sábado, 31 de diciembre de 2011

De cosas que suceden.

Me vino a la memoria aquella vez que recibimos el año nuevo en una especie de "camping urbano". Una fogata iluminaba los rostros de los presentes, no muy lejos unos edificios aún en construcción y con aspecto decadente nos invitaban a explorarlos. Una gran rama que se convirtió en leña.
El amanecer nos sorprendió mientras las brazas se veían cada vez más cansadas.
Fue una de esas cosas que uno hace por inercia, a alguien se le ocurre que es buena forma de recibír el año, otros comparten la idea o quieren pensar que así es, se compran las cervezas, unos cuantos litros de Reyes, hartas papas, vasos deshechables y servilletas, alguien preguntó si no teníamos una guitarra, lleve la mía, no la toque hasta entrada la madrugada.
Eramos algunos compañeros de trabajo y los amigos de la amiga de una prima de alguien, o algo así. No eramos demasiados, pero tampoco pasabamos desapercibidos tan fácil. No sé si el organizador vivía en ese fraccionamiento, o sólo llegamos por deseo propio. Pasando los edificios, al fondo del predio, había una especie de jardín comunal, que si bien aún no tenía juegos o nada más que árboles y pasto, sirvió para el proposito. Unos troncos ya dispuestos a forma de asientos alrededor de aquello que sería la fogata, no recuerdo si asamos bombones, no creo. Fue una de esas fiestas que no brillan por como se desarrolló, o por que alguien hubiera hecho algo extraordinario, a decír verdad son ya muy borrosos los eventos vivídos esa noche, sólo recuerdo que después del conteo regresivo de protocolo, me acerque a tu lado, te pregunté que pensabas acerca de lo dicho en el trabajo, te había dicho lo mucho que me gustabas y el deseo de ser algo más que amigos, te había escrito un poema, y festeje la belleza de tu mirada con alguna frase cursi, de esas que cuando estoy enamorado me salen tan naturales. Tú me pediste tiempo para pensarlo, querías analizarlo, esa palabra usaste.
Al final, mientras el fuego iluminaba nuestros rostros, y yo observaba hipnotizado su debil danzar dentro de tus ojos, no sé si era el fuego lo que atrapaba mi mirada, o tu mirada misma, o la peligrosa combinación de ambos. Tu frase fue certera, simple y directa, bastó para traerme a la realidad: "Ya ando con Adrian, perdón por no decirte antes..."
No dijimos nada más, fingí ir por otra cerveza, me senté al otro lado de la fogata y platiqué por horas con mi amigo Víctor.
Cuando tú y Adrian se perdieron en la noche con dirección hacia los edificios en construcción, me volteaste a ver, no sé que estarías pensando.

Hay tantas cosas que suceden sin que uno sepa o tenga la menor idea, hace ya algunos años de esa fiesta. Cerrar cíclos y comenzar nuevamente, esperando tener mejores resultados y aprovechar las oportunidades en su momento, saber decír te quiero a tiempo, y ser capaces de darnos cuenta si algo no sirve en nuestra vida. Ese día se cerraron dos cíclos, uno en el que la tierra giró de forma completa alrededor del sol, y aquél en el que creí estar enamorado de tí.

Y así, mientras el amanecer nos sorprendió cuando las brazas se veían más cansadas, tomé mis cosas y me fui, sonriendo.
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