jueves, 10 de septiembre de 2015

Un viaje.

 

Mi mirada se perdió en el pequeño frasco amarillo que vi junto a las vías, fue entonces que me perdí.

 

Me pareció que era un contenedor de pintura, de esa que utilizan las mujeres para mostrarse y a veces para ocultarse. Entonces pude imaginar a una mujer cualquiera, vestida con traje sastre, o quizás con el uniforme de una de tantas empresas que no piensa en sus empleados más allá del aspecto administrativo, y mientras tanto ella se encuentra de pie, esperando, incluso es posible que haya estado esperando en el mismo lugar que yo, es muy temprano, el sol ni siquiera se asoma, el cabello aun mojado gotea con pereza, mientras ella vuelve a mirar la garganta que es ese túnel, espera que escupa su lengua naranja, donde miles de personas son devoradas y llevadas por las entrañas de la ciudad. El pie golpea con furia y desesperación el lomo del suelo, sabe que se le hace tarde y no quiere perder el bono de puntualidad con que amenazan a tantos empleados, ella lo necesita y entonces su mente divaga un momento y sin quererlo en ese momento somos iguales, dos personas que viajan del punto A al punto B y en el inter se pierden en sí mismos, las ideas toman control de la consciencia y se la llevan a pasear a recónditos lugares, y exploran cosas tan absurdas e imposibles, como diálogos ficticios que no tuvimos o que no terminaron como queríamos y ahora repasamos paso a paso y ahora sí decimos lo que debíamos y sólo entonces, cuando la mente se encuentra lejos, es que entonces se acerca despacito el metro, poco le importa la prisa que puedan tener aquellos que con ansías lo esperan, y con pereza y torpeza infinita se detiene, las puertas tardan en abrir y la gente que siempre piensa sólo en sí, se empuja y empuja a los demás, mientras ellos tengan lugar qué importa el colectivo… La estación se va quedando atrás y entonces la oscuridad rodea el vagón y recupero consciencia y me quedo pensando qué era ese pequeño frasco amarillo.

 

Y mientras tanto ella se queda esperando a que llegue el metro, cosa que nunca ocurrirá, por la única razón que fue mi psique quien la creó y por tanto se quedará esperando por toda la eternidad, ahí sola esperando con el cabello goteando despacito, por siempre.

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