sábado, 2 de julio de 2016

Los recuerdos llegan poco a poco, como el mar que lame con paciencia el lomo de la playa, como un amante inexperto, pero dedicado.

Y recuerdo aquellos días en que no sabia decir mi nombre y fuimos al zoológico y vinos a los changos y tu sonreías por los changos y por mí. Y de aquellas veces que íbamos a comprar pan dulce, tú comías churros y yo dona de chocolate. O aquella ves que fuimos a casa de tu mamá y ella me veía divertida y me pedía que dijera mi nombre y tú respondías por mi. Las veces que comíamos en silencio, como extraños.

Y así, lo que era calma se convierte en tormenta y vienen recuerdos que no fueron invitados, pero que son parte de lo que somos. Los días en que quise creer que era tu culpa, pues no tenia el valor de aceptar mis errores. Los días en que creí que callando iba a solucionar algo.

Siento que estamos en paz,  pues ya no le cobramos a la vida.

Cuando la tormenta pase, ya podremos sentarnos a ver cómo el sol se esconde detrás de esas nubes, despacito. Quisiera decir que no tardaré, pero no lo sé, esperame con una Tecate con limón y sal y un Raleigh ardiendo bajo el cielo, que yo llegaré y entonces podrás contarme tu historia, no puedo esperar a escucharte.

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