lunes, 20 de febrero de 2012

De esos días nublados en que los recuerdos se acurrucan en tus piernas por el frío.


Y en el salón de a un lado tú jugabas billar, un cigarro encendido y una cerveza que ya estaba a punto de terminarse.

Mientras ella esperaba paciente a que la llevaras a casa a descansar.


A lo lejos se escucha música que llaman electrónica, la canción es Sandstorm de Darude, creo, hace muchos años de eso.


Las compañeras del salón te miran y te invitan a bailar, la que a tí te interesa está con su novio, así que decides participar de la diversión colectiva y te olvidas de ella.
Judith te toma la mano y te invita a bailar con ella, pero atrás.

Los bajos se escuchan mejor junto a las bocinas.

Me dijo que le había gustado el cuento que leí en clase. Le confirmé que sí lo había escrito yo. Río sorprendida y me dijo que tenía mucho potencial. Eso dijo, potencial, no uso el abusado término de talento, sino potencial. Y mientras yo pensaba en lo que quiso decir, me tomó de las manos y me besó. Después me miró a los ojos y río.


Todos saltaban al ritmo de la música, o al menos eso pretendían.

A partir de ese beso nuestra relación fue más bien furtiva. Besarnos en el cuartito que estaba a un costado del terreno baldío que hacía las funciones de cancha de fútbol, o atrás de la tienda, pero siempre de manera casual y jamás compartiendo los treinta minutos de receso. Ella con sus amigas y yo con mis compañeros.

Jamás aceptamos que éramos novios, pero todos confirmaron sus sospechas cuando golpeé a Poncho en la nariz por algo que te dijo. Sólo miró su mano que tenía sangre y después me miró con miedo o acaso era sorpresa.

Las imágenes van cambiando de ese baile a eventos aislados en la escuela. Aquella vez que lancé un pupitre desde el segundo piso, el jugar a lanzar las libretas por el patio de la escuela, o la guerra de lápices a mitad de la clase. Esa secundaria parecía más un centro juvenil sin disciplina, como si supieran que los futuros delincuentes no tienen futuro ni esperanza y por eso no vale la pena hacer el esfuerzo de corregirlos.

Nunca nos vimos fuera de la escuela.

Un salto de imagen me lleva a aquella vez en que fuimos a jugar billar, iba aquella chica que a mi me interesaba, otra vez con su novio. Y mientras bebíamos unas cervezas se nos fue yendo la tarde. Ella no bebía, quizás por eso se cansó del lugar antes que nadie. Se sentó en el sillón que estaba a un lado del salón de billar. Yo me acerqué un momento a platicar con ella, pero sólo me decía que su novio era muy celoso. A mí jamás me dijo nada, se lo decía a ella y no siempre de buen modo, así que regresé al salón de billar, tomé una nueva cerveza y ya no jugué.

Entonces se escucha nuevamente ese ritmo, sale de la rockola y la iluminación cambia, se torna oscura y de vez en cuando hay iluminación neón y alguno que otro laser. Cuando me doy cuenta estamos de regreso en el baile de la secundaria, pero ésta vez no te encuentro por ningún lado.

Ahora veo caras nuevas y amigos actuales, todos bailan y se divierten. Salgo a tomar un poco de aire, entonces la veo a ella, me emociono y cuando estoy a la mitad del camino, llega su amigo de la universidad, se abrazan y se besan.

La canción que no parece tener fin continúa, en una mesa se encuentran mis amigos de León, con sus actuales amigos, en un círculo muy cerrado, en la mesa ya no hay lugares disponibles y sé que no sería muy bien recibido.

Me abro paso entre los que bailan y no encuentro a nadie con quien sentarme a platicar, nadie conocido.

Hay un grupo de jóvenes que saltan emocionados, no dejan de reír. Me ven y me sonríen, una mujer del grupo me extiende la mano, mano que está cubierta de pintura. Me acerco con una sonrisa.

La canción sigue en un loop, jamás supe en que momento comenzó, ni siquiera sé si va a terminar.

En ese momento siento un escalofrío que me recorre, siento los ojos hinchados, me duele la cabeza, miro el reloj y me doy cuenta de que apenas llevo dos horas en cama, me levanto a cerrar la ventana. Me vuelvo a acostar y siento mucho frío en los pies.

Pienso apenas unos minutos en el sueño y en los símbolos que encierra. Cuando empiezo a entender me quedo dormido. Ésta vez sí pude identificar en que momento comenzó la canción...

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