miércoles, 7 de octubre de 2015

Sonidos de madrugada.

El sol se asoma con curiosidad y su luz que viene desde muy lejos llega con la única intención de acariciarte el rostro.

Poco a poco los ruidos de la ciudad despiertan también, algunos llegarás a identificarlos bien, otros no tanto.

El sonido de la masa que golpea la mesa de trabajo, espolvorear un poco más de harina y de ahí al horno. El sonido del último sorbo de café, el estudiante no pudo terminar de prepararse pero el examen es en tres horas. El sonido de una mina terrestre que estalla junto con las ilusiones de ese niño. El ladrido de un perro que creyó escuchar a alguien. El llanto de un bebé que no ha podido dormir. El golpeteo de un cuchillo que corta las zanahorias y naranjas que pronto serán jugo. El sonido de agua golpeando agua, la orina que sale con furia. El sonido inconfundible del periódico al arrugarse cuando el viejo se acomoda en la banca del parque. El sonido de un bostezo en medio de una habitación oscura. El sonido de un nombre, repetido por la madre, pues hoy es día de escuela. El sonido de una fuente que alguien olvidó apagar en la noche. El sonido de una vieja grabación que anuncia deliciosos tamales oaxaqueños. El sonido del zumbido de un mosquito que no dejó dormir a alguien. El sonido del llanto contenido en la sala de urgencias de un hospital. El sonido de las hojas de una revista que el velador pasa sin siquiera leerlas. El sonido de un orgasmo pagado. El sonido de un camión de basura que pasa. El sonido del aleteo de un ave que se ha perdido. El sonido del tabaco que arde con furia ante la bocanada de la puta que se queja del dolor de pies. El sonido que hace la pluma sobre el papel mientras el escritor vomita su neurosis. El sonido del metro en las vías. El sonido de un par de jóvenes copulando sin gracia y con prisa. El sonido de un pedo al otro lado del mundo. El sonido del árbol que cayó en el bosque sin dar claridad mental a nadie, tan sólo dejando sin casa a un par de ardillas. El sonido que hace tu cuerpo al acomodarse en la almohada. El sonido que provoca la risa del viejo millonario moribundo, pues heredó su fortuna a una asociación civil que cuida perros y no a las hienas que esperan roer sus huesos. El sonido del joven que se masturba pensando en la niña lista del salón. El sonido del llanto de un bebé naciendo, que podrías ser tú, en un universo alterno.

El sonido de tu voz interna, tratando de encontrar coherencia en lo que aquí lee.

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