viernes, 2 de octubre de 2015

Buenas noches, por fin.

La muerte pasó temprano en la mañana,  despacito.  Los perros ladraron como si fuera la última vez que pudieran hacerlo. Ella se sintió halagada por tanta atención,  y conforme los perros le gritaban "aquí no entras,  aquí no hay nadie que te espere, aquí no eres bienvenida", ella sonreía,  siempre sonríe.

Su negra túnica que es la noche misma,  arrastraba en el asfalto y sus pasos iban al unísono con el tic tac del tiempo.  Algún gato valiente se restregó en su túnica,  pues sabía que él no era el elegido esta noche.  Una falange acarició la frente del ya mencionado, quien cerró los ojos y se entregó al dulce orgasmo que es el cariño. 

Los perros siguen ladrando y ella sigue sonriendo, sabe a donde va y sabe que llegará a tiempo,  algunos la cuestionan en ese aspecto, pero quizás ella es la única que aún mantiene sincronía con el universo. 

Es una noche fría y debajo de un puente la lluvia ha logrado encontrar refugio,  debajo de él, que ya viejo y cansado duerme donde la noche lo encuentra,  hoy le ha costado más tiempo conciliar el sueño,  el dolor en el pecho y la tos lo han mantenido despierto.

Quizás por las lágrimas o quizás por las cataratas pero no pudo distinguir a quien venía a visitarlo,  pensó que sería un policía buscando quitarle el poco dinero que había logrado conseguir juntando latas vacías,  pero no,  era ella.  Nunca había logrado dormir tanto y tan bien,  el dolor en el pecho y la tos ya ni las recuerda y las lágrimas se las dejó a su pequeño y fiel amigo que ya bien entrada la mañana lamió su mano a manera de despertador como si quisiera decirle,  "vamonos ya,  se puede hacer tarde y tenemos que buscar latas y comida para mí".

Esa noche la muerte visitó al pequeño amigo, solo para consolarlo,  porque el tiene aún una línea muy grande por vivir,  todavía le queda pendiente escuchar todo lo que tiene que decir un pequeño niño autista, al que su familia considera  estúpido,  no los juzguen,  son ignorantes pero no malos.

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