martes, 19 de abril de 2016

Tláloc juega mientras todos corremos.

Mientras el mundo se caía a pedazos los dos perros seguían jugando,  poco les importa lo material, movieron la cola cuando quisieron,  ladraron cuando les dio la gana, persiguieron sus colas las veces que fue necesario, le rascaron la cabeza a más de mil pulgas, se lamieron los genitales cada vez que se les antojó, durmieron las horas justas, corrieron los kilómetros que tenían que correr, persiguieron demonios que no eran suyos, en la noche espantaron monstruos infantiles y monstruos del pasado sin saber cuales son peores, babearon litros a causa del calor y el hambre, cual esfinge se posaron en el pasto mientras el mundo se caía a pedazos y jugaron una ultima vez, sin saber que era la ultima y aunque hubieran sabido no se hubieran detenido, poco les importa la cacofonía del hubiera o el miedo a morir.

El cielo se cae a pedazos y ya es imposible verlos,  pero ellos siguen jugando sin miedo al tiempo pues eso es lo que nosotros inventamos para tener prisa, sueños, nostalgia, mal de amores, enamoramiento y apegos.

Una gota estuvo a punto de golpear mi mejilla pero de esa si pude escapar, fueron litros los que si me alcanzaron y que ahora se acomodan en mi playera y pantalón.

Tendré que llegar a bañarme, si el mundo aguanta esta lluvia...

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