sábado, 9 de abril de 2016

Of life and death.



Sólo supe que estaba muerto hasta meses después y quizás no me hubiera enterado nunca, tengo la mala costumbre de abstraerme del mundo mientras me desplazo de un lado a otro de la ciudad y ese día no tenía ni idea.

La foto era por demás gráfica y tan sólo pretendían con un título ocurrente justificar el hecho de mostrar a un hombre atropellado, al principio pensé que era algo reciente, pero al leer la fecha descubrí que había ocurrido hace año y medio, casi dos. En ese momento no me asusté, sino que comprendí todo, entendí porque se refería a todo en pasado y por qué la nostalgia se apoderaba de su voz, como si hablara desde un lugar donde no pudiera ver más a sus seres queridos jamás y entonces comprendí el mensaje.

Fue de esos días en que el metro se llena de forma asquerosa, todos quieren llegar rápido a su casa para poder tener más tiempo antes de volver otra vez a ese lugar donde no quieren estar. Yo sabía que no tenía sentido salir corriendo con todos y además las nubes estaban cargadas de agua, así que esperé a que terminaran de parir.
Lo que pensé que iba a ser una simple llovizna resultó ser una tormenta, tardó horas en quitarse y mientras estaba solo en lo oficina, aproveché para hacer algunos pendientes, para cuando terminamos, la lluvia y yo, ya era muy noche. Todavía me acuerdo que salí sin correr, pensando que iba a tener que tomar taxi, pero deseando alcanzar el metro. Alcancé el último, sé que era el último porque se quedó un rato esperando en el andén y además escuché como cerraban las rejas y comenzaban a apagar algunas luces, mientras algunas personas caminaban con prisa hacia el tren, y entonces lo vi, un viejo canoso pero de mirada joven, es difícil de explicar, se veía que era grande, pero los años no lo habían hecho menos, al contrario.

Se sentó frente a mí y entonces empezamos a platicar, me dijo que pensó que no alcanzaba y por alguna extraña razón me sentí con la confianza de platicarle y le expliqué que yo también estaba pensando tomar un taxi, y ahora que recuerdo, su rostro se frunció cuando dije taxi, no me sorprende.

Me contó que llegó a los 65 años, quizás cuando murió tenía 65, pero había pasado un año más, pero dejó de contar consciente de que son los años que vivimos los que contamos, no los que estuvimos presentes, hay algunos que murieron a los veintitantos, pero llevan más de cien años presentes, pues los que se quedaron tras de ellos aún los recuerdan y los miran en fotografías y les suspiran y tratan de estar con ellos al menos un día al año y en la oscuridad tan sólo una llama les ilumina el rostro mientras ellos, los que se quedaron, les prenden veladoras y les sirven comida y aquello que en vida disfrutaron, una cajetilla de cigarros, una botella de tequila o de whisky o de mezcal, para algunos un porro, para otros un dulce de camote, para otros un tamal oaxaqueño, para mí una pluma y una hoja para plasmar mis pensamientos, pues siempre me sorprendo sin tener donde anotar y la gente me juzga y me dice torpe al no usar mi celular, pero así soy, prefiero tatuar la suave piel de lo que fue un árbol y que se extiendan las raíces de mi pensamiento en aquello que puedo tocar y poder guardar y leerlo mientras hurgo en mis bolsillos y recordar y entonces los engranes comienzan a empujarse y un hecho que parecía simple desemboca todo un suceso, leer la idea, ir a mi escritorio y sentarme a dibujar o a seguir escribiendo, a desarrollar una idea que parecía fugaz pero que tenía toda la intención de hacerme una mejor persona . Eso, una pluma y un papel para mí, y un libro, esperemos que el mío, junto a mi foto vieja, una donde esté sonriendo mientras te miro a los ojos, ojos que yo no veo ni veré jamás porque en ese momento lo que yo miraba era una cámara y a nadie más, esperando a que alguien me dijera ya, ya quedó guardado este momento para la posteridad, ya eres recuerdo, ya te puedes mover, ya puedes seguir con tu vida, ya te he robado un pedazo de alma. Ya. Siempre esperando que alguien nos diga que ya podemos movernos, que nos diga ya, ya te puedes comer el tamal, ya puedes beber tu tequila, ya puedes seguir suspendido en la eternidad esperando a que mi nostalgia te invoque y te invite a entrar en mí, para después ser despedido con un suspiro, ya puedes comer, ya terminé de rezar y ya puedes seguir siendo todo mientras yo me aferro a tu recuerdo y mientras yo siga aquí seguirás siendo parte de este mundo, a menos de que alguien se interese en tu historia y yo la cuente y esa persona, por respeto a mí, coloque tu foto junto a la mía el próximo año en otro altar, en otra casa y entonces estaremos juntos viendo cómo se prepara un altar que es para nosotros y reiremos al ver la seriedad que le ponen al asunto, mientras nosotros impacientes esperamos a comer, a beber, pues es lo que nos queda, hasta que nos olviden y podamos volver al todo que es nada y por tanto es vital y efímero, eterno y absurdo, simple y hermoso y mientras eso ocurre esperaremos a que alguien nos diga, ya, ya puedes volver a comenzar y entonces lloraremos pues hemos comenzado a morir otra vez, y los que más nos duele es tener que volver a empezar de cero, volver a comprender que somos todo y nada, ahora con otra historia, con otro nombre, con otro rostro y sin embargo el mismo.

Sesenta y cinco años dijo y sonrío, llegué a los sesenta y cinco, pero fueron muy buenos. Tuve una hermosa familia y una hija que amo más que nada en este mundo, eso lo dijo en presente, quizás por ese hecho seguía entre nosotros. Me dijo que un día salió de casa sin poder decirle que la amaba y que todo iba a estar bien que él la iba a cuidar.
Si hubiera sabido qué iba a suceder hubiera escrito todo lo que me dijo y cómo lo dijo, pero siempre me falta papel o pluma, o ambas. Lo siento.
Me contó que tus decisiones eran las mejores, porque eran tuyas y porque la única persona que puede decidir sobre algo o alguien, es uno mismo, me dijo que ahora lo comprendía muy bien, pero que se disculpaba por gritarte ese día y que si ya sabes cómo es, no lo tomes tan en serio.
Me dijo que ibas a tener un hijo y que no querías abortar y que por eso se molestó.  También me pidió que escribiera esta carta para que tú la pudieras leer, no me dijo más. Sólo me pidió escribirla, pero la verdad no sé cómo hacértela llegar. Pero fue entonces que me cruce con un periódico, el que seguramente tú ya conoces y si no es así, prefiero no citarlo, para evitarte más penas. Ahí había una foto de sus familiares y se podía ver tu rostro junto el de otras dos señoras, y comprendí lo que tenía que hacer. Te ofrezco una disculpa por no entregarte esta carta en persona y así aclarar cualquier duda que pudieras tener, pero la verdad es que no sabría qué decir. Por ejemplo ahora sólo doy vueltas y no doy datos importantes, espero aclarar las dudas que me imagino puedes tener.

Lo vi bien, como ya he descrito se le veía fuerte y sano, la sonrisa inspiraba confianza y seguridad, durante todo el trayecto que me acompañó estuvo sonriendo, se le veía contento, quizás porque durante todo el tiempo estuvo hablando de ti y por eso sonreía.
Durante toda la conversación fue claro, los ama con todo su ser y espera, mejor dicho, sabe que estarán muy bien, porque siempre has logrado lo que te propones, ya ves, conseguiste mejor trabajo que todos, gracias a tu esfuerzo. Desea que seas muy feliz y se disculpa por irse sin despedirse. Y también quiere que cumplas tus sueños que no los dejes para después, que no te quedes con ganas de nada.

También me pidió que cuidaras a beto, por lo que entiendo es un perro, salúdamelo, eso te lo pido yo.


Espero no te moleste, pero además de la foto donde vi tu rostro había una foto vieja de él, que he recortado y que pondré este año en mi altar de muertos, será el primero que ponga, me he animado porque ahora cuando estaba a punto de doblar la carta para ponerla en el sobre, recordé algo que me dijo y ese algo tenía que ver con los sueños y con lo que uno hace para cumplirlos y que a veces no nos damos cuenta de que un día podemos quedarnos sin tiempo para nada, ya no podremos ver el amanecer otra vez, ya no podremos mojarnos bajo la lluvia como cuando niños y no podremos disfrutar de nada, ni siquiera del sol que nos quema mientras sudamos con desesperación, o el hecho de movernos de un punto a otro . Yo siempre quise honrar mis recuerdos con un altar y este año pondré uno, algunas fotos no las tengo y tendré que improvisar, pero la verdad es que mi altar será para todos, para todos aquellos que no tienen nombre en nuestros recuerdos, aquellos que no conocimos y que por tanto creemos que no existieron, pero que tienen igual o mayor importancia que aquellos que sí conocimos, les pondré mezcal y coñac, un porro y un cigarro marlboro y uno sin filtro con papel arroz, un filete miñón y una hoja de lechuga, e incluso unas croquetas para gato y para perro, será un altar para todos y para nadie, será para todos los que no están en éste mundo y para nadie que pueda verlo, conforme el sol comience a iluminarlos lo quitaré y sin decirle a nadie, invitaré a mis amigos a comer y a beber y les pediré que traigan a sus mascotas y lo que sobre se lo regalaré a alguien, no tiraré nada. Será una fiesta para vivos y muertos y por qué no decirlo, me servirá para curar mi alma y permitir que todos esos recuerdos salgan y convivan y sean uno y podré ser parte de todos y a la vez nada, un efímero punto minúsculo en el espacio que va viajando de un lado a otro, esperando a que un hoyo negro lo consuma para comenzar de nuevo.


Saludos al bebé, espera que haya sido niño, yo le aposté que era niña. Gracias por darme la oportunidad de conocer a tu padre, es un excelente ser humano, dondequiera que esté, te ama.



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