domingo, 29 de abril de 2012

El monstruo.

El monstruo salió del mar, al principio creo que sólo lo vi yo. En la línea del horizonte alcancé a a ver como algo se asomaba a respirar e iba dejando una estela de espuma.
Se fue acercando poco a poco, yo estaba en mi camastro recostado, la brisa me acariciaba despacito, despacito.
Yo con la mirada fija en el mar siguiendo al monstruo, claro que al principio no sabía que era un "monstro"...
Conforme se acercaba se iba viendo más claramente su cabeza, entonces una señora que estaba en la palapa de al lado preguntó que qué era eso, yo me dije a mí mismo, "pos un "monstro", qué no ve?".
Su pregunta llamó la atención de los que estaban en esa zona de la playa, y yo seguía mirándolo como se acercaba, y me di cuenta de que tenía cara como de anguíla, algo así alargado, entre pez y víbora.

La gente se empezó a juntar y todos señalaban al mar, en la dirección donde se veía al citado mounstro. Algunas madres sujetaban a sus hijos, otras corrían al mar para sacarlos del agua, los padres siempre empujaban ligeramente hacia atrás a su familia, un poco y de forma gradual, no vayan a creer que era un empujón violento, colocaban a la familia detrás de ellos, sigo sin entender para qué. 

Poco a poco la curiosidad dio paso a la histeria, la gente grande no se quiso quedar a ver, salían corriendo aterrados, jalando de los niños pequeños que sí querían ver y no dejaban de preguntar qué era aquello...
Los vendedores, los que rentan las palapas y camastros, los que viven en Acapulco pues, gritaban "oh no, ahí viene otra vez!" O algo así "diantres, otra vez éste tipo"... Bueno, en honor a la verdad lo que dijeron fue: "ah que la chingada! Ahi viene este culero" y "puta madre! Otra vez éste cabrón" y cosas así...
Hasta ese momento había visto pasar varios helicopteros de la policía Federal y yo pensé que era debido a la violencia de los grupos criminales, pero en ese momento entendí que los helicopteros sobrevolaban la bahía en busca del mounstro, porque, qué sentido tenía que pasaran tan cerca de la costa, lo único que se me ocurría en ese momento era que el mounstro era conocido bien por los locales, pero para no espantar el poco turismo, había un hermetismo referente al tema.
Tres helicopteros sobrevolaron al animal y comenzarona disparar, mientras que la gente corría y gritaba, ahora más asustada debido a los disparos. Entre tantos gritos creo que nadie alcanzó a escuchar la voz que reproducía el altavoz y decía algo así como "por favor retírense de la playa, éste es un simulacro controlado, por su seguridad retírense de la playa." Y continuaba en un loop.
Cuatrimotos llegaron y sobre cada una iban montados un policia de la costera, quien conducía, y un elemento de la policia federal, que iba detrás y portaban armas de alto calibre, yo imaginé que nos iban a retirar de la playa, bajo el pretexto de que no era seguro para nosotros, pero no, llegaron a hacer una formación que, me dio la impresión, tenía como objetivo repeler a la bestia en caso de que se acercara más.
Ante los ataques desde el helicoptero la bestia alzó la cabeza y pude ver su rostro, era de un tono gris, como las piedras y su piel brillaba pero no me dio la impresión de que tuviera escamas, muy a mi pesar me di cuenta de que no podía moverme, el miedo me tenía ahí clavado, quise salír corriendo, temí por mi vida, es la verdad, pero no podía moverme. Nunca sentí tanto miedo.

El monstruo ocultó su cabeza y los disparos cesaron.

Por un momento hubo calma, sólo las helices que rompían la calma del aire producían sonido. Todos mirabamos expectantes el agua...

Pasó un largo rato, muy largo. Sentí que lo peor estaba por venir, así que me aferré al camastro y me preparé para lo peor.

La calma continuó, fue de esos momentos que anteceden al cataclísmo y lo sabes y lo único que quieres es que ocurra, porque la espera es lo que mas atormenta, saber que va a suceder lo peor y que te den esperanza de que no es así de que todo se va a solucionar y que al final sólo fue el susto, y cierras los ojos y esperas lo peor, te aferras al silencio y a esa sensación de calma que da la oscuridad de tus pensamientos. Esperas, esperas el ruido proveniente del mundo exterior, ese que confirme que todo se ha ido a la mierda...

Abrí los ojos con impaciencia para descubrír el final, o al menos saber que sucedería después con todos. Pasé la mirada por el horizonte y no vi nada, absolutamente nada. No me sorprendió de hecho, lo que me sorprendió fue que el niño que había estado relatando su fantasía se había ido. Jamás sabré qué pasó con el mounstro, si destruyó la bahía y avanzó a la ciudad o si acáso lograron detenerlo. Pensé que lo habrían llevado al mar a jugar, o quizás al baño.

En la palapa donde estaba su familia sólo estaba la abuela cuidando las cosas. Se levantó despacio de su silla, encendió un Benson mentolado, y caminó despacio, sin prisa hacia adelante, un "carajo" gritado con furia casí le tira el cigarro de la boca, se agachó y recogió un pequéño juguete de plástico, gris y con forma de dinosaurio. Lo maldijo mientras lo sujetaba con dos dedos, lo miró con detenimiento y después cierto asco, lo arrojó al lugar donde habían otros juguetes y dio una bocanada a su cigarro, todo ésto en un tan sólo un par de segundos.

Por un momento vi a la señora, pero desistí. El mounstro había caido boca bajo en la arena, entre todos los juguetes vi varios soldaditos de plástico, unos carros militares y una figura del santo, que era casi del mismo tamaño que la del dinosaurio.

No hace falta ser un genio para saber qué iba a suceder a continuación en el juego del niño, así que me recosté en mi camastro, cerré los ojos y fui testigo de una épica batalla.

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