domingo, 8 de enero de 2012

Hace ya mucho ya de esas tardes.

Solía pasar horas viendo el cielo, arriba de la azotea o en la cochera, o jugando fútbol en el jardín, o con mis carritos, o leía mis cuentos de Archie, o Condorito, o el Mil Chistes. La verdad es que hice amistad con el peluquero de la zona azúl, él me lo compraba, ya que el voceador en un principio no quería completar la transacción conmigo, pero después desistió y me vendía el mil chistes junto a los otros cuentillos, eso sí, jamás me vendió la Playboy, por más que lo intenté.

Una tarde que estaba jugando en las escaleras de la entrada, tocaron a la puerta. Abrí y ahí estaban tres niñas, querían que saliera a jugar. Cómo sucedió y por qué sabían que yo vivía ahí,es otra historia, pero de esa ocasión conocí a grandes amigos con los que pasaba las tardes jugando futból, o americano, o platicando de todo y nada, o escuchando música, o jugando juegos de rol, Dungeons and Dragons, o ibamos a dar el rol a la zona azúl, o a jugar maquinitas a Plaza Satélite.
Después me mandaron a vivír a León y nos perdimos la pista. En León les reencontré por medio del Hi5, pero como la gente se aburrió de esa red, les perdí la pista.
Hoy mi carnalito Olmo ha aceptado mi solicitud de amistad del feisbuk y espero por ahí de Febrero lanzarme al ajusco, su rumbo, para irnos a comer y ponernos al día.

Y mientras le recordaba al escribír, vino a mi mente aquella vez que fuimos a jugar maquinitas a Plaza Satélite, a un local que la última vez que estuve ahí, ya no existía como tal. Eramos dos pubertos que pasaban mucho tiempo hablando de sexo, y mientras estabamos ahí uno de los dos se ganó una cachetada por mano larga. Los dos salímos asustados y casi corriendo de la Plaza, el temor a los guardias de seguridad, y ya que estabamos en el estacionamiento de la plaza, nos volteamos a ver y nos vimos la cara de asustados, reímos todo el camino de regreso a casa.

En una ocasión una amiga de mi mamá, que también era vecina de nuestra calle, me invitó a un recorrido a la fábrica de Ricolino. Yo llegué de la escuela el viernes y mi mamá me lo dijo, "Me habló mi amiga "Nomeacuerdodesunombre" y su hija va a llevar a sus hijas a un recorrido a la fábrica de Ricolino, me dijo que sí querías ir" Ir sin darme tiempo a responder, continuó, "Ah, y también invitaron a Olmo, el domingo los esperan en su casa. No se te vaya a olvidar!".
Ese día en la tarde y el sábado estuvimos platicando de eso, pero eso de "hijas", nos ponía nerviosos.
Domingo a las doce era la cita, yo llegué a casa de Olmo por ahí de las diez, y a las once y media ya estabamos afuera de la casa marcada con el número que me había dicho mi madre. Eran como cinco minutos antes de las doce cuando Olmo me dice: "Ya ves Chucho, a mí que era broma, como nos van a invitar unas niñas..." No sé si justo cuando terminó su frase se abrió la cochera, o si la cochera abriendose interrumpió algún discurso que había venido pensando desde su casa.
La señora era joven y muy bella por cierto, y me saludó con un abrazo, se refirió hacia mí como pepito, después saludo a Olmo y le preguntó por sus abuelos, las niñas eran tres, creo, y muy guapas. Subímos a una camioneta grande, nosotros en el tercer asiento, solos, lo que disminuyó la tensión.
Olmo y yo platicabamos de algún capítulo de los Simpsons en que Millhouse cae a un contenedor de chocolate, y como Olmo usaba lentes le hice ver que ese día era su oportunidad, él dijo, "Sí no me alcanzo a meter, por lo menos una dedeada..." Una de las niñas nos volteo a ver feo, y cuando se volteo Olmo me dijo en un susurro que fuera audíble para las niñas, pero no para quien iba manejando, "Pinches escuinclas fresas...".
Recuerdo que el recorrído estuvo padre y que no hubieron mayores percances, y ya en el regreso a casa íbamos todos platicando. No sé por qué nunca las fuímos a visitar como habíamos asegurado hacer, quizás nos dio miedo, o fue una de esas promesas que se hacen en el momento y que ambas partes saben que no se cumplirán, la vida esta llena de esas. A veces prometemos no perder contacto con alguien y nos despedímos con cariño sabiendo que jamás volveremos a ver a esa persona.

Espero por ahí de Febrero ir a ver a mi amigo Olmo, a ver si se acuerda de ese viaje, o veamos que recuerda él, que yo no.
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