jueves, 9 de junio de 2016

Equilibrista.

Dicen que comencé a morir un 24 de septiembre, pudo haber sido la noche del 23. No lo sé. 

Me dieron el nombre que se le da a los primogénitos en la familia de mi papá mas un nombre adicional que rimara con josé, los dos apellidos de mi padre y el apellido de mi madre sumados fueron la causa de un dolor de muñeca intenso en mi infancia y eso significó una aversión a mi nombre, que entendí años después. Cuando niño escribía mi nombre como José Ruiz, así a secas, pero una maestra me corrigió y me explicó lo que era un apellido compuesto y desde ahí me pesó mi nombre. 


Mientras hacia planas con mi nombre, decidí naufragar entre dos mundos, el de la realidad y la ficción. La única forma que he encontrado de visitar ambos mundos ha sido a través de las letras. Me muevo entre uno y otro y creo que aún sé distinguir que costa le pertenece a cada uno y es por eso que aún la gente me considera una persona cuerda, alguien centrado. 

Cuando era niño memoricé una historia, un perfil, gustoso repetí la historia que me dijeron era mía, hice planas enteras con un nombre me dijeron era mío e incluso llegué a tomarle cariño, hasta que un día supe que fui adoptado y el castillo de naipes se cayó y al ver con detenimiento la baraja,  me di cuenta de que estaba incompleta, lo que creí era un todo absoluto e inamovible, era tan sólo una parte, un grano de arena pretencioso quería ser llamado playa. 

Y entonces comenzó mi viaje. Comenzaron las preguntas obvias, cuál hubiera sido mi nombre, cuál mi historia, cuáles mis ilusiones, acaso me llamaría brayan y seria cacharpo o quizás Esteban, aunque no me imagino siendo Esteban y no tengo ni idea de que es lo que hace un Esteban para ganarse la vida. A lo mejor no le tendría miedo a las alturas, pero si un severo problema con la autoridad, debido a un padre alcohólico golpeador, o quizás el alcohólico sería yo y cada noche me iría a dormir y en vez de mentirme diciendo, mañana voy a escribir, quizás mi mentira sería, ya no voy a tomar. 

Entre la realidad y la suposición paso el tiempo y me entretengo imaginando qué sería de mí y a veces me aventuro y juego con la imaginación, pero ocasionalmente me abordan ciertos demonios y me llevan a lugares que creí olvidados, oscuros rincones de mi inconsciente donde habitan los recuerdos que duelen, esos que me cuesta vera los ojos, pues son yo mismo, son mi parte horrible, mi parte que ha presenciado lo que el yo real no es capaz de enfrentar. Mientras uno se miente y cree que todo es hermoso y quiere ver atardeceres de revista, el otro se encuentra a la deriva en medio de la tormenta, luchando contra el mar y su furia. 

De entre esos recuerdos he visto miedos que no son míos, he escuchado la voz que alguna vez me dijo no podrás y entonces comprendo de donde vienen mis miedos, sin que por eso sea yo menos responsable. Sí alguien me dijo No podrás, no es su culpa, pues yo le creí y yo quise repetirme lo mismo. A veces me gustaría ser víctima, pero eso es lo más cómodo, lo que muchos hacen y entonces bbuscó mi culpa, aquello que me corresponde arreglar. 

A veces me atrevo a hacer lo que me dijeron no podría.


Soy bueno dejando ir, ya dejé ir una identidad.


Quizás en un futuro las hormigas del tiempo carcoman el cableado de mi cerebro y ante el corto circuito, la idea de ficción y el concepto de realidad se harán uno y me verás repitiendo cosas que nunca viví, pero que si imaginé y entonces la gente pensará que estoy loco, pero a final de cuentas la realidad son esos impulsos eléctricos que experimentamos a lo largo de nuestro viaje, incluyendo las ideas y conceptos que nunca experimentamos de primera mano. Cuando mis manos bailen al ritmo del Parkinson, dame una pluma y pon atención a lo que sea que escriba, seguro ahí estará lo que hoy no comprendo. 


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