miércoles, 8 de febrero de 2012

"Quítate la mano de los huevos!"

Cuando era guardia de seguridad en la Comercial Mexicana me tocaba en ocasiones estar en el área de recibo, ahí vi pasar muchas cosas, pero hay una que recuerdo mucho. Y es que ante la necesidad muchas personas ya mayores, se convertían en repartidores, ya sea por falta de estudios, por falta de oportunidades o por decisión propia en ocasiones. Pero de esas personas mayores que repartían mercancia, muchas veces sufrían por el peso de las cajas que llevaban.
El área de recibo esta dividida por una reja, que en esa sucursal era un simulacro de reja, debido a los hoyos y a que siempre se vencía.
Mi función era entre otras, dar paso a los repartidores cuando les correspondiera, no antes, para evitar que la zona de descarga se llenara de mercancia y personas.

En una ocasión un señor estaba por sacar mercancia que era devolución, lo llevaba en una plataforma y al dar una vuelta se le cayeron unas cajas, mi naturaleza me hizo correr a ayudarle. Dentro del recibo había unos tres repartidores con bastante mercancía, uno de ellos era de Peñaranda, y mientras yo y el señor reuniamos toda la mercancía mermada, que era mucha y bastante pesada, el compañero de Peñaranda que estaba fuera del área de recibo, esto es, detrás de la reja, le grito al que sí estaba dentro, "quítate las manos de los Huevos! Ayúdales cabrón!". Esa frase hizo que no sólo él, sino los demás presentes se acercaran a ayudar.

Y me quedo pensando en que ese grito define de manera sublime la forma en que algunas personas se abstraen de la realidad, sumidos en su individualidad y les importa un carajo lo que les sucede a los demás. Y es que mientras aquél repartidor estaba sumido en la comodidad de su ser, ajeno a lo que sucedía en el recibo, y no sólo él, varios, fue necesario ese grito para que despertara, para que se diera cuenta de lo que sucedía a su alrededor.

Y lo más importante, que dejara de pensar en el "YO" ; "TÚ" para pensar en el "NOSOTROS".

Y muchas veces me sorprendo en la vida diaria y veo que a alguien se le cae algo, o tiene problemas cargando el mandado, o cruzando la calle, y aunque mi naturaleza me pide que no ignore lo que sucede, a veces el cuerpo quiere descansar y pretende ignorar, pero escucho ese grito en mi cabeza que me exige: "Quítate las manos de los huevos!"

Y muchas veces me dan ganas de gritarle a los que se quedan ahí viendo como otros tropiezan o batallan recogiendo algo que tiraron, pero no me corresponde, afortunado soy de tener esa voz interior, qué es eco de las voces que oí de niño, esa que me dice que hay cosas que se pueden arreglar si uno tiene ganas e iniciativa.
Yo no soy quien para querer gritarle a los demás, y es que muchos tienen la idea de que son independientes, ajenos a los demás, de que lo que les suceda a otros no sólo no es de su incumbencia, sino que creen que lo que le sucede a la vida de los demás no tiene impacto alguno en la suya.


En eso me venía acordando, y pensé escribirlo, aprovechando que estoy atorado en el tráfico, y es que hay una manifestación, que nada tiene que ver directamente conmigo, pero si indirectamente y muestra es que por más que lo deseemos los pasajeros, seguímos en el mismo punto.

La pregunta que me queda es: "qué alcance tendré yo en la vida de los demás?"
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