lunes, 25 de abril de 2016

Un viaje.

A alguien se le hizo fácil tatuar la piel de la madera con una promesa lujuriosa. Me pregunto si alguien se comunica a los teléfonos que otros escriben por diversión,  en los camiones,  en los baños públicos o en tantos lugares inimaginables.
Quizás alguien marcó el numero por curiosidad y aquella voz sorprendida que dijo bueno, estaba a punto de dejar de ser,  ya decidida a quitarse la vida cuando el teléfono sonó. Es improbable, más no imposible.

Y mientras sigo detenido en el tiempo y el espacio, esperando a que el camión avance ya que el calor se vaya y a que el tedio sea menos,  me pregunto si alguien escribió mi numero en algún baño público y quizás alguien marcó,  pero ese numero hace mucho que es mio y quien contesta se molesta ante una insinuación sexual por considerarla en serio y en vez de jugar con su interlocutor,  lo amenaza y eso,  es lo que más divierte.

Vida es lo que sucede mientras vamos de un lugar a otro, mientras creemos avanzar,  mientras huimos,  mientras damos la espalda a unos para extender los brazos hacia otros.

Me pregunto qué estarás haciendo.  Cómo se entretiene tu mente mientras esperas llegar.  Que recuerdos te asaltan mientras quieres olvidar. 
Afuera la gente también espera, a alguien,  a algo, un mejor trabajo, una casa, un amor, olvidar, que los perdonen,  perdonar, morir, vivir un poco mas, el camión, la fortuna, más tiempo, una segunda oportunidad, una nueva historia, no saber, no haber hecho daño, no haber dicho que si,  no haber dicho que no, un hijo, una vida nueva, que llueva, que no vuelva a llover, que todo se vaya a la mierda de una vez, alguien a quien asaltar, llegar a casa con bien, que su esposo no se entere, que sea falsa alarma y que no haya embarazo, que los doctores se equivoquen y que ocurra un milagro, que el examen no esté difícil, que quien aquí escribe se detenga ya,  que el sol no se vaya tan rápido,  que hoy haya luna,  que no olvides su nombre,  que no lo odien aunque lo merezca, que esa ambulancia que no puede pasar no vaya por alguien que yo conozca, que nunca te rompan el corazón, que por fin llegues a casa,  que no vuelva nunca, que cumpla su promesa de no volver a tomar, que se muera de una puta vez, que hoy se pongan los tacos, que me hagan de cenar, que haya algo de comer, que mama no me pegue, que papá me diga que me quiere, que no me digan que no puedo, que dejen de ser ellos para convertirse en nosotros.

Que el señor que está sentado junto a mi despierte, pues ya casi voy a bajar. . .

A veces trato de recordar esa canción que solías tararear.

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