sábado, 16 de abril de 2016

Aún hay tiempo.

Cuando quiso que lo atropellaran, sorprendentemente, le cedieron el paso.
Cuando estuvo a punto de arrojarse al metro,  el colectivo lo empujó hacia un lado y después dentro del vagón. Cuando se quiso aventar a un río,  maldijo la falta de lluvias. Cuando se quiso electrocutar, recordó pagar la luz. Cuando se quiso ahorcar entendió qué significa pudrirse cuando se refiere a cuerdas. Cuando por fin quiso toparse con el perro bravo del barrio, éste le rehuyó con la cola entre las patas. Cuando quiso ahogarse en la alberca comunitaria,  resultó que si sabía nadar.  Cuando quiso morir de tifoidea, ningún puesto de tacos encontró abierto.  Cuando quiso encontrar su perdición,  la sirena se negó a cantar. Cuando por fin se enfrentó a los asaltantes buscando una bala,  ningún caco venía armado. Cuando se atrevió a andar de noche en los barrios peligrosos, nadie lo atracó. Cuando quiso regalarle su alma al Diablo, éste le pidió sus datos, ya le llamaría él si estaba interesado. Cuando quiso cortarse las venas, ningún cuchillo tenía filo. Cuando quiso arrojarse al vacío,  los turistas le bloquearon el paso. Cuando quiso morir aplastado por una multitud, escuchó como la gente susurraba para sí, no corro, no empujo,  no grito.

Cuando quiso terminar con todo, se dio cuenta de que todavía tenía tiempo para comenzar.

Y entonces,  se dedicó a vivir.

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