jueves, 9 de junio de 2016

Reina basura.

Sentada sobre un montón de basura juega con la espuma para afeitar que alguien tiró.

Quizás juega a ser repostera o quizás juega a dibujar nubes, pequeños círculos que se juntan para dar sentido al todo o quizás aprovecha la oportunidad de desperdiciar algo sin que papá le grite o sin que mamá le pegue en la mano y le repita que lo poco que tiene, ha de cuidarlo.

Su mirada me golpeó justo en el pecho y después entre los ojos, sentí que no era bienvenido, a pesar de caminar a media calle sentí que transgredía un lugar sagrado y por tanto seguí caminando, donde se encontraba su padre quien recibió una bolsa con ropa, y mientras la señora le explicaba que era ropa que ya no usaban, él rompió la delicada piel de plástico para sacar las tripas del sacrificio recibido.

Entre todas la prendas una llamó poderosamente la atención del que aquí escribe y del padre, la señora aclaró que le quedaría perfecto a la niña mientras yo pensaba lo mismo, el padre extendió el sueter y éste ondeó cual orgullosa bandera.

Lo que ocurrió después sólo puedo imaginarlo, pues no lo presencié.

Imagino a la niña majestuosa sobre una pila de basura, un pequeño sueter rosa cubre sus sucios brazos y le servirá de servilleta cuando coma mango y se tapará con él el rostro cuando le dé pena y solo se asomarán sus blancos dientes cuando confirme que no eres una amenaza, le servirá de almohada y de paraguas cuando llueva, se convertirá en un objeto que le dará  la seguridad que el mundo no ha podido transmitirle y su caravana seguirá cruzando la ciudad despacito, una campana siempre anunciando su llegada, todos los días lo mismo, pero ella siempre en lo alto, cuidando que nada se caiga y escuchando a los perros ladrar  mientras papá y mamá recogen la basura de otros a cambio de unas monedas.

Usará ese sueter rosa hasta que ya no le quede e incluso cuando la mugre haya devorado los tonos rosados, ella lo portará con orgullo pues nada tiene que esconder, tiene la consciencia limpia y eso es algo que no muchos pueden presumir.

Publicar un comentario