domingo, 24 de agosto de 2014

Domingo,Agosto24.

 

 

Algunas ramas se han roto ya, por la lluvia y por alguna mano humana.

Un pequeño jitomate comienza a verse y detrás de él se asoma uno más, el milagro de la vida contenido por una vulgar maceta de plástico.

 

Me emociono al verlos e imagino lo que ha de estar pasando en la tierra, cómo las raíces se abren paso con fuerza, empujan a la tierra, extrayendo el agua de ésta y enviándola a sus hojas, que reciben la luz del sol y la convierten en energía y todas esas cosas que la maestra Alicia se empeñó en enseñar mientras yo dibujaba una tortuga ninja al final del cuaderno, siempre Miguel Ángeles, nunca Leonardos.

 

Me pregunto qué habrá sido de la maestra Alicia, quizás se encuentra en algún asilo y grita a aquél que toca la puerta del baño deseando saber si se encuentra ocupado: ”¡Despacio que llevo prisa!”  Qué habrá sido de todos los maestros del Moderno Tepeyac. Sólo dios sabe y aunque me da curiosidad, no me quita el sueño, dudo que ellos se detengan en la tarde durante los anuncios de su novela y por un segundo vean un salón de clases lleno de semi pubertos y ahí en el fondo ven a un niño gordito y le gritan, “Pepe, ya terminaste lo que les encargué, deja de estar platicando entonces…” y entonces tratan de recordar mi rostro y más datos acerca del que fui entonces y quizás se preguntan, qué será de él… habrá sido alguien en la vida o qué habrá pasado. Quizás por simple deseo de saber si son capaces de prever el futuro y no por verdadero interés.

 

Sigo esperando que salgan más jitomates y que esos pequeños bichos blancos no regresen, los tuve que desalojar de su hogar por un sentimiento paternal, pero quién soy yo para intervenir en el proceso natural, nadie, pero juego a dios con un bote de insecticida especial para plantas, amigable con el medio ambiente, pero no con los bichos. Así es esto y eso de No matarás aplica a todo, desde el magnifico insecto que vive en el jardín, hasta el ególatra ser humano que se cree superior por encontrarse en la cima de la cadena alimenticia y por eso se destruye a sí mismo, naturaleza aplicada. Así que no hay pecados pequeños, por más que así queramos mentirnos, matar una hormiga es matar, y yo de niño maté algunos otros insectos, así que condenado estoy, ya nos veremos en el infierno para que hormigas gigantes nos atormenten con lupas mientras corremos angustiados.

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