lunes, 14 de enero de 2008

Hace años, ya muchos años...

Recuerdo que una ocasión, estando en secundaria, un profesor me dijo: "Los borrachos están llenos de las mejores intenciones, pasar tiempo con sus hijos, dejar de tomar, ser responsables y trabajadores, dedicarle tiempo a su esposa, a su familia... Pero si no se hace algo por llevar esas intenciones a algo real, a algo tangible... Es como si pasara nada..."

No son las palabras exactas, pero en sí ese era el mensaje.

Esto me lo dijo debido a mi problema con las calificaciones de su materia, cuando habló conmigo me hizo saber que era necesario que me pusiera las pilas, ya que sino, reprobaría. En cuanto le hice saber mi intención de estudiar y dedicarme al cien por ciento, me dijo eso.

En esos días fue una de las tantas cosas que me decían, pero sólo años después entendí de mejor manera lo que me quería decir.

Hoy he llevado ese comentario a distintos contextos, tanto en lo sentimental como en la vida diaria.

No quiero que alguien se quede con la vaga idea de que me cae bien, o que alguien pueda pensar que lo estimo, prefiero que sean los actos lo que lo expresen, el buscar a los amigos, preguntar por ellos, reír con ellos, es lo que sé hacer para que sepan que valoro su compañía.

Si tengo la oportunidad de dar un abrazo, doy dos, si puedo dar un beso, doy más. Sí tengo una pluma, escribiré un poema a aquella que me guste, y si la amo, buscaré que sea algo tan bello como ella, aún cuando sea imposible.
No quiero quedarme con las intenciones, no quiero que se quede en buena idea lo que puede ser algo maravilloso. No me gustaría mirar hacia atrás y decir, "si la quise, no sé si lo sabe, ya que no hay constancia..."

A veces una mirada, un abrazo, un suspiro o una caricia valen más que los mejores regalos que se puedan dar a alguien querido. Pero también hay veces que no son suficientes. Hay veces en que queremos de más, mas de lo que merecemos, o hay veces que no sabemos como darlos, eso no hay que juzgarlo, hay que apreciar lo que nos dan...

Es algo con lo que he vivido, es mi forma de ser, así pienso las cosas y así quiero seguir siendo. Quiero que cuando encuentre a esa persona especial lo sepa. Creo saber que soy especial, la verdad no lo se, no estoy seguro. Me gusta que las palabras que definen los sentimiento estén ahí, que se plasmen, pero prefiero que sean los detalles lo que lo confirmen.

Han pasado años desde que aquel maestro me dijera eso, han pasado bastantes. Sé que pasaran aún más para que yo pueda encontrarme en la situación de ser capaz de transmitir algo que sirva para los demás.

O quien sabe, a lo mejor hay alguien que en este momento recuerda algo que le haya comentado hace años... O ayer mismo... No lo sé...

No sé que huella dejo, no me interesa la posteridad, apuesto por el momento, por lo que me pertenece y por lo que puedo hacer con él. Dícese que las palabras se las lleva el viento, que así sea, es lo mejor. Que se lleve tantas letras que puedan estorbar, y que se queden los actos, que a mi parecer, son los que valen.


No sé que esperar, que bueno, me da gusto dejar de estar en un terreno cómodo, es mejor ir día a día en busca de lo que no sabe que es.

Lo que sí sé es que en este momento no me siento con ganas de buscar nada. Que sea lo que tenga que venir, pero se me han quitado las ganas de buscar querer.
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