miércoles, 25 de julio de 2007

Una noche común y corriente


Podemos verlo acodado en la barra, bebiendo su tercer whisky en las rocas. Le gusta discutir de política, fútbol, religión, lo mal que andan las cosas, y todo aquel tema que invite al debate.

La primera vez que vino fue por casualidad, se había quedado de ver con Marta a las 6, fue a las 7:25 que le cancelaron, que se dio cuenta de ese pequeño bar, escondido, temeroso de ser visto, como si lo que menos quisiera fuera ser visitado, ese pequeño lugar llamado "la Garrapata", ahí fue donde conoció a personajes tan inverosímiles, y sin embargo tan reales de esta ciudad.

Al entrar sólo se puede notar un fuerte olor a tabaco, mezclado con menta y loción.

Entre los parroquianos es raro ver mujeres, aunque es mas raro que en conversaciones no sean mencionadas. Aquí vienen a olvidarlas, y entre copas, no hacen mas que recordarlas.

Las mesas son todas distintas en esencia, aunque las mismas en apariencia, la de la esquina por ejemplo, cuenta con pequeños bancos alrededor de ella, es acogedora, y se encuentra lista para recibir las fichas del domino, gastada en su superficie por tantas "sopas". Ahí se han disputado épicas partidas, luchas por el honor, contiendas que parecieran no tener fin, en las que solamente se podrá salir vivo o muerto, no más, no se espera herir, se busca matar, las mulas hay que saber usarlas, los ojos deben de ser hábiles para descifrar los mensajes codificados en pequeños puntos y certeros para decir sin palabras que ficha usar. Las manos no pueden descansar, habrá que tirar fichas, comer cacahuates, beber del tequila, ron o la bebida del día, tendrán que hacer el ademán que corresponda ante las mentadas de madre, tendrán que chocar en el aire si el movimiento del compañero ha sido certero, si es que el golpe atestado ha sido efectivo. Algunas veces se ha temido que estos conflictos, acordados con anticipación, pudieran terminar en golpes, que las fichas salgan volando por el aire, y antes de caer, un puñetazo alcance el rostro de aquel que ha cometido la "sinverguenzada" de ganar. Pero la historia es la misma siempre, a las cuatro de la mañana se declara que no hay ganador, como siempre, la partida ha sido muy reñida y ya habrá tiempo mañana para el desempate.

Las mesas del centro son las mas variadas, por que son las que reciben a los clientes, "nuevos" o infrecuentes, aquellos que no tienen un lugar definido en este bar. Son mesas comunes y corrientes, aunque no por eso las personas que las ocupan sean simples. Desde señores que solo quieren ponerse al corriente con un viejo amigo encontrado de manera casual y sin buscarlo, hasta los jóvenes que trabajan en el edificio de la esquina, jóvenes que solo en este ambiente se atreven a pensar, necesitan estar en un ambiente así para poder ser mas "profundos", si es que dicho término tiene el peso que requiero.

Son esas mesas las que han servido de apoyo a aquellos que discuten variados temas, mesas que han escuchado tantas cosas, sin quererlo o buscarlo, les han sido revelados secretos familiares, infidelidades, problemas laborales, problemas maritales, esas cosas que en el día a día encuentran peso suficiente para ser contadas, muertes, y han conocido a través de recuerdos a muertos, a los muertos que se extraña, que se les reclama lo que hicieron y dejaron de hacer, aquellos de quien mal se habla, o lo que es peor, se les menciona en tono neutro y sólo como añadidura.
Si las mesas hablaran, podríamos formar pieza a pieza, conversación a conversación, un todo, algo que nos dé una idea mas completa de lo que sucede aquí cada fin de semana, se podría crear un perfíl de los visitantes. Pero no hablan, son mudos testigos de lo que sucede, no reclaman, no apoyan, se limitan a escuchar, a ver, a sentir la ceniza caer descuidadamente, aislan los demás ruidos para entender a aquellos que han bebido de más. Solamente son eso, testigos y así como a nosotros, no se les cuenta todo.

Los baños son como los de cualquier lugar, un mingitorio largo, una sola pieza en la que se vacían hielos y cascaras de limón para disipar el olor a orina que inunda el cuarto, una pequeña malla para evitar que esas colillas se vayan por el desagüe. Solo un baño, es cómodo, demasiado cómodo para el lugar, bastante limpio. Hasta ahora los objetos vistos, no son de llamar la atención, hasta que dispuestos a salir podemos ver a don Panchito, nunca sabremos su verdadero nombre, sólo sabemos que se le bautizó así por esa vieja tonada de la Sonora Santanera, "Don Panchito", es parte de la historia de este lugar, hay quienes entran a la garrapata a pedir una cerveza solamente como excusa para poder ir a orinar, y así, poder platicar con "Don Panchito". Los clientes nuevos e infrecuentes siempre se sorprenden de que se tarde demasiado tiempo en el baño, la gente se para y no regresa, es por curiosidad o por una vegija perezosa que deciden ir hacía el baño. Ahí reunidos todos formando un semicirculo, se escuchan las historias mas variadas, algunas son tristes, otras hilarantes, pero todas forman parte de la vida misma, son historias que se cuentan de corazón a corazón, son parte de la vida de una persona, y eso siempre es digno de contarse.

"Don Panchito", ha trabajado de todo, literalmente, no hay oficio nombrado que no haya desempeñado, incluso se reta a los parroquianos a nombrar un oficio, y si Don Panchito no lo conoce, de caballeros, la casa invitará una botella a elección del ganador.
Se cuenta que en una ocasión ante la mirada atónita de todos, un visitante nuevo grito, a manera de reto, "Maestro!?". Todos dirigían la mirada a Panchito, esperando la respuesta, después de cuatro largos, larguísimos, interminables segundos, se callaron los murmullos, se dió paso a la espectación, a la incredulidad y para aquel que lanzó el reto, el momentáneo júbilo. El silencio se podía sentir, la tensión en el aire pesaba, el humo de cigarro espera atónito la respuesta, dicen los que ahí estaban que la luna se acercó demasiado para escuchar la respuesta, ya que jamás había escuchado historia alguna de los días de docencia de nuestro personaje. Panchito hacía memoria, parecía que habría un ganador, hasta que timidamente un viejo concurrente se atrevió a decir, "pues desde que esta aquí, no?. Quiero decir que siempre que escuchamos a Panchito podemos aprender cosas nuevas, hemos aprendido geografía, apuesto que saben de cada ciudad de la República donde encontrar a las mejores putas. Y gracias a Panchito, sé que se le llama "bolear" los zapatos, por que antes la cera venía en forma de bola, eso lo sé gracias a la infancia de Panchito." Ni siquiera la luna pudo refutar tan maravillosa sentencia. Solo entonces la débil rueda del mundo que somos testigos volvió a girar. Ese día se festejó un oficio más.

Hay muchas historias que merecen ser revividas, pero eso será en otra ocasión.

Al salir del baño, al entrar al bar, desde la ventana, desde cualquier esquina lo que sobresale a la vista es la barra. La barra es majestuosa, impone, mas de uno la mira con respeto, detienen la respiración, se mantienen inmóviles, solo esta barra puede hacer mas palpable ese vínculo sagrado que sólo entienden los que en bares ahogan las penas, aquellos que anestesian el dolor con un tequila, a los que acompañados de un ron magnifican las glorias, sólo ellos podrán entender la magnificencia de dicho monumento, es una barra grande, espaciosa, pero no distante, se puede tener contacto con el encargado de manipular nuestra bebida, aquel que sabe lo que queremos con tan solo el saludo. Ese que es además de uno de los mejores psicólogos, es confidente, ha escuchado mil veces la misma historia, sólo cambian los personajes y la ubicación, pero todo se puede ver como un sólo suceso, y el lo sabe, sabe que decir, pero no lo dice, por que lo que vale decir, es lo que se quiere escuchar, no más, por eso tiene un peso, por eso es la imagen que hay que respetar, es aquel al que hay que hablarle bonito pero con carácter. Es el que decide si podremos beber o no, de él depende el rumbo de nuestra visita al bar.
Él es el guardián de dicha barra, él y sólo él tiene la presencia para hacernos sentir escuchados, que lo que tenemos que decir vale la pena ser dicho. Él, es el que tiene la mayor responsabilidad en este ambiente, sin quererlo ni buscarlo, él es quien mantiene el alcohol circulando, y si algún día sus manos se detienen, los hilos de los que pende esta bar, se verían profanados, caerían sin remedio. Se perdería el equilibrio del único lugar que aún funciona como debe ser.

Es entonces que podemos verlo acodado en la barra, bebiendo su tercer whisky en las rocas. Le gusta discutir de política, fútbol, religión, lo mal que andan las cosas, y todo aquel tema que invite al debate, pero es justamente al estar bebiendo ese tercer whisky cuando siempre hace la misma pregunta al aire, invitando a aquel que pueda escucharla a participar.

-"¿Y si fuéramos la creación de algo, o alguien?, Me refiero a que lo que estamos viviendo en este momento resultará ser invención de alguien... Si ustedes amigos míos no fueran mas que una invención de mi cerebro, que al estar en coma, para hacer mi estado vegetal más placentero, los pusiera en este bar para hacerme compañía, para que yo pueda hablar de las cosas que me interesan, sin se interrumpido, sólo por que el que agoniza soy yo, y nadie más."

"Y si resulta que la voluntad de la que presumimos, sólo la concebimos como eso, como una decisión propia, y es que creemos que al tomar la decisión de no beber más e irnos a casa somos dueños de nuestro destino, pero y... ¿Sí resulta que esa decisión ya estaba tomada? ¿Que pasaría si todo lo que hacemos o dejamos de hacer ya esta concebido de esa forma?, el que yo hable o dejé de hablar no tiene importancia. Mis actos no tienen trascendencia alguna...."

Era justamente en esa pausa que se reflexionaba, esa pausa y solamente esa pausa, habría la pauta al debate. Y así cada noche se juega Domino, se reviven historias de viejos oficios, se aprenden cosas nuevas, y solo hasta que se bebe el tercer Whisky, y por aparente voluntad propia, "josé", se hace la misma pregunta cada fín de semana.

"¿Y si resulta que tan sólo somos la invención, o el capricho de alguien, o algo...?"
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