martes, 20 de diciembre de 2011

Un recuerdo que me pareció ad hoc al día.

Y en un momento nos dimos cuenta que las cosas no eran como creíamos, nuestros padres son mortales e imperfectos, el mundo no es tan maravilloso, hay gente muriendo de hambre, gente muriendo por nimiedades y los policias no son esos héroes que imaginabamos.
Pero conforme crecemos también nos damos cuenta del alcance que tenemos, como personas y como familiares y/o amigos.

Alguna vez una amiga me contó que le lastimaba ver gente muriendo de hambre, le parecía inhumano, no podría yo estar más de acuerdo, ese día ibamos al metro Chapultepec, estando ahí vimos un señor de unos sesenta o setenta años pedír dinero afuera de la estación, yo le saludé, ya lo conozco, y di unas monedas, pero mi amiga lo vio con desdén y dijo que estaba cansada de que siempre le pidieran dinero...
Adelante, en un puesto de guajolotas le pedí que me explicara, ella argumentó que en todos lados le pedían dinero, en la calle, en el metro, afuera de su trabajo... Sólo detuvo su queja al darse cuenta que pedí un champurrado, me hizo ver que a mi no me gusta, cosa que sé muy bien, pero le dije que no era para mí, a lo que respondió con prisa y con el mismo tono de queja, que ella no quería.
Regresé y a unos metros del señor le pedí que le entregara el "desayuno", pero que no se lo diera como acto reflejo, sino que lo viera a los ojos.
Regresó con lagrimas en los ojos. Y es que si no sientes nada al ver la gratitud de alguien que en verdad tiene hambre, no eres humano.
No puedes solucionar el mundo con uno o dos pesos dados por inercia o compromiso, pero si haces al menos un pequeño detalle desde el corazón, estas estremeciendo los cimientos de una mermada sociedad. Y si todos lo hacemos, entonces podremos cambiar el mundo... Pero quien soy yo para dar consejos, qué puede lograr un pensimista.

Hoy recordé sin querer esta anecdota, recordé también que hoy es día del escritor, y por simple relación recordé a José Saramago, ese pesimista que tanto ha enseñado a la humanidad, sin quererlo ni buscarlo, que quizás es la mejor manera posible.
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