viernes, 25 de noviembre de 2011

Si no produce una sonrisa no vale la pena vivirlo.


Mientras caminaba por mi ciudad pensé en . Te recordé con cariño y nostalgia.

Quizás podría irte a visitar, quizás juntos saldríamos a fumar viendo hacia abajo, riendo de todo lo que ha pasado y recordando todo y nada a la vez.

Te fuiste y muchas cosas han cambiado, pero como todo uno se acostumbra, aunque no te creas, tu ausencia pesa como no te imaginas. No soy el único que te habría buscado en busca de un consejo.
Dejaste un vacio en el pecho, y que andas por las estrellas bailando.

Estoy seguro de que mientras aquí nosotros llorabamos tu partída, tu subías al cielo bailando y una gran sonrisa iluminaba tu rostro. Y desde que llegaste al cielo, los ángeles no tocan ya el arpa, les haz enseñado a tocar guitarra.

A veces los atardeceres me producen nostalgia, y me sorprendo ensimismado pensando que opinión tendrías de , en caso de estar aquí, pero siempre me gana una sonrisa. Nos dejaste una lección de como vivír la vida, de como disfrutar las cosas, si no produce una sonrisa no vale la pena vivirlo.

Es curioso que yo vaya a ser más viejo de lo que alguna vez llegaste a ser.

Mientras el sol se oculta y me acuerdo de tantas cosas que vivímos juntos, y recuerdo tus tenis de tela azúl, siempre de mezclilla y playera, con esos lentes redondos. Nunca buscaste impresionar a nadie, y sin embargo lo lograste. Fue tu forma de afrontar la vida, siempre bien y de buenas.

Cada vez está mas oscuro, me pongo de pie y camino a casa, enciendo un cigarro y mientras pienso que ya tendremos tiempo de terminar ese libro de Jim Morrison.




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