viernes, 9 de diciembre de 2011

Music begging for music...

Celestial Season Decamerone 2011[1]

Una madrugada en que pegaba el frío aire Decembrino, salió a fumar un cigarro como tantas veces lo había hecho antes. La situación era similar, pero jamás idéntica, era un momento único en el tiempo y espacio.

Aquellas días en que ni siquiera fumaba vinieron a su mente, el salir con los amigos a dar una vuelta, caminar sin destino aparente, pero siempre llegando al mismo punto, ese viejo parque de Mariano Azuela, sentarse en las frías bancas y platicar de todo y nada, o a veces estar en silencio, disfrutando de la noche. Una mirada fugaz al cielo, admirar la luna si está nos devolvía la mirada, o buscar la estrella más brillante, inventando simbolismos inexistentes, pero siempre interesantes. Eran noches que sucedieron ya hace muchos años, noches que se repiten esta noche en la memoria del que cuenta. Y que si no fuera por este vago recuerdo, bien podrían no haber ocurrido. Somos testigos involuntarios de lo que sucede, a veces sin quererlo ni buscarlo. Muchas veces resulta que somos el único vestigio de algo. Somos aquellos que quedan para confirmar un evento, quizás defender los hechos, o si así nos conviene, callar y que nadie tenga constancia de lo ocurrido, y muchas veces sucede que el no evocar memorias causa que se pierdan y es entonces que el único testigo pierde conciencia y es como si nunca hubiera ocurrido nada.

La memoria fugaz avanza en el tiempo y me lleva a León Guanajuato, y ahí, madrugadas como esta, se sucedieron con igual frecuencia.

Una bocanada al cigarro, la música sonando de fondo, una especie de muzak. Inhalar recuerdos de aquellas noches que parecen ya lejanas, noches en que el frío era lo de menos.

Me surge la pregunta, qué estarás haciendo en este momento. Como hace años me lo preguntaba al salir a fumar, o mientras otros dormían, terminada la fiesta, esperando el amanecer como se espera una idea, da igual si llega o no a tiempo, pero invariablemente nos asalta cuando menos preparados estamos. Ahí sentado con un cigarro y una cerveza ya por terminarse ensimismado escuchando la música, sentir esos acordes, pretender entenderlos y siempre olvidando la barrera racional y permitiendo que esos estímulos desencadenen una reacción química, que en la gran mayoría de los casos generaba un plácido bienestar, pero en otras ocasiones el estímulo llegaba al ojo y en lugar de tener una sonrisa, teníamos al fumador secando lágrimas, o incluso el estímulo afectaba los dos puntos y mientras uno sonreía con gusto, una lagrima curiosa se asomaba a ver qué era lo que sucedía.

Canciones que uno repite sin cesar, las memoriza, las tararea en la cama en el baño, acompaña el ritmo con las palmas o silva lo mejor posible el tono.

Esperando el camión se puede ver a alguien asintiendo a nada en específico, es la afirmación de la citada melodía. Nos acompaña en aquellos momentos en que nos detenemos a pensar, en que por un momento dejamos de ser parte del colectivo y miramos el cielo y nos sorprendemos de las nubes, del color azuloso del cielo, nos sorprende sentir el viento, que diario sopla, pero no siempre sentimos. Nos alejamos del común bullicio y adquirimos cierta individualidad, como aquellas hormigas que se detienen en medio de la monstruosa fila, alzan la cabeza, como si hubieran escuchado su nombre, o como si algo a lo lejos les hubiera llamado la atención, se pregunta qué pudiera haberla distraído, pero la insistencia de las compañeras la obliga a regresar a su realidad, una fila que lleva siempre al mismo lugar, ida y vuelta, un patrón circular que de manera increíble no le causa tedio, es como ir a trabajar y regresar a casa, tener uno o dos días de descanso y repetir, a veces se rompe la rutina con eventos inesperados como una fiesta, un cumpleaños, una cita, un funeral o puede que el cambio sea un poco más radical, como casarse, graduarse, tener un accidente o el funeral de un ser querido.

Pasa el tiempo y poco a poco se va la vida, una bocanada más pensando que siempre es bueno hacer las cosas que uno desea hacer, sin dejarlas a un lado ni querer postergarlas, porque no hay garantía de que haya tiempo suficiente, quien sabe, quizá estas líneas sean lo último que escriba o por el contrario, este momento es uno de tantos que, si yo lo permito, sucederá una vez y no más, no habrá constancia, pero parece que si habrá constancia en mi blog, no lo sé. Uno cambia de parecer demasiado rápido, nos animamos a cambiar de rumbo, a hacer una llamada, un reclamo y en el momento mismo en que íbamos a actuar nos detenemos, no hay ideas, no hay estímulos, simplemente nos detenemos y sin saber por qué, nos damos media vuelta o colgamos el teléfono o nos quedamos callados o nos quedamos de pie esperando a que alguien nos ponga la mano en el hombro…

No es la primera madrugada de Diciembre que salgo a fumar, pero si la primera de este diciembre, en este lugar específico, hay eventos que parecen iguales, pero no lo son. Al igual que esas canciones que tanto cantamos y coreamos, solos o con los amigos del momento. Todo sucede en un ciclo en un patrón circular. Y sin quererlo me encontré con una de las canciones que tanto disfrute en aquellas noches bajo el cielo guanajuatense, en momentos de soledad, cuando me sentía triste, cuando quería sonreír camino al trabajo, cuando en la escuela estudiaba mis apuntes o dibujaba mis ideas. Fue como encontrarme a un viejo amigo, porque esta versión de Decamerone fue regrabada este año a manera de promover la gira que harán tocando el disco Solar Lovers, y al ser una nueva versión me recordó al sentimiento que provoca encontrar un viejo amigo, con un poco menos de pelo y quizás más kilos, acaso se habrá dejado la barba, o ya es un exitoso director de banco, acaso se mantiene viviendo con sus padres, o bien él es ahora el padre de un hijo que exhibe orgulloso, o solamente se ha mantenido haciendo lo de siempre, quizá ni siquiera se acuerda de nosotros, porque no había razón, o puede ser que sea ella la que corra a abrazarnos y al punto de llorar nos diga el gusto que tiene de vernos, o tal vez lo encontramos fugazmente y simplemente usamos la despedida que usan los que saben que jamás volverán a verse “luego nos vemos”, o al vernos nos diga que se tatuó aquella idea que platicamos en un viejo parque fumando un cigarro hace ya muchos años.

Se va terminando este cigarro, mientras susurro esa tonada, que tiene tintes de nostalgia y actualidad…

food for the poets thought
ink for the thirsty pen
lust like the ravaging whore
bringing on her final encore

show me the notes to the music
show me the words I can't find
write me a poem that touches me
playing this song as you write...




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