miércoles, 8 de febrero de 2012

De regreso a casa.


Te despides de tus amigos con unos abrazos que nunca duran lo suficiente. Te subes al camión y buscas el asiento que corresponde a tu boleto, te acomodas, piensas en lo que pasó en este viaje fugaz, siempre falta tiempo para charlar, para ponerse al día, para confesar secretos, y piensas que ya será la próxima vez.

Y mientras el camión avanza, tu mirada se pierde en el paisaje que desfila ante tus ojos, calles que conoces bien, las recorriste más de una vez, se van quedando atrás.

Nadie te dice adiós, nadie voltea a ver el camión pensando quién se va, quién es aquel que quizás nunca regrese, o que quizás regrese en poco tiempo. Sólo unos pocos saben de tu existencia y solo unos cuantos te extrañarán.

Mientras piensas en todo esto cierras los ojos, escuchas con atención la música y piensas en éstas y muchas otras cosas, pero como otras veces, te quedas dormido.

Ya otro día habrá tiempo para pensar en si regresaras algún día a vivir a ese lugar donde ahora sólo pasas de visita...

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