miércoles, 1 de junio de 2016

Olor a tierra mojada.

El niño descubrió el caracol y lo siguió por horas.

La tierra mojada huele a pasado, a tardes lejanas donde los charcos eran trampolines, donde las gotas se acumulaban en la punta de la lengua y a veces las veías caer una a una, jugando a esquivarlas.

El olor a madera mojada entra por la nariz y se aloja en el corazón ahí donde se guardan los recuerdos de tardes con chocolate caliente, inventando juegos para pasar el rato, o simplemente con la tasa caliente en el refugio de tus manos, la mirada perdida frente a la ventana y los pensamientos compitiendo como esas gotas, tratando de ocupar tu mente pero sin demasiada prisa, o si acaso hubiera tormenta los pensamientos golpean la memoria con fuerza, permitiendo que salgan aquellos que creíamos olvidados o superados, recuerdos que creímos no tenían importancia, pero ahí están, llegan sin ser invitados y se plantean frente a nosotros y nos preguntan a quemarropa,  cómo estás, me extrañaste, algunas ocasiones somos capaces de evitarlos y entonces regresamos a la realidad donde la mirada aún está pérdida en la ventana y recuperamos consciencia de dónde estamos y el golpeteo de la lluvia nos dice, aquí estas, estás bien y no importa lo que hayas sufrido, hoy tienes la oportunidad de ser y hacer todo lo que desees.  Un trago al chocolate y una sonrisa se asoma.

Hay ocasiones en que el pasado nos invade y entonces nos perdemos ante la lluvia, vienen todas esas oportunidades que desaprovechamos, todas las veces que dijimos no, cuando en realidad queríamos decir sí, todas las veces que quisimos irnos pero nos quedamos, aquellas veces que no nos atrevimos a besar un rostro por pena y cuando por fin nos decidimos el ataúd ya no estaba, las veces que callamos y dejamos ir cuando lo que queríamos era abrazar y llorar, la ocasión en que nos mentimos y las veces en que dijimos estar bien mientras nuestra alma ardía, tantas cosas vivídas que ahora vemos desde otra perspectiva y las miles de posibilidades que se hubieran dado en caso de haber hecho un cambio, aún el más mínimo nos tendría en una posición distinta, quizás en el otro lado del mundo o en una urna siendo cenizas de aquél que murió de sobredosis, o siendo doctor o acaso mendigo, las posibilidades son infinitas y la memoria juega con la baraja de la suposición, en una mano somos felices y en la siguiente nos arrepentimos de todo y suspiramos,  todo para darnos cuenta que el pasado ya no está y poco se puede hacer con el,  es como una semilla de limón, no puedes comerla y casi siempre amarga el alimento, por eso hay que saber hacerla a un lado, pero si se sabe encontrar su uso, la simple semilla puede convertirse en majestuoso árbol.

El chocolate realza el sabor de tu sonrisa, provocada por la comparación.

Quizás dentro de muchas lluvias te recuerdes, recuerdes al que eres hoy y mañana recordarás con nostalgia lo que hoy es vívido presente, quizás recuerdes lo que hiciste hoy, pues justo hoy tomarás la decisión de cambiar tu futuro, quizás una simple acción causará una reacción en cadena que te llevará a ser el yo de un futuro irreal, ese que te admira o te odia.

El niño que fuiste sigue persiguiendo al caracol, sigues atento cada centímetro que recorre y desearías saber a dónde va para poder ayudarlo a llegar, si te viera el tú que serás te explicaría que el destino es lo de menos, lo que importa es el camino, pero entonces el que fuiste se preguntaría el sentido de eso, es decir, si no importa a dónde vas, entonces para qué vas, y el que serás respondería que lo importante en el camino es lo que vives antes de llegar, es decir, el destino es importante pero importa más lo que ves y lo que aprendes y con quién recorres el camino. Entonces la sabida curiosidad de la infancia se expresa a través de tu viejo yo y afirma, éste caracol va sólo, desde que llegué a ido sólo, y ahora la sabiduría que dan los años responde, no ha estado sólo, ha estado con nosotros y les deja una estela luminosa a aquellos que quieran seguirlo, pero nadie puede obligar a nadie a recorrer su mismo camino.

El niño que fuiste escucha atento a aquel que será y durante largo rato platicarán acerca del simbolismo que encierra el camino de un caracol y jugarán con imágenes para describir a la vida como un simple camino mojado.

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