viernes, 13 de enero de 2012

Viernes 13.

El otro día mientras esperaba la combi, una jauría de perros comenzó a ladrar, estaban nerviosos y me pusieron nervioso también.

Al poco salieron a mi encuentro seis perros de la calle, que nunca había visto por ahí. Uno de ellos se posó frente a mí y me ladró como si fuera yo el intruso. Por precaución avance unos pasos después de realizar el ya tan aprendido truco de simular tomar una piedra. Por un momento se replegaron, pero no lo suficiente.
El perro nuevamente avanzó hacia mí, pero esta vez se le veía más decidido y tras él, dos perros le hacían coro, lo que antes no había sucedido. La finta de tomar una piedra no funcionó esta vez, el perro siguió avanzando hacia mí, así que tuve que pensar rápido, a pesar del escalofrío que recorrió mi espalda.

Mientras ladraba el perro alfa no dejaba de mirarme, con cierto rencor en la mirada, tal vez quería cobrarle a alguien alguna ofensa causada tiempo atrás.

Los perros tienen instinto de caza, así que sí corría me verían más como una presa que como algo fácil de ignorar. Aposté por lo que sentí más prudente en ese momento.
Levanté los brazos y les grité, cuando noté un ligero titubeo en el perro alfa, di un paso al frente, afortunadamente tuvo el efecto intimidatorio que esperaba. Ganada un poco de confianza, di otro paso, pero esta vez con gesto de patada. No muy convencido el perro alfa dejó de ladrarme y se alejó, siempre viéndome con desconfianza, los demás le seguían, quizás decepcionados por cómo habían resultado las cosas.

Vi cómo se alejaban y pensé que si bien no me mordieron, estuvieron a punto de hacerlo. Si eso hubiera ocurrido en este día que apenas comienza, día común y corriente, pero que en la psique colectiva es día que vaticina eventos desafortunados, quizás me hubiera puesto más nervioso. Quién sabe.

Es bastante improbable que la combinación de día de la semana con día del mes, sea suficiente para tener mala suerte.

El ataque de la jauría ya es cosa del pasado, lo que queda por vivir este día es una incógnita y lo que pueda vivir hoy y aprender de este día será decisión mía. Y así como en este momento hay una persona que tiene hambre y frio mientras yo golpeo las teclas y busco transmitir los impulsos eléctricos que se forman en mi cerebro, hay millones de personas en el planeta, algunas durmiendo, algunas están despertando apenas y preparándose un café para estimular un poco el sistema nervioso, o preparando unos huevos con jamón o tocino, o están apenas destapando la primera cerveza, o tambaleándose a su cama, se detiene ante la cama y mira a esa persona que duerme, la que no soporto esperar despierta y ha caído dormida, esa que parece que no pero si respira, es una respiración casi imperceptible, solo la atención y el silencio le permiten darse cuenta de que aún respira, y mientras esa persona duerme, el que ha bebido la mira hipnotizado, no puede ni quiere apartar la mirada de ese bulto que tiene una opinión propia, y mientras entra en las sábanas despacio, con miedo de despertarla, hace una pausa, apoyado en las palmas de las manos, sin apoyar la cabeza en la almohada, recuerda la primera vez que la miró y mientras parpadea con torpeza y procura mantener equilibrio en su pequeño universo que no cesa de girar, balbucea con lengua adormecida por el tequila y aliento a tabaco, un “te quiero…”, y así van sucediendo miles de historias cada segundo. Las probabilidades de que alguien tenga un evento desafortunado en este día es alta, pero seguramente también sucederán historias maravillosas y lo más probable es que de esas jamás nos enteraremos.

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