domingo, 6 de julio de 2008

Salida.

Encendió un cigarro, era el primero del día, y aunque no había desayunado, no le revolvió el estomago.

La maleta ya llevaba algunos minutos esperando al frente de la casa. Él, de pie a un lado de esta, esperaba al taxi que lo llevaría a su destino.

Buenas joven, buenas tardes, me pudiera abrir la cajuela por favor; claro que si.

LA maleta si bien era grande, no causo mucho problema para entrar en la cajuela del Tsuru verde, con su pequeño estandarte orgulloso y esas cuatro letras que lo definían, o acaso condenaban.

El taxista decidió tomar una ruta que él nunca había seguido en los tantos años que llevaba en esa ciudad, cosa que le sorprendió no tanto por que acostumbrara viajar mucho en automóvil y pudiera conocer esa ruta, sino por que se dio cuenta de que a pesar suyo, habría muchas cosas que no vio, cosas que no experimentó en esa ciudad. Personas a las que no tendrá el gusto de conocer, entre ellas quizá, el verdadero amor. Uno correspondido sin más peticiones ni suplicas. Algún amor que le hiciera sentirse amado. O quizá el mismo amor, pero sincero.

La luz roja simbolizaba algo tan simple, como detenerse. Pero él pensaba que realmente no es tan fácil permanecer inmóvil, es decir, totalmente quieto, cuando de pronto el conductor soltó una confesión a quemarropa: Ando bien crudo joven... Y con eso de que no me puedo tomar nada para alivianarme, imaginese como ando... La luz verde le interrumpió, pero fue un claxon impaciente el que le obligo a avanzar.

Mientras el conductor siguió contando su historia sin despegar la mirada del camino, soltaba afirmaciones tan severas como, "el día esta de la chingada...", o con cinco minutos de sueño, estoy como nuevo... De verdad joven!". Lo que poseía tintes de dialogo, se convirtió en un soliloquio tan severo que él, aquel que era llevado a su destino, pudo perder la mirada entre los vehículos que se movían en ambos sentidos, paso la mirada por aquella calle que conocía tan bien, aquella que tantas veces había recorrido a pie, algunas veces presuroso, otras melancólico, pero que de alguna manera conocía bien, y fue entonces que se dio cuenta de que pasarían algunos años para que volviera a esta ciudad, y que quizá a su vuelta lo que hoy veía tan cotidiano, sería sólo un recuerdo.

Anuncios que prometían satisfacer cualquier necesaria, o incluso la promesa de generar una necesidad con el simple fin de satisfacerla y sentir el orgasmo correspondiente, se mantenían erguidos, indiferentes a su paso. Y es que aunque llevará años en esa ciudad, había quienes ni se enteraban de su partida, así como jamás supieron de su llegada.

Pues ya llegamos joven, ah, déjeme bajar su maleta.

El conductor, aún crudo, bajo ágilmente de su vehículo, aún cuando su peso parecía indicar que dicha hazaña resultaría no solo hilarante, sino imposible. Y mientras bajaba la maleta soltó lo que se había logrado evitar durante el trayecto, y pa´ donde se va joven? A México; ah, de vacaciones? No, a vivir.

El taxista no se sorprendió por la respuesta, ni siquiera preguntó que era lo que había forzado esa decisión, o que era lo que le esperaba en su nuevo destino, o que era lo que lo perseguía en esa ciudad. No, simplemente preguntó por una honesta curiosidad, o quizá como agradecimiento por haber escuchado sus lamentos ante la baja temporada.

Que le vaya muy bien joven, y cuando regrese, ya sabe que estamos aquí.

Se quedo viendo como el taxi se alejaba, el taxi una prolongación de ese ser humano sin nombre, al menos no pronunciado ante él. Pensó que muchas veces prometemos cosas que no sabemos si podremos cumplir, cosas que decimos en el momento, nos dejamos llevar por el sentimiento momentáneo. Pero también hay cosas que decimos y contienen tanta verdad. Si, quizá a su regreso el sitio de taxis seguiría ahí, no necesariamente ese taxista que ese día estuvo crudo. Quizá hablo de manera general, refiriéndose a una ciudad, a todo un conjunto. Habrá alguien a tu regreso, que sean los que esperas no se puede saber.

Tomó la maleta y caminó hacia el mostrador, tratando de identificar el horario más conveniente. Mientras esperaba detrás de una señora que quería dejar todo muy claro, pensó que aún cuando algunas personas no estuvieran a su regreso, él volvería, simplemente por que lo había prometido.
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