martes, 3 de enero de 2012

De ratos de ocio.

Hay tantas cosas que son simples, pero que causan mucha satisfacción. Como platicar con alguien acerca de un libro, o pasar tiempo con los amigos, o reír por alguna tontería con la persona que uno ama.
Con este frío se antoja un chocolate caliente con pan dulce, acompañado de una buena plática. El simple hecho de descansar y disfrutar un buen rato, por el gusto de hacerlo, pero para eso hace falta darnos el tiempo.
Quien haya tenido perros o alguna mascota sabrá que pasar un día de ocio acariciandole el lomo, dejando un rato la rutina a un lado, es una forma simple de disfrutar el momento, y también sabrá que muchas veces mientras se acaciria el lomo es común que la mirada, la nuestra, se pierda en algún punto, y los pensamientos comiencen a fluír, evocando viejos recuerdos, viajan por un momento y nos llevan a aquellos lugares que recorríamos cuando niños, ese parque donde pasabamos horas jugando, los árboles majestuosos nos veían jugar, dandonos una sensación de protección, o de ser vigilados. O incluso recordar aquella ocasión en que vimos por última vez a esa persona que tanto queremos, recordamos su mirada, sus expresiones, aquello que tanto nos repitió y que ahora atesoramos...
Y así mientras evocamos lo ya vivído, vamos regresando poco a poco y nos damos cuenta de que el presente es uno, y para dejar ir el último vestigio de pasado, lo exhalamos en un suspiro, como último gesto de despedida.
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