martes, 24 de mayo de 2016

Café para despertar.

Sirvió un café en una taza, esperó a que le despertará, la imaginación y la realidad.
Un poco de azúcar que endulzará el ya de por sí dulce amargo.

A veces leche, a veces no.  A veces un pan,  a veces un tamal.  A veces nada, a veces ni siquiera café. 

Él es la única constante en esta ecuación,  donde tiempo y ánimo son variables y el resultado es la x que se traduce en futuro,  pero que es tan incierta como la y que es el pasado.

El golpeteo de la cuchara suena a un viejo reloj, él es el mecanismo que le da movimiento y aún se pregunta qué es lo que le da cuerda a él.

El ultimo bostezo tiene el sabor a ese sueño que no termina de comprender.

Su perro lo observa con atención, él imagina lo que el animal piensa, "me gustaría perderle el respeto a la comida, así como él".

Poco a poco el yo se adapta a la idea de realidad, al concepto de hoy y entiende que debe de seguir con su rutina y deja de escribir divagaciones acerca de su café.

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