De ahí se fue a la secundaria y vio como la chica que le gustaba se reía de él a sus espaldas mientras él trataba con todo su ser de agradarle, y se sintió estúpido, pero no tan estúpido como en el momento en que le dijeron adiós y no hizo nada, se quedó con cara de idiota jugando a la victima y viendo como aquella que amó se iba de su vida, quizás para siempre.  Confundió el golpeteo de su corazón con el bombo de la batería,  y entre todos los demonios se asomaron los rostros de sus amigos, y recordó con nostalgia la primera vez que bebieron jugando a ser intelectuales y así mientras barajeaban las cartas de las ideas, iban adormeciendo la lengua con vino barato y entonces río, y sintió como la risa, esa que había estado flotando, lo golpeó en el abdomen, y no pudo dejar de reír, la caballería había llegado, los sabuesos de la hilaridad llegaron a tiempo para espantar a los demonios de la memoria, y uno de ellos, de los sabuesos, se puso a jugar con él y recordó aquellas idioteces que hizo en la secundaria, rostros que vio durante años y que ahora ni siquiera podía recordar, pero pudo ver la mancha que era un compañero narigón que siempre contaba chistes malos y recordó que el chiste era el amigo y lo gracioso era contener la risa, pero como en esos días en que jugaba a ser maduro, no pudo más y la risa fluyó como un río e inundó su cuarto.

When I find out all the reasons
Maybe I'll find another way
Find another day
With all the changing seasons of my life
Maybe I'll get it right next time

El viento golpeando su rostro mientras corría y el corazón bombeando adrenalina, los gritos ahogados que explotan sólo hasta que se llega a la esquina, y entonces asomarse a ver si alguien respondió el llamado, algo tan simple como tocar un timbre era toda una aventura y se prometió vivir así la vida, con emoción. Se prometió sacar la mano y jugar con el aire siempre que fuera en un automóvil, se prometió tomarse un poco menos en serio, se prometió cantar más y gritar menos, se prometió amar con locura y sonreír a los extraños, se prometió  acariciar a los perros que se encontrara en su camino, se prometió aprender a meditar, se prometió divertirse sin destruirse, se prometió ser feliz, se prometió, en resumidas cuentas, ser él.


An now that you've been broken down
Got your head out of the clouds
You're back down on the ground
And you don't talk so loud
An you don't walk so proud
Any more, and what for…

En sus manos las líneas se habían borrado por el tiempo, o al menos eso quiso pensar, antes que aceptar abiertamente que los temblores y la vista cansada no le permitían ver un carajo de cerca, pero de lejos era otra la historia, así que metió una nueva moneda, sólo después de preguntar si alguien iba a usar la rockola, ante el mutis del ambiente escogió la canción 6 del disco H y a pesar del peso de los años llegó a su mesa antes de que comenzara la canción y volvió a hojear la libreta que tenía frente a él, acariciaba sus páginas como quien masajea el lomo de un gato, con cariño infinito y quizás por eso no notó en seguida a la joven pareja que lo veía desde un lado de la mesa, el les sonrío y sólo entonces ellos se atrevieron a preguntar, “disculpe señor, pero notamos que ha repetido esa canción varias veces ya, queríamos preguntarle, ¿cómo se llama y porqué le gusta tanto?.”

Es que esa canción me recuerda cuando era joven, y me recuerda a mis amigos y las tonterías que hacíamos…

Quizás por la sonrisa, o quizás por la poesía que emanaba de las palabras del viejo se atrevieron a decir que sí ante la oferta de escucharlo. No le dio pena contar su vida, pues ya estaba más allá de bien y mal, de lejos y cerca, sin saberlo y sin haberlo buscado había encontrado la iluminación, y sólo tuvo que hacer una cosa, cumplir la promesa que se había hecho años atrás…

 

La tarde ya era noche y los jóvenes por verdadero interés antes que educación le preguntaron su nombre, él les dijo, “pueden decirme José, o pepe, o Jesús, o chucho, o pepe chuy, como quieran, ya a esta edad lo que menos me importa es el nombre…” Terminadas las despedidas el viejo dijo con apuro, como si hubiera recordado algo de vital importancia y les dijo a los jóvenes:

Estranged, la canción se llama Estranged, es de una banda ya vieja, pero muy buena…

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