sábado, 10 de diciembre de 2011

De helados y recuerdos.

Gracias a tí aprendí el valor de dedicarse cada segundo a lo que uno hace.
Hoy me acordé de como compartías conmigo tu helado, yo simpre lo comía con prisa, tú lo disfrutabas, cada bocado podía ser el último, lo disfrutabas como nadie. El simple recuerdo hace que se me antoje.
Pero sobre todo el recuerdo de ese helado me confirma que poner atención y dedicarnos de lleno a cada cosa que hacemos es la diferencia entre existir aquí, o realmente vivir la vida plenamente.

Y así un helado puede convertirse en un recuerdo para toda la vida.

Con una sonrisa te recuerdo Mami.
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