miércoles, 25 de abril de 2012

Ilusión.

Un pequeño radio A.M. intenta reproducír de la  mejor manera posíble una canción de José Alfredo Jiménez, se encuentra en una mesa de madera que baila cada vez que alguien toma su cerveza o tira la ceniza en la lata que ha sido cortada para poder contenerla, se le puso una corcholata debajo de una de las patas, pero no fue suficiente, además la tierra en la que descansan las cuatro patas no está bien aplanada, así que será muy difícil equilibrarla, sobre esa misma tierra, a un poco más de tres metros, hay una señora que calienta tortillas y torea unos chiles, los frijoles ya están refritos y fueron preparados con chorizo, están humeando en un pequeño sartén de barro, de barro también es la olla en la que se calienta café, todo en una pequeña estufa que es calentada con brazas de carbón, brazas de un rojo vivo, tan vivo que cada vez que se les sopla pareciera que inhalan el aire con furia, dispuestas a hacerse notar con su brillo, como pequeñas estrellas contenidas en un pequeño espacio, como nuestro universo, no más, no menos, y ese universo respira gracias a la brisa que llega desde la playa, y es esa brisa la que nos hace mirar la choza que se encuentra al fondo, pero justo cuando vemos la choza notamos la hamaca y en la hamaca está él, describiendo un lugar tan real y tan ficticio como la arena que tenemos bajo nuestros pies y como el aroma de ese imposible café de olla, y los tacos de frijoles que comímos sin invitación, y es que aquí no se necesita invitación.

Y arriba de nuestras cabezas una luna que sonríe de nuestras ideas, mientras mece a un conejo entre sus brazos.

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