viernes, 9 de octubre de 2015

Iluminación.

Una pequeña mesa sostiene una imagen enmohecida y una veladora sobre un plato de peltre, la veladora tiene la impresión de una virgen,  la de Guadalupe.  En el plato hay un poco de agua y unas monedas,  de  la veladora emana la única luz que ilumina el cuarto, luz que golpea la ventana entreabierta y las cortinas,  que son simple tela colgando, la luz también choca contra un closet que huele a humedad y que guarda más recuerdos que ropa,  frente a la mesa y por tanto frente a la veladora,  se encuentra ella, se sostiene de un rosario y repite un mantra que le sirve para vaciar la mente, para alejar el dolor,  que son los recuerdos. Las lágrimas corren a caudales, una lágrima por la corta despedida, otra lágrima por el dolor, otra por la decisión, una mas por el martirio de no saber si esa decisión fue la correcta, otra más por las noches en que soñó con él ya grande y por todas las cosas que ya no pudieron hacer,  otra lágrima por el miedo,  miedo por ella y sus hijos que se quedaron.

La tenue luz ya está cansada,  pero no la va a abandonar, se mantiene en pie y con todo su esfuerzo ilumina el cuarto,  el sol ya hace rato que se fue, despacio. 

Un pequeño rostro se asoma al cuarto donde está Mamá pero no cruza esa línea imaginaria, es pequeño pero comprende lo sagrado. Es su hermana quien lo sujeta de los hombros y al sentir el contacto se atreve a preguntar en voz alta lo que hasta ese momento sólo se preguntaba en silencio,  "¿por qué llora Mamá? " y un tercero, que acaba de llegar,  se atreve a decir,  "por que regaló a nuestro hermanito..." La hermana se apresura a corregirlo, diciendo que no lo regaló, lo dio en adopción, afortunadamente el pequeño no preguntó cuál es la diferencia, porque ella no hubiera podido responder. 

Los tres miran a su madre, mientras los otros hermanos juegan en su cuarto, el cuarto en el que todos conviven y coexisten. Cada vez hay menos luz,  e incluso la llama de la fé tiene sus limitaciones, hay cosas que no puede iluminar, y es entonces que llega el padre, la puerta se azota y todos los niños corren a esconderse, la experiencia les ha enseñado a correr y no arriesgarse,  sólo ella se mantiene estoica y de pie resiste la embestida, ya no siquiera llora, la carcasa del cuerpo resiste el alma que ahora es dura para él,  pero de algodón para sus hijos. Él, poseído por Baco le reclama nimiedades y la empuja al no escuchar lo que quiere,  son sus inseguridades y traumas quienes se apoderan de sus puños, ella resiste hasta donde puede,  hasta que él se canse y la deje en paz. Después se duerme y al menos por unas horas habrá calma.

Debajo de la cama el silencio se rompe por la voz del pequeño que expresa lo que todos piensan pero nadie se atrevía a decir, "que suerte tuvo nuestro hermanito".

En sueños me visitó mi madre,  pero no fue mi sueño,  solo quiso hacerme saber que está tranquila con la decisión que tomó y está orgullosa.  Su rostro sigue siendo un misterio para mí, igual que el de mis hermanos. A veces me sorprendo con la mirada fija en alguien, preguntándome si acaso no será mi madre o mi padre,  o algún hermano o familiar, pero entonces recuerdo que todos en esencia venimos de la nada y somos el todo,  no hay diferencia entre tuyo y mío,  es "lo nuestro".

La llama danza y cobra mayor vigor antes de extinguirse y entonces podemos ver mejor la foto,  ella que antes lloraba se muestra sonriente y lo sujeta del brazo,  él muestra una mueca que imita una sonrisa, se les ve muy jóvenes y todos los que se encuentran a su alrededor sonríen y festejan, somos testigos de una boda.

Ella sonríe pero no se muestra segura, se adivina duda en su mirada, pero ya no hay manera de saberlo, la llama se ha apagado y ahora sólo queda oscuridad.

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