jueves, 10 de septiembre de 2015

Sin nombre, ella, no el post.

 

Lleva horas preparando la comida que, dentro de poco, muchas personas le comprarán sin siquiera verla a los ojos, la consideran algo inherente a la ciudad, como una banqueta o un poste, nadie sabe quién las puso ahí, pero creen que están para su servicio.

Cansada arquea la espalda, le truenan las preocupaciones, esas que se muere por compartir y desea con todo su ser que alguien le pregunte, al menos una vez, “doña Mary cómo está” y entonces ella podría sacarlo todo, sólo poder librarse de la carga que significa ser fuerte por alguien más, pero siempre se contiene, sabe que nadie quiere saber lo que una vieja tiene que decir, poco les importa, les preocupa más cuando no lleva tamales oaxaqueños, o cuando se acaban los de verde antes de que ellos lleguen y entonces se van enojados, una mentada de madre que no disimulan es el único adiós.

Es tarde, se masajea las manos con el delantal, porque no se limpió nada, tan sólo se dio fuerza a sí misma y entonces le viene este pensamiento:

 

“ya no puedo estar perdiendo el tiempo, ya es bien tarde….”

 

Así son algunas personas, tan importantes para el diario acontecer, sólo que no lo saben, quizás porque nadie se ha tomado el tiempo para decírselos.

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